Recientemente tuve la ocurrencia brillante de dirigirme a una librería de grandes dimensiones para intentar adquirir un par de libros. En el fondo algo me decía que estaba actuando por comodidad. Por el hecho no de pasar exactamente por allí pero sí muy próximamente.
Eran dos ensayos de economía publicados en tiempos presentes. Uno propone otro sistema alternativo al actual. El otro una explicación alternativa a la tan cacareada crisis. Esperaba algo más que palabras. Esperaba conceptos frescos para engrosar el conocimiento de lo que nos rodea. Tuve que esperar la respuesta tajante de la dependienta para convencerme del error en el intento. Tuve que esperar la negativa a solicitarlos al distribuidor para sentir la proximidad del muro donde me había acercado peligrosamente.
Los días posteriores he conseguido conciliar el sueño con la misma facilidad con la que lo hacía anteriormente. Pese a que otro libro es un excelente regalo para el entendimiento los intentos también lo son. La próxima vez ya sé donde no hay que volver. Por el bien de uno mismo y de los que nos rodean. El pataleo cansa y es hacia el estado que a veces nos encaminamos cuando nos dirigimos dirección al muro.
Las paredes son estáticas y nosotros los que transitamos entre sus laberintos. Con un poquito de sentido común corremos en campo abierto. Desorientados tendemos hacia la materia. Nos sentimos cobijados y respiramos para terminar suspirando cuando la materia nos engulle en sus entrañas.
Desconozco a día de hoy las novedades que encierran esos libros que ansiaba la semana pasada. Pero conozco otras muchas cosas por el hecho de no querer encontrarlos. Esa es la realidad. No hay excusas válidas. Ni lamentos. Ni censuras a reprochar. Hay infinidad de publicaciones en las estanterías más concurridas. Hay también infinidad de luz allí donde no llegan los destellos de los focos dominantes. Hacía tiempo que no intentaba leer específicamente un título. Tuve la ocasión de darme en los morros con un muro que me había negado a probar. Quien no desea nada no tiene este tipo de desilusiones. Tiene un mundo repleto de mercancías en las que intentar ilusionarse.