Ya estamos todos de nuevo. Hemos llegado de la quinta polla o el quinto coño. A estas alturas no importa si los pestañeos son masculinos o femeninos. Lo relevante es el ordinal con el que se mira. No teníamos bastante con el cuarto, el tercero, el segundo ni mucho menos el primero. Necesitábamos ejercitar todas las extremidades en estas escasas vacaciones primaverales. El humano devenido pulpo en alguna playa remota lo ha conseguido. Promete sudar tinta para transformar la piedra fragmentada en arena en un paraíso sexual.
Ya estamos todos pero faltan algunos. Pero por lo menos somos los que estamos. Los millones de parados no participan en el festín. Los millones de jubilados tampoco, aunque no será porque la ciencia no se haya esmerado a encontrar miles de sustancias dignas de comercializar para la causa. Las vende a borbotones en los mercados organizados y clandestinos. Las prescribe con receta o sugerencia de boca en boca, siempre con todo el cuidado de no inmiscuir la fastidiosa dentadura. Los más jovenzuelos restan al margen de estos desvaríos. Su participación queda prohibida por una ley que de momento salvaguarda su virginidad…
Continúa en:
