
Permítanme retomar el asunto trascendental que suelo exponer los sábados en este espacio. A la vez perdonen por no hacerlo hace exactamente siete días. La expiatoria semana santa no era el mejor momento para crucificar a ningún alcalde.
Rasquera se encuentra en estado de reflexión tras el resultado del original referéndum celebrado en la localidad tarraconense. El pequeño pueblo que ha dado la vuelta al mundo sin moverse de lugar ha logrado preguntar al vecindario y resolver en función de la opinión minoritaria. Pero no sólo eso. Tras el veredicto popular el alcalde dimitirá. Imagino que posteriormente se convocarán nuevas elecciones en las que saldrá elegida alguna opción política cercana a la linea que proponía el cultivo de marihuana para erradicar el déficit acumulado. La deuda que suma la totalidad de municipios asciende a un peligrosísimo 3% de PIB y hay que actuar con pinzas e imaginación. Para olvidarse del 397% restante la marihuana o el alzheimer, tanto monta, monta tanto, pueden convertirse en los mejores aliados.
Rasquera ha logrado situar en la opinión pública la cuestión ancestral de las drogas. A corto plazo deberá seguir reflexionando para encontrar otro tipo de soluciones a su problema. Al contrario de lo que estamos acostumbrados. Primero se suele reflexionar, después se decide y finalmente se acata la decisión de aquellos a quienes se les entregó la confianza mayoritariamente. El resto del mundo seguirá debatiendo con más fervor sobre la conveniencia de tomar según qué, la libertad de hacerlo y la necesidad de continuar con las prohibiciones existentes.
En estas lineas, las anteriores y las que vendrán, alguna propuesta podría ser digna de aplicación en la famosa localidad cercana a las orillas del Ebro. Un poco más lejos, pero no tanto como imaginan producto de los trasvases internos en la misma cuenca hidrográfica, moría electrocutado un maliense en el fracasado intento de robar cobre. El suceso aconteció en un lugar cercano a la polémica estación de alta velocidad de la capital provincial de Rasquera. No era la primera vez que lo intentaba el individuo. El pasado 14 de enero era detenido con las manos en la masa en un asunto similar en Alcover donde el tren nunca se detiene en ausencia de problemas técnicos.
En León por obra y desgracia de la empresa estatal FEVE, dirigida por Marcelino Oreja, el proyecto de unir mediante una linea tranviaria la actual estación de vía estrecha, situada en la calle del Padre Isla y el hospital ha sido abandonado. Hasta este punto nada a reprochar. Pero mientras desde una empresa ferroviaria se acusa a un ciudadano de apropiarse de hilo de cobre valorado en cierta cantidad desde otra del mismo ministerio se encargaron cuatro unidades en vano para cubrir la ruta en la capital leonesa con el permiso de Ponferrada.
Los leoneses están de pega. Con un carburante por las nubes acceder al hospital les será difícil en vehículo privado. Llegar en ambulancia quedará reservado a los mejores intérpretes capaces de simular la imposibilidad de hacerlo de otra manera. Acceder en tranvía imposible e innecesario. Con tanto cierre de habitaciones, disminución de capacidad en urgencias y somnolencia de un funcionariado al que se le niega la toma de café el recinto médico sería incapaz de atender a un tranvía entero.
Buena, sin ninguna duda, la decisión tomada desde altas instancias de la empresa estatal de ferrocarriles de vía estrecha. De sabios es rectificar pero en este caso con consecuencias nefastas. Cuando algo se proyecta hay que concluirlo si además como en el caso que nos ocupa supone desembolsar un 6% por la rescisión del contrato de obras con la UTE pertinente. Los tranvías que se encuentran terminados en Valencia se dirigirán probablemente a Ecuador porque en la misma España no hay ningún lugar donde se requieran. Pero es que encima viajarán a mitad de precio, como los jubilados, de lo que hubiera pagado FEVE por ellos. Unos vehículos de lujo que serán recibidos en América a precio de material retirado.
En materia de inversiones es preciso tener los horizontes claros. Si hay que cambiar algún párrafo de un proyecto en pleno desarrollo se retoca con habilidad. Para el caso que nos ocupa. Si acercar el tranvía al hospital ya no es necesario quizás lo sea entonces hacerlo al matadero. Pero lo que no es de recibo es deshacerse a medias de unos proyectos que sin finalizar sólo nos dejan agujeros en las cuentas sin prestar a nadie servicio alguno.
Cuando hablaba de tranvías podía haberlo hecho de terrenos urbanizados que esperan viendo crecer hierbas no comestibles la siguiente burbuja crediticia. O en el otro extremo terrenos urbanizados de manera deficiente que esperan la construcción de servicios básicos correspondientes a la categoría que ostentan. Cuando la torpeza política mueve hilos sin fundamento puede parecer asimilable al intento de robo acontecido en la estación del AVE tarraconense. Pero en este caso de mucho mayor valor que el de unas bobinas de cobre y para más inri con responsabilidad limitadísima. Sería preciso promover el aval con patrimonio personal de los decisores de un porcentaje de lo presupuestado para inversiones a realizar en varios ejercicios.
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