
Sus apariciones no ocasionan una gran seguimiento, como las de cualquier otro economista. Pero parte de su éxito se halla en haber sabido calar entre las más altas esferas político-financieras y aquellas de menor importancia decisoria.
Desde los grandes escenarios se emiten aplausos o discordancias a sus palabras que vienen a ser exactamente lo mismo sin una alternativa palpable. Desde las butacas más modestas sólo se espera que caiga algo del cielo o del infierno. Los discursos proclamados, no obstante omiten mucho más de lo que revelan. Los artículos son constantes y las respuestas le delatan.
Proclama la libertad a los cuatro trajes pero sólo practica la de indumentaria, paseándose acompañado de un diverso colorido por diversos organismos económicos internacionales. Allí se consensuan aquellas ideas que serán más tarde acatadas por las universidades de mayor prestigio. Finalmente apresan hasta a aquellos alumnos más reaccionarios. El arco iris se termina confundiendo en un sólo color cuando se fragmenta de noche.
Cuando la palabra libertad la asimilamos a flexibilidad entendemos que cualquier marco regulatorio nos conduce a la perdición. Sea el que sea y proceda de donde proceda. La merma de la capacidad de maniobra de cada individuo afecta al resultado óptimo de producción y distribución de unos recursos, que no son escasos pero escasean en las mentes de los más prestigiosos economistas. Porque en primer lugar confunden óptimo con máximo y empiezan a meternos en un frenesí productivo que no puede conducirnos a otro lugar que no sea una crisis.
No es exactamente lo mismo elegir el color de la camisa, el de la americana o el del uniforme. Pero a algunos les da exactamente lo mismo cuando han dejado de distinguir otra cosa que no sean colores. Como los niños que no saben ni lo que pintan pero sin embargo apañan combinaciones interesantes en un espacio reducido de papel.
Hoy, como tantos otros días, me levanté leyendo otra de las propuestas para salir de esta depresión que se enquista. Los eufemismos intentaré apartarlos de aquí en adelante. Pero a diferencia de lo sucedido en ocasiones anteriores tuve la tentación de volver a la cama donde al menos se pasan las penurias en posición mucho más reconfortante. En vano tuve la delicadeza de tomar nota de las recomendaciones de un Xavier Sala Martín que no es precisamente un economista cualquiera.
Ahí radica el problema precisamente, en el hecho que este individuo sea una mente destacada en lo más alto de la pirámide neo-liberal. Un personaje capaz de valorar en la misma proporción el porcentaje de producción del sector primario con el del terciario. Quizás como casi todos los economistas, pero por causas relativas a la fama lo expresa dejándose retratado constantemente.
Por ejemplo aquellas veces en las que expresó importarle poco el cambio climático. Si la producción de alimentos se desploma cosecharemos ordenadores y nos zamparemos los bits. Aquí lo que importa es crecer para crear empleo.
Supongo que libremente, teje un discurso que es capaz de extender los tentáculos de cualquier gobierno títere del corporativismo imperante. Es aquel que se beneficia de la flexibilidad tan proclamada. Aunque parezca inverosímil es ahí donde nos lleva la amplitud de miras de este tipo de corriente. A una ordenación jerárquica que parte de la misma jerarquía. La libertad se ejerce exclusivamente fuera del de trabajo y según lo conseguido en el puesto.
La dureza de un discurso excelentemente adornado suele conseguir el efecto de la admiración. Los más esclavizados súbditos se emocionan cuando escuchan sus palabras. Motivo por el cual aparece en los medios de comunicación de forma oral, visual y escrita con frecuencia. Basta con repetir frecuentemente el término libertad para hacer delirar a la multitud.
El deseo de liberación está presente en cualquier ser humano desde nuestro mismo nacimiento. Desarrollado, cautivo o reprimido por la sociedad ya sea anónima o limitada, por un estado o un clan. En el planeta donde cada vez es más difícil escapar de las garras civilizatorias la opción de tejer una nueva red entre seres libres se convierte cada día en una meta más difícil de alcanzar pero a la vez más necesaria.
Es cierto que el poder político ha cometido excesos y hay que reducirlo. Pero no a golpe de la flexibilidad que nos propone la nueva oleada liberal. No basta denunciar repetidamente las barbaridades de unos pocos. Sólo es imprescindible hacerlo para congregar la simpatía de los muchos en los que terminaría repartida la miseria. Pero que de apostar por una flexibilidad total jamás caerían en la trampa del salario.
Quien no cree en el estado no debería jamás aceptar tampoco un estado reducido a la mínima expresión, aunque sea infinitesimal. Eso es lo que viene predicando precisamente Xavier Sala Martín y otros tantos que se hacen llamar libertarios, pero que saben perfectamente la importancia de contar con ese tipo de estructura política a sus espaldas. Por eso cuando les preguntan por cual de las candidaturas estadounidenses se posicionan tienden a responder la de Ron Paul. Por eso cuando les preguntan si votaron o no lo hicieron responden con el argumento que no merece la pena hacerlo. Pero por motivos que nada tienen que ver con la creencia en la representación directa de cada uno. El individuo es importante en esta concepción, pero hasta cierto punto en el que termina delegando en algún poderoso. No les escucharán jamás decir que la ley emana de cada uno y no de un grupo de legisladores.
Esta corriente tan pintoresca y paradójicamente tan extendicda nos invita constantemente a abrir fronteras. Es lo que han propugnado y conseguido a lo largo de los últimos siglos. Quizás para que formemos estructuras tan globalizadas que impidan la participación en el gobierno de cada uno.
Pero lo mejor de lo mejorcito es cuando hablan de meritocracia. Se pasan la vida hablando del mercado como sistema de asignación de recursos, pero pretenden establecer este sistema obsoleto más vulgarmente conocido por designación a dedo para situar a cada uno en el nivel correspondiente dentro de la pirámide. Son tan ultraliberales que en verdad han superado la creencia hasta en el propio mercado.
Si lo desean pueden consultar libremente aquí 25 propuestas para continuar con la crisis.
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