Si es usted malpensado y suspicaz tiene motivo financiero para estar satisfecho. Francia, Austria, Malta, Eslovaquia, Eslovenia, España, Chipre y Portugal han sido el blanco de las últimas rebajas de calificación de la agencia estadounidense S&P. En el país galo un mazazo que ha significado la convocatoria de un gabinete de crisis.
Hace apenas una semana Angela Merkel y Nicolas Sarkozy se reafirmaban en las pretensiones de sacar adelante una tasa financiera que gravara las transacciones de capital. No obstante la coicidencia no era tanta. Mostraban acuerdo en el fin pero no en los medios. La canciller alemana prefiere una tasa fruto de una directiva europea que implica consenso multilateral con una Gran Bretaña que se niega rotundamente a tal práctica. Hasta cierto punto podríamos empezar a malpensar de Merkel si creemos que propone sabiendo que la vía escogida es inviable.
Gordon Brown ya había pensado en establecer un impuesto de este estilo en 2009. Pero entre la presión de la City y el remate de la visita de Timothy Geithner olvidó la idea. La tasa ideada por el premio Nobel de economía James Tobin debió esperar en Londres. La vinculación del poder político con el poder financiero se hizo notar en tal decisión.
El presidente francés, en cambio, expresó la ocurrencia de sacar adelante el gravamen a nivel nacional. Unos días después y de forma sorpresiva recibe la primera rebaja de calificación de sus títulos de deuda. Si es usted malpensado tiene motivos suficientes para sospechar en la relación de ambos acontecimientos. Oficialmente no encontrará otra explicación a la disminución de nota en la excusa. Escuchará repetidamente la falta de medidas adoptadas para encarar la crisis sistémica europea. Oficialmente la rebaja de nota supondrá costes financieros para Francia muy superiores a todo lo conseguido con el impuesto prohibido propuesto por Tobin. Si sigue siendo malpensado puede hasta llegar a ilusionarse en que esta vez la política vencerá a las finanzas.
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