Imagine por unos momentos que aquel que ostenta la propiedad de cualquiera de las populares tabernas de nuestro país tiene la idea de expandir el negocio y para ello cuenta con los recursos que usted le pueda aportar más allá de los que frecuentemente se deja en su barra. Se le ocurre la brillante idea de emitir títulos de propiedad del local que impidan poner en duda la capacidad de decisión a la que no quiere renunciar. Además desea seguir apropiándose de la mayor parte del negocio. En caso de que el viento pudiera soplar en contra el día de mañana desearía tener las menores obligaciones posibles con los nuevos propietarios.
Reconozco que este cóctel es de difícil elaboración y peor digestión. Pero los bares en los que confiamos son capaces de servirnos gasolina con dióxido de nitrógeno añadido y parecernos un estupendo refrigerio de mediodía. Más o menos en estas pretensiones se movía la banca mayoritariamente y algunas grandes empresas de nuestra geografía más inmediata. Lanzaban entre la clientela más incondicional productos que implicaban la propiedad de la barra pero que no daban derecho a saltar al otro lado. Las participaciones preferentes tienen unos rendimientos estipulados por contrato. En la letra firmada se podía leer claramente qué pagaban anualmente o qué no pagaban y cuándo. A cambio de este rendimiento más o menos fijo en caso de quiebra del negocio ofrecían preferencia respecto el propietario con voz y voto en el cobro del capital liquidado.
Sigo con el ejemplo de lo acontecido en el Banco Sabadell con pretensión de dilucidar no solamente lo que ocurrió con las misteriosas participaciones preferentes sino también para intuír lo que podría suceder en el futuro próximo. La entidad que nos sirve de ejemplo emitió millones de euros de títulos de propiedad de su negocio en las condiciones que les relataba al principio. Con un rendimiento en caso de bonanza atractivo para un ahorrador que le asustaría meterse a tabernero. Pero con un rendimiento ridículo para alguien que se siente seguro de poseer aquello en lo que cree. El resultado de la venta fue muy sencillo. Los dueños del Banco Sabadell consiguieron compartir propiedad entre los que jamás habían pensado en adquirir bares. A cambio recibieron recursos con los que seguir dirigiendo a solas la actividad expansiva que sabe perfectamente cual fue.
Dada la rareza de la combinación algún día tenía que estallar y lo hizo paulatinamente durante el último trimestre de 2011. Fue entonces cuando descendió una normativa desencadenada en Basilea hacia instituciones y particulares que cambió el escenario. Hasta 2011 la normativa era condescendiente con la manera que había ideado la banca para solucionar hipotéticas crisis de liquidez de los poseedores de estos raros títulos de propiedad. Como toda pertenencia las participaciones preferentes son para toda la vida. En caso de necesidad de adquirir inesperadamente otro bien por parte del poseedor el banco buscaba otro posible propietario que pagara el mismo precio que el anterior. Si el cóctel era raro añadida esta pimienta se hacía infumable. Pero se tomaba día tras día en el templo del mercader. Pasándose el mercado por el forro circulaban los títulos de propiedad en régimen de semi-clandestinidad con un precio inamovible.
Llegados a 2012 la continuidad del sistema cambiario es inviable por normativa. La solución de la entidad que nos sirve de ejemplo a lo que les quiero contar ha sido ofrecer la transformación de títulos de pseudo-propiedad en títulos de propiedad en un proceso que tendrá dos fases. En un primer canje se transformará el 90% del capital a principios de 2012. En un segundo se transformará un 12% a finales de este mismo año siempre y cuando el nuevo accionista conserve todos los títulos hasta la segunda fecha.
El partipacionista transformado en accionista estará por fin sometido a los vaivenes de precios habituales en los mercados de renta variable. Ya de alguna manera lo estaba antes del proceso de canje. El precio al cual le cambiaban participaciones por propiedad fue resultado de la cotización media del cierre de la acción durante multitud de sesiones bursátiles. Un periodo en el cual sospechosamente tanto las acciones de Banco Sabadell como todas las demás del resto de la banca han experimentado notables ascensos. A mayor precio de canje menos títulos recibe el participacionista. En el caso que nos ocupa un 30% aproximadamente se han apreciado los títulos de propiedad desde mínimos de septiembre. Pero en el caso del Santander un 15%, en BBVA un 12%, los de Bankia un 12%, Caixabank un 20%, Popular roza el 30% y Bankinter supera ese porcentaje. Todo ello en un panorama donde la totalidad de acciones ascendió de media un 7% en el despertar bursátil del último trimestre.
No siempre tiempos pasados fueron mejores. En el ejemplo verán el porqué. Quienes poseían participaciones preferentes de Banco Sabadell han tenido la oportunidad de transformarlas en un 90% en acciones transformables fácilmente por dinero. El problema será el precio al que lo hagan teniendo en cuenta la característica novedosa para sus poseedores. Partimos de precios bajos históricos pero relativamente más altos que hace tres meses. ¿Usted cree que un bar que compra el negocio del vecino que está en pérdidas multimillonarias puede aumentar la valoración de sus títulos de propiedad? Pues lo que ha hecho el Banco ejemplar ni más ni menos ha sido adquirir la CAM por un euro pero con la obligación de reflotarla. Para tal tarea lo que va a necesitar en primer lugar es tapar agujeros con más dinerito que procederá en gran parte de la emisión de nuevos títulos de propiedad que engrosarán la lista de los ya existentes. El bar que ganaba 1000 euros al mes adquiere otro que pierde 500 y encima tiene que invertir si no quiere desaparecer para siempre entre las goteras del vecino que en el futuro pueden ser inundaciones. En la bolsa el efecto adquisición de ruínas se puede notar y mucho.
Desde ahora hasta diciembre hay mucho tiempo para que el mercado sitúe los precios en los que se deberá acudir al segundo canje a nuevos mínimos históricos. De aquí a diciembre hay mucha necesidad de capital. No solamente del banco que nos sirve de ejemplo sino de todos los demás e infinidad de otras empresas no financieras. Con este escenario me atrevo a augurar que la fidelidad de aquellos que mantengan sus nuevos títulos de propiedad esperando el 10% restante será pagada con desilusión. El mercado es así de terrible cuando se da la vuelta. El capitalismo popular quizás se la haya empezado a dar para siempre.
Por si la estancia en la barra se le ha hecho un tanto pesada póngale un poco de música respetando el descanso de los vecinos. Probablemente ellos no se merezcan participar preferentemente en sus asuntos:
Hace unas semanas:
Participaciones preferentes