Lo tenía que decir la OCU tras, supongo, largos estudios que corroboran lo que el vecino, el hijo y el animal de compañía percibían a su alrededor. Si no es la OCU es el gobierno y si no la Iglesia pero alguien tiene que realizar la faena de contarnos lo que nos ocurre a diario.
Ahora ya es oficial el encarecimiento del coste de la vida desde que el Euro empezó su andadura. Y si no es oficial es mediático que viene a ser lo mismo. Los datos proporcionados por la Organización de Consumidores hablan de un incremento aproximado de un 48% en los precios de algunos productos desde el lejano 2002. Mientras los salarios se apreciaron un 14%. La balanza está inclinada hacia el empobrecimiento de una mayoría que tiene en el trabajo asalariado su fuente de subsistencia.
Desde que el Euro circula físicamente lo que más inasequible resulta es la vivienda. No ha experimentado una subida tan abultada como la de los huevos (118%) pero relativicemos los números. Por mucho que aumenten de valor utilizamos aproximadamente 9 kg al año a un coste también aproximado de 1 euro por kg. Gastamos en total la friolera cifra de 10 euros al año en huevos. Además somos más o menos libres de consumir este producto. Se puede vivir fácilmente sin él en caso de triplicar el precio.
Cuando hablamos de algo como la vivienda lo hacemos de un bien considerado imprescindible. Por algo será que la mayoría de personas en apuros económicos lo último que dejan de pagar es la hipoteca, incluso después de haber dejado de gastar lo suficiente en alimentación. Cuando hablamos de vivienda lo hacemos de algo que se fagocita aproximadamente la mitad de un salario medio. Pero que en algunos casos puede llegar a significar dos tercios de ingresos. Vea en este dato una clave para lo que les quiero terminar concluyendo.
Cualquier variación significativa de niveles de precios influye en la capacidad adquisitiva de nuestros ingresos. Pero no nos afecta de la misma manera una subida de un producto al que dedicamos apenas el 1% que otra del que le dedicamos un 50%. Las subidas en los bienes imprescindibles nos acorralan como animal de presa. Más en situaciones en las que estamos ya acorralados por la vertiente de los ingresos.
Ese ha sido el panorama de la última década. El que nunca le contaron. Si lo hubieran hecho cualquiera hubiera reconocido la deuda como maquillaje a lo que realmente reflejaban nuestras caras que era una situación de pobreza material in crescendo. Ahora apresuradamente toca darnos explicaciones para interpretar una historia para quizás perdernos en el futuro.
Con la intención por mi parte de intentar aclararle lo que viene. Se acerca el momento de darnos cuenta de la evidencia más universalmente censurada. Esta es sin lugar a dudas que nuestro poder adquisitivo determina nuestra libertad. Ninguna constitución la puede garantizar. La garantiza la capacidad de los ingresos a satisfacer necesidades. La garantiza la innecesidad de consumir nada.
Vean si no la masa de esclavitud que se ha ido regenerando en la última década. Todo lo contrario al conjunto de seres libres. Vean en esa masa creciente la prueba palpable de un maquillaje de altos vuelos con destellos de cirugía estética a gran escala. Tantas eran las pócimas aplicadas que la vecina, el hijo y el animal de compañía echaban un día tras otro la culpa de sus males a los entrañables huevos y sus subidas de precios. Todo porque los compraban mucho más a menudo que el pisito, que con escasas excepciones, era concebido como el mesías. Tiene guasa esto del mundo al revés. Tanta como satisfacción darle la vuelta a la tortilla.
Para no perdernos en el futuro es clave percibir todo este tipo de evidencias. De lo contrario el tiempo se termina con profecías o sin ellas. Durante 2012 se podría empezar a escribir el principio de la masacre real que por el momento sólo tiene connotaciones financieras.
El que no arriesga un huevo no tiene un pollo.
Información relacionada:
Los precios han subido el triple que los sueldos con el euro
Vivir con 400 euros
Casi la mitad de los asalariados gana menos de 800 euros al mes
La brecha entre ricos y pobres se dispara al nivel más alto en 30 años
Una solución factible a la esclavitud:
Tras el corralito la libertad