
Grecia está que arde como recientemente ardió también el lejano oeste europeo. Galicia, lugar donde terminaba la tierra plana, perdió otro de sus milenarios bosques por el capricho de unos pocos. De momento nos debemos conformar con ver crecer la discordia en las tierras calcinadas.
Un jubilado de 77 años ha dicho basta. Harto de comer restos encontrados entre la basura ha dejado para siempre el mundo en ebullición disparándose en la ateniense Plaza Sintagma. En esta ocasión la noticia fue el uso de una bala. Su cuerpo no sufrió el escozor de unas llamas que suelen ser las protagonistas en estos sucesos sensacionalistas en plena calle, para que la civilización delire.
Ante la perdición, las angustias y supongo que los comicios electorales que se avecinan en el país heleno los gobernantes esta vez han dado la talla. Algo que supongo no ha podido vislumbrar Dimitris Christoulas, valientemente abandonando la muerte en vida. Tan sólo se ha recogido una nota explicativa en la que dejaba constancia de la motivación de su acto. Comparó el gobierno dirigido por Lukás Papadimos con el de Yorgos Tsolakoglu, aquel que regía los destinos griegos al dictado de Alemania durante la ocupación nazi.
El ahogo por las deudas es extremo y para ello no es necesario recorrer ningún mar Mediterraneo en crucero. Los presupuestos recientemente debatidos en España son elocuentes. Crece la partida destinada al pago de intereses lo cual implicaría tener que recortar los demás gastos en el supuesto de mantenerse los ingresos constantes. Como muy probablemente la recaudación va a descender por mucha rebaja o amnistía fiscal que se promueva, no hay más remedio que asumir un déficit que lastrará un poquito más las otras partidas presupuestarias deliberadas el 2013. Y así sucesivamente. Al pensionista muerto en fama le sucedió exactamente lo mismo de manera individual.
El gobierno ateniense, excepcionalmente a lo que ha venido ideando durante los últimos años, por fin parece haber visto la luz, aunque desde el fondo del túnel. No hay que echar las campanas al vuelo pero todo indica que está por la labor de cambiar el rumbo por la vía de los ingresos. No hay solución posible a ningún problema financiero que no incida en esta variable.
Un millón y medio de griegos están dispuestos a emigrar al campo y todo indica que el gobierno intentará satisfacerlos. Estrictamente no será una emigración sino una vuelta desde unas ciudades convertidas en terreno minado de números infagocitables. La producción agrícola podría aumentar notablemente y permitir nuevas fuentes de vida a los actualmente subsidiados en la pobreza. Una gran masa de gente improductiva se agolpa en las urbes. Una gran extensión de terrenos se mantiene abandonada en toda Europa bajo el influjo de los rayos solares. Pero sin que germine nada provechoso para pagar las deudas y lo que es peor, para mantenerse en pie sin pensar en el despido.
Desde la cuna de la civilización la humanidad se resiste a morir en los tentáculos opresivos. Donde en verdad los suicidios pese a crecer exponencialmente, mantienen una de las tasas más bajas a nivel continental, van gestando unos creíbles cimientos para la recuperación. En una encuesta gubernamental la mayoría de deseosos de volver a empezar aducen como motivo para hacerlo la calidad de vida. Cuando la existencia está en peligro la supervivencia es un loable triunfo.
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