Los mismos que prometían una cosa pasan a la acción con otra. Algo habitual en el mundo político e igualmente denostado por los mismos ciudadanos que eligieron a uno u otro candidato. El gobierno pionero de los recortes en servicios prestados por la administración está también entre los primeros que mueve ficha hacia la consecución de mayores ingresos fiscales.
Fíjense en la terminología que encontrarán en algunos medios para contar lo sucedido en Catalunya los últimos días. No es casual y merece una explicación. Los titulares hablan de una apuesta del gobierno mediante un incremento de presión fiscal para hacer frente al déficit.
Explicado de manera sencilla y empezando por el año pasado. En mayo de 2010 el gobierno que por aquel entonces se presentaba a elección esgrimía como excusa al incremento de impuestos la debilidad ciudadana para pagarlos. Si a usted le quitan medio litro de sangre otro día le podrán restar otro medio casi con toda seguridad. Si le intentan extraer tres difícilmente podrá repetir donación alguna. Pues el gobierno electo argumentaba la imposibilidad de extraer tanta sangre a unos ciudadanos ya enfermos por cuestión de riesgo de no poder seguir haciéndolo en un futuro.
Los manuales de economía ponen todo eso que les acabo de argumentar con otros tecnicismos. Vienen a decir que a veces un incremento de porcentaje impositivo no logra aumentar la recaudación porque disminuye la actividad de aquellos que pagan la factura. Si la tasa impositiva es del 5% sobre un PIB de 100 recaudaría 5 el gobierno. Si aumenta la tasa al 10% recaudará 10 si se mantiene el PIB en 100. Si disminuye a 50 seguirá recaudando 5.
Ya en el gobierno, elegido en las urnas el noviembre de 2010, el nuevo gabinete se ve obligado a aplicar lo que opinaba hace un año como práctica arriesgadamente macabra. En primer lugar porque ya está su mandato refrendado en las urnas. En segundo porque las directrices europeas imponen sanar el déficit. La cuestión es que los mismos que opinaban una cosa se ven obligados a realizar otra.
Estamos en tiempos de apuestas. Vamos a intentar sacar la mayor cantidad de sangre posible evitando males mayores al organismo que impida la donación futura. Una apuesta arriesgada traducida en la tímida introducción del copago con un euro por receta. Lejos de los 20 euros aplicados en Portugal a cada paciente atendido en urgencias. Pero eso ya son cosas de las superpotencias europeas de la tijera. Alguno preferirá morir en el intento de sanación.
La letra con sangre entra.
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