Viajaron desde pequeños a cualquier rincón de mundo en compañía de algún descerebrado algo mayor que ellos. Siempre a bajos precios como consecuencia de su corta edad y bajo entendimiento. En realidad pagaban sumas astronómicas por sus hazañas pero todavía no se han dado cuenta.
A los más mayores se les obsequiaba anualmente con los estupendos viajes del IMSERSO y a los más jovencitos maravillosos desplazamientos de fábula. Sin necesidad de sufrir afecciones en la memoria. Sin necesidad de engrosar la caja de recursos durante una larga temporada. Ningún requisito previo a la satisfacción de las necesidades más triviales. Todo a su disposición para un jolgorio continuo.
Con el tiempo ya veremos cómo pagamos o a quién pegamos. Los aviones, que no se sustentaban demasiado en el aire, transportaban al fin del mundo. Los trenes, cada década a mayor velocidad, costaban cada día un precio más módico que real.
La generación low-cost abandonó la cuna para aprender cuasi gratuitamente, a base de libros subvencionados y medicinas a precio de saldo como antídotos a los déficits en atención. Malas compañías para destetarse. Quien más lejos llegó en la lucha por la subsistencia debió alcalzarla gracias al descubrimiento de la leche en polvo.
Llegada a la plenitud legal que otorga la sagrada constitución, la generación secuestrada por el término gratuito no podía llegar a mejor conclusión que consumir en grandes cantidades litros de alcohol de forma barata. El botellón seguía la linea trazada por la chuchería que endulzaba los instintos por escaso dinero. Más vale degustar constantemente sucedaneos de alimentos que alguna vez al día algún nutriente de verdad.
En plena madurez intelectual, no es de extrañar que tanta gratuidad hubiera que pagarla. Lo que se hace enigmático es que nadie se extrañe de que no sean los más jóvenes quienes nos resuelvan las balanzas de pagos, ni incluso las domésticas próximas al estallido.
Las innovaciones de una generación de bajo coste no pueden ser otras que estupideces. Ideas de bombero que no apagan ningún incendio. Al contrario, los avivan. Chucherías ingeniosamente diseñadas, que traen más hambre para mañana y enfermedades crónicas, con las que aumenta la necesidad de universalizar la sanidad pública.
Los ricos si por algo se han caracterizado siempre ha sido por comprar lo que les da la gana. Se dice que no miran precio ni les interesa ningún número. Probablemente, si todo el mundo fuera rico el planeta se paralizaría, por falta de mejoras necesarias en los sistemas productivos si engullen todo lo que fabrican. En cambio los pobres son los que fuerzan a incrementar la productividad. Desde que se interesan por consumir observan los precios varias veces. Pero la forma en que se mira ya saben como es. Apenas se fijan en la superficie sin identificar allí su salario como fabricantes del producto.
Entre la superficialidad de miras y las escasas ideas de una generación de bajo coste, la única posibilidad a la hora de reducir costes es la escabrosa opresión hacia los factores productivos existentes. Los recursos naturales agotados y el trabajador exhausto son la prueba palpable de tal embrollo tecnológico.
A mayores recortes, más planea por la cabeza de la generación low-cost la tentación de repartir satisfacciones. Entre quienes necesitan mantenerse en el pedestal y quienes desean alcanzarlo el conflicto va siendo máximo. Ni los unos ni los otros conocen la manera de crear la abundancia suficiente para escapar de la escasez, pero sin embargo quieren vivir instalados en ella. Los espejismos de sobriedad a costa de perjudicar la subsistencia ajena tienen los días contados. La generación low-cost representa el punto de inflexión. Para seguir suministrando abundancia relativa es necesario oprimir un número creciente de individuos de esta misma generación.
Una de las eternas preguntas sin respuesta, que se hace cualquier criatura al ir conociendo poco a poco la desigualdad de poder que le rodea, es porqué unos tienen la potestad de mandar y otros la obligación de obedecer. Una pregunta que a menudo, no va mucho más allá de ser concluida con razonamientos infantiles. Dan lugar a extraños peces argumentales que se muerden la cola. Mucho arroz para tan poco pollo desgranando sombras tenues que nos mantienen en la oscuridad.
Hace varios siglos una excusa verosímil a la desigualdad en el uso del imperativo podía haber sido apelar a la procedencia de unos y de otros. Algunos linajes son divinos y otros no. Por unos corre la sangre azul y por otros la mayoritaria roja. Pero como la historia no es tan lineal como pareciera, remontándonos más atrás encontramos muestras de ejercicio del poder aduciendo todo tipo de propiedades por parte los poderosos. Se ha alegado mayor inteligencia, características físicas superiores e inferiores que nos predeterminan y hasta se ha reivindicado el barómetro del esfuerzo para acceder al trono. Los detractores y partidarios de uno u otro criterio suelen elegir algún modo relativamente favorable a su condición inmutable, para que todo siga igual.
La realidad desmiente todo tipo de hipótesis explicativas a las diferencias imperativas. La promiscuidad en los palacios altamente elevada tira por tierra los cuentos de los linajes con sangre azul. El plasma palaciego ni se ha encontrado ni se encontrará. Las deidades que mantenían sus potestades a capa y espada las perdían en una partida de cartas en beneficio de aquel que mejor las sabía marcar. Los milagros quedaban reservados a otros seres de rangos inferiores.
Los linajes no siempre reinaron ni lo hicieron en todas partes. Pero hasta en la Corea del Norte estalinista terminan instaurándose. No es exclusivo el proceso vivido en la antigua Roma o la Europa de Carlomagno.
La democracia del mundo occidental si algo ha supuesto ha sido la concentración de facultades mandatarias en manos de unos pocos. Pero también la dispersión de pareceres en cuanto al origen del poder. La tendencia es parecida a la que marca el embudo. La convergencia de los poderes hacia un reducido grupo de personas es evidente, pero también el florecimiento de todo tipo de teorías rescatadas en la más inmensa acumulación de conocimiento de la historia. Irremediablemente, el poder se convierte por decisión espontanea del electorado en hereditario cuando el hijo también es elegido.
No es necesario situarse en teorías próximas a la conspiración para darse cuenta del alto nivel de pánico que se respira entre aquellos que reducen su papel al de súbditos. No es necesario creer en la existencia de razas elegidas de seres que tienen poco de humano y mucho de reptiles. No es necesario buscar sangres azules o verdes, pupilas extrañas o lenguas viperinas.
Por cuestiones puramente sentimentales centrarnos en los problemas nos mantiene en ellos acongojados. Aunque sea suplicando a la fe conviene ir pensando que ni ellos son de otros mundos ni nosotros somos de piedra.
Corrían los esplendorosos años 90 y había que dar un salto a la gloria. España era el centro del universo tras la exposición sevillana y los juegos olímpicos. Pero quería ser mucho más. Teníamos un presidente a quien no se le ocurría decir que jugábamos la champions league. Porque no existía la competición y su poca visión de futuro le impedía concebirla en su imaginario.
En 1989 las cuatro bolsas que campaban a sus anchas desde puntos estratégicos del territorio decidieron unificar la contratación de títulos a través de un mercado continuo. Durante unas pocas horas del día el intercambio financiero estaba abierto para gusto de unas pantallas que se movían al instante al compás del dinero.
Fue en 1993, cuando inició sus andadas el ya mítico Ibex-35. Un país de grandes propósitos necesitaba un barómetro con cara y ojos. La evolución de las grandes empresas allí representadas pretendía sustituir la falta de visión de los dirigentes políticos.
Veinte años después el resultado es tremendo. Quien hubiera invertido mil euros de aquella época dispondría hoy de 3000 si lo hubiera hecho aproximadamente en el mismo porcentaje que se calcula el índice más conocido. Mil serían consecuencia de la apreciación de los títulos y otros tantos consecuencia del reparto de dividendos. No está mal la jugada para aquellos que no sufren de taquicardias. Los más sensibles que suelen tirarse el día entero al sol, lejos de toda pantalla no quedarían muy peor parados. A golpe de un hipotético 5% de rendimiento medio anual durante este largo periodo acumularían unos 2500 euros con la misma cantidad inicial.
La mayor diferencia entre los que optaran por colocar los ahorros de una manera u otra sin ninguna duda la encontramos en las vivencias que han podido contar por el camino. Unos raramente se han inspirado en el trayecto. Los otros podían decir que eran millonarios en algún determinado momento. Otras veces podían callar que alguna empresa había abandonado el Ibex para dirigirse peligrosamente al borde de la quiebra. En algunos casos extremos dubitaban en pleno juego de la ruleta rusa entre la conveniencia de pillar la bala o unas migajas.
Los valores que de manera selecta se usan para calcular el numerito que cada día abre los telediarios son los de aquellas empresas que se consideran también las más selectas. Pero tal como lo son dejan de serlo, a excepción de algunos monopolios estatales o próximos a éste que se mantienen en estas dos décadas cotizando en lo más alto.
En la cumbre de las cumbres se empieza a atisbar un cambio sustancial. La multinacionalísima empresa de telecomunicaciones está dejando el puesto a Inditex, dedicada a la producción de un bien antiquísimo con tecnología del siglo pasado y me quedo corto. El componente humano es tan elevado en la industria de la confección que precisa una internacionalización sustancialmente distinta a la practicada por Telefónica. Una, busca el nuevo mundo para expandir su producto. La otra, produce en el nuevo mundo para vender en casa. El simbolismo de este suceso es extremadamente importante para entender la totalidad de la economía española. Si buscaban en los 90 un indicador que la representara ahí lo tienen. Pero no por el valor de cierre que es lo de menos. Sino por lo que se cuece en sus entrañas.
En las casi dos décadas de andaduras el Ibex ha recibido reproches de todo tipo. Es el índice más conocido de los mercados españoles, pero no deja de ser de estar por casa. Su evolución estaba excesivamente condicionada por los vaivenes de las pocas grandísimas empresas que lo forman. Además las oscilaciones se marcaban al compás de las acontecidas al otro lado del Atlántico.
¿Qué más quieren los financieros de este país para empezarlo a tener en cuenta? Se cuela una empresa que nada tiene que ver con las tradicionales en todo lo alto. Después de perder Telefónica dos tercios de valor desde principios de siglo no es lo que era. La evolución ya no la marca Wall Street. Cuando allí dictan bajadas, el Ibex baja. Cuando ordenan subir, también.
Estamos más globalizados que nunca. Pero ya no vamos al rebufo de lo que marcan las grandes potencias financieras. Sumados a la experiencia japonesa que desde hace años fluctúa a su libre albedrío, marcamos nuestras propias tendencias. Que se financien los demás a tipos rebajados que después vienen las subidas de tipos, que escuecen con la máxima cantidad de deuda en las manos. Que suban todas las demás bolsas lo que quieran. Cuando le sea imposible bajar más, la española actuará de refugio del pánico globalizado.
Una canadiense con solamente 12 años ha sido capaz de lanzar un discurso demoledor que promete traspasar fronteras de todo tipo. Las palabras de Victoria Grant serán traducidas a todos los idiomas de la tierra en poco espacio de tiempo, recorriendo millones de conciencias que sospechan hace tiempo la subjetividad del dinero que manejan.
En primer lugar golpeará las mentes de todos aquellos que se dedicaron a hinchar la cantidad de dinero existente. Son aquellos que dice la niña, pero a petición de unas masas ávidas de papel de calidad discutible. Es el punto que más fácilmente olvidan las memorias selectivas.
Además del video de rigor he creído conveniente hacer un repaso a la historia de la moneda canadiense. El reluciente dólar tiene un pasado extremadamente curioso como para olvidarlo en estos trascendentales momentos. Las palabras pronunciadas se comprenden mejor situadas en un amplio contexto temporal, resumido en el texto posterior.
Corren épocas en las que la fiabilidad en los medios de pago goza de mayor prestigio. Pero las mismas unidades como depósitos de valor se derrumban. Como en los inicios de las unificaciones monetarias, que llevaron a cabo los estados-nación, y que fueron una manera muy ingeniosa de reflotar la confianza perdida. El camino de todo el ciclo va quedando concluido con la aparición de este tipo de discursos en los medios de mayor difusión. Antes del ocaso el negocio monetario tan cuestionado retrocederá definitivamente a manos de las imprentas, hasta terminar vilipendiadas. En este camino inverso las acusaciones son la constante.
Solamente queda hacer las acusaciones que se pronuncian en el video en el lugar adecuado. Las cámaras no son el mejor lugar para celebrar juicios, donde es conveniente la representación de todas las partes. A no ser que el estado de derecho surgido en la misma época que las monedas, ahora tan criticadas, sucumban al mismo tiempo.
Video subtitulado de Victoria Grant:
Extracto del capítulo dedicado al dólar canadiense, del libro “Historia de las principales monedas” de René Sedillot (1975):
1.El tiempo del Wampoum
Tal vez en ninguna parte como en Canadá se presenta la historia de la moneda bajo la forma de un prodigioso resumen: en cuatro o cinco siglos se encuentran confrontados los medios más arcaicos y las experiencias más audaces. En una docena de generaciones, Canadá pasa de la moneda de concha a la moneda abstracta y flotante.
Los indios indígenas venían utilizando a guisa de moneda parte de una concha de molusco que llamaban wampoum. A diferencia del cauri, que era una concha completa usada por los pueblos del Océano Índico, el wampoum es una fracción de la concha, que consiste en una pequeña perla de forma tubular y apenas dos centímetros de larga, extraída del interior de las conchas marinas. Las hay blancas y violetas valiendo en principio éstas la mitad que aquéllas.
La unidad monetaria es el fathom, que es el conjunto de 350 wampoum. Con estas conchas se forman collares, que constituyen adornos y formas de atesoramiento. Además del cambio y atesoramiento, juega papel diplomático y político entre distintas tribus. En ese papel, el color blanco significa salud y riqueza, y el violeta, compasión y simpatía.
Al principio las colonias usan esta moneda con renuencia. Por ello, muchas veces se acude al mero trueque o se utiliza como moneda cualquier otra mercancía de uso corriente. Por ejemplo, las pieles de castor, que tienen el inconveniente de fluctuar su valor de acuerdo con la abundancia de caza o las variaciones de precio entre los peleteros parisienses. También se emplea como monedaa veces el aguardiente, aceptado igualmente por los indios, a cambio del cual entregan sus productos; pieles, carnes de alce, grasa, etc.
Las autoridades coloniales francesas de Canadá desmonetizaron el wampoum en 1670, pero los colonos lo utilizaron hasta principios del siglo XVIII y los indios hasta principios del XIX.
La política de las autoridades de París favorece el trueque y la utilización de monedas primitivas, pues tratan de evitar la salida de numerario de la metrópoli. Los funcionarios de la coloniason pagados en especie, parte en Francia y parte en la colonia.
El comercio ilícito con el resto de América hace que se introduzcan monedas inglesas, portuguesas y españolas. Abundan sobre todo las piastras, que dejan recuerdo indeleble. Pero los mercaderes franceses protestan; quieren ser pagados en moneda propia. Esto hace que se vayan introduciendo piezas francesas. Para retenerlas, en la colonia la libra turonesa se prima fuertemente, llegando al 50 por 100 e incluso algunas monedas fraccionarias (como el liard u ochavo de cobre) valen en la colonia el doble que en la metrópoli.
Entre 1665 y 1670, se concede a la Compañía Occidental de las Indias el privilegio de acuñar moneda, que emite piezas de cobre y plata, pero únicamente para uso de la colonia, lo que limita su alcance.
Esta circulación tan heterogenea está necesitando una reglamentación y disciplina.
2.La moneda de naipe o cartón-moneda
En 1685 se sitúa uno de los episodios más curiosos de la historia de las monedas. El intendente de la nueva Francia, Jacques de Meulles, espera con impaciencia el navío que cada año ha de traer de la metrópoli el numerario necesario para satisfacer los gastos de administración, la paga de las tropas y la compra de las pieles. CAda año, la colonia pasa por una fase de escasez de numerario. Pero este año, más que otros, el intendente tiene dificultades extremas, la subsistencia de los soldados está comprometida, el dinero escasea enormemente… El intendente, audaz e ingenioso, toma una decisión insólita: puesto que no tiene moneda, la fabricará. Cuenta con una colección de naipes muy útiles para la distracción de los colonos durante los rudos inviernos de largas noches. Los hermosos naipes, cuyo dorso está virgen, cortados en cuatro partes, pueden servir a su propósito. Les marca un valor -4 francos, 40 sueldos y 15 sueldos, inicialmente-, las sella y coloca su firma, junto con la del tesorero. Publica una ordenanza obligando a los traficantes a recibir esas cartulinas como medios de pago y prometiendo el reembolso. Tenemos todos los elementos de la moneda-billete: curso legal, curso forzoso, convertibilidad a término. La experiencia tiene éxito.
Emitida por primera vez el 8 de junio de 1685, la moneda-naipe es reembolsada en especie a partir del 5 de septiembre, con fondos venidos de Francia. Las autoridades de París consideran muy peligrosa la utilización de los billetes de naipes en lugar de dinero y así lo hacen saber al intendente el 20 de mayo de 1686.
Efectivamente, la iniciativa es peligrosa, pero cómoda y útil. La prueba es que se repite y en 1686 se hace durar más, pues se empieza antes y se termina más tarde. Los canadienses se van acostumbrando y aceptan los billetes-naipe a gusto. La emisión, que empieza siendo estacional, se vuelve permanente. Desde Versalles siguen llegando condenas, desde Quebec se vuelven excusas y peticiones de numerario, que, al no llegar, fuerzan a seguir emitiendo. Cuando los fondos llegan, el intendente agradece y promete no reincidir…, pero se repite. En 1702 abandona la colonia por la metrópoli el intendente Jacques de Meulle, sin haber retirado de la circulación los billetes-naipe, que se estiman por el sucesor en unas 49000 libras.
La fórmula se extiende de Quebec a todo el Canadá y a partir de principios del siglo XVIII ya no son periódicamente retirados los billetes y se fabrican en mayor cantidad. La inflación comienza. En 1711 las cartas emitidas llegan a las 240000 libras y en 1714 a 1600000. Los billetes-naipe en circulación son tan numerosos que empieza a dudarse de que puedan ser reembolsados: la joven moneda canadiense flota y se deprecia. Los precios de las mercancías suben. El intendente Begon realiza una operación estabilizadora, retirando escalonadamente la mitad de los billetes, reembolsados por la mitad de su valor en especies y letras de cambio sobre Francia. A partir de entonces, durante algunos años Versalles vacila, pero al fin prohíbe la emisión de tales billetes en 1717. Mas el crecimiento de la colonia exige disponer de moneda en cantidad suficiente y finalmente, en 1729, oficialmente se consiente que se emitan 400000 libras en moneda de naipe. Hasta 1749 las emisiones se mantienen en niveles más o menos tolerables, pero en la década siguiente la inflación se desenfrena: la necesidad de la guerra contra los ingleses hace que la circulación se hipertrofie: pasa de un millón de libras a 40 millones, sin contar otros 40 ó 50 en letras de cambio, “ordenanzas” y bonos de caja emitidos por el gobernador de Quebec. Tras la cesión de las colonias a los ingleses, hay forcejeo entre los gobiernos inglés y francés para hacer frente a esta moneda fuertemente desvalorizada. Por el tratado de París de 1763, el gobierno francés se compromete a indemnizar a los tenedores, reembolsando los billetes-naipe por un cuarto de su valor nominal.
3.La colonización inglesa
Si el tiempo de los franceses se ha distinguido por la improvisación en la temeridad, el tiempo de los ingleses es el de la confusión en la libertad. Los ingleses dejan hacer, en un paísdonde, una vez eliminada la moneda-naipe, faltan los medios de pago. Dueños de Canadá, los ingleses encuentran allí monedas de todas suertes y procedencias, sin que traten de eliminarlas.
Así, se encuentran piezas francesas en cobre, acuñadas en la colonia, más las llegadas de Francia: luises, escudos, sueldos, ochavos. Los ingleses introducen sus piezas, que transforman en monedas oficiales, pero que son escasas: chelines y peniques. Circula sobre todo la piastra o duro español, que dará lugar al dólar canadiense. Esta pieza de plata, acuñada en México, hace de moneda-reina.
En realidad, la anarquía es general, pues ante la escasez de medios de pago, en una economía en expansión, cualquiera puede emitir piezas o billetes. Se hacen las más diversas emisiones por instituciones provinciales o empresas como la Compañía de la Bahía de Hudson o la sociedad del ferrocarril de Montreal a Lachine e incluso los comerciantes particulares para facilitar el pago de sus artículos. Cualquier objeto redondo de metal se hace moneda fraccionaria; algunas aprovechan los botones de los uniformes militares. También se emite papel-moneda, aunque lo limita el mal recuerdo que ha dejado la moneda-naipe. Durante la guerra de 1812, que opone el Canadá a los Estados Unidos, el cuartel general del ejército inglés en Quebec emite “bonos del ejército”, que son reembolsados al final del conflicto, lo que contribuye a disipar las prevenciones contra el papel-moneda.
En 1822 una banca de Montreal, con licencia provincial, emite billetes en dólares españoles. Siguen el ejemplo un centenar de bancos con licencia y otros muchos sin ella, pero también emiten otros llamados “bancos fantasma” sin autorización, ni administradores y sin personal. Los comerciantes emiten asimismo sus billetes, “bonos” o “vales”. Tal multiplicidad de medios de pago, con equivalencias difíciles de establecer, hace penoso el arreglo de cuentas. La población se lamenta y pide que se establezca una ordenación y reclama una moneda nacional.
4.Nacimiento del dólar canadiense
En 1867, Canadá, transformado en confederación, se dota de una constitución: el parlamento confirma que pertenece al estado canadiense emitir moneda. La unidad monetaria será el dólar canadiense, dividido en 100 centavos. Fieles a la tradición, las gentes de Quebec seguirán llamándola piastra, dividida en 100 sueldos…
…La emisión de billetes se confía a los bancos con licencia y al tesoro. Éste, desde 1870, pone en circulación billetes de 25 centavos, 1 y 2 dólares, más tarde de 4 y 5 dólares. Para cuentas de compensación, se emiten billetes especiales de 500, 5000 y 50000 dólares…
Tienen fama de estoicos pero a veces hasta los más pacientes dicen basta. En ocasiones todo el conjunto de la población y en otras de forma individualísima. En el caso que nos ocupa fue un joven que no sólo ha puesto el grito en el cielo sino que se ha hecho escuchar en el juzgado.
Durante más de siete años confió en el mensaje publicitario de una marca de desodorantes. El uso prometía atraer personas del sexo contrario. El resultado fue diametralmente opuesto.
Tras siete años sin probar bocado el hartazgo de este indio en edad de procrear dejó impronta ante el juez. La piel probó todo tipo de fragancias pero ninguna refriega placentera. Siete años son demasiados para voltear la confianza depositada en una marca hacia un escozor en la cartera. La fricción todavía la esperan los genitales que todavía no los tiene enrojecidos a perpetuidad.
Con excelente criterio el joven decidió no acudir a ningún burdel donde vaciar un poquito más su maltrecho bolsillo y quizás su salud ya afectada de depresión por tanto fracaso. En Asia la tuberculosis está muy extendida entre las esclavas sexuales y ninguno de sus amos ocasionales son inmunes.
El muchacho, ya crecidito en este largo periodo, decidió agarrar el toro por los cuernos y plantear la lucha en aquel terreno que las empresas más temen.
Solemos creer a priori en la omnipotencia empresarial que nos condena continuamente a aceptar condiciones laborales infames o productos engañosamente comercializados. La realidad es muy distinta. El uso de la justicia es altamente inutilizado por parte de los gestores de la producción. Los conflictos se intentan subsanar en ámbitos privados sin hacer demasiado ruido antes de caer en el marasmo de los tribunales lentos que suelen barrer hacia la parte más endeble.
La mayor protección que blinda al empresario sin escrúpulos es la simple creencia que planea sobre trabajadores y consumidores. No es más que una leyenda sin fundamento. Tan poco creíble como algunos mensajes que legalmente son mucho más que sentencias firmes. Nos conducen al desengaño o al fraude. El fenómeno es exactamente el mismo pero difiere en la manera como lo percibe cada cual.
Las consecuencias posteriores también dependen del modo como asimilemos nuestros desencantos con los bienes materiales. Tenemos la opción de quedarnos tan anchos ante una etiqueta que explica el contenido de un envase en infinidad de idiomas excepto alguno de los que constitucional o estatutariamente tenemos el deber de conocer. Podemos actuar prudentemente olvidando el producto que no comprendamos o exigir a las autoridades competentes la retirada inmediata a causa de una infracción de las mínimas normas de comercialización.
Según la manera escogida nos estaremos convirtiendo en improvisados publicistas aficionados de alguna red de comercializacion determinada. No hay mal que por bien no venga al pez capaz de terminar con el océano. Según como daremos magníficas advertencias a posibles víctimas de un anzuelo en un futuro y que todavía están en una fase anterior a la nuestra de desengaño.
La opción de no hacer absolutamente nada no es mucho más beneficiosa. El estado depresivo en el que todo carece de sentido termina llamando a las puertas. la lectura de las leyendas de monstruos suele terminar en una pequeña habitación con la puerta cerrada con barrotes y persianas bajadas. Con la cabeza bajo la almohada y la luz apagada ya no son mostruos lo que nos relatan las leyendas sino fantasmas muy difíciles de vencer.
A medida que avanza la tan denostada crisis más ideas van situándose encima de la mesa. Proceden de todas las tendencias existentes surgidas desde la misma existencia. Defensoras o contrarias a lo establecido denotan ese punto en común de partida o de destino.
Una crisis profundamente económica tiene consecuencias palpables en el bienestar individual y colectivo. Afecta la sensibilidad con la que percibimos los pasos que vamos dando hacia la extenuación. A mayor impregnación del discurso catastrofista nos convertimos paulatinamente en seres endebles sin otro mecanismo de salvación que poner en marcha la esperanza ciega. El ilusionismo visceral nos asiste en la desesperación que unos pocos nos advirtieron diligentemente.
Preciosos diagnósticos tenemos ocasión de leer anunciados en las portadas de los más prestigiosos medios de mayor tirada. Nos muestran acertadísimamente el día en que las cuentas de cada estado, banco o empresa traspasarán la peligrosa línea de la quiebra. Calculada de manera precisa la alta probabilidad de que el paciente no responda al tratamiento no resta otra alternativa que encomendarse a falsos dioses terrenales. Ellos sin embargo ni se molestan en publicitar los calmantes adecuados.
Las curas paliativas dejaron de existir y por este motivo gruñen un conjunto creciente de economistas críticos con los convencionalismos. Poco a poco se van convirtiendo en todopoderosos con el símbolo de la tijera por bandera. Están equivocados hasta en eso. Deberían ondear la morfina como icono de su ideario surgido de las entrañas de los mismos hospitales carentes de tratamientos efectivos.
Es ahí donde reside la cuestión. Cuando el enfermo no tiene cura conocida conviene encontrarla o aplicarle magníficos sedantes para mitigar el sufrimiento. Cuando la casa que nos cobija es incapaz de ofrecernos todo lo que el conjunto de humanos deseamos no es de recibo encomendarse a los economistas que trataron de narrarnos los problemas de administración. Pero todavía es mucho más contraproducente acercarse a aquellos que no fueron ni capaces de tener en cuenta las dimensiones de un edificio que se nos ha vuelto diminuto además de ruinoso. La selva es infinita a ojos de los gorilas hasta que cada árbol es una bendición.
Llegó la hora de involucionar hacia el simio de la mano de los más expertos eco-monistas o dar un salto cualitativo donde la eco-agonía carezca de sentido.
¿Crear o administrar? ¿Ser o no ser? Esa es la disyuntiva que ningún economista del planeta logra comprender. Aunque el economista se quiera vestir de seda mono se queda.
Mientras las deudas van y vienen de una parte a otra del globo los mercados se mantienen en un punto muerto del que raramente terminarán de salir esta semana ni probablemente la próxima. Los especuladores que confiaban en un ajuste en la cotización de Bankia hacia un precio más próximo a la nada hicieron su agosto a costa de acumular promesas de devolver las acciones que no se atrevían a vender sus amos. Sirva de ejemplo ilustrativo de lo que ocurre en los mercados a día de hoy. Unos compran por obligación tras el atracón de ganancias y los otros han empezado a ver las orejas al lobo meses después que enseñara la pata. Las oscilaciones son extremas ante cualquier señal de derribo. Pero las recuperaciones compensan las debacles con facilidad al día siguiente.
Las empresas, empezando por la intrusiva facebook, no merecen estos precios a los que cotizan. Ni valoradas a tipos alemanes ni a intereses griegos. Pero alcanzar suelos es complicado sin alternativas de inversión razonables. La sensación más globalizada es la de esperar y ver como los más necesitados meten la mano en el fuego financiero para intentar beneficiarse de alguna chispa. A los bomberos nadie los espera y en caso de aparecer todos saben que rocían con la más inflamable de las gasolinas.
La subasta de deuda alemana es la expresión máxima del miedo que se respira. Parece señalar tranquilidad tras el resultado numérico de unos tipos que permiten la dedicación de las cuentas germanas a otros asuntos más satisfactorios que pagar intereses.
La subasta de las acciones de la magna red social terminó como casi siempre cualquier colocación de porciones de negocios. Quienes la trocearon comerán el resto de sus vidas a costa de incautos compradores que se comieron los restos comercializados. Ahora plantean ingeniosamente demandar a la parte vendedora. Es lo que diferencia a los que inician proyectos de los que se intentan subir al carro en marcha. Tras el fracaso la desolación admite todo tipo de decisiones entre las cuales es difícil prever si las deberá sentenciar un tribunal estatal o alguno popular.
La opinión pública sigue echando llamas por lo de siempre. Se acusa a Facebook de ocultar previsiones negativas de sus ingresos publicitarios. Se acusa a Alemania de instigar una debacle que beneficia sus arcas públicas como nunca. Quien no lo vio hace meses cuando ya ocurría este fenómeno hoy tenemos una nueva oportunidad de sospecha. Pero el abogado del diablo también acusa al dinero de fluir hacia donde mandan los más expertos encantadores de serpientes.
El serpenteo es evidente y en una dirección inusual por costumbres. La noria dio paso al remolino donde especuladores, inversores, ahorradores y algún incauto que pasaba por allí siguen montados. El placer de seguir en movimiento es máximo pero el desenlace inevitablemente lo contarán desde un desagüe.
Aquellos que dejan atrás su vida asalariada se destacaron en otros tiempos por vivir exclusivamente del trabajo realizado anteriormente. A partir del fatídico momento para algunos, la vida gira entorno alguna pasión frustrada durante muchos años. Quienes no cultivaron esos deseos se deben conformar con satisfacer necesidades ajenas o bien esperar a que las necesidades ajenas embistan las propias.
Las promesas eran bien distintas a pasar calamidades a partir de los 65 pero algunos se empeñan en atizar el fuego de los que menos esperanza tienen en su futuro. A tenor de los efectos de unos recortes que con datos que se van conociendo sitúan entre sus principales perjudicados a los más pequeños y los más mayores se ha llegado a la cuadratura del círculo reivindicativo.
No es Jordi Pujol quien tras décadas de reinado se atreve a pronunciar discursos soberanistas que dejó en su larga carrera para la intimidad con su militancia. No es Julio Anguita quien se erija en el estandarte de una generación tras proclamar a los cuatro vientos en cada conferencia su propuesta comunista para hacer la pinza a no se sabe exactamente a quien. Ni mucho menos Felipe González que continúa con su talante exasperadamente diplomático para satisfacción de nadie más que el gestor de su cuenta corriente.
Son abuelos anónimos o personas de avanzada edad sin descendencia ni discípulos quienes ven peligrar su modo de vida. El dispensario que frecuentan se cierra y hay que evitarlo. El centro de jubilados echa la persiana y hay que ir a jugar la partida de cartas al bar donde se paga la estancia al triple, cuando no se hace uso del derecho de expulsión.
Lo tributado fue inyectado en las venas de unos cuantos con grandísimas jeringuillas y ahora no hay para tranquilizantes. Ni los deshauciados se calman, ni los mayores acostumbrados a todas las guerras lo resisten y mutan a energúmenos.
No solamente les falta gran parte de lo tributado sino que a muchos no les sobran precisamente los ahorros. Si no los mal invertía el estado en aeropuertos donde no aterriza nadie los mal prestaba el banco en forma de hipotecas impagables. Hubieran preguntado a los más jovencitos para qué se endeudaban y se hubieran ahorrado estos malos momentos. El diálogo intergeneracional fue inexistente pero toda tendencia algún día se rompe.
Los deseos de cambio con el de mantenerse confluyeron en las reivindicaciones populares. Dos generaciones ampliamente separadas han empezado a dialogar. Montaban concentraciones en defensa de lo suyo o ataque hacia lo detestable y allí se han encontrado hambre y ganas de comer. Allí se han encontrado aquellos que saben más por viejos que por diablos y aquellos pobres diablos que no saben si tendrán derecho a ser viejos. El FMI lanzó serias amenazas a todos ellos invitándoles a morir jóvenes y sanos en beneficio de las cuentas médicas.
La voz de la experiencia se añadió a los económicamente deshauciados dando un plus de tranquilidad a una corriente de por sí paciente. Unos tratan de aprender apresuradamente aquello que no entendieron en su vida laboral. Los más jóvenes tratan de erudirse en materias novedosas al margen de los modos de vida que los más mayores han practicado. De la conjunción probablemente no salga nada nuevo. Pero del diálogo todos se darán cuenta del juego macabro en el que estaban embarcados. Unos endeudados hasta las cejas intentando sobrevivir financieramente. Otros con ahorros bloqueados porque los jovencitos no pueden devolver los préstamos. Las dos caras de la misma moneda se sitúan de frente para dilucidar conjuntamente el gran castillo de naipes construido a sus espaldas.
El cambio llegará por dinámicas naturales. Con amenazas perpetuadas de los organismos económicos o sin ellas. El cambio llegará independientemente del golpe que puede terminar definitivamente con los ahorros de una generación. Será el que previsiblemente se genere como consecuencia del abandono del Euro como moneda. Los más fanáticos del billete que acumulan en grandes cantidades en sus hogares volverán a dejarse unos cuantos en la conversión. Como ocurrió hace diez años no se acordarán en qué baldosa lo enterraron. Verán la luz años después cuando todo valga el triple. O más terriblemente cuando los más jóvenes acuciados por las deudas vendan el piso para dotarse de liquidez.
Los tan temidos recortes se van extendiendo. Paralelamente la oposición a los mismos. Uno de los pilares del convencional estado de bienestar está en peligro. De ello se van percatando miles de ciudadanos que hace décadas pasaron por una escuela donde quizás no había ni estufas ni mantas pero nadie pasaba frío.
Actualmente ya no es posible cursar unos estudios sin calefacción consecuencia de los crudos inviernos que sufrimos. Y mucho menos manifestarse por la calle antes de primavera. Hay que esperar las buenas temperaturas para dar un paso al frente.
El movimiento iniciado con la llegada del calor llegará a su punto álgido un miércoles que no estaba marcado en el calendario de los agoreros. Pero sin embargo mostrará un punto de inflexión un 22 de mayo señalado en la agenda de unos cuantos.
Será tal día como mañana cuando un grupo de estudiantes reivindicarán sus derechos a titulizarse gratuitamente. Cabe recordar que serán una minoría quienes lo hagan. Los otros, aquellos conocidos por Ni-Ni seguramente porque ni les va ni les viene, esperarán en casa el contrato laboral que no termina de llamar a la puerta.
Como cada mañana, estos seres que disfrutan del estado paralelo de bienestar ni verán la televisión, ni leerán ningún panfletos propagandístico invitando a reivindicación alguna. Se limitarán a dormitar esperando abrir la boca en el momento oportuno de ingerir algo de provecho.
Cuando los recursos educativos eran mayúsculos el bienestar de estos individuos ya estaba descrito por el abandono de los estudios lo antes posible. Un paso necesario para el encuentro de un salario con varios ceros. El fracaso escolar se explicaba en aquel entonces por unas condiciones laborales extremadamente favorables que empujaban al consumismo a una generación perdida por las oportunidades.
En tiempos de recortes en lo público y privado el fracaso escolar que viene se empieza a explicar por el desespero de una generación a no encontrar rentabilidad en su ansia por obtener títulos.
Mañana cientos de miles de escolares saldrán a la calle. Volverán a casa sin haber concluido quiénes son los fracasados. Ni en institutos ni en universidades lo aprenderán. Allí sólo se obtiene un título que faculta a cobrar un sobresueldo. Aunque cada vez más tardío, cosa que invita a enviarlo todo a tomar por culo ya sea dormitando o vociferando en la vía pública.
Nadie sabe porqué el presidente tuvo la ocurrencia de realizar el gesto con el que aparece en la fotografía. Pero todos somos conscientes de que a muchos molestó una provocación de este estilo.
Quien se pica ajos come o bien tiene complejos sin comerlo ni beberlo. No hay peor penitencia que aquella que se impone a un inocente. Sólo una se escapa por la parte de la perversidad. Es aquella a la que uno mismo se condena por algún tipo de complejo.
Los complejos los arrastramos como losas siendo difícil encontrar excepciones positivas. Si se incrustan en nuestro interior pueden ser un blanco fácil en el que el más inocente halago hace mella. Nos debilitan hasta reducirnos completamente a la nada.
Debilitaron a un grupo bastante extenso de personas que debieron pensar que manejar correctamente los ahorros formaba parte del universo capitalista. No estaban equivocados del todo. Pero había mejores soluciones a descapitalizarse que consumir desenfrenadamente para agrandar los beneficios de los que comercian sin escrúpulos. O en caso de obtenerlos, aunque fuera por casualidad, los fiaron a la voluntad del primer entendido que encontraron en la materia.
Sin ahorro alguno liberarse de la condición de trabajador es un poco más difícil teniendo en cuenta el sistema imperante con el que debemos lidiar. Lo peor de todo es que hacerlo de manera individual, dada la poca predisposición colectiva a la emancipación, supone la adopción de la condición de empresario. Una etiqueta difícil de llevar en caso de éxito. Sólo se proclama para suplicar algún trato de favor en el hipotético supuesto que algo ande mal. Síntoma de que el complejo está muy arraigado.
Otro complejo muy extendido es el de reconocer la riqueza. En caso de haberla acumulado es de rigor contar que se obtuvo trabajando. En caso de haberla heredado si es necesario se argumenta el dolor que supuso la muerte de los padres. Al asalariado peor pagado del país jamás se le ocurriría renunciar a incrementos en su nómina. Al mejor remunerado tampoco, pero en silencio y depositado en lugar invisible.
Los resultados son devastadores. Trabajadores acomplejados tienen organizaciones sindicales acomplejadas que trazan planes de viabilidad a las empresas. Empresarios acomplejados forman patronales que crean empleo y nunca beneficios. En caso de despido se procura que lo asuma el menor número de componentes de la plantilla con la mayor compensación posible. Entonces ya está permitido vivir de rentas del capital durante el resto de nuestras vidas. Ningún complejo es capaz de tirar por tierra esta forma tan curiosa de liberación. Solamente uno que en avanzadas edades se acentúa. Los ahorros se evaporan fugazmente de haber sufrido el complejo a saber manejarlos.
Son varios los estudios que han analizado las características de lo que podríamos denominar sueño estándar del ser humano. Después cada individuo tiene sus costumbres por cuestiones tan geográficas como vivir cerca de los polos o por otros motivos como vicios adquiridos durante el paseo por el mundo.
Hay quienes opinan que el hombre está diseñado para dormir aproximadamente un tercio de lo que tarda el planeta en girar completamente sobre sí misma. Hay otros que creen que somos un animal nocturno adaptado a la vida diurna. El fuego les avala y a la vez les traiciona. Incluso existe una rama de la antropología onírica que sitúa las necesidades de sueño en ocho horas pero interrumpidas con una larga pausa.
Todos tienen sus razones cuando tratan de describir un animal tan moldeable con el medio. Pero ninguno de ellos se atrevió a entrometerse en el análisis de lo que sería el sueño saludable. Me refiero en este punto en aquello con lo que nuestra mente nos regala mientras dormimos.
Verdaderas películas visionamos amenizadas con silencios, gritos, música, destape de todo tipo que nos destapan otros mundos que no sólo son posibles sino que se convierten en realidad durante plácidos o preocupantes momentos.
Menos son aquellos que nos recomiendan la conveniencia de soñar dormidos o despiertos. No es lo mismo pero se asemeja. En las plazas conmemorando el aniversario del mayor sueño colectivo se volvió a abrir la posibilidad de soñar en público. Sin procurar despertar a nadie no vaya a ser que alguno vuelva a la realidad de la que colectivamente se pretende escapar.
A estas alturas no es conveniente encasillar deseos por motivos puramente racionales. Las sociedades enteras se adaptan al sueño propio y ajeno como al día y a la noche. Así son los sueños cuando conscientemente los dibujamos a nuestro alrededor. Cuando unos con otros se van contraponiendo van formando alguno que todos consideraremos con mayor facilidad emanado del propio subconsciente.
Pero llegar a sueños ampliamente consensuados requiere seguir los mismos pasos que anteriormente al bostezo van sucediéndose. Una buena cena en términos sólidos y líquidos es indispensable. Una satisfactoria relación conyugal acompaña el descanso posterior.
Llegados a este punto sólo desearles muy buenas noches, fenomenales tardes y placenteros despertares. En beneficio de superar cualquier espasmo.
Si hay una tipología de empresa en la que todos sus propietarios puedan sentirse timados es sin duda aquella que sus acciones bordean los mínimos históricos. Situadas en un precio por debajo del cual nunca estuvo la cotización solamente algún reciente inversor gana. Los demás se debaten entre cobrar el dividendo inseguro o prestar sus títulos a los vendedores a crédito para hundir un poquito más el precio y toda esperanza depositada en el valor.
Un caso real es el de Bankia. Sus acciones además de situarse en el extremo desolador fueron comercializadas mayoritariamente en el otro lado. Una nacionalización antes de la oficial la que realizó la entidad presidida hasta hace pocos días por Rodrigo Rato. Hemos conocido hace pocos días el afán de los empleados por colocar parcelas de propiedad en paquetitos de mil en mil. Aunque fuera a cambio de la renovación de un depósito a unas décimas de interés superior el milaccionista no debe estar demasiado contento. Le pasa como al mileurista que va percibiendo como cantidad del pasado esa cifra con tres ceros en el salario. Ahora se empieza a conformar con recibir una cantidad de dos decimales en lugar de tres.
La estatalización de facto podía haberse decretado mucho antes. Muchos votantes se preguntarían si depositar en las urnas de los pasados comicios las acciones de Bankia o los de algún partido político en quiebra. La diferencia no es muy notoria y con el tiempo todo fluye hacia sus cauces. Cuando Dios los arruina ellos se juntan. Pero por el momento no hacen más que protestar y la mayoría sin hacer uso de la papeleta que se les ha otorgado. Con mayor periodicidad que la permitida por la casta política y previsiblemente superada por alguna junta de accionistas extraordinaria.
Las advertencias de unos cuantos no fueron suficientes para tomar el mando del sistema financiero. Cientos de economistas y profesionales relacionados con esta disciplina se desgañitaban en sus libros desahogando la ignorancia individual a la que nos quería someter la alta jerarquía bancaria.
La nacionalización podía haber llegado entonces en beneficio de todos. Cuando empresas altamente solventes destinaban migajas a hinchar condones como flotadores para grandes inundaciones financieras. Los reguladores pararon las manos, permitieron fluir el dinero sin sentido y a cambio se cobraron otra miseria porcentual que no acumuló grandes cifras para hacer frente a una debacle.
De haberse apropiado la autoridad competente de los beneficios esplendorosos de las entidades financieras otro gallo cantaría. De haber puesto fin desde dentro a la vorágine crediticia más extrema de la historia la desolación no recorrería las casas de tantos ahorradores ingenuos que confiaron en el gran monstruo de las pérdidas que serán absorbidas por todos.
Pero así conciben el estado aquellos que dirigen los tan cacareados recortes. Una organización capaz de aglutinar toda la mierda que desciende por cualquier riachuelo. Una manera muy sutil de debilitar una institución ya de por sí al borde de la muerte.
Tras siglos de existencia el estado sigue requiriendo recaudar impuestos para su mantenimiento a falta de ingresos procedentes de la venta de sus productos y servicios. Nadie paga por ellos y si se impone tasa alguna las protestas no tardan en desatarse. Las protestas por el pago a los descalabros bancarios no podían ser menores. Son el icono perfecto que representa la poca disposición de pagar el no se sabe exáctamente qué.
En Catalunya y alguna otra comunidad del norte gobernada por herejes de distinto signo la sanidad pública seguirá cometiendo el delito de asistir a inmigrantes en situación irregular a precio cero. Almenos eso se ha asegurado por parte de los que manejan los frágiles hilos que nos gobiernan. Sirva para quedar claro que hay que seguir financiando las entidades públicas vía impuestos. Vía ventas imposible sumando tareas ruinosas a las ya existentes.
Si en el caso de la banca se dejara a su suerte a los débiles y el estado tuviera cuidado de registrar las ganancias de la banca nacionalizada otro gallo cantaría. Bankia se convierte en el mayor ejemplo de la sinrazón colectiva. Cuando merman los ingresos no se pueden aumentar los compromisos. Hay que equilibrar la balanza como en el sector privado. De la misma manera que las entidades más solventes se hacen cargo de las más endebles a Bankia le falta una pareja con la que bailar en el seno de las cuentas públicas o mejor apaguemos la música.
Pero es que el mundo no termina ni empieza en el sector financiero. En el mundo laboral vemos otro grave ejemplo de lo que supone la actividad del estado. Las cuentas públicas no son capaces de hacerse cargo de ningún empleo. Solamente de un subsidio otorgado sin condiciones a quienes cayeron en la desgracia del paro. Tampoco es posible nacionalizar ninguna empresa estratégica en beneficio de la actividad de los condenados al subsidio. Es necesario condenar al pago de prestaciones sociales a aquellos que conservan su contrato laboral. Parece todo diseñado para el conflicto. Para que algunos digan que otros viven a costa de ellos. Unos de maravilla y otros apretando los dientes cada pocos minutos. Siempre en función de si el rescate es financiero o laboral.
A los accionistas no los salvará nadie. De momento ostentan esta condición una masa creciente de ahorradores que confiaba en los bancos. Pero la tendencia es de regalar papelitos de propiedad por cada vez más motivos. Los contratos laborales irán reflejando progresivamente los pagos en acciones. Algo que pocos han deseado en el pasado y hay que enchufar como sea y a quien sea cuando los beneficios se desploman.
Y si no todavía queda la estrategia de apelar al bajo valor de la acción para instigar la compra masiva de títulos. Quizás por primera vez asistamos a este tipo de mensaje comercial hacia ahorradores. Sería novedoso y quizás con el estado detrás de algunas empresas todo pueda ser posible. ¿Serán capaces de anunciar correctamente la conveniencia de adquirir títulos devaluados en los que ya nadie se fía lo más mínimo?
Alberto Garzón es uno de los diputados más transgresores del hemiciclo. Tiene el título extraoficioso que lo avala. Un papel que no le ha servido para nada más que infiltrarse en la casta política como persona próxima al 15-M. Para que después haya que escuchar que la política se infiltra en el movimiento esporádico surgido en las plazas hace poco menos de un año.
El más joven de todos nuestros representantes destaca por lanzar los discursos más críticos con el equipo de gobierno. Los medios utilizados son todos los conocidos. Desde el megáfono hasta el micrófono. Desde la voz hasta la tecla. Todo vale para irse acercando a posiciones privilegiadas desde la horizontalidad reivindicada.
Recientemente tuvo la habilidad de proclamar su candidatura a redactor de la nueva constitución. Ni él mismo es consciente de sus cualidades. El vocabulario empleado en uno de los muchos discursos que protagoniza debería auparle a tales cargos. Habló del asunto más convulso en toda la legislatura atreviéndose a proponer no pagar las deudas inmorales como solución al cerco a las cuentas públicas. A falta de explicación complementaria por cualquiera de los medios en los que constantemente se expresa si por mí fuera la infiltración habría llegado al mejor puerto legal…
El paisaje no siempre ha sido el mismo en nuestra Europa. Cuenta la leyenda que una ardilla era capaz de traspasar la península saltando de árbol en árbol. Eran otros tiempos en los que el granero de la capital del Imperio Romano se situaba en tierras hoy improductivas, ocupadas por desierto y oleoductos que nos abastecen de combustible que transporta todo tipo de serpientes de punta a punta del planeta. El norte de África se fue volviendo así de crudo progresivamente. De conquistador a conquistado. De ser origen de expediciones militares con el mayor consumidor de biomasa como bandera pasó a abastecerse de la caridad de tierras más fértiles a cambio ir perforando un subsuelo que recuerda la riqueza vegetal en tiempos pretéritos.
El árbol no sólo era útil para el desplazamiento de roedores de extremo a extremo. También se significó su importancia en épocas de transporte animal intensivo. Se procuraba plantar en los márgenes de las carreteras para suspiro de los motores sensibles, anteriores al moderno de explosión que ya va acumulando algún siglo de existencia.
Nuestro entorno ha ido cambiando desde tiempos que ningún ser humano puede recordar hasta la actualidad. En los orígenes el planeta que nos permite la existencia tenía una atmósfera con una composición distinta a la actual. El dióxido de carbono era un gas que convertía en inhóspita la superficie para la mayoría de especies que hoy conocemos. Pero infinitas bacterias fueron organizándose en sistemas complejos que fueron capaces de respirar lo que a nuestros pulmones parece irrespirable. Milagrosamente el carbono atmosférico fue acumulándose en organismos vegetales y paulatinamente bajo la superficie de la tierra. Permitió este hecho la aparición hasta de mamíferos.
El conocido ciclo del carbono ha sido alterado gravemente desde los inicios de la revolución industrial. Como cualquier proceso natural que se manipula tiene graves consecuencias sobre la vida tal como la conocemos. La deriva deforestadora iniciada en el siglo XIX transforma el territorio hasta tal punto de posibilitar la aparición de un delta extensísimo en la desembocadura del Ebro. Alberga otro tipo de vida pero es incapaz de alimentar la población que habita la depresión del Ebro. En tiempos en los que este territorio aproximadamente se correspondía con la provincia tarraconense se permitía el lujo de exportar cereal y animales de pasto hasta tierras orientales lejanas.
El carbono se acumula en las especies vegetales para nuestro beneficio y hasta de los moluscos que se crían en la desembocadura que mejor representa la deforestación que sufrimos. Alcanzar el equilibrio perdido se hace necesario. Por ello desde este blog me sumo a la propuesta de plantar un árbol por cada blog adherido a esta magnífica iniciativa. El lugar idoneo sin lugar a duda no son los márgenes de ninguna carretera. Es en pleno centro de la calzada. Olviden las barreras móviles que prevé colocar el gobierno en las autovías y piensen en ese otro tipo de obstáculo mucho más provechoso.
Alicia Sánchez-Camacho seguirá al frente del PP catalán con el 92% de los votos obtenidos a golpe de unidad fingida públicamente en el último congreso. La comedia terminó con el discurso de Soraya Sáenz de Santamaría, fotografías de hermandad y el cambio de etiqueta a utilizar en el partido que aspira a ocupar el segundo puesto en las cámaras catalanas.
Ninguna novedad programática a destacar como ocurre al término de casi todos los congresos de casi todos los partidos. Solamente unas declaraciones de la flamante presidenta que propone un nuevo sistema de financiación pero que no explica del todo. Pero sí que proclama algunos principios en función del micrófono que la entrevista. Según la audiencia subraya el carácter solidario con los contribuyentes con sede fiscal en el resto de España. Según el seguicio incide en la necesidad de ajustar lo recaudado en territorio catalán con lo gastado en el bienestar de los catalanes.
Hablar de sistemas de financiación sin poner un sólo número encima de la mesa es una de las habilidades de los políticos que están al frente de la mayoría de partidos. Alicia Sánchez-Camacho no es la excepción. Las cifras hablarían por sí solas y derribarían todas las tertulias matinales del día siguiente. No habría mensaje que difundir sino hechos. Uno constatado es que el Partido Popular tanto en Catalunya como en el polo opuesto se sostiene unido gracias a las expectativas que sus militantes delegan en la dirección mientras esparza inteligentemente las ganancias obtenidas. Para ello es necesario practicar catalanismo y anticatalanismo fiscal en declaraciones consecutivas que tratan de congregar el máximo número de apoyos en los próximos comicios. Siempre en términos verbales. En caso de gestionar el verbo estrella es repartir. Hay que hacerlo mediáticamente para que a millones de creyentes parezca que en cada papeleta va algún céntimo destinado a su anónima vida.
En el ámbito ciudadano raso las promesas van calando menos. Por una parte la cantidad destinada a cada apoyo se vislumbra de menor cuantía. Por otra la escenificación en congresos partidistas, actos multitudinarios o cámaras de todo tipo va hartando el sentimiento colectivo por saturación de mensajes. Un ejemplo es lo que ocurre en Euskadi. Allí el PP mantenía el apoyo incondicional a un PSOE que gobernaba un territorio hasta entonces prohibido. Pero Basagoiti rompió las relaciones con Patxi López y reclama elecciones anticipadas. Una escenificación que probablemente estuviera en el ideario de ambos líderes y la mayor parte de sus secuaces antes de estrechar la mano. Una estrategia utilizada durante muchos años por parte de dos formaciones teóricamente opuestas pero que mantuvieron pactos de gobierno estables en varias legislaturas. Son los grupos que ahora presiden Alicia Sánchez-Camacho y Artur Mas, quienes también plantean jugar a convocar comicios.
Que lo hagan todos de una vez y se den cuenta de lo que han ido perdiendo desde la última cita con las urnas. Los sondeos hablan más que los dirigentes y revelan la confirmación de un cambio de tendencia incluso refrendado en Francia y mucho más acusadamente en Grecia recientemente. Los líderes de las palabras vacías tienen los días contados. Pero no saben hacer otra cosa que seguir fingiendo. Mientras las alternativas sigan cociéndose en la clandestinidad seguirán en la palestra con la misma estrategia de siempre.
Tras una jornada bursátil que se preveía de infarto vino la calma. Los ascensos más importantes del año conquistados en la sesión que abría la semana no fueron superados en sentido contrario hoy martes. Pero poco faltó para tumbar cualquier expectativa de haber tocado suelo.
Por si no se lo creía la realidad es así de cruda. No la de los índices que es pura anécdota. Se comporten como quieran las delicias de la especulación están aseguradas. Es el Euro que merma su valor. Es la prima de riesgo que se sitúa en niveles alarmantes. Es la banca que necesita sanearse para que la liquidez fluya. Son demasiados eufemismos que recuerdan al término estafa.
Demasiadas palabras biensonantes llenan la prensa invitando a darle al botón de comprar. Compre deuda pública que se acaba el chollo. Compre acciones que están infravaloradas. Compre oro que se dispara irremediablemente. Si no dispone de suficiente espacio para almacenarlo no se le ocurra alquilar el piso a su vecino ni caja fuerte alguna. Adquiera cualquier ganga inmobiliaria que mañana valdrá su peso en oro. Todo el que sea capaz de empotrarle sin ninguna duda. El valor de las escrituras tendiente a cero y poca cosa más. Como la CAM por poner un ejemplo relativamente pretérito. O como Bankia por citar un nombre de rabiosa actualidad.
La entidad presidida hasta hace pocos días por Rodrigo Rato no merece ni ser intervenida. El gobierno será complaciente con el populacho furioso con tanta inyección pública a la banca. Nacionalizará un banco ruinoso con alto valor negativo que lastrará un poquito más las cuentas de todos. Pero esta vez será de cada uno de nosotros, quienes seremos partícipes de unas magníficas pérdidas.
Las llamadas a la calma son constantes cuando se ha traspasado cierto nivel de peligrosidad por múltiples costados. Alguien se debe hacer cargo de sostener los índices bursátiles próximos a la caída libre. A la baja no hay manera de tapar agujeros empresariales por la vía de la ampliación de capital. Alguien debe tapar los errores crecientes del sector público adquiriendo millones de títulos de deuda, con un interés que tampoco para ni parará de crecer. Pero sin embargo nos invitarán a posicionarnos a plazos cada vez más largos que parecen algo más rentables.
Las llamadas a la calma significan eso. La búsqueda de una certeza abstracta que contraste con la duda que debería correr por las cabezas de los cientos de miles de ahorradores que confiaron en cualquiera de las entidades que formaron Bankia. La pregunta sería qué cantidad de depósitos podrían abandonar en determinado tiempo ese entramado sin ser puesto el mismo en peligro. Esa es la cuestión que nada tiene que ver con sutiles y subjetivos estados anímicos. Esa es la cuestión objetiva que devolvería a la calma a los que se dicen expertos y siguen aconsejando comprar bienes materiales o financieros. Pero que sin embargo no tienen otra herramienta para su paz interior que difundir seguridad en los más desconocedores de la materia. Todo está atado y bien atado. Hasta que se desate, les falta siempre por contar.
El torbellino desatado en Francia resultó no ser demoledor. Pero como excusa y eufemismo no tuvo precio. Los índices bailaron como no lo habían hecho en todo el año. Desde mínimos a niveles que permitían afrontar la jornada de hoy con optimismo.
Hoy una empresa destacó entre las que cada jornada tienen menos precio que son casi todas. De forma destacada hizo méritos para desplomarse definitivamente. Solamente pierde la mitad de lo que valía en épocas de cerdos a punto de choricear. Se pegó un buen batacazo aquella empresa que se repartía años atrás entre sus mutualistas. El descenso estaba pendiente por estrecheces de miras de los inversores. Siguen sin ver una entidad financiera porque continúan sin leer letras pequeñas, grandes, coloreadas o estampadas a golpe de spray en el muro de cualquier sucursal. Los especuladores de manera contraria lo escudriñan todo. Meterían la mano en cada cajón a ver si encuentran algún resto de letra borrada por las lágrimas de alguna secretaria.
Por si no se había dado cuenta Mapfre intenta competir en la captación de depósitos que están en manos de la banca. Tiene ocasión de contemplar de manera especulativa el mundo cuando quiera. Pero por si fuera poco la banca intenta acorralar Mapfre con ofertas cada día más interesantes en pólizas de seguros. Si todavía no está escarmentado de contemplar escaparates financieros aproveche la ocasión para hacer una visita a alguna de las sucursales de la próxima empresa candidata a la intervención. Es más fácil anticipar este escenario que los problemas de liquidez de Bankia.
Por si no hubiera bastante con los miles de outlets y los cientos de miles de outlets de outlets una ciudad del extrarradio de Barcelona ha decidido celebrar unas jornadas al culto del consumo desenfrenado.
La caída de esta variable es notoria. La reformulación de necesidades también. Lo que era indispensable pasó a ser trivial y lo que no nos gustaba ni con salsa bravísima para a ser indispensable. Como los caldos de pocos ingredientes y mucha pasta que hay poca para hacer ostentaciones como antaño.
Las depresiones económicas, de la misma manera que las del homos economicus, no se curan con fármacos. En Sant Boi donde por algún motivo fueron pioneros en la atención a la enfermedad mental lo saben perfectamente. Como recetan los mejores especialistas de la materia es necesario consumir desenfrenadamente para salir de las graves crisis emocionales.
Durante el periodo que va de final de mayo hasta el 2 de junio varias actividades ultracomerciales tendrán lugar en este municipio catalán. Entre las más destacadas el regalo del IVA a cualquiera que decida de una vez volver a los hábitos que nos mantuvieron en pie durante tantos gloriosos años. El horario para recapacitar será puntualmente hasta altas horas de la tarde. La noche seguirá respetándose para soñar plácidamente con lo adquirido.
Un bono equivalente al impuesto incondonable del valor añadido permitirá repetir compra, que es un reto incluso para repostar gasolina más allá de las cercanías del cobro de la nómina. Dicen las últimas estadísticas que a medida que avanza el mes se tiende más al uso de los servicios ferroviarios de cercanías allí donde todavía existen.
Si con el cheque no tiene bastante el ayuntamiento se encarga de ultimar contactos para mover hacia los garajes una selección de vehículos que en estos momentos forman parte de los conocidos como kilómetro cero. Antes eran apodados así por su escasa distancia recorrida. Ahora por los kilómetros que probablemente recorrerán. Para que la fatal profecía no se cumpla hasta se negocia regalar el repostaje de estos vehículos hasta fecha a determinar.
Todo sea por consumir y para expulsar engendros de encima. Las ciudades los acumulan peligrosamente allí donde más duelen. En el vertedero cientos de miles de basuras duermen apaciblemente mientras en los locales comerciales generan pesadillas.
Sant Boi empezará a despertar de la depresión con la inducida fiebre consumista. Los días locos se prevén capaces de irnos devolviendo a nuestra perdida senda de una tacada. Llegó la hora de esnifar el billete y dejarnos de drogas duras.
Tras la finalización de los encuentros de la penúltima jornada de liga en la máxima categoría casi todo el pescado está vendido. Pero esta temporada no va a sucerder exactamente así.
Los títulos se quedarán en las vitrinas de quienes los consiguieron en el campo. No ocurrirá como en el mundo del ciclismo, en el que varias semanas después de disputarse una competición tenemos noticias de positivos en las muestras pendientes de analizar en los laboratorios. Así que felicidades por una parte al campeón y a esperar lo que acontezca en los despachos durante el verano, con el permiso de la última jornada que va a ser lo de menos.
Como es tradicional el 30 de junio la liga no termina. Empieza la siguiente. Finalizan contratos de algunos jugadores a quienes habrá que despedir para siempre. Se marchan entrenadores para no dirigirse a ninguna parte. La delicada situación financiera de los clubes requiere cuidado con las renovaciones pero mucho más con las novedades. Serán pocas en el campo y muchas en los despachos.
La primicia que nos deparará la pretemporada futbolística seguramente sea la continuación de la competición actual. La que el próximo fin de semana llega a su conclusión se alargará previsiblemente unos meses más. Hasta que las cuentas no se aclaren no será definitivo el cuadro de conjuntos que lucharán por la supervivencia en una u otra categoría.
Algunos clubes con mayor o menor historia cuelgan de un hilo. El proceso que amenaza con la desaparición lo iniciaron hace tiempo y este verano vamos a ver las primeras consecuencias. Lo conseguido en el terreno de juego puede torcerse en los despachos y viceversa. No como consecuencia de ninguna denuncia que raramente llega entre integrantes de un mismo gremio. Por mucho que se hable de partidos amañados en la última jornada, penúltima o incluso en la antepenúltima ninguna palabra hiriente va a quedar escrita en papel alguno.
Las actas recogerán insultos y pocos agravios más. El silbato pitará el fin de una parte de la temporada. La otra se empieza a disputar más pronto de lo habitual. Hay tiempo más que suficiente para aupar equipos mal clasificados en la división de plata en lo más alto de la liga de las estrellas. Los huecos habrá que rellenarlos con imaginación y prisa. El suspiro acompañará el silbato inicial del próximo campeonato. Por motivos a los que no estamos acostumbrados. Será entonces cuando verdaderamente termine la actual competición.
El viaje de hoy en lo que resta de artículo pretende seguir el tortuoso camino financiero que transita entre dos mundos que están en este. Le invito a acompañarme en este paseo en el cual espero que descubramos la dificultad de escoger algún lugar donde aposentarnos a descansar. La perspectiva divisada desde esta senda dificultosa es peculiar en tanto la mayoría de imágenes que hemos contemplado hasta ahora han sido presenciadas desde ángulos extremos.
Las víctimas del estallido de la mayor burbuja de todos los tiempos creían ser aquellos a quienes su vida les deparó alguna sorpresa negativa. La mayoría había contratado obligaciones futuras a cambio de satisfacciones momentáneas. Las retribuciones variables para pagarlas les jugaron un mal trago. Durante los primeros compases recesivos se escondían como casi todo aquel que se considera víctima. Como los cristianos en las catacumbas intentaron encomendarse al milagro a través de la fe ciega en lo imposible. La multitud ajena a la problemática de unos pocos sacaba pecho reprochando pecados tan mundanos como podía ser la frivolidad de quienes se habían comprometido con lo imposible. Si todos hubiéramos actuado de forma precavida no arreciarían estos chuzos de punta con los que tememos sobrevivir.
Desde el otro lado de la barrera todo se contempla muy plácidamente…
España ha vivido dos procesos de transición tras la fecha concreta del 20-N. Da igual el año pero el calendario es contundente cuando un acontecimiento de envergadura ocurre en la casilla señalada. A propósito o por casualidad a Zapatero se le ocurrió dar un paso hacia el cambio convocando elecciones ese día y no otro. Los resultados se empiezan a oler en Francia.
En el país galo toca elegir un presidente simbólico para su quinta República. Una especie de monarquía ya superada en nuestro país mucho más avanzado, por influencia francesa precisamente. Durante la alta Edad Media algunos linajes se fueron imponiendo y monopolizando el trono. Aunque de facto estuviera al alcance de todas las familias gracias a las altas tasas de promiscuidad que se gastaban por esos lares.
Celebrada la primera vuelta de los comicios quedan dos bandos que se debaten en televisión. Cara a cara o por concatenación de discursos. Uno usa la desafección juvenil como trampolín hacia la fama. El otro la combatividad con los de fuera. Aquellos revolucionarios dubitativos que no comulgan con ninguna de las opciones tienen la manija para inclinar la balanza.
Mostradas las intenciones en la primera ronda se precisaba surcar en los contenidos de las fuerzas electorales crecientes. Unos tomaron unas ideas y otros otras, las que creyeron con más posibilidades de satisfacer en su mandato.
Pero eso ya es lo de menos. Tanto en Francia, como ocurrió en España meses atrás, la inmensa mayoría se ha enterado de la diferencia entre promesas y hechos. Tanto repitió Rajoy unas consignas contrarias a sus políticas reales que al final se le vio el plumero diplomático. En verdad ya se había hasta palpado décadas atrás pero las necesidades no eran dramáticas. Tanto daba si ejecutaban unos u otros. Mandase quien mandase las cuentas iban bien.
La diferencia entre las presidenciales actuales y las anteriores es el grado al que los votantes están dispuestos a jugar. En estas las apuestas se elevan a máximos históricos. Las urnas recogen esa característica humana que se ha ido extendiendo por las masas del continente.
En un extremo tenemos aquellos que deciden ausentarse de este tipo de procesos en aumento. En el otro aquellos que optan por radicalizarse. Evidentemente las convencionalmente denominadas extrema derecha e izquierda acumulan apoyos de manera similar. La cuestión es apostar por nuevas organizaciones que traduzcan las promesas en hechos. Unas incógnitas muy enigmáticas pero con las que es necesario coquetear.
Las apuestas han llegado a tal extremo que la cara visible de la transición en Francia aconseja votar en blanco. El motivo es que desea seguir apostando por el cambio real. No se conforma a estas alturas retirándose de una carrera en la que no tiene motivos para verse ganadora. Tiene motivos reales para pensar que retirarse de la carrera de fondo supone el estallido de la derrota en sus manos.
Nadie quiere perder cuando el bipartidismo imperante está derribado. Tanto en España como en Grecia donde están todavía mucho más avanzados en las prácticas más propias del casino que de las urnas. En Francia siguen los caminos trazados en la periferia para empezar a convertirse en tierra devaluada, en provecho de los magnates del juego.
El empleo juvenil flaquea por toda Europa. La precariedad laboral afecta a prácticamente todas las familias. La inmigración sigue siendo un complejo por parte de los afectados y del resto. No hay más argumentos desde los extremos que se aúpan al margen de los convencionalismos. Ni falta que hace para poner en evidencia las carencias de unas políticas vacías e inexistentes, dirigidas por unos mandamases complacientes con el conformismo imperante.
El disconformismo creciente provoca lo contrario. Tendremos la oportunidad de comprobarlo en Grecia donde saldrán victoriosos los extremos y en Francia donde se prepararán para hacerlo a posterioridad.
Me llamo Dani...él, vivo en Barcelona y no recuerdo lo que estudié ni cuando. Terminada mi larga enfermedad llamada titulitis empecé a autoaprender y a pensar libremente. Desprovisto de títulos nobiliarios por linaje y de títulos académicos por renuncia solamente me queda la desnudez intelectual necesitada de atuendo. Provisto por experiencia de una sensación respecto la verdad objetiva como inalcanzable me atrevo en este espacio a ir creando otra realidad subjetiva. Una de tantas con la que puede ser que simpatices o antipatices. Sea lo que fuere espero que lo expreses comentando en público, o bien en privado a través del correo tortillismocasero@gmail.com. Puedes realizar propuestas de todo tipo. La desnudez lo admite todo. Si quieres realizar alguna donación hay millones de entidades desnudas de dinero que las reciben. Si deseas hablar de algún proyecto constructivo te responderé.