Como todos los telespectadores bien saben ayer de manera simultánea en varios canales Su Majestad el rey aprovechaba la navidad para lanzar un discurso a toda la población que lo escuchó. Para el tortillismo lo hizo en vano. Porque no se queda con las porciones de pinchos que va soltando el monarca. Intenta divisar la tortilla entera y a su vez superarla. Vamos a continuación a encaminarnos un poco más allá de las palabras de Juan Carlos I intentando fijarnos en lo que cuenta, lo que no y aquello que podría contar. Por partes.
Crisis económica
Según el rey la crisis implica adoptar cambios de comportamiento para superarla. A partir del análisis de los errores cometidos en el pasado. Un gran economista había detrás de estas palabras. Nada más lejos de lo que el tortillismo pregona. Uno de estos errores es la creciente desigualdad, consecuencia de desigualdades iniciales en el inicio de la partida y por un propio juego que la tiene como regla. Cosas como estas últimas o las piensan ustedes o no las oirán en boca de su alteza.
Fraternidad entre españoles
Muy bonito y necesario para superar la que nos cae encima. Pero imposible en una sociedad desigual. Según Juan Carlos I hay que trabajar con convicción y diálogo. Perfecto también y casi bordado pero sigamos el discurso por la tangente. En un sistema productivo en el que abundan los asalariados por los empresarios no queda otro remedio que situarse en la linea de obedecer u ordenar por parte de unos cuantos. El diálogo es posible en condiciones de igualdad en el proceso productivo. El diálogo posibilitaría la superación de uno de los errores que nos llevó a estos lodos que es la baja productividad. Pero Juan Carlos I es el típico mandatario que nació con tal condición. Sin ser antes un vulgar botones desconoce los entresijos de la empresa. Representa el personaje un símbolo que nos impide superar la situación actual. Encarna la desigualdad mejor que nadie. La desigualdad nos impide dialogar y ser fraternos.
En otra linea argumental el discurso oficial se encamina a hablarnos del desempleo como la lacra social
en la que hay que poner todos los medios de lucha posibles. La cifra de parados se califica de inaceptable. Pero también es inaceptable otra cosa de la que el monarca se vanagloria. Que la familia sea nombrada como la institución que amortigua los efectos devastadores del desempleo es reconocer el fracaso de la otra institución que regenta quien nos habla. Gracias a la propia familia nos llega a decir que la situación es de calma social.
Fraternidad internacional
Introduce el tema hablando de crisis global, se mete en el continente y termina mencionando los lazos que nos unen con latinoamérica y el magreb. Nos insta a continuar la relación con el resto de Europa por vocación y compromisos adquiridos. Todo vuelve a ser muy bonito pero se podía haber añadido algo mucho más todavía. El discurso podía haber apuntado que estas relaciones deben ser en condiciones de igualdad. De lo contrario no hay diálogo, fraternidad, vocación ni nada. Hay conquistadores y conquistados.
Violencia
En este punto es donde el que les hablaba tiene mucho poder por aplicar. Como casi siempre que institucionalmente se menciona la palabra violencia se ataca la de unos cuantos. Como casi siempre la paja en ojo ajeno y la viga en el propio. Dije ataca anteriormente a propósito porque literalmente se intenta luchar contra la violencia de unos a través de la de otros cuantos. Y así nos vemos envueltos. No en términos de diálogo y fraternidad sino en términos de lucha. Como jefe supremo de las fuerzas armadas que ya dice el nombre a lo que se dedican el orador tenía la manija para erradicar desde la cúspide la forma mayoritaria de violencia. Sin embargo optó por el camino de la guerra dedicando palabras a las víctimas y solicitando la entrega de armas a los otros. Que nos entreguen la paz de una vez y la dinamita sea del color que sea la envíen al campo para fertilizar.
Corrupción
De manera superficial y sin nombrar a nadie el rey comentó el descrédito público hacia algunas instituciones. Pidió rigor entendiendo que ante posibles conductas irregulares la opinión pública y privada reaccionen. Hasta ahí todo perfecto. Pero emplazó al estado de derecho a solucionar este desaguisado.
Volvemos al principio donde recordábamos las palabras reales que nos invitaban a superar la crisis partiendo del análisis de los errores. El estado de derecho es lo que hay pero mientras lo ha habido estamos como estamos. Desiguales y peleados. Es ahí donde un servidor piensa en el estado del perdón como manera de superar este error pretérito. Algo ya comentado en esta misma página al respecto de lo acontecido con el yerno del orador. Si ni por ocasión navideña le pasó al monarca por la cabeza esta alternativa todo sigue como estaba. Deberán ser otros los que analicen los errores del pasado para no volverlos a repetir en el futuro. Los redactores actuales del diagnóstico nos llevan a la crisis donde estábamos.
Palabras finales
De manera protocolaria la institución real tenía que agradecer las muestras de apoyo recibidas ante la enfermedad del monarca. Lo hizo además de destacar la figura del príncipe como sucesor a la corona. Otro protocolo añadido este año como novedad.
En la misma linea se destacaba el papel de la corona como símbolo de unidad. Sin salirnos de las palabras podemos adivinar que escasea si se tiene que promocionar tanto.