
Tienen un grandísimo problema en sus manos y no saben cómo resolverlo. Es de tales dimensiones que son incapaces de llamarle por su nombre. De hacerlo Europa se pone en pie de guerra empezando por Grecia y terminando por la vecina Portugal, con las barbas ya recortadas.
La sutileza es su arma. El engaño progresivo intenta terminar de reblar el clavo en nuestras mentes. No es cuestión de observar las inexactitudes pronunciadas por los políticos de todo el continente. Es ya momento de descifrar aquello que persiguen discretamente. Cosa bien sencilla pero que a la vez parece extremadamente difícil para una extensa mayoría.
Los economistas más ortodoxos son capaces de tejer una trama de argumentos alrededor de las palabras de unos políticos que no acaban de comprender las cuestiones productivas. Pero en cambio difunden a la perfección el mensaje más macabro de unos supuestos científicos trasnochados.
En tiempos de la Unión Soviética el sucesor de Lenin tuvo clarísima la estrategia a emplear en el objetivo de producir el máximo dados los recursos existentes. Es archiconocida la militarización del trabajo en un país donde sus ciudadanos prestaban una especie de servicio militar en el frente en vigilancia continua o en la pacífica retaguardia. Con un fusil o en una mina, da lo mismo. Lo importante derramar hasta la última gota de sangre para poner el antiguo imperio ruso a primer nivel planetario.
El problema es extremo y exactamente el mismo que se planteaban los planificadores quinquenales. La resolución es compleja. Por un lado la utilización del poder represivo hasta extremos de los años 30 llevaría al mismo poder a dimitir en cadena. Por otro los ánimos de las masas afines al regimen represor no pueden ser los mismos que ochenta años atrás. Las promesas no son creíbles en un entorno regresivo. Hace falta algo más de ingenio para convencer a la totalidad de la población que es necesario trabajar mucho más de lo que se trabaja.
El acoso de aquellos que se encuentran fuera del mercado laboral se sitúa en máximos históricos. Pero sirve de argumento en la consecución del propósito. El acoso de aquellos que acuden al puesto de trabajo a cambio de unas condiciones inferiores a las logradas en el mundo desarrollado es otro hecho. Pero sirve de consigna para seguir amenazando sutilmente una población en esencia asustadiza. Las deudas son otro arma arrojadiza utilizada constantemente. Pero que nadie se engañe. No pretenden solucionar su pago las reuniones de las élites europeas. Solamente tratan de idear la manera de poner el mono de trabajo al mayor número de población posible y durante un periodo lo más prolongado posible.
Las condiciones laborales fueron mejorando y en la misma medida los desincentivos a asalariarse. Tanto en el seno de las empresas como a su alrededor se tejió un amplio mar de bienestar que cada día invitaba a abandonar el puesto. ¿Todavía cree que preocupa el elevado nivel de deuda? Preocupa a los más ridículamente endeudados. A los dirigentes solamente les tiene profundamente aterrados que sean abandonados a su suerte. Son incapaces de dibujar la “O” con un canuto y le invitan muy sutilmente a que usted lo siga haciendo. Eso persiguen todas las reuniones de la diplomacia en la actualidad. Lo mismo que Stalin de forma compatible con los tiempos que corren.
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