
Tenemos un gobierno que no nos lo merecemos. Un país que solamente piensa en la eurocopa tiene un presidente que se permite viajar exclusivamente el rato necesario para presidir el encuentro que daba inicio a la andadura de la selección en la máxima competición continental. Para después explayarse, una vez llegó a casa.
Nos contó lo que su secuaz de Guindos había hecho el día anterior y algunos desagradecidos no terminaron de darle las gracias. Pocos tuvieron la delicadeza de analizar lo que significaba el enigmático rescate y muchos menos aquellos confiados con la benevolencia de las autoridades.
A los mercados el regalo a la banca les supo a poco. Querían más madera para apuntalar un edificio en llamas. Tampoco esta vez se destacaron con un gesto hacia los centinelas del beneficio. Aunque sea momentaneamente, la reconciliación entre las pantallas financieras y las de los hogares es un hecho. Aunque la razón no sea la retransmisión de los partidos en las bolsas. Ni el seguimiento de las bolsas en los hogares. En el parquet no paran atención a unos equipillos que jamás cotizarán como sociedades anónimas. Por poner un ejemplo entre Grecia y Alemania la mayoría se decanta por el árbitro que no es aquel que silba, sino la marca que consigue vender más camisetas.
El ciudadano rescatado sin embargo no se conforma con haber aliviado la pesadilla de la deuda. Porque entre otras razones no hubo rescate sino un monumental crédito a las entidades financieras. Un movimiento sorpresivo que sirvió para dar la señal a toda Europa de que el dinero se podría terminar pero a su vez siendo infinito. Así es como el BCE advierte a los intrépidos agentes económicos que carecen de otra camiseta para vender que la puesta. Siguen incapaces de imaginar como el dinero para adquirirla es inmenso, con tanta reticencia a repartirlo.
Tampoco fueron rescatadas las mentes más perversas que ven en la apropiación indebida la única causa con la que se explica la crisis. 100000 millones no lograron ser necesarios para entender que de haber gastado la casta política esa cantidad en mujeres, mariscadas, coches oficiales y tabacos varios ocuparía el resto de la vida una cama de algún hospital y no el parlamento.
Si por algo hay que dar especialmente las gracias es por la preservación del patrimonio despreciado por media Europa. No merecía ningún europeo ninguno de esos pisitos edificados para su cartera y de momento no los disfrutarán. Es conocido que España edificaba más viviendas que Alemania, Italia y Francia en conjunto. Pero menos que no eran construidas para contemplarse. Eran para compartir bienestar. Unos se dedicaban a vestir a todo el continente con sus imprescindibles modas y los demás a fabricar automóviles con los que dar la vuelta al mundo para terminar en la cochera de casa. España sacrificó su territorio para dar cabida a todos esos productores de artilugios que prefirieron continuar malviviendo en sus estados, rodeados de comida basura y celulitis exasperante.
Tras el rescate, Seseña continuará siendo un municipio como los otros 8000 administrados por las autoridades que no nos merecemos. Esas que están los momentos justos en los lugares adecuados. Esas que gestionan aquello que la ciudadanía es incapaz de decidir en el descanso de cualquier encuentro de la selección. Los mismos que tampoco serán rescatados de su trasnochada ley marcial por la que los pisos siempre suben. ¿Se atreverán a decir también que España siempre gana la Eurocopa?
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