
Los tan temidos recortes se van extendiendo. Paralelamente la oposición a los mismos. Uno de los pilares del convencional estado de bienestar está en peligro. De ello se van percatando miles de ciudadanos que hace décadas pasaron por una escuela donde quizás no había ni estufas ni mantas pero nadie pasaba frío.
Actualmente ya no es posible cursar unos estudios sin calefacción consecuencia de los crudos inviernos que sufrimos. Y mucho menos manifestarse por la calle antes de primavera. Hay que esperar las buenas temperaturas para dar un paso al frente.
El movimiento iniciado con la llegada del calor llegará a su punto álgido un miércoles que no estaba marcado en el calendario de los agoreros. Pero sin embargo mostrará un punto de inflexión un 22 de mayo señalado en la agenda de unos cuantos.
Será tal día como mañana cuando un grupo de estudiantes reivindicarán sus derechos a titulizarse gratuitamente. Cabe recordar que serán una minoría quienes lo hagan. Los otros, aquellos conocidos por Ni-Ni seguramente porque ni les va ni les viene, esperarán en casa el contrato laboral que no termina de llamar a la puerta.
Como cada mañana, estos seres que disfrutan del estado paralelo de bienestar ni verán la televisión, ni leerán ningún panfletos propagandístico invitando a reivindicación alguna. Se limitarán a dormitar esperando abrir la boca en el momento oportuno de ingerir algo de provecho.
Cuando los recursos educativos eran mayúsculos el bienestar de estos individuos ya estaba descrito por el abandono de los estudios lo antes posible. Un paso necesario para el encuentro de un salario con varios ceros. El fracaso escolar se explicaba en aquel entonces por unas condiciones laborales extremadamente favorables que empujaban al consumismo a una generación perdida por las oportunidades.
En tiempos de recortes en lo público y privado el fracaso escolar que viene se empieza a explicar por el desespero de una generación a no encontrar rentabilidad en su ansia por obtener títulos.
Mañana cientos de miles de escolares saldrán a la calle. Volverán a casa sin haber concluido quiénes son los fracasados. Ni en institutos ni en universidades lo aprenderán. Allí sólo se obtiene un título que faculta a cobrar un sobresueldo. Aunque cada vez más tardío, cosa que invita a enviarlo todo a tomar por culo ya sea dormitando o vociferando en la vía pública.
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