
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció la buena nueva en el Congreso. El Gobierno formulará una ley para modificar el tratamiento fiscal de las plusvalías y luchar así contra los especuladores. Montoro avanzó que la intención del Gobierno es equiparar el tratamiento fiscal que se da a las plusvalías en España al de los países de su entorno.
Una medida populista en tiempos de descrédito. Necesaria para encauzar la mínima credibilidad que todavía resta al ejecutivo tras aprobar los ajustes más impopulares de la historia. Por ese motivo el ministro se esmeraba en subrayar la injusticia de un tipo único de gravamen para quien obtiene plusvalías en un día comprando en bolsa que contrasta con lo tributado por un trabajador que liquida a un tipo progresivo. Aunque en el seno de los mercados aquellos que todavía suden algo y aceleren el ritmo cardiaco sean precisamente los especuladores no hay piedad para esos malvados individuos. Están marcados con la señal de la bestia y son culpables de todos los males. Si vuelven las ejecuciones públicas se estrenarán con esos individuos. Pero sin introducirnos en posibilidades a más a largo plazo. Con esta línea marcada, el actual ejecutivo promoverá la acumulación de billetes en casa para no molestarnos ni en ir a la compra. A las juntas de accionistas donde se decide buena parte de nuestro futuro se prohibirá la asistencia. Reservado el derecho exclusivamente a las entidades depositarias (no necesariamente financieras) en representación de los benditos ahorradores y con la potestad de especular en cada una de las decisiones tomadas.
El tipo único del 18% que puso el Gobierno socialista para gravar las plusvalías pasa a tener tres tramos. Desde el 1 de enero de 2012 los rendimientos del capital tributan al 21% hasta 6.000 euros, al 25% hasta 24.000 euros y al 27% a partir de 24.000 euros. Recordando el término socialista en su intervención, hecho imprescindible en el escenario irreconducible en el que estamos. Hay que aclarar cada dos por tres que los demás era mucho peores dejándolos señalados en cada una de las frases de duros contenidos. Rubalcaba no se quedó a la defensiva en la tarea. Sacó una propuesta más populista todavía que deja en jaque al actual gobierno. Crear un impuesto para las grandes fortunas, proposición que no puede superar un ministro todavía en el cargo como Montoro. Este tipo de apuestas terminan elevándose una vez los mandatos terminan. Por ahora la puja se la lleva Rubalcaba.
La injusticia, como señala Montoro, existe por mucho que quiera revestir al sistema tributario con tintes de ecuanimidad populistas. Siguiendo con la deriva hacendística que cercena momentáneamente la malvada especulación, la gubernamental CNMV volvió a prohibir las operaciones a la baja en el mercado continuo español. Sirvió la medida para voltear la peligrosa tendencia hacia la que se encaminaba el IBEX en la sesión de ayer. En la de hoy todo lo que se aupó a partir del anuncio que se repite cada ciertos meses volvió a las andadas, descendiendo progresivamente el indicador hasta perder los 6000 puntos. La excusa fue la amenaza de los otros que tienen la manija de la confianza. Moody’s advertía de los peligros en los que incurre Alemania en su faceta de país rescatador. Pese a aumentar la noticia los tipos de interés germánicos, situados en terreno negativo los españoles subían algo más. La prima consecuentemente se disparaba hasta máximos históricos y también relativos en la última época.
Más se perdió en Cuba y no precisamente por el hecho que Oswaldo Payá haya traspasado. Se perdió toda la credibilidad que nos conduce a especular por las causas de su muerte antes de que el mercado tome definitivamente el último rincón caribeño. En bolsa los descensos siguen siendo una anécdota para la mayoría. Los contemplan de lejos sin esperanza alguna en recuperar lo invertido, o ahorrado que ya ha pasado a definirse como aquello que no es posible perder. El ahorro ya no es inversión ni mucho menos especulación. En este debate es en el que están inmersos cientos de miles de individuos. Los bandos se han formado alrededor de aquellos que creen incondicionalmente en la entidad donde los depositan y aquellos que van tomando las riendas de sus capitales que cada día adquieren menor importancia.
Los complejos están todavía altamente extendidos entre los gobernados y entre los gobernantes. Tanto en Cuba como en su antigua metrópoli. Si han asesinado a alguien que lo proclamen en la isla. Si quieren terminar con la especulación que lo hagan en la península. Medidas como las últimas de Montoro sólo conducen a las élites de la especulación a especular magníficamente sobre los lugares en los que a partir de ahora reconducirán su frenética actividad y sobre las infinitas empresas que verán aparecer apostantes a la baja solicitando títulos prestados a su accionariado.
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