
Desconozco si ayer martes y trece ocurrió alguna desgracia de gran magnitud en el globo. Por serias cuestiones de superchería me abstuve de leer ningún miedo de comunicación. Seguro las hubiera encontrado.
Si las desgracias vienen solas las gracias deben venir acompañadas. Permítanme ensañarme con malos datos conocidos esta semana. Permítanme acompañarlos los unos con los otros. A ver si de una vez por todas procrean y mueren para siempre. De los huérfanos ya se encargará la escuela.
Empiezo con unos terribles datos de ocupación hotelera. En un país de servicios turísticos deben haber sentado como una patada en las mismísimas cuentas de este tipo de empresas. Según el informe HotStarts de la consultora Magma, en el mes de enero se han registrado unas paupérrimas cifras de pernoctaciones. Casi todas las ciudades arrojan malos datos de ocupación. Pero por si no hay suficiente el precio medio excepto en Barcelona y Palma ha descendido.
La rutilante Europa no parece ser lo que era. No hay para gastos superfluos en el viejo continente. El viaje a España deberá esperar mejores épocas. Pese a que el zorro más malvado de la Unión amenace día sí, día también, enseñando la pezuña. Cuando muestra el cuerpo entero se muestra más dócil que un cordero.
Otra batería de datos para recapacitar son los que Randstad nos ofreció como resultado de su radiografía al mercado laboral. El porcentaje de jóvenes que aceptarían un contrato en el extranjero aumentó 16 puntos respecto el año anterior. Las cifras de esta predisposición son históricamente altas. Sorprende que la mitad de personas entre 41 y 55 años estén dispuestas a aceptar un salario fuera de España. Más que el 65% de jóvenes entre 18 y 25 años.
Sin entrar a valorar intenciones más que tangencialmente procuraré adentrarme en el ámbito de la realidad. Los saldos migratorios expresan desde hace tiempo que todo esto que percibió Randstad puede ser verosímil. La intención existe. Los tiempos de crisis son también tiempos de cambio. Si hay que largarse del terruño, adiós. Aunque sea para bailar con la más fea. No es oro todo lo que reluce en Alemania. Los hoteleros, como les comentaba, siguen esperando ese preciado metal procedente de más allá de las fronteras. Pero con danzar es suficiente. Aunque haya que colocar pasamontañas a la pareja. Lo importante es seguir el compás de unas notas musicales que nos mantienen en la ilusión.
Los tiempos de crisis son tiempos de promiscuidad sin duda alguna. Más de la mitad de los jóvenes entre los que intuyo que hay mucho aparejado cambiaría salario por pareja. La mitad de los de más avanzada edad entre los que hay mucho matrimoniado haría exactamente lo mismo. Lo importante mantener cerrados aquellos ojos que no quieren mirar para que el corazón no sienta. La misma ceguera que no permite contemplar la América que no existe. Europa murió antes.
En tiempos de promiscuidad cambian hasta los hábitos. No malpiensen todavía. Los conventos hasta que no tributen estarán en el paraíso, así que no me refería al clero. Cambia aquello que compramos. Lo que adquirimos en el pasado directamente puesto en venta. Cambia el lugar donde compramos. Las estadísticas son claras. Empezó 2012 cambiando de operadora telefónica el mayor número de clientes de la historia. Aunque fuera para transitar de Guatemala a Guatepeor. Lo importante es largarse para mantener las ilusiones. A cualquier lugar que no sea un hotel. La promiscuidad ahora se practica en casa.