¿Ha leído en algún medio informativo la posibilidad de que un gobierno autonómico empiece a gestionar la libertad de consumir y comerciar marijuana? Quizás si no lo ha hecho todavía habrá tenido la ocasión de presenciar el camino trazado por el Gobierno madrileño presidido por Esperanza Aguirre para lograr la libertad de horarios comerciales en su jurisdicción.
En un caso hemos pasado de pretensiones maximalistas a simplemente regular el cultivo de una planta cuyos derivados ya se venden en las farmacias por prescripción médica. Lo que se preveía devenir en libertinaje de producción y consumo no será así finalmente. Quizás con el tiempo no será ni regulación de un cultivo que ya se regula solito con las condiciones meteorológicas, no dictadas todavía por ningún gobierno.
Veamos lo que ocurre en Madrid tras la liberalización de horarios. Veamos qué nos trae el libertinaje. Veamos como se transforma la vida de unos y la de los otros. Intuyo que tras esa revolución libertaria no todos vamos a resultar libres. Generará algún grupo de esclavos y algún otro grupo que aún siéndolo va a creer que no lo es. Por el momento podemos adivinar por donde van a ir los tiros. Sólo debemos mirar hacia atrás y ver cómo se desmanteló literalmente el comercio denominado tradicional. Veremos quienes ocupan ese lugar en el día de hoy. Son los que vinieron sin papeles, sin derechos y que permanecen sin nombre porque a día de hoy todavía no lo hemos aprendido a pronunciar. Algún día quizás sea también impronunciable el nombre de la presidenta Esperanza Aguirre. Quien sabe si por efecto del THC, cualquiera de las otras decenas de principios de la marijuana o del libertinaje en grado supremo.