
Una semana después de la celebración de los comicios en Asturias y Andalucía algunos de los resultados obtenidos se empiezan a vislumbrar en los despachos de los partidos agraciados con representación.
En el sur la formación de gobierno correrá a cargo del bloque de izquierdas encabezado por el PSOE y apoyado por Izquierda Unida. Lo acontecido en Extremadura meses atrás no fue del agrado de la dirección de un partido que no simpatiza con la deriva del Partido Popular. Pero queriendo mostrar que tampoco conculca con el PSOE propició un cambio de gobierno histórico que todavía desagrada más que el anterior.
En Andalucía gobernará el PSOE con el apoyo de la tercera y última fuerza con representación en el parlamento. En Extremadura podría propiciar esta actitud una caída del poder ejecutivo que me atrevo a pensar que requerirá esperar algún error grave a ojos de la mayoría de electores.
Entre preferencias y compromisos electorales los partidos se debaten en las postrimerías de un mandato. Asturias no es la excepción. Aquí ya no hay tres grupos en el parlamento sino cinco. La rocambolesca carambola no es a tres bandas sino a cinco y se presagia un futuro incierto en la formación del equipo gestor.
Como alternativa a la embarullada situación el portavoz de UPYD Ignacio Prendes expresó la voluntad de constituir un gobierno de concentración. Aduciendo la defensa de los intereses generales el principado necesita estabilidad y no bloques partidistas. El resultado del pasado domingo así lo dictaminó con un empate entre votantes y abstenidos. Entre los que participaron en los comicios la división otorgó a UPYD la llave de la elección pero prudentemente la formación de Rosa Díez prefiere pasarse al bando abstencionista llegada la hora.
El gobierno de concentración no tengan duda que hará acto de presencia en todas y cada una de las cámaras de nuestros rincones variopintos. Seguramente no como lo conciben Ignacio Prendes ni Rosa Díez que para empezar confunden nación con parlamento. El gobierno de concentración resultará de la expresión de todos en las decisiones que nos afectan. O por el contrario a hostias se acatarán de forma unánime las tomadas por unos pocos. O quizás se siga en la deriva actual en la que la mitad de la población que acude a las urnas lo hace con una óptica muy restringida. La acumulación de papeletas en dos partidos ha originado numerosos gobiernos de concentración, aunque no de siglas que es a lo que se refieren cuando pronuncian tal palabreja los políticos subvencionados por una sede.
El primer experimento de este tipo se espera. Será necesario aprender a inspirar y expirar correctamente por parte de una amplia mayoría. Eso es lo que requiere en primer lugar un gobierno de concentración como el que se plantea desde tierras asturianas. La música mejor que suene en otra parte.
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