
El sector alimentario está de enhorabuena. Una de las ejecutivas de la empresa, más que multinacional omnisciente, Coca-cola ocupará la dirección general de la Agencia Española Alimentaria. Un cargo desde el cual deberá responsabilizarse de regular aquello que usted, yo y el tío que se fue a América ingerimos diariamente.
Las suspicacias no se han hecho esperar. En este caso dotadas de un mayor auspicio porque Ángela López, así se llama la afortunada, ha solicitado una excedencia en su antigua empresa para no echar por tierra sus derechos laborales adquiridos con su flamante carrera.
La correspondencia existente entre altas instancias públicas y altas instancias empresariales es y ha sido notable a lo largo de los últimos años. En román paladino equivaldría a designarlo en términos de poder y ejecutivo y grandes corporaciones. En lenguaje más llano todavía sería posible la simple referencia a las altas instancias donde ellos se juntan tras haber sido criados por el mismo Dios. Las relaciones son bidireccionales de manera que el mismo artilugio que hoy sirve de paraguas mañana se voltea y es usado como recipiente por otro organismo.
Cristina Garmendia en el anterior gabinete fue la imagen destacada de la desconfianza desatada en estratos inferiores. A ojos de los más audaces o simplemente desconfiados convirtió el Ministerio de Ciencia y Tecnología en oficina biotecnológica. Pero es que remontándonos algo más atrás todavía queda pendiente responder al enigma de porqué es obligatorio el caso para circular en ciclo ya sea motorizado o a pedal. ¿Será también consecuencia de la asociación entre alguna de esas empresas que fabrican algo indispensable para nuestro bien y aquellos que nos defienden de cualquier productor malvado con benevolentes regulaciones?

El jarabe de cola es otro de esos productos que a fecha ciertamente desconocida pero muy anteriormente al nacimiento de Nino Bravo fue puesto a disposición de la humanidad entera. Sin coacción alguna ni conspiración conocida o por conocer fuentes norteamericanas aseguran que llegó hasta el otro lado del charco procedente de Aielo de Malferit, un poco más al sur del meridiano de Rasquera para situarnos geográficamente. Musicalmente allí donde asomó la cabeza el cantante que conquistaría la parte más meridional del nuevo continente y que terminó su existencia prematuramente, víctima de una fatal casualidad en la carretera.
En Norteamérica no es ninguna casualidad convertir sustancias insignificantes en grandes bienes de consumo de masas. La pizza con origen en la península itálica, o quizás más anteriormente en tierras cercanas a la corte que dirigía los destinos de Nápoles y el milanesado, fue expandida por todo el globo cuando los estadounidenses la descubrieron. El imperio primero conquista y después es conquistado, o viceversa. De la misma manera que les relataba al principio, entre altas instancias hay relaciones multidireccionales y en todos los sentidos. Las flechas se confunden. No se distingue cual pincha a cual ni quien sangró en primer lugar.
En el caso del jarabe de cola la conveniencia de propagarse por tierras donde se come cada día más rápidamente es obvia. El imperio de la grasa requiere un potente protector de estómago, lo cual significa incorporarlo a la dieta diaria. Nada de medicamentos dispensados solamente en farmacias en dosis cada vez más reducidas. Las costumbres exigen inundar abundantemente unos estómagos constantemente aquejados por la batalla lenta contra la comida rápida. En Aielo de Malferit los inventores del hallazgo hubieran tenido que esperar demasiados años para rentabilizar el producto. A orillas del Mediterraneo nunca se sufrió consecuencia de disponer de grandes cantidades de alimento para alimentar a tanto cerdo.
Como todo medicamento la mundializada, omnisciente y misericordiosa coca-cola además de estar bajo sospecha por su vinculación con el poder más globalizado también se ha situado en el punto de mira por cuestiones de estricta salubridad. En algunos lugares la legislación vigente ha obligado a adoptar cambios en la fórmula para impedir tener que etiquetar alguna advertencia sobre la peligrosidad de alguna sustancia relacionada con el cáncer. No porque la genética difiera en un lado y otro de alguna frontera. Sino porque cada jurisdicción se fija en lo que quiere para redactar sus leyes y permitir sus trampas.
En Japón el uso de edulcorantes artificiales chocó con la normativa, hecho que obligó a sustituirlos por otros más benevolentes en las versiones ligeras de una bebida sanadora. En Nueva Zelanda hace relativamente pocas horas una treintañera perdía la vida por el uso indiscriminado de esta pócima consumida a borbotones. Tomaba más de seis litros diarios que combinados con cajetilla y media de cigarrillos fueron letales para su existencia. Puso en evidencia al mundo entero que los medicamentos sólo curan o matan pero no nutren. Por ejemplo los expertos médicos constataron niveles bajísimos de potasio en su maltrecho organismo.
La diferencia entre un fármaco y un veneno se encuentra en la dosis. En tiempos de consumismo exacerbado la industria alimentaria en su conjunto es probable que termine en algún banquillo de acusados. Los fabricantes de medicamentos no tienen otro destino que seguirle el camino. El consumismo masivo no entiende ni entenderá de dosis. Los envenenamientos tampoco.
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