
Terminamos un mes de abril convulso en cuanto a datos. Según los expertos del conflicto nos queda un mayo al que además de maldades macroeconómicas y bursátiles se sumarán negatividades sociales. Quizás porque el derrumbe se va trasladando de arriba hacia abajo o quizás porque desde abajo se quiera ascender hacia terrenos prohibidos.
En Barcelona como cada año y este coincidiendo con el final del cuarto mes terminó el trofeo tenístico con más solera en el panorama español. En la misma ciudad tras los raquetazos, cada vez más potentes, tendrá lugar una cumbre de presidentes de bancos europeos. Un acontecimiento que no pasará desapercibido a los jóvenes antisistema del mismo continente que intentarán devolver cada revés como puedan. De la misma manera que los mejores tenistas se dieron cita en el Conde de Godó se prevé que los mejores alborotadores se discutan en la tierra por batir de cualquier calle barcelonesa. No sólo en cuestiones tenísticas la capital catalana forma parte del circuito mundial.
Se empezó a remover el ambiente con las manifestaciones convocadas por los sindicatos mayoritarios en ocasión del primero de mayo anticipado al último domingo de abril. Continuarán la agitación los especialistas en lidiar con miles de pelotas de goma que se prevén usar en las pistas callejeras.
El ayuntamiento sigue dispuesto a rematar la partida probablemente más larga de la historia. Por si no hay suficiente policía en la ciudad condal ha pedido refuerzos. Por si no había suficientes radares ahora se atreve a colocar alguno más en las zonas 30 donde no cumple el límite reglamentario ni los coches oficiales. Donde se cumple convendría hacer circular los vehículos a ritmo de atascos. Porque el tráfico fluido se ha descubierto letal de cara a los accidentes. Donde se aparcaba fluidamente se restringen las plazas gratuitas a ver si con un poco de suerte volvemos a saturar la circulación aunque sea de conductores desesperados por aparcar.
La ciudad se las vio y deseó para crecer en los extramuros durante el siglo XIX. Urbanizó un ensanche en zona prohibida y organizó una feria en la ciudadela militar que dirigía las prohibiciones. Seguramente volverá algún siglo atrás para unos días o un tiempo. O retrocederá algunas décadas cuando aún se dudaba de permitir instalar una fábrica de automóviles capaz de transformarse en industria de tanques contra la dictadura. O para algunos sólo unos años cuando se celebraban los juegos olímpicos. El despliegue policial estará a la altura de ese conjunto de eventos. Pero en la programación sólo aparece un deporte aunque en frenética competición; el tenis.
Será en mayo cuando el ayuntamiento inicie una campaña contra el ruido. No se extrañen si no incide en el originado por disparos, tanques o los coches fabricados en serie y circulando en masa. Como no puede ser menos combatirá solamente los estruendos más benevolentes originados en locales de ocio nocturno. En los únicos en los que probablemente se continuará en la búsqueda del amor y no de la guerra.
Los festejos barcelonistas que se preveían sumar a los actos bélicos organizados en Barcelona durante mayo ya no serán los que se preveían. El patriotismo culé debe ser tan extremo y encierra dosis tan altas de amor que sacrificó victorias por el bien del orden público.
Otros que se esmeran en amenizar los festejos tenísticos en todo lo que queda de mayo es la organización Democracia Real Ya. Fue durante abril cuando el ayuntamiento reconstruía la ciudad acechada por los bombardeos de la huelga general. El partido se disputaba instantáneamente en el seno de este grupo que logró sacar a miles de españoles a la calle hace aproximadamente un año. En este raro paréntesis de abril en Madrid donde fructificó el asentamiento en la calle, algunos grupos fueron capaces de sabotear el funcionamiento de varias lineas de metro como protesta por el aumento extraordinario de los precios de los billetes.
La pelota más que en la tierra por batir circula de tejado en tejado a raquetazos que cada uno repele como puede. Este mayo tendrá lugar un partido crucial de un torneo en el que puede resultar vencedora la violencia o la creatividad. Los mercados con tanta tregua se pegaron el tortazo del año. Quizás cuando la sangre llegue al río saldrán de su letargo los financieros reunidos en la cumbre de Barcelona.
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