Sucede en el centro del imperio pero se extiende como cualquier gota de aceite por todo el globo. El Departamento de Estado a través de su programa de recompensas por la justicia está ofreciendo siete millones de dólares por información sobre la ubicación de Ahmed Abdi Aw-Mohamed, el fundador del grupo islamista en Somalia.
El grupo militante somalí remunera de forma más austera. Algunos animales a cambio de la información sobre distintos funcionarios estadounidenses. Una ex-primera dama como Hillary Clinton no merece más de dos camellos. En cambio todo un premio Nobel como Barack Obama valdría cinco veces más.
El imperio empieza a valer poco según aquellos que desean verlo derribado. Así habría que interpretar estos últimos movimientos monetarios que se debaten en los intestinos más putrefactos de la lucha por el poder y la subsistencia.
Sin embargo en las antiguas metrópolis cuando se escucha hablar de camellos ya no llegan a asimilarse a un ser vivo. Debido a la decadencia irreversible en la que nos vemos sometidos, nuestro imaginario nos remite más fácilmente a aquel personaje que trafica con drogas que a un par de jorobas.
No son estupefacientes los que pretenden suministrar los islamistas a quien aporte buena información sobre el paradero del decadente presidente de los Estados Unidos. Pero a la europa en proceso de desertización le suenan a árabe estos estupendos vehículos que alcanzan velocidades de 60 km/h y mantienen los 40 que lograron los primeros ferrocarriles con relativa facilidad.
Tras el aterrizaje de Obama en otra de las reiteradas cumbres que tienen lugar en el mundo desarrollado para intentar remediar sus bienes, la asimilación todavía queda más clara hacia donde se decanta. Esta vez fue en Los Cabos donde se reunió el G-20. Mañana será en otro lugar donde todos los mandamases que quieren continuar siéndolo, a excepción de Angela Merkel, apostarán por el crecimiento desenfrenado. Ya sea expandiéndonos monetaria o realmente que viene siendo más difícil en las últimas décadas. Sin crecimiento el poder se tambalea y bien lo sabe el máximo mandatario del globo que está próximo a ser reelegido. Las recesiones se posponen para después de las elecciones o salen rana.
La alternativa de la apariencia existe y sigue siendo la única salida viable para encarar los procesos electorales. Si no es en la vena de cada ciudadano se inyecta una especie de moral ficticia por las ondas que taladran cada hogar. Si nada de ello funciona siempre queda el reparto de la convencional droga.
Según un estudio publicado recientemente tras dos años en el anonimato, el agua del subsuelo de Barcelona esconde restos de sustancias estupefacientes. Según el barrio de un tipo o de otro. Según la disponibilidad de la otra que circula de mano en mano y es presente en la mayoría de transacciones comerciales que no se saldan con tarjeta. Pero donde a la vez también está presente la cocaína que permanece más en el tiempo que otro tipo de drogas.
Recientes trabajos de investigación alertan del peligro de la metoxetamina que formará parte de las aguas subterráneas del futuro. Similar a la ketamina distorsiona las percepciones visuales y auditivas produciendo un sentimiento de estar separado del medio ambiente.
Que tomen nota los monetaristas por si las tradicionales inyecciones que aplican no tienen efecto en una sociedad con las venas acribilladas. Sólo quedarán esos remedios de naturaleza más física que producen los mismos efectos que el tan prestigioso dinero. Por si tenían alguna duda Europa diseñó un novedoso plan para crecer que costará 130000 millones de Euros. De no lograrlo el agujero puede agrandarse todavía más.
La primavera altera la sangre pero no el ritmo del corazón. Ya pasó más de un año desde que en el norte de África se encendiera la mecha de un equinoccio árabe que va concluyendo a golpe de papeleta.
Egipto representa un caso paradigmático. Lo que parecía imposible se hizo realidad. Los tumultos se hicieron con una de las plazas más concurridas durante algunos días. Poco tiempo después ocurría exactamente lo mismo en la otra orilla mediterranea.
España salía a la calle sin la excusa del título futbolístico. Parecía mentira pero era cierto, como las proclamas a golpe de cacerola ensordecedora. Sin cocerlo ni beberlo estábamos en la ruta que terminamos abandonando cinco siglos atrás. Ahuyentando derivas islamistas para encandilarnos con el lejano occidente americano. El caldo del corralito se cocía friamente en cada ágora.
Nunca faltó el efectivo, dentro de nuestra deseada Europa. Pero sin embargo eran efectivas medidas mucho más restrictivas para una sociedad que empieza a asimilar la libertad con el poder adquisitivo. Los derechos constitucionales empezaron a percibirse como proclamas vacías de otras épocas de culto al libertinaje.
En estos momentos todavía no se ha redactado una sola coma jurídica en la calle. Ni en el Egipto más turbulento. Quedó reservada la experiencia a la gélida y minúscula Islandia. En tierras orientales se conformaron con deshacerse de un jefe de estado despótico, convocar elecciones y permitir la victoria al islamismo. Quizás así dentro de unos años tendrán la oportunidad de asegurar los más viejos que con Franco, perdón, Mubarak, se vivía mejor.
En Grecia, las elecciones también se han encargado de echar tierra a cualquier movimiento de cambio. Lo mucho recorrido se empieza a desandar hasta que el próximo rescate termine inclinando la balanza.
La primavera concluyó para todos. Pero tal como una estación termina, empieza la siguiente. Climatológicamente no hay tregua posible, hasta que la temperatura haga estallar los termómetros. Las primaveras fueron un fraude que nos condujeron hacia ninguna parte. Cientos de mandatarios cayeron pero todavía no se sabe exactamente para qué.
Viene el verano y se hacen habituales los paseos por las playas. El nivel de quemadura es máximo. Necesitamos ver la carne que hemos intuido durante todo el año bajo bufandas y vestidos hasta los tobillos. Necesitamos ver los resultados de las dietas en cada curva, sea del color que sea. Necesitamos tomar al pie de la letra los versículos del Corán que nos instan a bajar la mirada al observar a la mujer. Las miradas a a los ojos nos mantendrían quemados algún tiempo más. Y sobre todo necesitamos notarlo intensamente, para recordarlo cuando el calor amaine.
Será entonces cuando se escribirán las páginas más bellas de la revolución. Cuando lleguemos al invierno conservando altas temperaturas. Pero convenientemente refrescadas con las brisas de los mares. Pero esto no lo verán en los medios masivos. La obscenidad y la transgresión siguen estando sujetas a censura.
Más información, opinión, música, libros, escritores, propuestas…
Como cada año cuando se acerca el verano los descensos repentinos de precios se van también aproximando. Ya están aquí para satisfacer algún antojo, aunque sea el de escudriñar cientos de escaparates a ver qué porcentajes se aplican esta vez.
En cuestión de precios no vamos excesivamente acelerados durante lo que llevamos de año. Los aumentos del coste de carburante compensan la caída de la casi totalidad de bienes y servicios que componen nuestra cesta de la compra. Donde no hay descensos sostenidos existen ofertas puntuales que hacen las delicias de un consumidor temeroso.
Se va convirtiendo en habitual ver carteles de promociones que sin duda alguna coincidiendo con las rebajas oficiales se titularían así en estos momentos. Motivo por el cual en esta ocasión los chollos terminarán mojando lo que previamente ya chorrea.
Los más reacios a las políticas de precios de derribo van torciendo su actitud. El Corte Inglés anunciaba hace pocos días un sorprendente cambio de estrategia, ante una pérdida de cuota de mercado respecto a otras cadenas más generosas con el consumidor. En realidad generosidad poca la que se gasta por el mundo de la distribución. La intención que encierra esta táctica es trasladar a la estructura de costes los menores precios repercutidos al cliente.
Otra empresa que merece mención aparte es una de las pocas que se mantiene en manos del ministerio de fomento. Empezó la experiencia de los descuentos cuando inauguraba los servicios de alta velocidad entre Madrid, Málaga, Barcelona y Valladolid. Después de cuatro largos años llegó a la conclusión que precisaba de lo que llamaron revolución en los cambios horarios veraniegos.
De la misma forma que unos grandes almacenes no pueden suministrar duros a cuatro pesetas una empresa ferroviaria que además cierra las cuentas anuales con déficit todavía menos.
Los cambios no son tantos como parecían pero algunos son peculiares. En primer lugar sorprende que se fomenten los transbordos en una empresa con fama de impuntual. Será que otros cardan la lana mientras RENFE se plantea de esta manera adaptar circulaciones a necesidades de un número mayor de viajeros. Unos potenciales pasajeros que hasta ahora se mantenían alejados de este medio, quizás por no contar con desplazamiento directo asegurado contractualmente con un billete único.
Pero es que en segundo lugar y de forma más revolucionaria una empresa pública se ha atrevido a asestar un golpe a una privada que empezaba a acumular clientela de bajo coste en sus taquillas. El imperio que acumulaba Alsa en la carretera a partir de la instauración de la alta velocidad se ha empezado a intentar desmoronar. Muchos viajeros que cada día cuentan con menos recursos se vieron expulsados de un ferrocarril que pasaba a servir exclusivamente al cliente de mayor capacidad adquisitiva.
Lo más sorprendente todavía es que los servicios de bajo coste que pretender recuperar las relaciones perdidas en zonas que cuentan con vías de altísimas prestaciones las realizan trenes que cuentan exclusivamente con un asiento y poca prestación más que un retrete donde desahogarse. No cuentan con televisión, wifi ni tan solo algún vendedor perseguido de latas de refresco.
Son largos recorridos servidos mediante la unión de otros más cortos que se realizaban hasta ahora sin coordinación alguna. Son circulaciones ya existentes que continúan hasta que el mar dice basta. El resultado es la creación de nuevas rutas entre Madrid, Vigo, Barcelona o Irún con parada en casi todas las estaciones.
En la frontera francesa el viajero puede continuar su periplo con alguno de los nuevos servicios baratos de la alta velocidad gala. Allí los costes se intentan reducir en este segmento que suma más de 25 años de existencia. La SNCF ha optado por eliminar la cafetería de algunas unidades rodantes, aumentar el número de asientos y rebajar ostensiblemente los billetes de este tipo de producto.
Los recortes de Hollande tienen otra cara que los de Rajoy pero en el fondo son consecuencia de lo mismo. El cansancio que demuestra el consumidor está ampliamente extendido por el continente. Las soluciones se dirigen irremediablemente en la misma linea. Como en la peluquería de la esquina, sin viajar en ninguna clase preferente.
Mientras el River Plate consiguió recuperar la máxima categoría del fútbol argentino y el mirandés la segunda del español, Europa entera vive los últimos coletazos de la temporada futbolística. El campeonato de selecciones nacionales es lo poco que mantiene la motivación por jugar a la mayoría de contendientes. Como a David Trezeguet que tras la consecución de todos los títulos posibles todavía se atrevió a contribuir a que su equipo del alma retomara la senda perdida.
Mientras la eurocopa aún conserva la categoría de gran escaparate, el jugador nacido en Francia, por lo que adquirió el derecho a participar en este tipo de campeonatos con la selección gala, conservará la felicidad en su retiro al participar en proyectos novedosos, de mayor envergadura anímica.
A las semifinales que se disputarán entre Kiev y Varsovia solamente llegarán oficialmente selecciones. Aunque no del todo será así. También los clubes que ceden a sus asalariados de manera altruista obtendrán pingües beneficios. Las pérdidas para este tipo de sociedad más limitada sólo se producen en el caso de que alguno de los miembros de su plantilla disminuya sustancialmente su poderío físico. Los beneficios están a la vista.
Todo torneo de amplia difusión sirve para mostrar las cualidades de los participantes a posibles interesados en sus servicios. Pero a la vez representa una oportunidad de lucro a los que ostentan los derechos de los jugadores pretendidos.
Cada exhibición de Jordi Alba sirve para revalorizar las ganas de hacerse con sus servicios y en un plazo corto de tiempo. Las apariciones de Pedro Rodríguez y Fernando Torres devolvieron la vida futbolística a dos jugador que muchos daban por perdidos. Los pocos goles encajados por la defensa española sirvieron para recuperar la credibilidad en Gerard Piqué. Quien no quiera vender está en su derecho, pero almenos tiene en sus vestuarios algún personaje con el ánimo recuperado.
No solamente se le abren las puertas al F.C.Barcelona con la Eurocopa, el modesto Cornellà es como si la estuviera disputando. Precisamente de tanto abrirlas desperdiga a futbolistas valiosos por medio mundo. Demasiados canteranos aparecen en sus filas para tener cabida entre los 25 elegidos para cada temporada. Son largos los campeonatos y con las competiciones de selecciones nacionales un poquito más. Pero tampoco hay para tanto. A excepción de aquellos que tienen esperanza reservada siguen tratando mandarlos lo más lejos posible, para no incurrir en el riesgo de que se alisten en algún rival indeseable. Jordi Alba cayó en un momento determinado en el extrarradio barcelonés, pero para recalar en el Valencia. La suerte del club que le vio dubitar en partidos de tercera división puede ser obtener 800000 euros, que supondrían equivalentemente el presupuesto de varias temporadas del fútbol base. Es así como en parte se financia este modesto conjunto de última categoría nacional. En parte de la contribución de los padres por la formación de sus hijos como futbolistas. En menor grado recibe contribuciones incondicionales de sus socios. De manera progresivamente descendente cuenta con aportaciones de patrocinadores varios.
La Eurocopa lo cura todo y por ese motivo hay que intentar rascar algún remedio. Todo excepto la edad. Eso ya son palabras mayores. A los 34 años de David Trezeguet nunca tendría plaza un canterano desperdigado en el club más importante de Barcelona, por mucho sentimiento que profesara. Aunque sí tuvieron la oportunidad en su día otras figuras en declive como Albertini, Davids o Larsson en un equipo que expresa la voluntad de querer carne joven continuamente.
En cualquier familia desestructurada ya se sabe donde terminan sus criaturas. Suelen andar por la calle hasta altas horas de la madrugada. El caso de Jordi Alba es paradigmático. Se desperdiga inconscientemente por campo contrario junto al otro lateral, Arbeloa, que hasta cierto momento también sufrió el exilio. Vicente Del Bosque, que procede de familia mejor avenida, tiene cuidado colocando al casi siempre atento Xabi Alonso. Pero los de siempre lo critican por favoritismos, que pudiera haberlos. Existan o no, cuando la defensa se diluye hay que fortalecerla con efectivos en las proximidades.
Varios dogmas extendidos por nuestras mentes que creemos ampliamente flexibles apresaron nuestros valores tiempo atrás y ahí permanecen. En estos párrafos toca destapar otro de ellos. Intentaré dar alguna pincelada sobre el carácter progresivo de nuestro desarrolladísimo sistema impositivo.
La progresividad hacendística significa el pago según la capacidad de cada uno de generar flujos susceptibles de ser expropiados. Sin eufemismo alguno eso es lo que hay. Creo que no es necesario contar la conveniencia de que esto así sea. Lo exponen sin dar explicación varios textos constitucionales emanados en los más poderosos palacios.
Será porque lo dicen aquellos que más saben. Será porque lo repiten los más próximos a éstos. Será porque es otra de las imposiciones que banalmente asumimos todos. El caso es que los más ricos desean pagar grandes sumas a la hacienda pública y los más pobres disfrutan viendo como lo hacen.
Pocos se han parado a pensar el camino que ha seguido nuestro mundo con la instauración de un pilar fundamental del denominado estado del bienestar. Aunque muchos ante la oleada de recortes piden a gritos seguir la proporcionalidad en el movimiento contractivo. Faltaría más no llegar a esas conclusiones después de haber nacido escuchando la misma canción. Aunque sea de manera subconsciente el instinto lleva a reclamar recortar la desgracia de los desgraciados y la fortuna de los afortunados.
Las mismas mentes acaudaladas se muestran favorables a este modo de funcionamiento. Almenos en público así lo expresan. Lo han dejado escrito en los textos legales que rigen nuestras vidas y que mayoritariamente por ellos mismos han sido redactados.
Antiguamente la imposición directa empezó gravando aquello que era posible. Hace tres siglos se podía hacer tributar el paso por un puente pero raramente por un camino. Los municipios así lo procuraban hacer para asegurar el mantenimiento de la vía de comunicación entera. De la misma forma que no de podían poner puertas al mar pero sí condiciones a las embarcaciones de mayor tamaño cuando requerían de un puerto para la descarga.
Más recientemente a los monarcas asesorados por los mejores economistas de la época se les ocurrió instaurar un pago prácticamente unitario a todos los hogares. Una gran idea que no nos debería sorprender tanto. En el imaginario que utilizamos para la supervivencia diaria está contenida esta manera de actuar. Si planeamos un viaje en grupo a nadie se le ocurre establecer pagos distintos a los pasajeros del autobús. Si tuviéramos que recaudar fondos para la posible defensa de nuestra localidad ante un asedio me atrevo a pensar que tampoco se nos ocurriría reclamarlo de forma proporcional.
Pese a terminar la evolución de la hacienda pública estableciendo pagos proporcionales a la renta generada por cada individuo el resultado ha sido el que todos sabemos, aunque no lo parezca. Las diferencias distributivas del pastel colectivo crecen exponencialmente a tasas muy superiores de lo que el resorte impositivo pretende reducir. Crece la desigualdad en proporción a lo que cada reforma fiscal ha pretendido disminuir, si es que esa era la finalidad.
Solamente por este motivo de gran calado sería preciso empezar a desterrar la conveniencia de un sistema fiscal progresivo. Hay otros factores mucho más importantes que los recaudatorios que inciden en el acordeón que distribuye lo que cada uno dispone. Pero sin embargo este instrumento sigue sonando en la mayoría de debates mediáticos, en las cámaras parlamentarias o en las plazas.
A sus 55 años todavía mantiene una vitalidad reservada a los más jóvenes para conversar a distancia. La escuela donde le enseñaron las reglas básicas de ortografía le queda muy lejana en el tiempo. Son muchos años los que pasaron desde la graduación, motivo por el cual ante la duda pregunta.
Su cuestión no tiene relación alguna con las maneras de interactuar con otra persona al otro lado de las teclas. Eso está maravillosamente superado gracias a los cursos de informática para adultos que imparten en algún centro de alguna ciudad cualquiera. Lo que cuesta a estas alturas es discernir si nos movemos con “v” o con “b” y por eso lanza al aire su duda.
Muchos mitos encierra nuestro ilustrado refranero. Uno de ellos es que el saber no ocupa lugar. Pero a menudo sustituimos conocimientos por imposibilidad de añadirlos a los existentes. El caso que les relato es tan elocuente como real. Ocurría una tarde cualquiera en un tugurio de una ciudad cualquiera, donde una señora mantenía una charla por internet con su fulanito sabiondo.
El fenómeno no es exclusivo de los individuos con menor nivel académico. Por fortuna la humanidad suma mucho más de 55 años pero por desgracia a medida que va añadiendo conocimientos va pasando página de otros. Muchos titulados en medicina hace muchas décadas olvidaron las ancestrales lavativas que aplicaban tras un empacho de toxinas. Universidades enteras fueron tomadas por la desmemoria y prácticamente no conocen lo que es la penicilina. Inmersos en este proceso tiene hasta sentido haber situado en el terreno del olvido la importancia de lo que comemos y bebemos cada día, una vez cruzada la linea de la enfermedad o poco antes de traspasarla.
El cuidado por aquello que ingerimos por la boca no suele formar parte de la práctica de la medicina convencional. No es de extrañar que combinado este hecho con las posibilidades que nos da internet los datos empezaran a circular como en ningún otro momento de la historia.
Las opiniones son múltiples y muy distintas. Las hay para todos los gustos como los sabores que podemos llegar a masticar. Una expuesta muy recientemente es esta. No tiene desperdicio:
Sobre las dietas hiperproteicas se debe haber escrito todo lo que el reino vegetal haya sido capaz de servir al subsector de la industria del libro convertido en receta. A la vez que algunos las recomiendan para rebajar peso también advierten de la peligrosidad de repetirlas.
Por opiniones no será. Cuando el saber no ocupa lugar y suma conocimientos bienvenidas sean. Así actúa la red que nos abastece de datos de manera barata. Son muchos, muy distintos y constantemente contradictorios. Tan opuestos como la exposición que nos ofreció el mismo José Luis hace algún tiempo en la que nos había dado a conocer la eliminación del azúcar de su dieta como secreto de su pérdida de peso. Era así de simple pero descubrimos que sólo era parte, había algo más. Resulta que sigue unos patrones nutricionales propios de esquimales para dejar al auditorio gélidamente patas arriba.
La magnífica pincelada que nos ofrece no es más que eso. Otra opinión contrapuesta a las muchas que pululan por inmensas estanterías, ondas, antenas, satélites y cables de fibra óptica que nos mantienen en el delirio gástrico más variado de todos los tiempos. Hace algunos siglos el debate sería inexistente con unos medios de comunicación o con otros. En el interior de la península ibérica no se hubiera probado el pescado en abundancia por mucho que el mismísimo Paracelso lo hubiera recomendado. Los medios de transporte no estaban para esos trotes.
Tampoco estaban mis oídos preparados para escuchar estas opiniones. Aunque siempre creí que desde tiempos inmemoriales existe el debate sobre si el hombre es carnívoro, herbívoro u omnívoro. La misma Biblia creo que lo refleja en sus principios cuando nos relata el pecado original. Aquella fruta prohibida que tras ser ingerida avergonzó a hombre y mujer quizás no era del reino vegetal.
La escasa humanidad de los inicios de los tiempos quizás se debatía entre devorarse o solamente lamerse. Quizás se debatía entre el canibalismo más convencional o el simple roce entre carnes, que nos conduce a uno de los adelgazamientos más placenteros jamás conocidos. En el más evolucionado homo economicus puede hacer estragos más allá del organismo físico. Hasta en la cartera más vacía puede llegar a hurgar algún o alguna dietista que administre con su propio cuerpo la dieta del cucurucho. Hasta a los arruinados por haber adquirido todo el recetario del vegetarianismo, veganismo, crudivorismo… queda un rinconcito de grasa en su tarjeta de crédito por limpiar.
La decisión si nadie lo remedia está en manos de cada uno. Pero el debate cada día más nutrido. Cuestión de seguir sumando opiniones para enriquecerlo. De lo contrario lo escogido no es una elección sino una imposición, consecuencia de la poca disponibilidad de pareceres. A pesar de este nuevo hallazgo intentaré no olvidar las reglas de hortografía. Por si después no hay dieta hipoproteica que lo remedie prefiero continuar desconociendo este tipo de mundos que están en este:
Un banco malo se disponía a abrir las puertas en nuestro país tomado por los plazos cada vez más exigentes de las obligaciones contraídas. Luis de Guindos tenía un plan pero no sabía cómo articularlo. Podía ser esa o cualquier otra solución. La cuestión aparentar que hace algo.
Ante lo único que se distingue perfectamente como sobrante en los balances había varias ideas y ningún remedio sencillo. Como cualquiera de nosotros notamos perfectamente las acumulaciones perversas en nuestras tripas o las mucosidades de nuestros bronquios. Más vale que falten y no que sobren. Para llegar a esas conclusiones no son necesarias grandes carreras en ninguna escuela de negocios. Pero a todos los que ocupan altos cargos se les exigen grandes titulaciones. Sin duda lo que mejor cumplen es marear la perdiz. Aunque en tales especialidades no hay titulación ni oficial ni oficiosa.
El engendro del banco malo ya estaba en el imaginario del anterior gobierno y sigue revoloteando un poco menos. Un gran alivio llega de los mejores rincones del planeta que todavía están en precampaña electoral. En la Moncloa se han tomado un respiro en su lucha contra los recursos escasos, pero deberán retomar la senda imaginativa. El momento en el que alemanes y estadounidenses se decantarán por alguno u otro vendedor de humos está próximo. Sin contar el verano donde todo se paraliza en la misma esquina.
El margen de maniobra del FROB llegó a ser peligrosamente escaso tras la caída de pequeñas entidades. No soportaba ningún conflicto más y fue necesario aumentarlo para seguir tapando el problema de fondo de la banca española. Los principales contribuyentes de este colchón eran las mismas entidades que el día de mañana podrían ser invitadas al mismo destino. Motivo por el cual no podía acumularse un gran capital al rescate de las primeras víctimas. Se encuentran los endeudados en una espiral de financiaciones y refinanciaciones cada vez más difícil por varios factores. Se encuentran los financieros en estado de financiación continua, aunque de diversas maneras, hecho que lleva a pensar que unos están más sanos que otros.
En primer lugar el estado agotado como el FROB tiene necesidades de captar liquidez. En segundo la disminución de este mar que inundaba antaño cualquier agujero comprometido terminó. El resultado es un evidente aumento de la retribución a la cual el capital está dispuesto a anclarse durante un tiempo en cierto paraíso.
Por si el camino no era suficientemente dificultoso el gobierno lo complicó un poquito más. La guerra no regulada a la hora de conceder créditos se transformó en la supervisión de los tipos pagados por obtener un balance equilibrado.
Hace algo más de un mes contratar un depósito que rentara más de un 2,80% anual empezó a suponer tener que aportar una cuota extraordinaria al maltrecho FROB por parte de la entidad que se atreviera a ofrecer tales remuneraciones. Ahora se insinúa que la paz podría firmarse entre las entidades, pero por imperativo legal. Llámese antes multa y ahora imposición. Llámese antes tributo y ahora confiscación de sangre.
Exactamente lo mismo ocurre en las carreteras. Primero se reduce la velocidad, después se aumenta y ahora terminará habiendo un abanico de posibilidades a la hora de apretar el acelerador. La calma circulatoria es lo de menos. Pero hay que aparentar que para algo han sido elegidos. Los políticos tienen la obligación moral de politiquear.
La banca está que trina como los conductores. No era muy bien vista la creación de un banco malo. No son bien vistas las limitaciones cada vez mayores a la libertad a pagar intereses. Los resultados son pésimos y mucho más en lo que se refiere a los obtenidos en territorio patrio. Las salidas al exterior cada vez más dificultosas. La vuelta con algún tesoro cada día se hace un poco más imposible. No hay filial capaz de compensar la caída del beneficio nacional. Otro factor que se suma a los anteriores. Otra gran colchoneta que se deshincha a ritmo elevado mientras el nuevo mundo crece a tasas mucho más reducidas. Los dos dígitos de crecimiento chino o indio cada día están más lejos. Las tasas de morosidad brasileñas se van europeizando.
Como solución sólo existe la que los grandes insinúan y es no hacer absolutamente nada. Ellos lo creen así porque se ven capaces de absorber a toda la competencia. La solución implica no gastar absolutamente nada en resucitar cadáveres de las tumbas. Simplemente ocupar el puesto del reyecillo muerto. Se quieren encargar de apropiarse de algún diente de oro a precios irrisorios, como en las subastas desiertas que tanto frecuentan pero situados en el bando contrario. Pretenden sobrevivir algún tiempo más que sus competidores si todavía les queda algo de raciocinio. Lograr sobrevivir eternamente significaría haber marcado la carambola más preciada de la historia.
El FMI sigue alertando de la morosidad oculta de la banca española pero ahora eso es lo de menos. El gran grueso empieza a estar fuera de nuestros mares hasta tal punto que lo griego es irrisorio. Pero el periodismo sigue lanzando mensajes dispersos que sin entrelazar no comprende. Sumada la advertencia a la publicación de cifras oficiales, es de suponer que la mora se encuentra en el nivel más alto de toda la historia. Ya no tenemos momento peor donde mirar pero sí lugares mucho más convulsos. La progresiva expulsión de filiales de los territorios conquistados no es más que un movimiento desesperado ante la incapacidad de progresar. Asistimos al definitivo cierre del imperio reconstruido durante los años 90 para desgracia de conquistadores y conquistados.
El problema de fondo es el de siempre pero con distinto collar. Es el problema de errar en el diagnóstico de los problemas que convierte en imposible el hallazgo de la solución. Por eso hay tantas conocidas y muchas más por conocer. Con este panorama hay que empezar a encomendarse al cielo. Pero en unos lugares rezarán al pisito, en otros al combustible.
Nuestro viejo continente siempre tuvo que apechugar con un tránsito de seres pintorescos, pero los de ahora se ganan la palma. La hazaña de Aníbal cruzando cordilleras con su tropa de elefantes o la de los peregrinos de pueblo en pueblo, con lo puesto camino a Santiago o La Meca, pasaron a mejor ridículo.
Ahora grandes masas recorren sucursales bancarias intentando evadir el corralito que nos viene encima. Intentan llenar maletines de billetes preciosos y metales ligeros, aunque imprecisos ambos para la fabricación de cualquier vehículo motor.
Recorren calles de asfalto y caminos de tierra guardando su particular secreto bancario en sus manos. Llegan a falsos templos, víctimas de falsas religiones y encandilados por falsos dioses revestidos con túnicas moradas marcadas por la divinidad. Si los observan correctamente se darán cuenta que no llevan dorsal aunque un cinco seguido de dos ceros pudiera aparentarlo. Es simplemente algún billete que les sale de la riñonera, ganado a pulso en una interminable carrera hacia la perdición.
Buscan el paraíso de la solvencia que creen está en la tierra. Pero en realidad hacen el primo intentando sortear una prima que les vacila. No hay más riesgo que salir de casa cuando empieza el temporal.
Los banqueros que si por algo se han caracterizado durante las últimas décadas es por conceder cantidades crecientes de deseos, reaccionaron a tiempo. Ante tal movimiento de maletines, las entidades con presencia internacional realizaron llamadas ofreciendo la posibilidad de trasladar exclusivamente capitales hacia otros lugares, sin necesidad de acompañarlos físicamente por esas peligrosas veredas. Las que no están fuera de nuestras fronteras se las apañaron para entablar amistades con otras que sí lo están y podrían custodiar grandes sumas en sus maltrechos balances, pero extranjeros.
Quien creyera que alguna de las entidades financeras sin presencia en otros países ingeniaría algún sistema alternativo y eficiente de evasión de capitales por tierra, mar o aire está equivocado. Ni siquiera una pequeña agencia de viajes veremos nacer con motivo de este absurdo turismo financiero. De todo eso ni saben, ni quieren saber, porque su teletransportación monetaria les parece suficiente para terminar con la sed en el mundo.
Los emigrantes, más que en ningún otro momento han perdido el poco raciocinio que les restaba. Un ejemplo son los argentinos que huían del corralito, hacia otro corralito, para terminar acorralados en la compra de dólares. Se alejaron de las prohibiciones de su tierra para meterse en líos mucho más monumentales de su metrópoli en ruínas. Ahora se debaten entre sufrir el corralito fuera de casa o en el hogar junto a la familia. España tras años de convivencia con estos fugitivos debería almenos haber tomado nota de estas experiencias gratuitas.
La solución se encuentra más cercana de lo que creemos. No hace demasiado algún ser benevolente depositó en mi buzón una receta infalible. No procedía de ningún financero convencional sino alternativo. Pero tampoco es cuestión de negar las mayores videncias pseudocientíficas (noc) de una homeopatía financiera que puede con cualquier calamidad. Para ello no es necesario ningún trabajo del laureadísimo Luc Montagnier sobre la memoria del agua. Es conveniente recordar que ninguna deuda se paga con algo que no lo sea. El líquido financiero es así de endogámico y con memoria muy selectiva.
La solución implica aceptar masivamente el crédito, como el que llegaba a mis manos aquel día en el que estúpidamente lo eché a la papelera. El tarot bancario falló estrepitosamente pese a dictaminarse con las cartas marcadas. Ahora toca peregrinar, pero permaneciendo totalmente quietos, intentando transmutar cualquier papel en oro y todo lingote en determinado papel. Quien esté libre de pecado que lance el primer diamante.
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Un gran debate revolotea por las calles. No es el típico que precede a unas elecciones esporádicas, sino el eterno de la cotidianedad. Es aquel que tenemos cada día cada uno de nosotros mismos. Comprar o vender. Usar o tirar. Pagar o robar.
Grupos altamente organizados han decidido que en Cataluña los peajes va siendo hora de levantarlos. Pero ante las reivindicaciones, las reticencias aparecen en uno u otro momento. La disponibilidad de recursos institucionales para el rescate es mínima. Incluso después de la gran inyección de inyecciones.
Las multas son más necesarias que nunca para subsanar las cuentas que en su día no fueron capaces de financiar algunas grandes infraestructuras. No es de extrañar que las autoridades no se ensañen con este fenomenal movimiento. En primer lugar contribuye a la financiación de las arcas públicas. En segundo y de forma más importante es trascendental en la creación de un debate público sobre la conveniencia de circular gratuitamente o previo pago.
La conclusión será demoledora. Las multas por negarse a pagar en la cabina y las pertinentes al entorpecimiento circulatorio serán lo de menos. Pueden utilizarse para financiar a corto plazo vacíos monetarios. Al final del proceso podrían ser perdonadas como retorno simbólico de un favor impagable. Porque la conclusión puede ser irse transformando los peajes en muchos más. O alternativamente en otras formas por idear que traduzcan kilómetros recorridos en precio pagado por la erosión al firme, que sirve de excusa a las concesionarias para justificar la amortización que jamás se produce en este tipo de infraestructuras.
Si las cuentas públicas no están en su mejor momento las privadas no son la excepción. Los viajeros pueden hacer frente a viajecitos en empresas de vuelos baratos pero poca cosa más. Y últimamente ni eso. Según datos recientes empieza a descender también el uso de las latas de sardinas volantes. Pero no para incrementarse el consumo de caviar sino todo lo contrario.
El sector del taxi tampoco anda muy desahogado. En uno de los principales aeropuertos de AENA es incapaz de competir con el ferrocarril o el autobús a la hora de acercar al pasajero a la ciudad. Pese a tener precios distinguidamente caros los transportes públicos que circulan entre el aeropuerto del Prat y Barcelona, este tipo de oferta no es suficiente. El gremio baraja la posibilidad de empezar a aplicar tarifas fijas de alrededor de 15 euros. Precios adecuados a la nueva demanda que se ha ido gestando en estas últimas décadas. Tarifas a la baja que terminarán condenando al taxista a pedalear por falta de capacidad de adquirir combustible.
Pero tranquilos que al final todos andando, que es gerundio.
Tras tres semanas dejándose notar, los mineros todavía no suman ningún logro. Se han demostrado a ellos mismos que se encuentran en un óptimo estado de organización que les permite seguir la lucha. En julio, las calles madrileñas los verán desfilar sin celebrar victoria alguna. En esta ocasión la batalla se antoja más difícil, por el contexto recesivo en el que nos encontramos. No hay demasiados recursos públicos para mantener unas subvenciones que sólo son bien vistas allí donde las reciben, de manera directa o indirecta.
La gran opinión no la tienen en contra, pero inteligentemente las autoridades permiten escenas de violencia para que todos los medios las reflejen en las portadas. Una manera muy curiosa de luchar contra la rebelión de unos trabajadores más privilegiados que el resto. Si a unos parece importarles bien poco la vida de los viajeros que chocan contra sus barricadas, a los otros no les importan los seres que las levantan ni los que las soportan. Mientras se pueda pasear por los palacios todo está a salvo.
El modo de vida del minero está gravemente en peligro. Pese a contar con relativos buenos salarios nadie sabe cuáles son sus obligaciones contraídas, pero se intuyen elevadas. Una prueba palpable de que las grandes sumas conseguidas, fruto de la lucha mantienen a los luchadores en la misma lucha, lejos de superarla. Llegados al abismo la única solución posible es la garantía de continuidad de unos flujos. De cerrarse pueden causar estragos y lo saben perfectamente allí donde dos décadas atrás los sufrieron irreversiblemente.
La minería supone una peculiar minoría dentro del conjunto de trabajadores. Pese a tratarse de un grupo reducidísimo se agrupa perfectamente porque vive exclusivamente en pequeñas zonas. En esos minúsculos territorios crea complicidades con el resto de la población. En situación de huelga los establecimientos comerciales o escuelas rinden homenaje a los huelguistas. A diferencia de lo que ocurre en las convocatorias de otros gremios. No en vano, tampoco hay que desdeñar el alto poder adquisitivo del trabajador de la mina que inyecta a la perfección su salario en la economía de la zona que habita.
Los emolumentos por meterse en una mina siempre fueron un tanto más elevados que los percibidos por descender día tras día a las cloacas. Con peligros similares, pero sin arma alguna y ninguna organización los rendimientos son mucho menores. Pero la soga jamás la vio tan cercana nadie como un minero y de ahí las reivindicaciones. Primero por la subsistencia y años después por unas condiciones que milagrosamente mejoraron en vida.
Pero eso es lo que era y ya no es. Actualmente la minería también se ha dado cuenta de que el gran subvencionador puede dejar de serlo. De perdidos a batallar aunque sea por la consecución de otro impuesto revolucionario. Sin eufemismos, es por ese tributo por lo que realmente han vivido hasta ahora mejor que la mayoría. Disponen de la misma dinamita que el ejército en sus mejores tiempos golpistas. Si no se levantan unos lo han hecho los otros a lo largo de la historia. Unos ya han dado el primer toque y la mayoría sigue como si no ocurriera absolutamente nada. Como casi siempre pero un poquito más. Así no es demasiado difícil intuir que la próxima dictadura será castrense o se decidirá en alguna mina. La democracia la seguirá proclamando cada uno entre el resto de los mortales.
Tenemos un gobierno que no nos lo merecemos. Un país que solamente piensa en la eurocopa tiene un presidente que se permite viajar exclusivamente el rato necesario para presidir el encuentro que daba inicio a la andadura de la selección en la máxima competición continental. Para después explayarse, una vez llegó a casa.
Nos contó lo que su secuaz de Guindos había hecho el día anterior y algunos desagradecidos no terminaron de darle las gracias. Pocos tuvieron la delicadeza de analizar lo que significaba el enigmático rescate y muchos menos aquellos confiados con la benevolencia de las autoridades.
A los mercados el regalo a la banca les supo a poco. Querían más madera para apuntalar un edificio en llamas. Tampoco esta vez se destacaron con un gesto hacia los centinelas del beneficio. Aunque sea momentaneamente, la reconciliación entre las pantallas financieras y las de los hogares es un hecho. Aunque la razón no sea la retransmisión de los partidos en las bolsas. Ni el seguimiento de las bolsas en los hogares. En el parquet no paran atención a unos equipillos que jamás cotizarán como sociedades anónimas. Por poner un ejemplo entre Grecia y Alemania la mayoría se decanta por el árbitro que no es aquel que silba, sino la marca que consigue vender más camisetas.
El ciudadano rescatado sin embargo no se conforma con haber aliviado la pesadilla de la deuda. Porque entre otras razones no hubo rescate sino un monumental crédito a las entidades financieras. Un movimiento sorpresivo que sirvió para dar la señal a toda Europa de que el dinero se podría terminar pero a su vez siendo infinito. Así es como el BCE advierte a los intrépidos agentes económicos que carecen de otra camiseta para vender que la puesta. Siguen incapaces de imaginar como el dinero para adquirirla es inmenso, con tanta reticencia a repartirlo.
Tampoco fueron rescatadas las mentes más perversas que ven en la apropiación indebida la única causa con la que se explica la crisis. 100000 millones no lograron ser necesarios para entender que de haber gastado la casta política esa cantidad en mujeres, mariscadas, coches oficiales y tabacos varios ocuparía el resto de la vida una cama de algún hospital y no el parlamento.
Si por algo hay que dar especialmente las gracias es por la preservación del patrimonio despreciado por media Europa. No merecía ningún europeo ninguno de esos pisitos edificados para su cartera y de momento no los disfrutarán. Es conocido que España edificaba más viviendas que Alemania, Italia y Francia en conjunto. Pero menos que no eran construidas para contemplarse. Eran para compartir bienestar. Unos se dedicaban a vestir a todo el continente con sus imprescindibles modas y los demás a fabricar automóviles con los que dar la vuelta al mundo para terminar en la cochera de casa. España sacrificó su territorio para dar cabida a todos esos productores de artilugios que prefirieron continuar malviviendo en sus estados, rodeados de comida basura y celulitis exasperante.
Tras el rescate, Seseña continuará siendo un municipio como los otros 8000 administrados por las autoridades que no nos merecemos. Esas que están los momentos justos en los lugares adecuados. Esas que gestionan aquello que la ciudadanía es incapaz de decidir en el descanso de cualquier encuentro de la selección. Los mismos que tampoco serán rescatados de su trasnochada ley marcial por la que los pisos siempre suben. ¿Se atreverán a decir también que España siempre gana la Eurocopa?
Quien no esté acostumbrado puede irse ejercitando. Dispone de un vasto oasis griego donde practicar intensivamente el cambio que se nos avecina. El proceso está escrito, pero la dirección es confusa.
El camino de la perdición no solamente se inició en Grecia, sino en la práctica totalidad del continente. Los mercados no son los únicos que tambalean ante la falta de rumbo político. Todo está sometido a la agitación en la más profunda calma.
En Irlanda la población refrendó la austeridad que anteriormente se impuso desde altas instancias. En Extremadura, tres localidades se atrevieron a meter el dedo en la llaga decisoria. Toros o empleo era la cuestión. Siendo la respuesta fiesta, por encima de todas la cosas. En cambio, en Suiza donde los presupuestos son generosos en la partida para papeletas, ante la disyuntiva de aumentar o disminuir la jornada laboral expresaron la opinión menos populista. Optaron por ir muriendo en el puesto de trabajo, en lugar de tener tiempo para ser víctimas de alguna cornada.
En cada lugar se elige cómo morir. Pero sólo los familiares de la víctima dónde será enterrado el cadáver. En los hospitales, en cambio no se plantea ni eso. La muerte está censurada pese a ser el destino final de todos los que algún día transitan por allí. La hipocresía no es patrimonio político sino de la humanidad.
La imposibilidad de formar gobierno tras los últimos comicios griegos llevaron a otros. En los que vienen un conjunto de cadáveres del disenso se enfrentarán a las urnas más divididas de toda la historia. Donde no ha habido consultas concretas, como en Suiza, Irlanda, Islandia o Dinamarca sólo hay sondeos amañados según el resultado que revelen. Sólo queda la opción de depositar programas más extensos para afirmar o negar las compañías de baile. Unos se expresan a favor y otros en contra de políticas concretas e imposiciones internacionales. Como en tiempos de dominación otomana unos eran afines a los conquistadores y otros desertaron como conquistados.
Sabemos poco sobre la simpatía griega por el resto de Europa. Sabemos todavía menos sobre la cordialidad entre el resto de Europa y Grecia. Como sabemos poquísimo sobre helenos y turcos. Sólo indicios en documentos, crónicas, episodios de violencia y restos fragmentados de un pasado que no necesariamente fue peor. La demoscopia no tiene porque ser mejor que la democracia o la demagogia.
Sabemos también poco de lo que pueden deparar las urnas en la Grecia del próximo fin de semana. Los partidos a favor del ajuste ganan terreno para empezar a perderlo en la próxima encuesta del periódico rival. Pero una cosa almenos está clara y es que la formación que dominó la política en las últimas décadas está al borde la extinción. Como cualquier resto imperial viajó de vuelta hacia el estrecho de Bósforo hace algún siglo y no volvió jamás. El Pasok se encaminó al aterrizaje desafortunado.
En las urnas de los próximos comicios griegos ya no cabrán largas listas con extensos nombres y apellidos. Empezarán a reducirse a unas sílabas más sencillas que son capaces de habitar en las masivas mentes sencillas. Con cuatro letras y probablemente otra vez poco más de cuatro partidos en la cámara, se escuchará exclusivamente el típico ni sí ni no sino todo lo contrario.
Las promesas esta vez son más claras. Por poner un ejemplo más cercano de un país más atrasado, la linea argumental del último debate entre Rajoy y Rubalcaba ya no tendría cabida en el panorama propagandístico heleno. Pero aún así será difícil cumplirlas a rajatabla. La ciudadanía se encargará en última instancia de organizar alguna manifestación o huelga cada pocos días. La presión a unos dirigentes asustados por perder apoyos entre las masas persiste cuando el atrevimiento es extremadamente elevado. Tanto, que ante la posible inoperancia del parlamento nuevamente electo a alguien pueda ocurrírsele plantear directamente decidir algunos puntos clave.
La patata arde y está a punto de ser transferida hacia la plebe. Como las pérdidas consecuencia del riesgo. En la parte más llana del gran hemiciclo heleno las escisiones refundan cada día alguna familia sin presencia mediática alguna. El transfuguismo es la constante donde las cámaras no dan cobertura. La violencia es un hecho, aunque los titulares sólo recojan la que propinan los dirigentes de la extrema derecha contra los aspirantes a los escaños de la izquierda. Pero la afición por unas pocas sílabas destila buenas luces en la dirección a tomar. La confusión se vive en grado supremo a la hora de vislumbrar cómo traducir el deseo en imperativo. Para eso están los profesionales. Para intentarles convertir en responsables de las malas decisiones arriesgadas tomadas desde abajo. Pero también está la policía para recordar que las decisiones son para acatarlas.
La policía votó en masa al partido neonazi. Cuando había dado la vuelta al mundo aquel comunicado en el que se declaraban los cuerpos defensores del pueblo, por encima de todo representante. También pudimos ver como se despedían los representantes de amanecer dorado, con el puño levantado de manera similar a lo que sucedía en los mejores tiempos del fallecido Labordeta. Si los parlamentarios viven en la más extrema confusión los defensores del orden elegido no se quedan a la zaga. Confundidos y confundiendo a un electorado que tiene claras las lineas pero desconoce cómo trazarlas. Hasta que le confunde del todo el mismo defensor del consenso.
También han salido a la luz nuevos datos sobre la popularidad de la ley antitabaco. Resulta que 8 de cada 10 españoles ven correcta la prohibición de fumar en los bares. Después de más de 30 años en democracia podían haberlo expresado antes si tan claro lo tenían.
De un día para otro la peligrosidad de los humos emitidos desde muchos tubos de escape ha aumentado. Así es cuando la legitimidad para sentenciar determinadas partículas la tienen unos pocos olfatos. Pocos descerebrados debían pensar en la conveniencia de aspirar gases procedentes de la combustión de sustancia alguna. No era frecuente ver a individuos con problemas respiratorios acercarse a una vía congestionada, sino todo lo contrario. Por fortuna creaba más asco que vicio. Aunque sea por aquel instinto que todavía nos mantiene en vida alguno se atreve a beber sustancias inflamables, pero casi nadie a respirar sus humos.
Si respiramos gases desagradables lo hacemos por obligación. Desde hoy, por impiedad de una gran mayoría que se atreve a enfermar a otra gran masa de población. Desde hoy ya no es tan solo desagradable sino pernicioso. Lo concluyó ayer la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). El humo del diésel, que se consideraba un posible carcinógeno desde hace más de dos décadas, ascendió al podio de los causantes de cáncer de pulmón.
Mientras la conclusión se hacía esperar el anuncio de la sospecha no tuvo demasiada difusión. Los riesgos subestimados mantenían calificada una tecnología como punta. Hoy le sobra una letra a esa etiqueta. Más puta que nunca, advierte el organismo de los organismos mundiales que es conveniente rebajar su uso.
Tras la sentencia habrá que esperar a las reacciones de los gobiernos que son quienes velan por nuestra esplendorosa salud. La OMS no pinta nada. Simplemente avisa a quienes quieren escuchar.
La prohibición sería una magnífica manera de remontar una crisis de producción. Aunque sea a costa de estimular la fabricación de otros artilugios probablemente nocivos. Hasta alguna década más adelante cuando salgan estudios que puedan confirmar evidencias sobre la inconveniencia de seguir por ese camino. Pero que nos quiten lo recorrido aunque sea en la dirección erronea.
La investigación es otra posibilidad. Detectado el problema se abre un mar de indagaciones de posibles soluciones. Hasta que otras tecnologías mucho más demoledoras perjudiquen más seriamente la salud pública. Pero por esta vía seguiríamos andando que es de lo que se trata.
La persecución judicial supone otra manera de proceder. Las altas instancias han conocido la culpabilidad de un grupo hasta hoy presunto. Hoy pasan a ser genocidas y sus efectos considerados una masacre. Los tiempos de crisis equivalen a momentos en los que unos nos culpabilizamos a otros con facilidad y alevosía. Un momento idoneo para identificar algunos culpables más de la quiebra de las cuentas sanitarias. Los propietarios de motores mortíferos, los fabricantes o algunos ingenieros podrían añadirse a la lista de criminales más preciados. U obtener el perdón eterno a cambio de algún impuesto similar al del nefasto tabaco.
¿Qué cree usted que hará nuestro bondadoso gobierno? ¿Autorizará simplemente alguna patente para pasar página?¿O dejará de difundir el libro?
Han cambiado los hábitos de consumo pero todavía falta un buen trecho. También cambió el año hace 5 largos meses. Lo que tardó la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) en dar a conocer el Informe Económico de 2011. Datos interesantes se pusieron encima de la mesa.
El número total de empresas se reduce a una tasa aproximada del 3% pero esto no impide la dominancia en el sector de las PYMES que representan el 96,2% del total. El número de trabajadores empleados creció en un 0,4% cosa que supone un 20% del total de la industria. No es de extrañar que la tasa de paro sea la mitad que en el conjunto del país.
La alimentación todavía es imprescindible y todos lo sabemos. Tan claro lo tenemos que en la mayoría de los casos supone la primera salida mental hacia la crisis particular que cada despedido padece. Si no piensa en un bar tiene en mente una granja de pollos. Otra cuestión a cortísimo plazo es que el proyecto sea factible. Los capitales de cada uno permiten lo que son capaces de adquirir. La clientela acaba juzgando a largo plazo la rentabilidad de aquel pequeño porcentaje de proyectos que sale adelante. El desempleado no suele ser de estirpes millonarias para permitirse diseñar grandes infraestructuras. Pero algún afortunado existe con capacidad de distribuir alguna que otra cosa. Producir todavía es más costoso y reservado a otra minoría mucho más exigua.
Los que mayor fortuna acumularon en el pasado año fueron aquellos que optaron por la dedicación al mundo de la comida. La fabricación de alimentos sólidos creció un 1,8% frente a la caída del 4,4% en la industria del líquido. Un dato demoledor desvelado por un informe económico que no debería pasar desapercibido. La recesión nos empuja hacia lo más necesario.
Ineludiblemente muchos consumidores han aprendido a valorar aquella bebida que no se fabrica. La mejor de todas como es el agua resurge sin alcanzar el esplendor perdido. Las cifras así lo avalan, como también la lentitud del proceso. Han cambiado los hábitos pero no drásticamente. Por eso, quizás a la mayoría tampoco le importe demasiado lo que come, sino exclusivamente su precio. Por eso más que crecer el consumo de alimentos simples como los cereales lo hacen mucho más los procesados de menor precio como las pizzas. La fijación por la marca empieza a tener el mismo interés que la preocupación por la lectura de los ingredientes.
Hace algunas semanas finalizó la liga más rara de toda la historia reciente. Con el Valencia en tercer puesto engañoso. Más cercano en puntos al último que al primer clasificado.
Tras un inicio de campeonato titubeante, uno de los clubes con una progresión más meteórica del pan y circo español daba los primeros síntomas de torcer la racha que lo había ascendido de la modesta tercera división hasta el más alto nivel continental.
La final de la Champions League tenía una plaza reservada para el Villarreal pero no pudo ser. No fue capaz de dejar en la cuneta al todopoderoso Manchester United, en aquellas semifinales que devolvieron el esplendor a un Riquelme despedido de los grandes coliseos.
La temporada 2012-2013 estará marcada por la vuelta a la realidad en una localidad de apenas 50000 habitantes representada hasta hace muy poco por un club en lo más alto del fútbol. Si los despachos no se encargan de mantenerlo en el pedestal por causas ajenas al césped el conjunto amarillo deberá codearse con otros rivales. Serán sociedades anónimas deportivas, como hasta ahora, deudoras con la hacienda pública, la seguridad social, la banca o los jugadores, pero de segunda división.
Caso parecido ocurrirá en la Coruña o Vigo aunque pueda parecer lo contrario. Pese a recuperar la máxima categoría difícilmente nos encontraremos con clubes gallegos en Champions League y menos disputando semifinales. Los sueños europeos terminaron y a la vez se transformaron en pesadillas donde aparece con frecuencia la posible pérdida de lo obtenido.
El masivo reencuentro con la realidad no es tan depresivo como nos lo pintan. Preguntemos a algún aficionado levantinista y hallaremos la respuesta en los éxitos de la pasada campaña. Cuando pocos tiran más el brazo que la manga un equipo de retales inteligentemente bordados logró plaza en competición europea, aunque para disputarla simbólicamente. Otros equipos similares serán candidatos a tales hazañas tras los primeros compases de la próxima temporada. Cuestión de encadenar rachas positivas que destierran las urgencias por los puntos y los goles se empiezan a sumar con mayor facilidad. Cuestión de verse salvados del descenso a muchas jornadas del final de la liga y las victorias van cayendo del lado de aquellos que empiezan a disfrutar de los encuentros, como de los torneos amistosos veraniegos sin importancia alguna.
El buque insignia de la irrealidad fue secuenciando la avaricia a la perfección. De fichar grandes estrellas pasó a venderlas a cambio de suspiros en las cuentas durante algún tiempo. De construir un inmenso estadio pasó a concentrarse en el histórico Mestalla eternamente en venta sin comprador solvente. La vuelta a la realidad nos acerca a casa, nos empuja a estar exclusivamente con la familia. Europa se empieza a divisar muy lejos y los créditos que antes eran ingresos son deudas cuando hay que pagarlos.
Nada de lo que permitió la mayor burbuja crediticia de la historia era ficticio. Los jugadores de talla mundial pisaban el césped y celebraban los goles en los más selectos burdeles. Lo dificultoso era devolver las deudas con regates o copas, que más simbólicas que reales, carecían de liquidez alguna.
Cuando asumimos que las deudas no son ingresos lo peor que podemos hacer es asimilarlo a un desengaño. Deberíamos restringirnos al ámbito de la realidad perdida. El 7% de morosidad de Bankia era ficticio o cierto. Dependerá de que mañana sus deudores paguen las facturas al unísono o sigan como hasta ahora. El 45% de cobertura de riesgos y por supuesto los 300 millones de euros de beneficio tampoco lo fueron. O quizás sí, en el supuesto que las subastas de inmuebles hasta ahora desiertas, se pueblen hasta formarse colas kilométricas.
En las finanzas no hay artistas que a base de un buen juego permitan cambiar la percepción de las cuentas. Los desastres son más difíciles de digerir sin eurocopas que pongan la guinda a toda una temporada. Pero los números por sí solos siguen dando mucho juego. Cuando para unos los créditos son ingresos y para los otros activos, los beneficios se socializan a la perfección. Cuando la realidad se tuerce, el retorno sólo permite mirar el trofeo conseguido sabiendo lo difícil que será transformarlo de nuevo en un número.
A los seguidores del Villarreal sólo les quedará la grandeza como parte del pasado. Volvieron a la modestia de la mejor manera posible. Ficharon un entrenador con fama de campechano que asciende equipos a la máxima categoría. Pero precisamente por sus magníficos resultados fue despreciado en los grandes banquillos hacia los que no tenía el mínimo temor.
Descansen todos en paz. Lo conseguido fue bastante. Vienen tiempos de rápidos sucesos. Un día se empieza a sospechar sobre la veracidad de las cuentas del gigante surgido de la fusión de varias cajas. En menos de un mes se escuchan las primeras voces referidas al corralito. Esta vez ya no proceden de la cajera del supermercado. Sino de altas instancias económicas que están tratando de dibujarlo en su imaginario. No discuten si tendrá lugar o no. Tratan de pensar en la conveniencia de aplicarlo solamente en Grecia o algún territorio más.
La plaga de recortes sigue su camino inexorablemente. En esta ocasión no me atropelló el coche tijeras en las puertas del dispensario clausurado. Fui embestido por el edicto anunciado en la caja de una frutería.
A partir de cierto día que está por ver, pues la vista no alcanza, la tradicional bolsa de plástico en la que se envolvía la compra será cobrada a un módico precio de dos céntimos de euro. Como alternativa al carísimo recipiente se ha empezado a comercializar otro envase más duradero. A mayor uso menor desgaste medioambiental.
Eso es lo que preocupa a nuestros representantes. El deterioro de nuestro entorno es tal que la tendencia señala la necesidad de aislarse del espacio colindante.
Estaban tan horrorizados los mandamases que tuvieron la brillante idea de cortar de raíz uno de los pocos obsequios que recibíamos al salir de un establecimiento comercial. Como despedida al dispendio no estaba mal.
Anteriormente al pago de la factura, habíamos tenido la delicadeza de seleccionar las piezas, con unos guantes fabricados con parecido material que las denostabas bolsas. Apenas usadas durante unos minutos y que por el momento continúan en la cartelera de la gratuidad.
Tras la selección, el género era introducido en pequeñas bolsas. Algunas veces cabría la compra entera en una de ellas. Pero seguirá siendo necesario usarlas para separar los distintos tipos de productos que adquiramos.
No es necesario condenar a la quiebra una cantidad creciente de fruterías que florecen en nuestro país. Ahora que los españoles tienden a consumir vegetales a borbotones parece que reclaman nuevos establecimientos. Simplemente es preciso un poco de cordura en el asunto. ¿Pretenden ahorrar las tiendas todas aquellas bolsas que obligatoriamente terminan en el contenedor junto con grandes cantidades de desechos que menospreciamos? ¿Pretendía el gobierno rescatar un sector antes de claudicar tras una expansión meteórica? El sobreprecio es lo de más en cada compra. La inyección vía venta de bolsas duraderas lechuga para hoy y hambre para mañana.
Las panaderías lo tuvieron más sencillo. Cambiaron el plástico por papel. Siguieron así, adelante con el derroche de recursos en el recubrimiento de lo que realmente nos importa. Malgastando toda la tinta posible en beneficio de la publicitación del establecimiento. Aunque todavía resta espacio para todo tipo de anuncios.
Una de estas actividades anunciadas podrían ser las escobas biodegradables. Con palo de madera y barredero de mijo, ratán o espiga. Sirven para lo mismo que las demás pero una vez limpiada toda la mierda del hogar conservan muchas propiedades. Sirven hasta para ser introducidas por el ano de alguna de esas autoridades que se esmeran en mantener tan impoluto este mundo. Allí donde habitualmente sólo penetra el micropene de sus parejas políticas. De moco simbólico, claro, como sus políticas simbólicas.
Un día que carece de importancia empezaron a torcerse los resultados que arrojaba el todavía imperante modelo de organización económico. La insignificancia del momento temporal no viene determinada por la poca importancia del suceso, sino por tratarse de un proceso gradual. Como el descenso del Villarreal a segunda división. No se fraguó en un mal trance a finales de temporada. Fue perdiendo el equipo la categoría durante el transcurso de cada partido.
La tendencia económica se torció porque era endeble. Dio paso a otra de distinto signo. Porque se desvanecía con un pequeño soplo de aire fresco. La dirección tomada nos hizo creer que una serie de catástrofes concatenadas se sucedían. La mayor desgracia de todas es que es imposible poner orden cronológico al proceso. Pero, inútilmente, la mayoría de economistas del planeta analizan y debaten sus hipótesis respecto el final de los finales…
Tienen un grandísimo problema en sus manos y no saben cómo resolverlo. Es de tales dimensiones que son incapaces de llamarle por su nombre. De hacerlo Europa se pone en pie de guerra empezando por Grecia y terminando por la vecina Portugal, con las barbas ya recortadas.
La sutileza es su arma. El engaño progresivo intenta terminar de reblar el clavo en nuestras mentes. No es cuestión de observar las inexactitudes pronunciadas por los políticos de todo el continente. Es ya momento de descifrar aquello que persiguen discretamente. Cosa bien sencilla pero que a la vez parece extremadamente difícil para una extensa mayoría.
Los economistas más ortodoxos son capaces de tejer una trama de argumentos alrededor de las palabras de unos políticos que no acaban de comprender las cuestiones productivas. Pero en cambio difunden a la perfección el mensaje más macabro de unos supuestos científicos trasnochados.
En tiempos de la Unión Soviética el sucesor de Lenin tuvo clarísima la estrategia a emplear en el objetivo de producir el máximo dados los recursos existentes. Es archiconocida la militarización del trabajo en un país donde sus ciudadanos prestaban una especie de servicio militar en el frente en vigilancia continua o en la pacífica retaguardia. Con un fusil o en una mina, da lo mismo. Lo importante derramar hasta la última gota de sangre para poner el antiguo imperio ruso a primer nivel planetario.
El problema es extremo y exactamente el mismo que se planteaban los planificadores quinquenales. La resolución es compleja. Por un lado la utilización del poder represivo hasta extremos de los años 30 llevaría al mismo poder a dimitir en cadena. Por otro los ánimos de las masas afines al regimen represor no pueden ser los mismos que ochenta años atrás. Las promesas no son creíbles en un entorno regresivo. Hace falta algo más de ingenio para convencer a la totalidad de la población que es necesario trabajar mucho más de lo que se trabaja.
El acoso de aquellos que se encuentran fuera del mercado laboral se sitúa en máximos históricos. Pero sirve de argumento en la consecución del propósito. El acoso de aquellos que acuden al puesto de trabajo a cambio de unas condiciones inferiores a las logradas en el mundo desarrollado es otro hecho. Pero sirve de consigna para seguir amenazando sutilmente una población en esencia asustadiza. Las deudas son otro arma arrojadiza utilizada constantemente. Pero que nadie se engañe. No pretenden solucionar su pago las reuniones de las élites europeas. Solamente tratan de idear la manera de poner el mono de trabajo al mayor número de población posible y durante un periodo lo más prolongado posible.
Las condiciones laborales fueron mejorando y en la misma medida los desincentivos a asalariarse. Tanto en el seno de las empresas como a su alrededor se tejió un amplio mar de bienestar que cada día invitaba a abandonar el puesto. ¿Todavía cree que preocupa el elevado nivel de deuda? Preocupa a los más ridículamente endeudados. A los dirigentes solamente les tiene profundamente aterrados que sean abandonados a su suerte. Son incapaces de dibujar la “O” con un canuto y le invitan muy sutilmente a que usted lo siga haciendo. Eso persiguen todas las reuniones de la diplomacia en la actualidad. Lo mismo que Stalin de forma compatible con los tiempos que corren.
Esta vez fueron los italianos quienes dieron otro pequeño vuelco al mapa político. Los sondeos lo apuntaban pero nadie les hace caso cuando insinúan un cambio real. Las elecciones municipales así lo han refrendado.
Los ciudadanos ejercieron ampliamente el transfuguismo inocente durante décadas. Ahora juegan al chantaje de verdad. En cada estado se instalaron dos fuerzas en representación de la derecha y la izquierda. Sirvieron para calmar los deseos momentaneos de cambio de los inconformistas. Donde gozaron de mayor pluralidad, las coaliciones post-electorales terminaron de formar las dos caras de la misma moneda, donde cada fuerza se adscribía.
La primera vuelta fue demoledora para aquellos que todavía estaban instalados en escenarios previos a la unificación. El vaivén a derecha e izquierda empieza a dirimirse hacia los denominados antipolíticos. Pero no solamente se inclinó hacia estos nuevos movimientos, sino que también lo hizo hacia la indiferencia abstencionista.
La proyección de intenciones quedó claramente dilucidada en la pasada cita electoral. El desengaño perfectamente expresado indica que la masa crítica se va decantando hacia una transición a un nuevo orden desconocido.
Las candidaturas ciudadanas empiezan a tomar las riendas del desorden. La más destacada, la de un original personaje del espectáculo que comandó una formación que se apropió de la importante alcaldía de Parma. Beppe Grillo es la punta de lanza de un grupo de gente en la que abundan panaderos, profesores, electricistas o informáticos. Por motivos obvios no se pueden lanzar al trampolín político. Necesitan una imagen contundente que sobresalga del conjunto para abandonar la dictadura de las formas. Pero sin un fondo concreto al encontrarnos todavía en fase de transición.
Los candidatos singulares tienen más fuerza que nunca, pero sin embargo son el último bastión de los representantes de los antiguos valores. Reciben los mismos oprobios que la pornográfica Cicciolina sin considerar la cola más larga que les acompaña. La exhibicionista parlamentaria a duras penas conseguía encender un pequeño porcentaje de electores asociando papeletas y pechos. Sus contrarios, si es que realmente existían, equilibraban fácilmente la balanza electoral.
Sin más apoyo que el otorgado en las urnas el transfuguismo se encarga de poner el orden en su sitio. Italia no vivió un proceso constituyente hacia una república pornográfica. La vida continuó al margen de política y tetas. No todos los personajes que aterrizaron en la esfera pública procedieron de la política ni todos los políticos de la esfera pública.
La política creó fama y más abundantemente la fama creó políticos. El vuelco se empezó a dar conviertiendo la anterior frase cada día menos cierta. La Liga Norte está tan hundida como el PSOE en España o el PASOK en Grecia. Sus famosos pasan a ser sus denostados.
Tocó en primer lugar a quienes se encontraban al frente del barco poco antes del hundimiento. En Islandia, donde el naufragio fue de Órdago conocen a la perfección los resultados del maremoto político. Han pasado algunos años desde que el Best Party o partido de los payasos iniciara su ascenso meteórico hacia lugares de prestigio.
El Ibex-35 volvió a vivir un lunes negro tras muchas sesiones de continuas bajadas. Los inversores más activos, que son aquellos que venden antes de comprar, perdieron grandes sumas monetarias pero en ningún momento los nervios. La sangre no llegó al río y apenas remontó el índice de la bolsa española niveles de hace una semana.
Las buenas noticias se reflejaban en las pantallas. Una pequeña mejoría en la tasa de paro propia de la época. Una contracción del volumen consecuencia de la festividad en Londres. Una pequeña disminución en la prima de riesgo propia de una decisión que se empieza a insinuar en pequeños círculos. El peso de la elevada deuda española podría ser menor de llevarse a cabo los planes para homogeneizar los tipos de interés pagados por los estados de Europa.
Mientras el Ibex se ha ido independizando de la evolución de los grandes índices mundiales los tipos de interés en los países del Euro han ido divergiendo. Contrariamente a lo ocurrido en época de vacas gordas, los precios de endeudarse difieren paulatinamente en la vasta geografía europea. El ascenso de las primas de riesgo ilustra bastante bien este fenómeno que, de momento sólo se ha vivido en la vertiente pública de la deuda.
El sector privado vive al margen de este fenómeno. Los tipos de interés siguen siendo simbólicos en la totalidad del continente. Los mayoritarios préstamos hipotecarios siguen anclados a un euribor que expresa el precio al cual los bancos están dispuestos a prestarse el dinero entre sí. El resultado es producto de lo que se exigiría a un griego, un irlandés o a un alemán a cambio de un poco de liquidez. El resultado es evidente consecuencia de la supremacía de las zonas donde la confianza no se perdió del todo. El antiguo Mibor quizás marcaría tipos de dos dígitos pero nadie lo denuncia. El soberanismo monetario es así de asimétrico.
Los reducidos tipos de interés que posibilitaron la orgía inmobiliaria dificultan la declaración de quiebra de amplios colectivos de deudores anónimos. Pero no tenemos bastante con el flotador privado que también necesitamos otro para las cuentas públicas. Ante la imposibilidad de hacer frente a intereses históricamente ridículos a escala española necesitamos pagar un poquito menos.
La deuda alemana es el gran referente y a golpe de insinuación conseguiremos no pagar absolutamente nada. Por algún motivo nos metieron en esto del Euro. Primero por las subvenciones y después por los intereses.
El gran peligro de los eurobonos se acerca. Pero los eco-monistas eurobobos son incapaces de verle la piel a un zorro acosado por zorras. En épocas en las que la devolución de parte de lo prestado es imposible, crear mecanismos que faciliten el retorno es perder el tiempo. Mejor echar la siesta, que es a lo que se dedican los más prestigiosos economistas del continente cada día.
Las mentes continúan demasiado somnolientas para pensar en usos del nuevo dinero que propicien tipos superiores al coste de imprimirlo. La única opción factible sigue siendo especular con todo tipo de activos y si es necesario crear burbujas en las primas de riesgo. El ladrillo enfermó y con los eurobonos morirá para siempre. En Europa se juega con otras cosas. Mañana por ejemplo, se seguirá apostando fuertemente por lo contrario a lo que se apostó hoy.
Me llamo Dani...él, vivo en Barcelona y no recuerdo lo que estudié ni cuando. Terminada mi larga enfermedad llamada titulitis empecé a autoaprender y a pensar libremente. Desprovisto de títulos nobiliarios por linaje y de títulos académicos por renuncia solamente me queda la desnudez intelectual necesitada de atuendo. Provisto por experiencia de una sensación respecto la verdad objetiva como inalcanzable me atrevo en este espacio a ir creando otra realidad subjetiva. Una de tantas con la que puede ser que simpatices o antipatices. Sea lo que fuere espero que lo expreses comentando en público, o bien en privado a través del correo tortillismocasero@gmail.com. Puedes realizar propuestas de todo tipo. La desnudez lo admite todo. Si quieres realizar alguna donación hay millones de entidades desnudas de dinero que las reciben. Si deseas hablar de algún proyecto constructivo te responderé.