
Hace algunas semanas finalizó la liga más rara de toda la historia reciente. Con el Valencia en tercer puesto engañoso. Más cercano en puntos al último que al primer clasificado.
Tras un inicio de campeonato titubeante, uno de los clubes con una progresión más meteórica del pan y circo español daba los primeros síntomas de torcer la racha que lo había ascendido de la modesta tercera división hasta el más alto nivel continental.
La final de la Champions League tenía una plaza reservada para el Villarreal pero no pudo ser. No fue capaz de dejar en la cuneta al todopoderoso Manchester United, en aquellas semifinales que devolvieron el esplendor a un Riquelme despedido de los grandes coliseos.
La temporada 2012-2013 estará marcada por la vuelta a la realidad en una localidad de apenas 50000 habitantes representada hasta hace muy poco por un club en lo más alto del fútbol. Si los despachos no se encargan de mantenerlo en el pedestal por causas ajenas al césped el conjunto amarillo deberá codearse con otros rivales. Serán sociedades anónimas deportivas, como hasta ahora, deudoras con la hacienda pública, la seguridad social, la banca o los jugadores, pero de segunda división.
Caso parecido ocurrirá en la Coruña o Vigo aunque pueda parecer lo contrario. Pese a recuperar la máxima categoría difícilmente nos encontraremos con clubes gallegos en Champions League y menos disputando semifinales. Los sueños europeos terminaron y a la vez se transformaron en pesadillas donde aparece con frecuencia la posible pérdida de lo obtenido.
El masivo reencuentro con la realidad no es tan depresivo como nos lo pintan. Preguntemos a algún aficionado levantinista y hallaremos la respuesta en los éxitos de la pasada campaña. Cuando pocos tiran más el brazo que la manga un equipo de retales inteligentemente bordados logró plaza en competición europea, aunque para disputarla simbólicamente. Otros equipos similares serán candidatos a tales hazañas tras los primeros compases de la próxima temporada. Cuestión de encadenar rachas positivas que destierran las urgencias por los puntos y los goles se empiezan a sumar con mayor facilidad. Cuestión de verse salvados del descenso a muchas jornadas del final de la liga y las victorias van cayendo del lado de aquellos que empiezan a disfrutar de los encuentros, como de los torneos amistosos veraniegos sin importancia alguna.
El buque insignia de la irrealidad fue secuenciando la avaricia a la perfección. De fichar grandes estrellas pasó a venderlas a cambio de suspiros en las cuentas durante algún tiempo. De construir un inmenso estadio pasó a concentrarse en el histórico Mestalla eternamente en venta sin comprador solvente. La vuelta a la realidad nos acerca a casa, nos empuja a estar exclusivamente con la familia. Europa se empieza a divisar muy lejos y los créditos que antes eran ingresos son deudas cuando hay que pagarlos.
Nada de lo que permitió la mayor burbuja crediticia de la historia era ficticio. Los jugadores de talla mundial pisaban el césped y celebraban los goles en los más selectos burdeles. Lo dificultoso era devolver las deudas con regates o copas, que más simbólicas que reales, carecían de liquidez alguna.
Cuando asumimos que las deudas no son ingresos lo peor que podemos hacer es asimilarlo a un desengaño. Deberíamos restringirnos al ámbito de la realidad perdida. El 7% de morosidad de Bankia era ficticio o cierto. Dependerá de que mañana sus deudores paguen las facturas al unísono o sigan como hasta ahora. El 45% de cobertura de riesgos y por supuesto los 300 millones de euros de beneficio tampoco lo fueron. O quizás sí, en el supuesto que las subastas de inmuebles hasta ahora desiertas, se pueblen hasta formarse colas kilométricas.
En las finanzas no hay artistas que a base de un buen juego permitan cambiar la percepción de las cuentas. Los desastres son más difíciles de digerir sin eurocopas que pongan la guinda a toda una temporada. Pero los números por sí solos siguen dando mucho juego. Cuando para unos los créditos son ingresos y para los otros activos, los beneficios se socializan a la perfección. Cuando la realidad se tuerce, el retorno sólo permite mirar el trofeo conseguido sabiendo lo difícil que será transformarlo de nuevo en un número.
A los seguidores del Villarreal sólo les quedará la grandeza como parte del pasado. Volvieron a la modestia de la mejor manera posible. Ficharon un entrenador con fama de campechano que asciende equipos a la máxima categoría. Pero precisamente por sus magníficos resultados fue despreciado en los grandes banquillos hacia los que no tenía el mínimo temor.
Descansen todos en paz. Lo conseguido fue bastante. Vienen tiempos de rápidos sucesos. Un día se empieza a sospechar sobre la veracidad de las cuentas del gigante surgido de la fusión de varias cajas. En menos de un mes se escuchan las primeras voces referidas al corralito. Esta vez ya no proceden de la cajera del supermercado. Sino de altas instancias económicas que están tratando de dibujarlo en su imaginario. No discuten si tendrá lugar o no. Tratan de pensar en la conveniencia de aplicarlo solamente en Grecia o algún territorio más.
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