
Nadie sabe porqué el presidente tuvo la ocurrencia de realizar el gesto con el que aparece en la fotografía. Pero todos somos conscientes de que a muchos molestó una provocación de este estilo.
Quien se pica ajos come o bien tiene complejos sin comerlo ni beberlo. No hay peor penitencia que aquella que se impone a un inocente. Sólo una se escapa por la parte de la perversidad. Es aquella a la que uno mismo se condena por algún tipo de complejo.
Los complejos los arrastramos como losas siendo difícil encontrar excepciones positivas. Si se incrustan en nuestro interior pueden ser un blanco fácil en el que el más inocente halago hace mella. Nos debilitan hasta reducirnos completamente a la nada.
Debilitaron a un grupo bastante extenso de personas que debieron pensar que manejar correctamente los ahorros formaba parte del universo capitalista. No estaban equivocados del todo. Pero había mejores soluciones a descapitalizarse que consumir desenfrenadamente para agrandar los beneficios de los que comercian sin escrúpulos. O en caso de obtenerlos, aunque fuera por casualidad, los fiaron a la voluntad del primer entendido que encontraron en la materia.
Sin ahorro alguno liberarse de la condición de trabajador es un poco más difícil teniendo en cuenta el sistema imperante con el que debemos lidiar. Lo peor de todo es que hacerlo de manera individual, dada la poca predisposición colectiva a la emancipación, supone la adopción de la condición de empresario. Una etiqueta difícil de llevar en caso de éxito. Sólo se proclama para suplicar algún trato de favor en el hipotético supuesto que algo ande mal. Síntoma de que el complejo está muy arraigado.
Otro complejo muy extendido es el de reconocer la riqueza. En caso de haberla acumulado es de rigor contar que se obtuvo trabajando. En caso de haberla heredado si es necesario se argumenta el dolor que supuso la muerte de los padres. Al asalariado peor pagado del país jamás se le ocurriría renunciar a incrementos en su nómina. Al mejor remunerado tampoco, pero en silencio y depositado en lugar invisible.
Los resultados son devastadores. Trabajadores acomplejados tienen organizaciones sindicales acomplejadas que trazan planes de viabilidad a las empresas. Empresarios acomplejados forman patronales que crean empleo y nunca beneficios. En caso de despido se procura que lo asuma el menor número de componentes de la plantilla con la mayor compensación posible. Entonces ya está permitido vivir de rentas del capital durante el resto de nuestras vidas. Ningún complejo es capaz de tirar por tierra esta forma tan curiosa de liberación. Solamente uno que en avanzadas edades se acentúa. Los ahorros se evaporan fugazmente de haber sufrido el complejo a saber manejarlos.
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