
Son varios los estudios que han analizado las características de lo que podríamos denominar sueño estándar del ser humano. Después cada individuo tiene sus costumbres por cuestiones tan geográficas como vivir cerca de los polos o por otros motivos como vicios adquiridos durante el paseo por el mundo.
Hay quienes opinan que el hombre está diseñado para dormir aproximadamente un tercio de lo que tarda el planeta en girar completamente sobre sí misma. Hay otros que creen que somos un animal nocturno adaptado a la vida diurna. El fuego les avala y a la vez les traiciona. Incluso existe una rama de la antropología onírica que sitúa las necesidades de sueño en ocho horas pero interrumpidas con una larga pausa.
Todos tienen sus razones cuando tratan de describir un animal tan moldeable con el medio. Pero ninguno de ellos se atrevió a entrometerse en el análisis de lo que sería el sueño saludable. Me refiero en este punto en aquello con lo que nuestra mente nos regala mientras dormimos.
Verdaderas películas visionamos amenizadas con silencios, gritos, música, destape de todo tipo que nos destapan otros mundos que no sólo son posibles sino que se convierten en realidad durante plácidos o preocupantes momentos.
Menos son aquellos que nos recomiendan la conveniencia de soñar dormidos o despiertos. No es lo mismo pero se asemeja. En las plazas conmemorando el aniversario del mayor sueño colectivo se volvió a abrir la posibilidad de soñar en público. Sin procurar despertar a nadie no vaya a ser que alguno vuelva a la realidad de la que colectivamente se pretende escapar.
A estas alturas no es conveniente encasillar deseos por motivos puramente racionales. Las sociedades enteras se adaptan al sueño propio y ajeno como al día y a la noche. Así son los sueños cuando conscientemente los dibujamos a nuestro alrededor. Cuando unos con otros se van contraponiendo van formando alguno que todos consideraremos con mayor facilidad emanado del propio subconsciente.
Pero llegar a sueños ampliamente consensuados requiere seguir los mismos pasos que anteriormente al bostezo van sucediéndose. Una buena cena en términos sólidos y líquidos es indispensable. Una satisfactoria relación conyugal acompaña el descanso posterior.
Llegados a este punto sólo desearles muy buenas noches, fenomenales tardes y placenteros despertares. En beneficio de superar cualquier espasmo.
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