Los recortes que ya no lo son están dejando todo tipo de damnificados. El motivo por el cual ya no existen los recortes lo dejo para un futuro no muy lejano. Las consecuencias que provocan directamente en el funcionario van a ser protagonistas de esta vuelta de tortilla.
Por si no son lo suficientemente adictos a los titulares de prensa les hago un esbozo de lo ocurrido esta última semana en Catalunya con los “mossos d’esquadra”. Esta clase concreta de funcionario ha salido finalmente del armario reclamando clemencia al repartidor de cheques. El cuerpo que debería protegernos de los lobos se ha encerrado en comisaría y se ha manifestado en la calle. Lo más asombroso es que han sido capaces de protestar ante el presidente Artur Mas con gritos de viva España y enarbolando la bandera rojigualda. Con Felip Puig, máximo responsable policial, tuvieron la benevolencia de recibirlo sólo con silbidos. El mismo político se congratulaba de la actitud del cuerpo de no mostrarle simbología españolista. Como colofón, una vez terminados los actos más puramente reivindicativos, los “mossos d’esquadra” han decidido dirigirse al ciudadano en castellano como símbolo de protesta.
Otra vez tenemos los trapos idiomáticos encima de la mesa. Los cuerpos de seguridad podían haber optado ante la desesperación recortista por hacer uso de la violencia extrema. Pero fíjense que no lo han hecho. Han utilizado un arma de destrucción masiva mucho peor. El idioma utilizado como instrumento de discordia y de lucha.
Ante la siembra de distanciamiento idiomático un servidor se ve obligado a contrarrestar la acción del cuerpo de seguridad. Utilizaré los idiomas que quieren enfrentar como fuente de sabiduría. Vean a continuación la siguiente lección que nos dan dos formas distintas de entender el mundo que terminan ocasionando un código hablado y escrito de comunicación.
En castellano cuando no tenemos suficientes recursos en el presente decimos que requerimos un “anticipo”. En catalán, en cambio, solicitamos una “quitança” o una “bestreta”. Una curiosidad que tiene jugo. En una región del globo los recursos extraordinarios se perciben como un bien ante la necesidad. Nos anticipan lo que deberíamos cobrar mañana sin ninguna connotación negativa. En otra región el mismo proceso se percibe como una deuda. Como expresan ambos términos catalanes los recursos extraordinarios presentes nos merman recursos futuros. Jugar a pedir en el presente significaría tener que llorar en un futuro. Connotaciones totalmente negativas las que esconden los dos vocablos catalanes referidos a esta fenomenología financiera tan popular. Pero no tan escondidas estaban en el ambiente. Se reflejaba por ejemplo en el número de cajas de ahorros existentes por metro cuadrado con una de ellas en cabeza de las europeas. Algo que no puede ser casualidad sino que interactúa con la manera de pensar y la manera de expresarlo.
Dicho todo esto permítanme la moraleja final. Los idiomas tienen suficiente dinamita para hacer estallar códigos y gargantas. La verdadera rebelión será concebirlos como herramientas de comunicación y aprendizaje. Algo a lo que raramente pueden optar las gallinas que un mes tras otro ven la luz de un fluorescente y la sombra del lobo. Los guardianes de la granja se tiñen de instinto depredador con este tipo de decisiones. Mientras los repartidores de pienso disfrutan. Tienen la excusa perfecta para repartir un poco menos. Así el gallinero está más silencioso. ¿Será hora de solicitar otro anticipo? ¿O esta vez vamos a ser lo suficientemente bilingües para reclamar la tierra donde picotear?
Por si les queda alguna duda aquí pueden ver a los granjeros indignados: