
Mientras el River Plate consiguió recuperar la máxima categoría del fútbol argentino y el mirandés la segunda del español, Europa entera vive los últimos coletazos de la temporada futbolística. El campeonato de selecciones nacionales es lo poco que mantiene la motivación por jugar a la mayoría de contendientes. Como a David Trezeguet que tras la consecución de todos los títulos posibles todavía se atrevió a contribuir a que su equipo del alma retomara la senda perdida.
Mientras la eurocopa aún conserva la categoría de gran escaparate, el jugador nacido en Francia, por lo que adquirió el derecho a participar en este tipo de campeonatos con la selección gala, conservará la felicidad en su retiro al participar en proyectos novedosos, de mayor envergadura anímica.
A las semifinales que se disputarán entre Kiev y Varsovia solamente llegarán oficialmente selecciones. Aunque no del todo será así. También los clubes que ceden a sus asalariados de manera altruista obtendrán pingües beneficios. Las pérdidas para este tipo de sociedad más limitada sólo se producen en el caso de que alguno de los miembros de su plantilla disminuya sustancialmente su poderío físico. Los beneficios están a la vista.
Todo torneo de amplia difusión sirve para mostrar las cualidades de los participantes a posibles interesados en sus servicios. Pero a la vez representa una oportunidad de lucro a los que ostentan los derechos de los jugadores pretendidos.
Cada exhibición de Jordi Alba sirve para revalorizar las ganas de hacerse con sus servicios y en un plazo corto de tiempo. Las apariciones de Pedro Rodríguez y Fernando Torres devolvieron la vida futbolística a dos jugador que muchos daban por perdidos. Los pocos goles encajados por la defensa española sirvieron para recuperar la credibilidad en Gerard Piqué. Quien no quiera vender está en su derecho, pero almenos tiene en sus vestuarios algún personaje con el ánimo recuperado.
No solamente se le abren las puertas al F.C.Barcelona con la Eurocopa, el modesto Cornellà es como si la estuviera disputando. Precisamente de tanto abrirlas desperdiga a futbolistas valiosos por medio mundo. Demasiados canteranos aparecen en sus filas para tener cabida entre los 25 elegidos para cada temporada. Son largos los campeonatos y con las competiciones de selecciones nacionales un poquito más. Pero tampoco hay para tanto. A excepción de aquellos que tienen esperanza reservada siguen tratando mandarlos lo más lejos posible, para no incurrir en el riesgo de que se alisten en algún rival indeseable. Jordi Alba cayó en un momento determinado en el extrarradio barcelonés, pero para recalar en el Valencia. La suerte del club que le vio dubitar en partidos de tercera división puede ser obtener 800000 euros, que supondrían equivalentemente el presupuesto de varias temporadas del fútbol base. Es así como en parte se financia este modesto conjunto de última categoría nacional. En parte de la contribución de los padres por la formación de sus hijos como futbolistas. En menor grado recibe contribuciones incondicionales de sus socios. De manera progresivamente descendente cuenta con aportaciones de patrocinadores varios.
La Eurocopa lo cura todo y por ese motivo hay que intentar rascar algún remedio. Todo excepto la edad. Eso ya son palabras mayores. A los 34 años de David Trezeguet nunca tendría plaza un canterano desperdigado en el club más importante de Barcelona, por mucho sentimiento que profesara. Aunque sí tuvieron la oportunidad en su día otras figuras en declive como Albertini, Davids o Larsson en un equipo que expresa la voluntad de querer carne joven continuamente.
En cualquier familia desestructurada ya se sabe donde terminan sus criaturas. Suelen andar por la calle hasta altas horas de la madrugada. El caso de Jordi Alba es paradigmático. Se desperdiga inconscientemente por campo contrario junto al otro lateral, Arbeloa, que hasta cierto momento también sufrió el exilio. Vicente Del Bosque, que procede de familia mejor avenida, tiene cuidado colocando al casi siempre atento Xabi Alonso. Pero los de siempre lo critican por favoritismos, que pudiera haberlos. Existan o no, cuando la defensa se diluye hay que fortalecerla con efectivos en las proximidades.
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