Permítame en estas próximas letras exponerle otro efecto de los tan repetitivos recortes. Se veía venir hasta que hizo acto de presencia. Las primeras fichas de los canales públicos de comunicación están cayendo. En los despachos se está planteando la caída de contenidos, de canales enteros y a nivel municipal el cierre de los propios medios. Probablemente en pocos meses empiece a ceder en el mundo real todo aquello que imaginariamente se está derribando.
Los antecedentes de la caída de los medios públicos son difíciles de situar entendiendo ampliamente el concepto de servicio informativo. Podríamos situarlos fácilmente en la renuncia de Televisión Española a financiarse mediante la publicidad. Una cesión en toda regla a unos medios privados en situaciones difíciles aunque paradójicamente reportara un aumento de audiencia al canal público de mayor seguimiento. Pero podríamos ir mucho más allá. Hasta nos podríamos llegar a plantear si de verdad hemos tenido jamás unos medios informativos públicos. Lo que entendemos como medio informativo hasta cierto punto es dudoso que lo sea. Lo que entendemos como medio de comunicación todavía está por construirse. Eso sin ninguna duda.
Un medio informativo debería ser aquello que nos acercara todas las realidades posibles gratuítamente. Articulados los medios públicos a partir de la voluntad de unos representantes políticos vemos como la función informativa se ha distorsionado constantemente. Nos encontramos a menudo con publicidad electoral encubierta. La razón es sencilla. Por mucha etiqueta que tuvieran de medio público tampoco lo han sido del todo. Los contenidos han sido decididos en unos despachos de unos pocos. Unos despachos formados por individuos al servicio de otro despacho y así sucesivamente. Pero eso no es todo.
Unos medios públicos necesitados de financiación privada, como la que aporta la industria publicitaria, necesitan entrar en competencia con el resto de medios. Vamos a denominar a éstos medios púbicos. Los medios púbicos son aquellos que pretenden engancharnos no al mensaje sino a lo que lo envuelve. Nos intentan tocar la parte más sensible de nuestro entendimiento. Nos intentan desarrollar la parte más dispersa y promiscua. En este escenario los medios públicos se vieron atados a competir tras la irrupción de esos otros medios. Lo hicieron como no podía ser de otra manera asimilándose a los canales más puramente desinformativos. Tras el corte de la publicidad como mecanismo de financiación podríamos llegar a la conclusión de que los canales públicos se habrían desprendido de una rémora desinformativa. Es así pero no del todo si también los desprenden de la otra fuente. Al final se quedan sedientos.
Unas pantallas públicas cocinadas en una redacción no dejan de ser difusoras de la voluntad de unos cuantos. En este sentido de públicas han tenido poco. Pero no obstante desde esas cocinas se nos intenta y se nos intentará transmitir la idea de que sin ellas carecemos de algo esencial. Algo que nos une, nos libera y nos nutre de una imparcialidad que escasea alrededor. Cuentos públicos para el deleite de una masa. En el fondo miedo a perder el contrato de cocinero, ayudante o la ilusión del becario. Poca cosa más.
Unas pantallas de comunicación con todos sus atributos merecerían una característica de la cual hasta ahora han carecido. Una interacción entre voceros y oyentes. Porqué no entre afónicos y ensordecidos que es lo que al fin y al cabo han logrado las políticas informativas gubernamentales. Con mayor éxito en tiempos de censura reglamentada y con menor en nuestro tiempo de censura de una reciprocidad que la comunicación ansía.
Los medios de comunicación públicos se distinguirán como tales el día en el que de verdad promuevan la libre circulación de todas las informaciones y en los dos sentidos. El día en el que de verdad se propongan dar voz a todas las opiniones huyendo de la cuña publicitaria que se pueden permitir unos pocos. Será ese día en el que además limpien su déficit acumulado. Lo que nos proponen hasta el momento no solamente son recortes. Son estocadas de unos gestores que inercialmente tienden a desmantelar todo lo que huele a público. Desmantelan algo que se me antoja cuasi-gratuíto. Amparándose en una realidad equivocada que lo pinta como un lujo inasumible.
Volveremos más adelante con este hilo. Algunos ejemplos ilustrativos merecen colorear las letras anteriores. Será en eggs-clusiva en el tortillismo casero. Un medio subjetivamente informativo en toda regla pero en ambos sentidos. Que construye una subjetividad universal a partir de todas las percepciones que deseen sumarse.
Por si no se había enterado todavía
La crisis ahoga los medios locales. Por ahí empieza a derrumbarse todo el imperio.
En el País.