Se mascaba hace unos días y se terminó de consumar. La reforma bancaria está en marcha a petición del mismo Botín con pataletas incluídas de otros homólogos. El banco malo de momento no será posible y el banco bueno no estaba en la hoja de ruta del gobierno actual.
Pueden recordar por aquí lo que se intuía según las múltiples declaraciones de directivos bancarios de las últimas semanas. Parece que desde arriba se cuenta con el beneplácito para darle al botón que hasta ahora nadie se había atrevido a apretar.
La crisis ha ido madurando una fruta que ha resultado difícil de cosechar por falta de consumidores finales que sufragaran las tareas. La reforma financiera anunciada supone mover el árbol financiero con el fin de arrojar el fruto al suelo. Pero como todos sabemos no es lo mismo sacudir una planta bien arraigada que otra que se tambalea. Llega la hora tras los cambios gubernamentales de derrocar muchos árboles por orden de los que quieren apropiarse de todos los nutrientes del suelo.
El tamaño de las entidades financeras va a aumentar ostensiblemente y será alrededor de las que casualmente el estudio del BBVA consideraba más fuertes para afrontar un saneamiento rápido. Esos serán los bancos malos que intentarán hacerse con el pastel financiero nacional. Pero cuidado que este tipo de movimientos no están exentos de riesgo. Todo lo contrario.
Una de las decisiones que más sorprende es el recorte de sueldos en directivos de entidades nacionalizadas y ayudadas. Medida muy complaciente con la llamada opinión pública que denuncia cada pocos días sueldos escandalosos de gerentes que llevaban empresas a la ruína. Es una práctica muy inefectiva teniendo en cuenta lo que les contaba anteriormente. En realidad el sueldo de esta gente va a convertirse en el que las nuevas entidades absorbentes les ofrezcan. Las absorbidas fruto de la imposibilidad de sanear balances en tan poco tiempo dejarán de tener directivos.
Para reblar la cura en salud el Partido convertido hace años en populista salió a la palestra anunciando a la multitud la cara amable de la reforma. Tenemos todos clarísimo que descenderá el precio de los pisos. Pero a la vez también tenemos claro que disponemos de más pisos por habitante que jamás en la historia. Los efectos de esa bajada tendrá beneficios o perjuicios según como se mire. Si se hace desde el lado del activo o del pasivo. Para algunos el inmueble supone una deuda y para otros un bien. A estos no creo que les haga la más mínima gracia. A una minoría que busca vivienda le vendrá como agua de mayo la medida. Personajes como los Ruiz-Mateos con deseos de acumular cientos de inmuebles aunque sean para terminar embargados hay bien pocos. Esos pocos acumulacionistas celebrarán la decisión. La otra minoría que quiere hundir las inmobiliarias filiales de los bancos que desean absorber lo encontrarán de maravilla.
Todo está orquestado desde arriba. Tal y como parece que sucede en el derrumbe de la confianza en la Casa Real. El pistoletazo de salida está dado para muchos cambios en beneficio de los mismos que marcan los tiempos. Mientras lo lancen desde las alturas así tiene pinta de ser.