Lo disputaron ayer en Manresa. El resultado lo de menos. Los contendientes lo realmente noticiable. Dos equipos con presupuestos por debajo de lo que se supone adecuado a la competición profesional. Sin embargo se enfrentaban en la máxima categoría del baloncesto español. Tras el partido los dos conjuntos quedan empatados a 9 victorias y 10 derrotas en el cómputo global. Asomando la cabeza en el conjunto de ocho equipos privilegiados con la participación en la fase final que decidirá el campeón de la ACB. El secreto del éxito de ambos clubes es que rentabilizan de la mejor manera sus presupuestos escasos. Esa es la historia que no podía pasar desapercibida de las competiciones deportivas del fin de semana. Aquella que tampoco será titular de ningún medio de masas.
La tradición de baloncesto en Manresa se remonta a los años 30. En cambio en Fuenlabrada tuvo un apogeo paralelo al de la ciudad del extrarradio madrileño en los 80. Una urbe cuenta con un crecimiento sostenido a lo largo de los siglos y la otra con un crecimiento meteórico en las últimas 5 décadas. Ambas convergen en el terreno del baloncesto y ayer se encontraban en una misma cancha.
Aunque los números contables del Manresa expresen miseria la historia del club no es precisamente un llanto. Participa el equipo en la máxima categoría del baloncesto español desde tiempos inmemoriales, casi siempre amenazado por el descenso. Pero a la vez el equipo es capaz de sacudirse los fantasmas presupuestarios en las pistas. A mitad de temporada se ha situado en varias ocasiones entre los ocho primeros de la tabla que dan derecho a disputar la copa del Rey, consiguiendo un título.
De la mano de Joan Creus el Manresa se alzó con la copa quince años atrás. No es casualidad que un jugador de estas características estuviera presente en una de las glorias deportivas del club. La plantilla de un modesto que rentabiliza recursos ha estado plagado de veteranos con ilusión de participar en un campeonato donde los grandes barran el paso.
De la mano del mismo base alguna temporada después se alzaban los manresanos con el título de liga tras terminar en quinto lugar en la fase regular. Una proeza al alcance de nadie. Hasta entonces el primer clasificado en la fase regular había sido el campeón de la fase final. Pero en Manresa todo debe ser posible en cuestiones de baloncesto. El logro citado tampoco está demasiado extendido. Sin ir muy lejos el multimillonario Baskonia no cuenta con muchos más trofeos en las vitrinas de Vitoria.
Ayer en Manresa el hermano mayor de los modestos se alzaba con el triunfo frente al más moderno Fuenlabrada. La liga continúa para ambos. Se tendrán que ver las caras con clubes que cuentan con respaldos de grandes dimensiones. Con gobiernos, diputaciones, cajas de ahorro y hasta equipos de fútbol apoyando cada canasta anotada. Mientras se enfrentaban en el “Nou Congost” seguían trabajando con lo más envejecido y nuevas promesas. En categorías inferiores el Fuenlabrada seguía años después de perder al primigenio patrocinador utilizando su nombre. Las cafeterías “Maná” una vez cerradas servían para denominar los equipos de la cantera fuenlabreña. Algo parecido ocurre en los demás conjuntos de la actual ACB. Continúan utilizando recursos de instituciones medio quebradas para fastidio de aquellos que se abastecen de manera sana. La próxima temporada situará previsiblemente un poquito más cerca al conjunto madrileño del título que le falta en las vitrinas.