
Como cada año cuando se acerca el verano los descensos repentinos de precios se van también aproximando. Ya están aquí para satisfacer algún antojo, aunque sea el de escudriñar cientos de escaparates a ver qué porcentajes se aplican esta vez.
En cuestión de precios no vamos excesivamente acelerados durante lo que llevamos de año. Los aumentos del coste de carburante compensan la caída de la casi totalidad de bienes y servicios que componen nuestra cesta de la compra. Donde no hay descensos sostenidos existen ofertas puntuales que hacen las delicias de un consumidor temeroso.
Se va convirtiendo en habitual ver carteles de promociones que sin duda alguna coincidiendo con las rebajas oficiales se titularían así en estos momentos. Motivo por el cual en esta ocasión los chollos terminarán mojando lo que previamente ya chorrea.
Los más reacios a las políticas de precios de derribo van torciendo su actitud. El Corte Inglés anunciaba hace pocos días un sorprendente cambio de estrategia, ante una pérdida de cuota de mercado respecto a otras cadenas más generosas con el consumidor. En realidad generosidad poca la que se gasta por el mundo de la distribución. La intención que encierra esta táctica es trasladar a la estructura de costes los menores precios repercutidos al cliente.
Otra empresa que merece mención aparte es una de las pocas que se mantiene en manos del ministerio de fomento. Empezó la experiencia de los descuentos cuando inauguraba los servicios de alta velocidad entre Madrid, Málaga, Barcelona y Valladolid. Después de cuatro largos años llegó a la conclusión que precisaba de lo que llamaron revolución en los cambios horarios veraniegos.
De la misma forma que unos grandes almacenes no pueden suministrar duros a cuatro pesetas una empresa ferroviaria que además cierra las cuentas anuales con déficit todavía menos.
Los cambios no son tantos como parecían pero algunos son peculiares. En primer lugar sorprende que se fomenten los transbordos en una empresa con fama de impuntual. Será que otros cardan la lana mientras RENFE se plantea de esta manera adaptar circulaciones a necesidades de un número mayor de viajeros. Unos potenciales pasajeros que hasta ahora se mantenían alejados de este medio, quizás por no contar con desplazamiento directo asegurado contractualmente con un billete único.
Pero es que en segundo lugar y de forma más revolucionaria una empresa pública se ha atrevido a asestar un golpe a una privada que empezaba a acumular clientela de bajo coste en sus taquillas. El imperio que acumulaba Alsa en la carretera a partir de la instauración de la alta velocidad se ha empezado a intentar desmoronar. Muchos viajeros que cada día cuentan con menos recursos se vieron expulsados de un ferrocarril que pasaba a servir exclusivamente al cliente de mayor capacidad adquisitiva.
Lo más sorprendente todavía es que los servicios de bajo coste que pretender recuperar las relaciones perdidas en zonas que cuentan con vías de altísimas prestaciones las realizan trenes que cuentan exclusivamente con un asiento y poca prestación más que un retrete donde desahogarse. No cuentan con televisión, wifi ni tan solo algún vendedor perseguido de latas de refresco.
Son largos recorridos servidos mediante la unión de otros más cortos que se realizaban hasta ahora sin coordinación alguna. Son circulaciones ya existentes que continúan hasta que el mar dice basta. El resultado es la creación de nuevas rutas entre Madrid, Vigo, Barcelona o Irún con parada en casi todas las estaciones.
En la frontera francesa el viajero puede continuar su periplo con alguno de los nuevos servicios baratos de la alta velocidad gala. Allí los costes se intentan reducir en este segmento que suma más de 25 años de existencia. La SNCF ha optado por eliminar la cafetería de algunas unidades rodantes, aumentar el número de asientos y rebajar ostensiblemente los billetes de este tipo de producto.
Los recortes de Hollande tienen otra cara que los de Rajoy pero en el fondo son consecuencia de lo mismo. El cansancio que demuestra el consumidor está ampliamente extendido por el continente. Las soluciones se dirigen irremediablemente en la misma linea. Como en la peluquería de la esquina, sin viajar en ninguna clase preferente.
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