
El Ibex-35 volvió a vivir un lunes negro tras muchas sesiones de continuas bajadas. Los inversores más activos, que son aquellos que venden antes de comprar, perdieron grandes sumas monetarias pero en ningún momento los nervios. La sangre no llegó al río y apenas remontó el índice de la bolsa española niveles de hace una semana.
Las buenas noticias se reflejaban en las pantallas. Una pequeña mejoría en la tasa de paro propia de la época. Una contracción del volumen consecuencia de la festividad en Londres. Una pequeña disminución en la prima de riesgo propia de una decisión que se empieza a insinuar en pequeños círculos. El peso de la elevada deuda española podría ser menor de llevarse a cabo los planes para homogeneizar los tipos de interés pagados por los estados de Europa.
Mientras el Ibex se ha ido independizando de la evolución de los grandes índices mundiales los tipos de interés en los países del Euro han ido divergiendo. Contrariamente a lo ocurrido en época de vacas gordas, los precios de endeudarse difieren paulatinamente en la vasta geografía europea. El ascenso de las primas de riesgo ilustra bastante bien este fenómeno que, de momento sólo se ha vivido en la vertiente pública de la deuda.
El sector privado vive al margen de este fenómeno. Los tipos de interés siguen siendo simbólicos en la totalidad del continente. Los mayoritarios préstamos hipotecarios siguen anclados a un euribor que expresa el precio al cual los bancos están dispuestos a prestarse el dinero entre sí. El resultado es producto de lo que se exigiría a un griego, un irlandés o a un alemán a cambio de un poco de liquidez. El resultado es evidente consecuencia de la supremacía de las zonas donde la confianza no se perdió del todo. El antiguo Mibor quizás marcaría tipos de dos dígitos pero nadie lo denuncia. El soberanismo monetario es así de asimétrico.
Los reducidos tipos de interés que posibilitaron la orgía inmobiliaria dificultan la declaración de quiebra de amplios colectivos de deudores anónimos. Pero no tenemos bastante con el flotador privado que también necesitamos otro para las cuentas públicas. Ante la imposibilidad de hacer frente a intereses históricamente ridículos a escala española necesitamos pagar un poquito menos.
La deuda alemana es el gran referente y a golpe de insinuación conseguiremos no pagar absolutamente nada. Por algún motivo nos metieron en esto del Euro. Primero por las subvenciones y después por los intereses.
El gran peligro de los eurobonos se acerca. Pero los eco-monistas eurobobos son incapaces de verle la piel a un zorro acosado por zorras. En épocas en las que la devolución de parte de lo prestado es imposible, crear mecanismos que faciliten el retorno es perder el tiempo. Mejor echar la siesta, que es a lo que se dedican los más prestigiosos economistas del continente cada día.
Las mentes continúan demasiado somnolientas para pensar en usos del nuevo dinero que propicien tipos superiores al coste de imprimirlo. La única opción factible sigue siendo especular con todo tipo de activos y si es necesario crear burbujas en las primas de riesgo. El ladrillo enfermó y con los eurobonos morirá para siempre. En Europa se juega con otras cosas. Mañana por ejemplo, se seguirá apostando fuertemente por lo contrario a lo que se apostó hoy.
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