Un 3 de mayo de hace tres cuartos de siglo un grupo de 200 policías a las órdenes del consejero de orden público de la Generalitat de Cataluña se dirigía a la central de telefonía de Barcelona. Al llegar al departamento de censura mostró la intención de tomar el edificio entero controlado hasta entonces por la central que administraba vida y muerte en la retaguardia del frente de Aragón. Los trabajadores anarquistas descontentos con la decisión de las máximas autoridades oficiales intentaron mantener el control telefónico con disparos. El asunto agitó la pólvora contenida socialmente aunque los líderes del sindicato mayoritario se esforzasen llamando a mantener la calma. Rápidamente se prendía la mecha reaccionaria dentro de la propia reacción explosionando uno de los conflictos más confusos de la historia. Cientos de barricadas se alzaban en los aledaños del edificio colectivizado. Pocas horas después se reproducían por todo el territorio lo que para unos fue simplemente una oleada de altercados y para otros un ejercicio revolucionario fallido más…
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