Carece de importancia el valor unitario de una de las muchas bolsas que a cambio de dos tristes céntimos sirven para llevar la compra a nuestros hogares. Pero lo adquiere para todos aquellos que, incapaces de hacer frente al mayor desembolso de un paquete entero de varias unidades de plásticos destinados a depositar la basura, tienen que tirar con las que les van vendiendo en cada establecimiento. Terminan pagando grandes sumas por este concepto aquellos que viven al día por decisión o imposición.
Transitamos por momentos en los que es pecado capital tener un bajo poder adquisitivo. Por ejemplo cuando aumenta el Impuesto sobre el valor añadido, ejerce el nuevo gravamen una presión sin parangón en el otro extremo, donde nadie consume sino invierte por puro placer. La capacidad de todos aquellos que apenas subsisten queda mermada por el efecto inverso de aquella máxima que dice que el dinero llama al dinero. Pero que inversamente sentencia a la pobreza.
El aposentado que tiene por costumbre adquirir bienes a borbotones goza de los descuentos que se otorgan a aquellos que sostienen la parte más clientelar y detallista de la cadena distributiva. En el estanco los fumadores con alto poder adquisitivo salen con varios cartones, algunas camisetas, gorras y mecheros de regalo. Se ahorran hasta el tiempo que gastan aquellos que en épocas pasadas tenían que tirar con algún cigarrillo suelto. Adquirido con alguna minúscula sobra en la cartera diaria, se tienen que conformar, desde la prohibición de comercializar tan al detalle este tipo de males, con pedir un crédito para ello porque lidian con el otro mal de tener que vivir al día. Adquieren con él préstamo la misma prenda, el mismo encendedor y el mismo sombrero que en llegar a casa los llamados por el dinero lanzan a una bolsa de basura regalada en la charcutería, por llevarse un jamón entero cada dos semanas. El crédito de pequeñas dimensiones también se las trae. Nada que ver con aquellos llamados sindicados en el que varias entidades tienen que acordar su firma dado que una sola no puede desembolsar la magna cantidad. Al contrario estas minucias crediticias, que hasta cualquier vecino que mínimamente vive al día siguiente puede prestar, salen caras. Representan llevarse un mechero, fumarse el cigarrillo de un paquete comprado al estricto detalle y pagar los humos de los de siempre.
Ante el expolio que algunos conciben como premeditado sólo queda como alternativa otro tipo de premeditación. Por ejemplo otra sindicación que la descrita anteriormente. O de forma individual también sigue siendo posible ganar unos días en el proceso de compras. Pero que cada momento que transcurre se hace un poquito más difícil. Así es como se puede lograr desembolsar alguna cantidad que piden en la oferta de la esquina donde han colgado un cartel de 2×1 de algo que nos hace ninguna falta, pero que el mes siguiente nos puede ser imprescindible.
Macroeconómicamente los hispanobonos vienen a jugar esa forma de sindicación crediticia por el lado de los deudores. Evitan pagar altos intereses a las Comunidades Autónomas que generan mayor desconfianza. Los Eurobonos exactamente lo mismo pero a nivel europeo. En la calle sin embargo no prosperan las compras en conjunto ya sean de bienes o productos financieros. El resurgimiento popular aunque no lo parezca empieza por pequeñeces de este tipo.
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