Llegamos a la Navidad en un ambiente extremadamente gélido. No es casualidad que así sea. Aunque la temperatura que gozamos, o padecemos, sea el resultado de multitud de factores uno de ellos es el ángulo con el que nos iluminan los rayos del sol. Son momentos de solsticio hiemal en los que la perpendicularidad del rayo solar brilla por su ausencia. A menor perpendicularidad menos temperatura. A menor temperatura menos vivacidad de la naturaleza. La Navidad tiene lugar en aquel punto del año en el que nuestro alrededor termina de morir para renacer de sus cenizas a medida que la luz nos acompañe más horas durante el día.
En la cultura romana clásica existía la tradición de celebrar con motivo del solsticio de invierno la festividad del solis natalis invictus. El festín anticipado del renacimiento solar lo dictaba la experiencia que permitía pronosticar la paulatina llegada del florecimiento primaveral. Supuestamente por motivos cautelares del imperio más práctico de la historia la conmemoración del nacimiento solar tenía lugar unos días después del evento. El día 25 había amanecido 4 veces consecutivas más pronto que el día anterior. Confirmaba este hecho que el sol no se desvanecería para siempre sino todo lo contrario. A continuación de esta festividad los romanos se atracaban a comer durante las saturnales.
En el mundo más rural pervivían tradiciones más propiamente occidentales. Todo lo anteriormente expuesto tiene un origen eminentemente oriental. En occidente la celebración de la muerte y renacimiento de la naturaleza tenía lugar introduciendo la propia naturaleza en los habitáculos. Preferentemente se veneraban aquellas especies de árboles de hoja perenne como el pino. Por motivos que casi no merecen explicación. Pura lógica de observación de la naturaleza.
Entre este panorama brevemente descrito la nueva religión cristiana necesitaba conmemorar algún día del calendario el nacimiento de su particular mesías. Hacerlo 4 días después del solsticio de invierno permitía superponer la festividad con las de las otras religiones y cultos ilegalizados en su mayoría durante el siglo IV. Así no es de extrañar que algo que empieza a celebrarse un día determinado por motivos puramente comerciales termine siendo un culto al comercio en sí.
En épocas de recortes en las que estamos la natividad comercial se hará esperar más que nunca. No vendrá poco antes del solsticio como acontecía tradicionalmente en un occidente definitivamente sumergido en el mesianismo consumista. La producción viene de oriente pero allí se exporta en su mayor parte. No se practica en casa del herrero. Incluso en los mercados por excelencia pueden escuchar hablar del rally de Santa Mario Draghi. Me refiero a los mercados financieros donde ya no hay compras imbuidas en el espíritu de natividad de cara al próximo ejercicio. Se compró en estas fechas porque el dinero abundaba en altas esferas, fruto no de inyecciones sino de una especie de acupuntura con jeringuilla por todo el aparato monetario.
Mientras las compras en acciones de empresas europeas hacían acto de presencia las compras en los mercados de productos básicos se caracterizaban por la escasez. Fue habitual en esta campaña navideña la oferta en contraposición a la tradicional inflación estacional. Fue una constante el catálogo con gangas en tiempos de tradicional descalabro comprador. Fue posible ver carteles con la palabra descuento en tiendas de ropa. Algo ha cambiado para bien o para mal en la natividad consumista. Puede ser que se espere celebrar durante enero con el advenimiento de las oficiales rebajas. También puede que el nuevo culto consumista vaya dando lugar a otro tipo de práctica. Esperaremos acontecimientos para notificar posibles cambios. Por practicidad romana supondremos por el momento que la verdadera navidad este año tendrá lugar en época de rebajas.
La eggs-clusiva si la hay se contará a posteriori. Continúe en estas fechas con la mejor dieta hiperproteica de la red. La única que le dará la razón si cree que la navidad se terminará celebrarando durante el equinoccio.
Felices solticios.