
El ambiente no era el mejor para un contraste de pareceres. La cadena caracterizada por el cotilleo, el chismorreo o la superficialidad de enfoques no debe ser el mejor lugar donde albergar una discusión necesaria. Pero seguramente en una plaza de toros, aunque vacía de seres vivos, las palabras hubieran derivado en peores actitudes por aquello del contexto.
Tele 5 no es el lugar más adecuado para debatir absolutamente nada. Se puede insultar a destajo donde la moderación escasea. Como toda primera piedra, lanzada en igualdad de condiciones es sucedida por posteriores ataques y así sucesivamente. Pero no fue del todo así. El pasado sábado en el gran debate, que de momento dio gran voz a quien se la ganó con peculiares acciones situadas más allá de lo que legalmente se conoce como delito, reinó una superficial paz. El debate, inexistente, se fundamentó en lo trivial.
La torpeza estuvo bastante bien repartida. Las líneas trazadas por la moderación instigaron el pobre contenido de una conversación insulsa. Los contertulios no quedaron muy rezagados y tampoco supieron añadir ingredientes suculentos a las paupérrimas palabras periodísticas.
El guión se propuso restringir la discusión a la condena o aprobación de los hechos acaecidos en varios supermercados andaluces y lo consiguió fácilmente. Las imágenes emitidas remitían a esa controversia. Juan Manuel Sánchez Gordillo como protagonista no se supo sacudir esa línea argumental en ningún momento. Fue víctima de las palabras que no tenían más intenciones que restringir su capacidad de maniobra. Las acusaciones vertidas sobre este personaje y sus compañeros, que se fugaron sin pagar 10 carros de la compra de un comercio, se podían haber zanjado con un reconocimiento fugaz de las culpas. A partir de este punto la oportunidad de pasar a otros temas hubiera sido viable y necesaria. Pero el insigne diputado prefirió arremeter contra media casta de políticos, banqueros y empresarios varios, evasores de impuestos, tras cada ataque oral. No era el mejor momento cuando, aunque sea en Tele 5, ofrecen la oportunidad de hablar largo y tendido durante dos horas. Porque no se trataba del gran debate sino del único ante un vasto público a quien exponer alternativas.
Apareció Gaspar Llamazares, en conexión directa desde Oviedo, que fue uno de los pocos políticos que había salido en defensa del alcalde de Marinaleda. La conversación siguió girando en las aprobaciones y repulsas de un hecho sin trascendencia del cual la justicia ya se encargará de dirimir veredicto. El político está para servirle un catecismo distinto al existente a un juez que asimila textos sin entrar en valoraciones. Exactamente la misma función que ejerció la abogada presente en el plató. Nos leyó aquello que todo el que quiera tiene opción de leer en los textos jurídicos.
Lo que quedó claro con la entrevista al ex-coordinador de Izquierda Unida es que sus opositores no andan muy finos en sus acusaciones. Le lanzaron varias reprimendas por poseer 300000 euros en cuentas bancarias, cosa perfectamente coherente con una persona que se mantiene al margen de la vorágine consumista.
Igual que en el bando situado a la izquierda, en el de la derecha tampoco andaron muy generosos en el relato de las consecuencias que supondría la estricta aplicación de su sistema de valores, si es que los tienen. Es el contenido que más se notó a faltar como casi siempre que aparecen en pantalla. ¿Alguna vez se atreverán a decir abiertamente que están por la labor de proporcionar alimentos, sanidad, educación, ropa o satisfacer cualquier otra necesidad en función del poder adquisitivo de cada uno?
Mientras unos callaban lo que siempre omiten, Juan Manuel Sánchez Gordillo anunciaba que sus acciones podrían tener fin aquel día en que el gobierno legisle la manera de hacer llegar alimentos a los necesitados procedentes de grandes superficies. En otras palabras; proponía crear otro impuesto que no fue ni rebatido por ninguno de los contertulios. Adentrarse en asuntos esenciales les hubiera podido significar tener que hablar de otras maneras de satisfacer las necesidades de los estómagos que no es otra que dotar a algunos individuos de tierras o a otros de herramientas financiadas con recursos públicos, bancarios o benéficos. Es en estos territorios donde perciben el peligro de salir quemados y nunca se meten. Porque quizás tan siquiera tengan plan alguno.
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