
Este mundo parece a veces tan infumable que hay que salir con mascarilla para volver a salvo a casa. Quizás sea por la generalización de estas armas de aislamiento que la realidad cueste tanto de percibir.
Es destacable la falta de observación de lo que nos rodea pero mucho más una escasa memoria. Quizás consecuencia de otra mascarilla en nuestra línea temporal que nos separa épocas para no entrelazarlas jamás.
La pastilla del olvido no se inventó el siglo pasado ni el actual. Tan sólo la del día después pero no la del momento antes de vivir algún acontecimiento. Pero en la práctica como si estuviera en todas las farmacias ejerce unos efectos que no hay remedio alopático que sea capaz de atenuar la sintomatología.
La ludopatía era una dolencia bastante extendida en nuestra vida cotidiana. Basta dirigirse a tomar un café a las 7 de la mañana a cualquier bar, para encontrarse con algún ansioso por vaciar alguna máquina tragaperras. Pero cuando Sheldon Adelson solicita una licencia para intentar vaciar el bolsillo de los administrados rogamos a los administradores que no le permitan establecerse. Ni terrenos, ni subvenciones ni nada en favor de una promesa de dinamizar la maltrecha economía.
Evidentemente el magnate estadounidense tampoco será quien traiga ninguna solución a las restricciones de nuestros deseos. Primero es necesario apostar en el proyecto para recibir hipotéticos réditos en el futuro. La lotería en este caso empieza jugándose antes de que se instale la primera ruleta.
En Barcelona Eurovegas necesita tierras, ahora cultivables, en las que gran parte de la población satisface directa o indirectamente sus necesidades básicas. Excepto aquellos que viven del aire o de los designios de las tragaperras, que los hay y milagrosamente van sumando años hipotecando diariamente la comida del mañana.
Hace algunos años me enteré que existía un proyecto igualmente pernicioso que afectaba al futuro de esos alimentos cultivados alrededor del aeropuerto del Prat. Era el de un joven emprendedor que veía una potencialidad en las tierras aledañas a las pistas de aterrizaje. Podían albergar publicidad de cara a los pasajeros que en masa aterrizan en Barcelona cada día. Dicho en el idioma de este artículo, el individio pretendía de forma muy ecológica y modesta poner a disposición de las empresas amplios terrenos donde realizar apuestas por la comercialización de sus productos.
Ninguna asociación para la preservación del territorio se echó al cuello de nadie. La cuestión es que desde la modestia se puede deforestar lo que sea necesario. Se puede construir aquello que nos apetezca a última o primera línea de mar. Pero cuando la iniciativa procede de una empresa y encima gobernada por alguien con tintes arrogantes la repulsión es máxima. El resultado exactamente el mismo.
Véase como otro ejemplo lo que ha acontecido en el transcurso de esta Eurocopa que estamos a punto de clausurar. La selección dirigida por Vicente del Bosque empezó su andadura enfrentándose a Italia. Todas las crónicas coincidieron en señalar el abandono de la estrategia del catenaccio por parte de unos italianos que renunciaron a su esencia.
España planteó el partido sin delantero centro de referencia y con dos pivotes de corte defensivo en el centro del campo. Como habría hecho décadas atrás Javier Clemente. La diferencia entre un seleccionador y otro en este campeonato hubiera sido la mayor o menor participación de Fernando Llorente.
La notable percepción del entorno periodístico se nota en los medios. Mientras uno no recibía crónicas sino insultos el otro tampoco recibe análisis sino halagos. Una táctica parecida con resultados similares lleva a sentencias muy dispares.
Las penas máximas llevan de la gloria al fracaso. No me refiero a las tandas al final de las prórrogas, que las hay ahora y las hubo en épocas pretéritas. Me refiero a los resultados apretados que hoy se decantan hacia una vertiente pero ayer lo hacían hacia el contrario. Me refiero también a la actitud en las ruedas de prensa donde se sacaba pecho de cualquier resultado y ahora, aunque no ha habido necesidad, se responderían educadamente.
La Eurocopa está en juego. Lo importante es apostar. Jugar con los sentimientos de vital importancia para nuestra economía. Ponerlos en una ruleta ya sea de un casino o un terreno de juego genera más sentimientos, desesperantes en la mayoría de los casos pero indispensables para que la rueda siga girando.
En el encuentro de semifinales ninguna de las selecciones ibéricas fue capaz de abrir el melón. El jamón sin embargo se lo llevó España para disputar la final contra quien se estrenó en la fase de grupos. El riesgo es máximo y cuando eso ocurre los beneficios pueden ser monstruosos.
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