
El Tour 2012 si algo nos ofreció en lo que llevamos de carrera es la explosión de una nueva promesa del ciclismo. Un proyecto que no queda en más que en eso como se demostró hoy en una etapa rara de la ronda francesa. Un recorrido llano con llegada en alto a un lugar deshabitado después de superar rampas con porcentajes del 20% no suele formar parte de los planes de la dirección de la prueba. Los diseñadores suelen elegir parajes turísticos para situar la meta donde se combina a la perfección la sed publicitaria con el afán de victoria de los ciclistas.
Hoy todo fue distinto pero aproximadamente como casi siempre. Un velocista que se atreve a disputar etapas que discurren por el llano y también algunas que finalizan en muros de altas pendientes no suele dar guerra en aquellas que lo hacen tras varios kilómetros de ascensión. Esas tareas están reservadas para los currantes de verdad de este deporte entre los que se encuentra Alejandro Valverde y algún otro que forma parte de la leyenda.
Peter Sagan, apodado tourminator, que se tenía que poner al nivel del caníbal Eddy Merckx demostró a sus 22 años que es capaz de ganar una etapa antes que nadie lo hubiera hecho a esa edad. Demostró que le quedan infinitas victorias parciales por celebrar y otros tantos maillots verdes por vestir. Pero terminó de constatar que no es un hombre con posibilidades de llevarse el amarillo en París que es lo que cuenta al fin y al cabo.
Las ansias de liderar la prueba en París no forman parte del eslovaco que se adjudicó tres de las siete etapas en este tour que prácticamente inició su andadura. Lo ocurrido hasta ahora no cuenta para la mayoría, excepto para algunos que perdieron muchas de sus posibilidades de podio. Los todoterreno conocen excepcionalmente la peligrosidad de la primera semana de la carrera y por este motivo hace años dejaron de practicar el canibalismo. Intentan superar la monotonía del pedaleo en pelotón enfurecido como pueden y poca cosa más. Los acelerones entre codazos suelen ocasionar más pérdidas que beneficios y ceden la subida al podio a sprinters de envergadura, pero al fin y al cabo sprinters.
Un descuido puede ser letal en una carrera por etapas. Por eso aunque no sea lo mismo subir que bajar o llanear hay que seguir al loro los acontecimientos. No sólo las pájaras o las incapacidades pulmonares deciden una prueba. Hasta los juzgados lo hacen en el caso de este deporte tan singular.
Alejandro Valverde que por contar no cuenta ni con la suerte se ganó otro apodo del que con fortuna fue librándose. Al murciano se le empezaba a conocer por Torrente cuando le venía más a pelo la calificación que recibe Sagan. Aún pudiendo disputar multitud de etapas nunca lo hizo de forma tan descarada, reservándose para mayores propósitos. El mayor de todos que dicen es participar le fue arrebatado por decisión judicial, en otro episodio de mala fortuna sin haber dado positivo en algún control antidopaje.
Otros sin embargo vivieron toda su trayectoria profesional rodeados de sospechas que no llegaron a ninguna operación puerto. Lance Armstrong que de seguir con los apodos debería recibir el de tourminator de los tourminators, se apropiaba de siete reinados entre gritos de dopéé dopéé. El griterío todavía resuena en los oídos sordos del tejano que acostumbraba a destacar el mucho alcohol que ingerían aquellos que soltaban aquel insulto desde las cunetas. El murciano sin embargo antes de poder escuchar ningún improperio se va al suelo en el día de ayer. En el de hoy cuando justo empezaba la carrera pincha.
Lance Armstrong supo aprovechar el éxito antes y después de su currículum como asalariado. Yendo por libre dicen las malas lenguas que no consiguió grandes victorias. Víctima de pésimas inversiones en productos financieros basura se rumorea que volvió al pedal. Consiguió un fenomenal tercer puesto tras dos temporadas en la inactividad. Sea lo que fuere volvió a la competición cuando quiso y no cuando lo ordenó el juez.
En pleno retiro todavía revolotean trapos sucios en el pasado glorioso del americano. Según publican varios medios algunos ciclistas se han atrevido a testificar contra el heptavencedor del Tour, pero ningún laboratorio es capaz de corroborarlo.
Los títulos conquistados parece que no los va a perder. Siendo quien es es creíble. En caso que Alejandro Valverde se encontrara inmerso en un caso similar tendría un ocaso a sus pies. Pero Lance Armstrong podrá hasta aprovechar cada sospecha hasta las últimas consecuencias.
El retiro dorado del laureadísimo ciclista se puede encontrar en limpiar la imagen que los otros continuamente ensucian. Excusarse, relatar la verdad, negarla, discutirla… todo es válido cara a una galería que puede colaborar incondicionalmente con un apasionado del dinero. Pensando exclusivamente en ganadores y perdedores él mismo debería estar marcando los tiempos de todo este proceso mediático, porque él mismo es el máximo beneficiado. Cada nueva edición del Tour lo sitúa en las portadas y sólo debería empujar hacia la consecución de nuevas metas. Incluso la paulatina confesión de los hechos le sería beneficiosa, para quedarse con el personal y lo poco que ostentan sus bolsillos también en crisis.
Peter Sagan terminó con las expectativas generadas. Lance Armstrong tiene por delante la carrera más plácida de su vida. Las mayores sospechas sobrevuelan en estos momentos la figura de Bradley Wiggins. Hoy resistió como nunca pero puede terminar desfondado como casi siempre. En alguna semana saldremos de dudas. Lo otro se escribirá a la carta.
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