Apenas han pasado cuatro días desde la publicación de este interesante estudio patrocinado por el Ministerio de industria, turismo y comercio. Indagando en el apartado de la metodología queda claro cómo se han excluído algunos formatos productivos-distributivos entre los cuales se encuentran las cooperativas.
El estudio trata de cuantificar distintos niveles de precios existentes en comercios de alimentación y productos de droguería. El objeto de indagación se restringe a establecimientos situados en 56 ciudades españolas entre las cuales se encuentran todas las capitales de provincia más cuatro urbes con población superior a la cabeza provincial. La selección de ciudades abarca más del 36% de la población española, cosa que nos permite extrapolar resultados y añadir experiencias más allá del análisis oficial.
Una conclusión que salta a la vista es que dos de las pocas cooperativas que escapan de la exclusión del estudio se sitúan en fenomenal posición en cuanto a precios de venta. Son “Consum” y “Eroski”. La cooperativa valenciana se alza como la más barata en productos alimenticios. La cooperativa vasca la que distribuye a precios más asequibles los productos de droguería.
No es casualidad que dos cooperativas ofrezcan relativamente mejores precios. Es consecuencia directa del modelo de producción y distribución que practican. En ambas instituciones es difícil encontrar directivos con sueldos estratosféricos y ambiciones desmedidas. También es difícil pensar en la existencia de un elevado entramado burocrático organizativo. El principal órgano decisorio que es la asamblea no está profesionalizado, a diferencia de los consejos de administración.
Una vez enunciada esta conclusión de agradable sabor de boca y sin ánimos de restringirme a lo que el estudio nos empuja permítame desplazarme un poquito más allá. Fuera del estudio quedan unidades de producción y distribución como “Grup Alimentari Guissona”. Otra organización que posibilita mejores precios que ninguna otra en cuanto a productos cárnicos por los mismos motivos que comentaba en el párrafo anterior. Fuera del estudio también existen otras productoras y distribuidoras de todo tipo de productos alimenticios. Si añadimos otro baremo obviado en el estudio nos damos cuenta cómo por precios similares a los que encontramos en hipermercados somos capaces de acceder a calidades infinitamente superiores adquiriendo alimentos directamente al productor. Resulta fácil adquirir aceites, licores, frutos secos o embutidos que nada tienen que envidiar a los envasados. Al contrario. Mucho hay que temer por parte de un sector distributivo que no tiene más razón de seguir existiendo que una inercia social profundamente equivocada.
Por ello es preciso seguir ahondando en el cooperativismo como manera de posibilitar el acercamiento entre oferta y demanda. Incluso urgen fórmulas para acercar consumidor y productor dentro del mismo órgano de decisión. La eficiencia de un país faltado de productividad lo reclama. La salvación a la miseria está más cercana con cooperativas que sin ellas.
En el ámbito de defunciones hay que hablar de una institución que se liquida para siempre. La cooperativa de Montblanc echa el cierre en perjuicio de la sociedad entera. El edificio pasará a realizar funciones que poco aportan nutritivamente. A partir de ahora la infraestructura aportará exclusivamente beneficio monetario.
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