
Sucede en el centro del imperio pero se extiende como cualquier gota de aceite por todo el globo. El Departamento de Estado a través de su programa de recompensas por la justicia está ofreciendo siete millones de dólares por información sobre la ubicación de Ahmed Abdi Aw-Mohamed, el fundador del grupo islamista en Somalia.
El grupo militante somalí remunera de forma más austera. Algunos animales a cambio de la información sobre distintos funcionarios estadounidenses. Una ex-primera dama como Hillary Clinton no merece más de dos camellos. En cambio todo un premio Nobel como Barack Obama valdría cinco veces más.
El imperio empieza a valer poco según aquellos que desean verlo derribado. Así habría que interpretar estos últimos movimientos monetarios que se debaten en los intestinos más putrefactos de la lucha por el poder y la subsistencia.
Sin embargo en las antiguas metrópolis cuando se escucha hablar de camellos ya no llegan a asimilarse a un ser vivo. Debido a la decadencia irreversible en la que nos vemos sometidos, nuestro imaginario nos remite más fácilmente a aquel personaje que trafica con drogas que a un par de jorobas.
No son estupefacientes los que pretenden suministrar los islamistas a quien aporte buena información sobre el paradero del decadente presidente de los Estados Unidos. Pero a la europa en proceso de desertización le suenan a árabe estos estupendos vehículos que alcanzan velocidades de 60 km/h y mantienen los 40 que lograron los primeros ferrocarriles con relativa facilidad.
Tras el aterrizaje de Obama en otra de las reiteradas cumbres que tienen lugar en el mundo desarrollado para intentar remediar sus bienes, la asimilación todavía queda más clara hacia donde se decanta. Esta vez fue en Los Cabos donde se reunió el G-20. Mañana será en otro lugar donde todos los mandamases que quieren continuar siéndolo, a excepción de Angela Merkel, apostarán por el crecimiento desenfrenado. Ya sea expandiéndonos monetaria o realmente que viene siendo más difícil en las últimas décadas. Sin crecimiento el poder se tambalea y bien lo sabe el máximo mandatario del globo que está próximo a ser reelegido. Las recesiones se posponen para después de las elecciones o salen rana.
La alternativa de la apariencia existe y sigue siendo la única salida viable para encarar los procesos electorales. Si no es en la vena de cada ciudadano se inyecta una especie de moral ficticia por las ondas que taladran cada hogar. Si nada de ello funciona siempre queda el reparto de la convencional droga.
Según un estudio publicado recientemente tras dos años en el anonimato, el agua del subsuelo de Barcelona esconde restos de sustancias estupefacientes. Según el barrio de un tipo o de otro. Según la disponibilidad de la otra que circula de mano en mano y es presente en la mayoría de transacciones comerciales que no se saldan con tarjeta. Pero donde a la vez también está presente la cocaína que permanece más en el tiempo que otro tipo de drogas.
Recientes trabajos de investigación alertan del peligro de la metoxetamina que formará parte de las aguas subterráneas del futuro. Similar a la ketamina distorsiona las percepciones visuales y auditivas produciendo un sentimiento de estar separado del medio ambiente.
Que tomen nota los monetaristas por si las tradicionales inyecciones que aplican no tienen efecto en una sociedad con las venas acribilladas. Sólo quedarán esos remedios de naturaleza más física que producen los mismos efectos que el tan prestigioso dinero. Por si tenían alguna duda Europa diseñó un novedoso plan para crecer que costará 130000 millones de Euros. De no lograrlo el agujero puede agrandarse todavía más.
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