
Desde que el látigo corrector de los excesos económicos pasados hizo acto de presencia todo tipo de reacciones han ido sucediéndose. Una de las más originales, pacíficas, racionales y presuntamente exitosas ha empezado a rodar en Barcelona.
Desde asociaciones de vecinos una contramedida ante los incrementos del precio del transporte público es estirar la vida útil del abono de 10 viajes hasta los 11. La subjetividad normativa otorga la validez de un título a todo aquel cancelado durante los 75 minutos anteriores al momento del control. La imaginación colectiva ha pensado en la cantidad de viajes que se realizan con una duración muy inferior a este lapso. Tras un desplazamiento existía la posibilidad de regalar la tarjeta a otro usuario siempre y cuando el título estuviera agotado. Es en ese supuesto en el que aquel que sale del transporte público es indiferente entre tirarlo o darlo. Las asociaciones de vecinos han optado por promocionar y organizar la dación altruísta de billetes.
Buena visión tras casi una década de historia de billetes integrados que permiten utilizar tres medios durante el periodo de tiempo anteriormente comentado. Esta característica daba un valor a los títulos de transporte que jamás se había atrevido a explorar nadie. Tal como unos atrevidos lo han hecho las reacciones no se han hecho esperar. Las reacciones a las reacciones además de ser más numerosas son también originales.
El alcalde Xavier Trias por empezar por la parte más elevada del ayuntamiento ha llamado a la calma. Le sabe mal esta iniciativa popular contra las subidas de billetes. Incluso prevé que de triunfar la propuesta se resentirá la calidad del transporte público en Barcelona. La oposición ha pedido respeto en las declaraciones del alcalde frente a la nueva T-11. Incluso existen registradas súplicas de mandatarios municipales que desearían que la idea no tire adelante.
Es ahí donde merece que nos paremos en la reflexión para seguir ideando. A día de hoy hay organizado un sistema de intercambio de datos en el que podemos informar dónde hemos dejado un billete con vida y el tiempo que le queda. El día de mañana sabemos que podemos ir mucho más allá. Hasta podemos notificar los trayectos que vamos a realizar con antelación. Una vez cruzados todos los itinerarios en una cierta franja horaria conocer los billetes que minimizan el coste global del transporte no es complicado. La reciente T-11 podría llegar a ser T-30 en un futuro no muy lejano. El título que permite realizar 50 viajes en 30 días podría convertirse válido para 150 viajes en una sola jornada. Cuestión de voluntad de interactuar entre grupos de viajeros reducidos o a nivel global.
Desde instancias municipales el grupo político ganador de los últimos comicios mantiene otras dos formas de colaboración entre ciudadanos. En Barcelona existe por iniciativa del ayuntamiento la bicicleta y el coche compartido. Con las marcas bicing y Avancar ya no es necesario poseer ninguno de esos artilugios para circular por la ciudad. Por un módico precio se permite el alquiler por horas de ambos vehículos. Una práctica promocionada desde altas instancias en beneficio de las sociedades que la gestionan. Una práctica que no asusta desde el poder porque fue desde ahí donde se engendró. Asusta la iniciativa popular espontánea aunque los efectos sean prácticamente calcados. En un caso el transporte público disminuirá la recaudación en taquilla y paralelamente el presupuesto disponible. En el otro caso el uso intensivo de coches y bicicletas perjudican la calidad de los vehículos disponibles pero facilitan la vida a la ciudadanía. La utilización intensiva del billete de transporte terminará significando lo mismo.
Si se atreve con algo más que no sea relativo al sector del transporte expóngalo. Estará asestando un golpe de estado que ningún monarca será capaz de atajar.