Las cifras de paro que no paran de aumentar día tras día están acompañadas de muchos dramas, miserias y penurias. Relatadísimas en los medios de mayor difusión y serio aviso para navegantes crédulos. En el lado positivo de la balanza el nuevo florecer del fenómeno conocido por emprendeduría, o algún término parecido, actúa de fuerte contrapeso en la destrucción del tejido industrial con el que estamos familiarizados.
En esta época que nos ha tocado vivir tenemos el placer de encontrar continuamente nuevas propuestas, idea de aquellos que han sido expulsados del mercado laboral o bien no acaban de ver clara su incursión. La masa aumenta, los presupuestos en subsidios al mismo ritmo y las capitalizaciones de prestaciones van ganando peso paulatinamente. Los nuevos cotizantes de la seguridad social en régimen de autónomos tienden hacia el infinito en un mercado que se desmorona, una producción agregada que está en niveles delicados y unas alternativas que en la mayoría de los casos son poco más que espejismos.
Aquel personaje que está de moda, inspirado por una especie de don divino y que responde al nombre de emprendedor acostumbra a actuar como empresario, pero revestido por esta palabreja que realza la silueta tradicional. El envoltorio es ilusionante, el contenido suele ser deprimente y el futuro negro pensando en el destino que nos depara la proliferación de personas de estas cualidades.
Si bien es cierto que supone un paso adelante necesario el hecho que cada vez más cotizantes se identifiquen como emprendedores e intenten tomar el timón de sus vidas, también es un paso atrás las actividades que acostumbran a desempeñar. Una alternativa sencilla ante el cierre de una empresa es largarse. Cuando el capital de los despedidos es suficiente para adquirir algún medio de producción clausurado, quienes están tocados por esta inspiración se acomodan como propietarios de exactamente lo mismo y cometiendo los mismos errores que sus antiguos patronos. Quien ha adquirido algún conocimiento en su oficio de siempre tiende a desarrollarlo de alguna u otra manera, acompañado o en solitario. La emprendeduría hace florecer establecimientos que por algún motivo están en la ruina. Liberados los antiguos empleados de la contribución a los beneficios del dueño tienen más pastel para repartir, pero pueden seguir inmersos en el ojo del mismo huracán. A corto plazo los números salen. A largo las fatídicas tendencias, prolongadas, terminan llevándose por delante más porciones del pastel a repartir.
En el grupo de las actividades novedosas es en el que pudiera parecer que todo lo relacionado con la emprendeduría es maravilloso. Efectivamente tiene grandes beneficios disponer de cientos de miles de aplicaciones para el teléfono móvil que indiquen si hay que girar a izquierda o derecha en cada intersección, o avisen de que el tren llega a destino y hay que despertarse. También era imprescindible la nueva tecnología que hace dos décadas creó la burbuja de internet. El invento en sí no fue obra de ningún emprendedor conocido. En el anónimo ejército estadounidense se fueron fraguando nuevos sistemas de comunicaciones, para que viniera una masa de aprovechados a introducirlo hasta en la cocina. Detrás de cada innovación los beneficios pueden ser monstruosos. El día que se lanzó al mercado el microondas los iluminados que optaron por fabricarlo y venderlo se forraron, pero a costa del mismo patrón. O quienes introdujeron la pizza en este país que hace tres décadas prácticamente la había probado. No resolvió ningún problema alimentario esta receta milenaria, pero el que supo entrar a tiempo y salir por patas descansó un buen rato. Haciendo gala de la máxima “coge tu dinero y corre” la mayoría jugó a eso en el fondo y algunos siguen empecinados en repetirlo. Con la crisis más terrible de todos los tiempos la avidez aflora más que nunca. La criba más adecuada del momento puede consistir en saber separar adecuadamente el grano de la paja mental que se va propagando al unísono de un fenómeno sin vuelta atrás. Como internet, pese a arruinar a cientos de miles de buscadores de tesoros, dejará una huella insalvable en el devenir de la humanidad.
En los años 30 alguien con profunda inspiración pensó en vender la pizza en porciones en Estados Unidos. Tuvo un gran éxito esta innovación para los bolsillos del ingenioso emprendedor. ¿A qué estará esperando alguien todavía en la sombra para comercializar el pan a rebanadas o periódicos por páginas? ¿Logrará convencernos de que ha venido al mundo para salvarnos del hambre y la incultura? Todavía estamos a tiempo de evitar esta burbuja tras las otras que padecimos tan recientemente.
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Empresas, emprendedores y tendencias
¿Y ahora qué? Metamorfosis
La burbuja inmobiliaria dejó infinidad de víctimas. Algunas de ellas fracasadas como verdugos tuvieron que conformarse con ese papel contrario. Especuladores que no fueron capaces de sacarse a tiempo todo lo levantado a crédito, antes del giro imprevisto de un mercado agotado, pero previamente a la fase del ciclo expansiva. Otras, son personas de rentas reducidas que creyeron repetidos bulos de vendedores, de inmuebles o créditos, para adquirirlos. Ante la opción de contrastar la publicidad engañosa de los interesados en difundir la fiebre por la vivienda se quedaron con las bonitas palabras que dibujaban un futuro prometedor para toda su estirpe.
Con el mundo trastornado tal como lo habían imaginado vendedores y compradores de un bien indispensable, empezamos a escuchar gritos en las sucursales bancarias en cada quiebra familiar y silencio en los despachos. Se han entregado discretamente cientos de miles de viviendas terminadas o por concluir a cambio de olvidar para siempre de este negocio que, como todos, lo es cuando el viento acompaña. Mandar la pelota al tejado del vecino, con llaves incluidas o cerrojo por colocar, ha sido la solución de los grandes ingenieros de las finanzas, más que de la construcción, que entienden el mundo de los balances algo mejor que la parte prestamista. Lo cual tampoco es muy complicado. Párese a hablar dos minutos con quienes ofrecen tarjetas de 30000 euros de crédito por la calle y verá a lo que me refiero. Saben de finanzas como yo de tiburones. Pero, entre esa masa de escuálidos, alguien por muy pocero que fuera de jovencito terminó saliendo victorioso con destino a otro país o a otro sector en auge. No hay crisis que se resista a los más intrépidos estrategas.
Aquellos que en la vida habían tenido curiosidad alguna por informarse debieron ponerse al día de golpe y empujados por una debacle sin precedentes. Se enteraron entonces que los préstamos sobre la vivienda tienen además de garantía hipotecaria, otra de tipo personal que condena a una deuda eterna siempre que otra burbuja no sentencie lo contrario. Se lo contaron en asociaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que además de su faceta didáctica siempre ha tenido un carácter reivindicativo. Llevar a discusión y aprobación la dación en pago retroactiva es el gran reto de este grupo que eclosionó con la miseria que se iba fraguando en cada contrato de compra-venta. La actividad pública se complementa en cada desahucio con acciones de resistencia ante la autoridad a la hora de perpetrar el dictamen judicial.
Un servidor siempre ha sido escéptico con la capacidad de transformación de todo este tipo de grupos. Difícilmente puedan surgir proposiciones racionales en la búsqueda de nuevos modelos de satisfacer necesidades humanas. Las prisas, la miseria o la necesidad nunca han sido buenas consejeras. Desahuciados ha habido muchos a lo largo de la historia aunque jamás cayéramos en la cuenta. De ellos tampoco surgieron grandes brotes verdes organizativos. Desde la persona mayor con dificultades de movilidad que vive en un cuarto piso sin ascensor y se ha estrellado bajando las escaleras a la joven que ocupa la casa de unos padres de alquiler de renta antigua y sufre la contrariedad de ver morir a los arrendatarios. La problemática relacionada con el azar y casi estrictamente con éste era mayoritaria en los años de bonanza, cuando los pisos casi los regalaban. Si en algún momento no se podían pagar venía alguien y ofrecía el doble de lo que costaban. Así solucionaban las incertidumbres mentales quienes adquirían un techo al precio que fuera. Como los promotores pretendían enviar la pelota a otro tejado.
Si el 2011 finalizó con la entrega de un premio a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca por la labor desempeñada, el 2012 la asociación ha devuelto el galardón con la primera propuesta digna de considerar en toda la historia, coincidiendo con la peor época de desahucios. Ni más ni menos ha osado promover viviendas de paja que de modo experimental se construirían en un municipio de tierras gerundenses. Fenomenal iniciativa la de introducir la sostenibilidad en las nuevas edificaciones. Además este grupo experimental de pocas viviendas contará con un recinto público para albergar servicios comunes y huertos que posiblemente puedan ser regados con aquellas aguas que actualmente desperdiciamos por una alcantarilla hasta paradero desconocido.
Restringiendo las edificaciones a los materiales disponibles ninguna burbuja se podría haber producido. Ni la financiera ni la peor de todas que es la de recursos materiales llegados de las antípodas del globo. Ese es el mejor medicamento para evitar futuros desenfrenos colectivos. Pero que las prisas no nos pillen despistados tampoco. Edificar con materiales nobles como la piedra no significa dilapidar recursos en favor del bienestar en los habitáculos. Tampoco se deriva en incurrir en grandes gastos, pues resulta baratísimo pese a que monetariamente las cuentas expresen lo contrario. Significa en primer lugar levantar construcciones que pueden durar milenios como cada catedral que preside las ciudades que conocemos. Limpiar el campo de piedras significa aumentar la productividad de los suelos donde se cultiva el trigo o el pino con los que solucionar otras problemáticas relacionadas con la vivienda. Encontrar las sinergias es la clave en este y en cualquier otro proceso.
Especulaciones presidenciales
Siguen discutiendo en tierras estadounidenses por el descenso o aumento del paro. Los tiempos de recolección de votos traen estas consecuencias. El día después de las elecciones, resultados en mano, continúa el debate sobre quién se alzó con la victoria. Algo muy representativo de hasta qué punto un proceso electoral puede estar mediatizado. Sin micrófonos los escrutinios cantarían. Con altavoces estamos obligados a escuchar óperas diversas, contrapuestas y hasta incordiantes.
Los oídos deben estar silbando a multitud de desempleados norteamericanos que por no tener otra cosa mejor que hacer, ni se molestan en perder el tiempo buscando su media naranja contratante. Según unos, suman algunos millones quienes han desistido en la captura de un salario. Según otros, la economía planificada por Obama empieza a ir como un tiro y a generar ilusionantes puestos laborales.
Ahí está la clave para quien quiera identificar el dato publicado este viernes como un vaso medio lleno o como otro medio vacío. Ambas posibilidades existen y se sirven a la carta por parte de unos medios de comunicación más próximos a uno u otro candidato. Son pocos, entre los grandes, porque reciben de respectivas clientelas exactamente lo mismo. Todos tienen la razón y así lo expresan las encuestas con un empate técnico entre los dos candidatos al trono. La victoria de Romney u Obama será por los pelos.
En Estados Unidos no tuvieron bastante con la creciente especulación financiera desencadenante de la fuerte tormenta monetaria. Necesitan jugar también con unos datos que son mucho más benévolos que una cruda realidad, se mire por donde se mire. La crudeza reside en el hecho de que un mercado que crea la cifra, nada despreciable, de 171000 nuevos puestos de trabajo no sea capaz de disminuir la tasa total de desempleo. Más crudo todavía es discernir si puede ser consecuencia de la ilusión provocada la vuelta a las labores de búsqueda de empleo por parte de una gran masa de estadounidenses. O si han aterrizado de nuevo cientos de miles de participantes por cuestiones naturales o migratorias. Son sensaciones que ningún barómetro será capaz de medir. Desesperación o ilusión pueden ser el hilo de dos interpretaciones verosímiles de la situación. Para salir de dudas, especulaciones con programas incumplidos y cifras insensibles, bastaría con haber publicado un simple agregado. Aquella cantidad del PIB que se ha destinado a pagar salarios en los últimos tiempos es mucho más explícita que todo lo anterior. Una manera mucho más precisa de vislumbrar los ánimos de la parte contratante a la hora de remunerar el factor trabajo. Este barómetro mide con mayor efectividad la generación empleo neto y terminan las discusiones analíticas. Separa el grano de la paja excelentemente, en términos simples. Por la senda de los números de contratos, de más o de menos, seguimos en la perdición político-económica a la que ya estamos quizás demasiado acostumbrados para darnos cuenta.
Tan perdidos y confundidos nos encontramos que el imperio mediático “El País” publicaba el sábado esta información que no se aguanta ni con pinzas en el tendedero tras el paso del “Sandy”. Claro que los “sinpapeles” votan. Siempre lo han hecho. Tal y como los documentados que solemos poseer una sola identidad podemos votar varias veces. Unos más que otros que para esto tampoco hay igualdad de oportunidades. Cuando la confusión es máxima crece el potencial de hurgar afecciones en cada revuelo informativo. Para eso no es necesario tener ninguna nacionalidad. Solamente basta tener licencia, desvergüenza o algo de jeta y rascar en la irracionalidad, natural o provocada, de unos descolocados electores. El botín, más que nunca puede depender de la pericia en utilizar este arma que apunta el prestigioso periódico.
Las consecuencias, gane quien quiera, serán la vuelta a la recesión. El gasto público que sustenta el auge artificioso, da los últimos coletazos en Norteamérica. No habrá que esperar a enero para leer cifras mucho más clarificadoras y a su vez terribles. El Tea Party está esperando cobrar la aprobación del incremento del techo de deuda hace dos años, cuando el estado más poderoso del planeta naufragaba. Nada es para siempre y será en enero cuando empiece a obtener los frutos prometidos. La reducción del gasto público y el aumento impositivo, debería pasar factura a una de las economías más endebles del planeta. Este retraso consentido puede mantener a Obama en la misma situación que Zapatero como inquilino de la Moncloa en los tiempos más difíciles de la historia. Una retirada a tiempo podría valer más que una victoria. El triunfo en las elecciones presidenciales debería festejarse humedeciendo las barbas, no los labios.
Manos arriba, esto es un recobro!
Se complica el cobro de deudas pendientes. Sobre eso advierten los procuradores, a través del vice-decano del colegio de Barcelona. Nos hicieron saber que la lucha contra la morosidad será más cara. Sin darse cuenta de la infinidad de factores que inciden en el aumento exponencial de los impagos a nuestro alrededor.
El procurador no entiende otra manera de combatir el impago que a capa y espada. En versión moderna, por la vía judicial. En caso de requerir trámites para exigir el cobro de facturas pendientes, el agraviado deberá desembolsar 450 euros en concepto de tasas por el litigio, hasta ahora gratuitas. En el supuesto de complicarse el asunto con apelaciones se iniciarían a cambio del módico precio de 1100 euros.
La medida afectará a todos aquellos que no disponen de justicia gratuita. Forman un cúmulo los individuos quienes por ley restan exentos de pagos judiciales, crecen exponencialmente y de alguna manera había que equilibrar la balanza. La administración de justicia entraba peligrosamente en la espiral de las facturas pendientes, hasta verse quizás inmersa en el abismo del impago. Las autoridades tampoco entienden otra manera de tapar agujeros que exigiendo la colaboración de la ciudadanía.
En la Junquera el consistorio tuvo la brillante idea de colgar en la pared la lista de clientes de prostitutas que no han hecho frente al pago de la multa correspondiente por haber sido pillados in fraganti. Se desconoce si tributan en paraísos fiscales, pero sus nombres son extranjeros. No por mucho reclamar amanece más temprano. El ayuntamiento tampoco posee mayores mecanismos de extorsión con este tipo de personajes. Exponerlos en público y esperar que la vergüenza les fustigue.
Los otros morosos más convencionales no se destacan por hacer pública su condición, pero tampoco por esconderla. A diferencia de lo que ocurría años atrás cuando el espabilado abundaba, la macroeconomía pone contra las cuerdas a un segmento de población que se ha encontrado en la necesidad de escoger entre gastos por saldar. Los procuradores parecen desconocerlo. A su vez ahondan en la búsqueda de un bálsamo inexistente para atenuar los dolores, sin pararse a pensar en el martillo que los provoca. Los trámites necesarios a realizar son otros y se fraguan en otros colegios que nada tienen que ver con la justicia.
En una de las últimas manifestaciones contra la política de ajustes, recortes o póngale el nombre que desee si no le gusta ninguno de los anteriores, la guardia urbana de Barcelona presente en el evento abría una luz de esperanza. A través de representantes sindicales expresaba la voluntad del agente de no sentirse exclusivamente recaudador. Alguien ha empezado a entender algo en todo este marasmo. No por mucho reclamar los pagos se saldarán antes. Superada la línea en la que demasiados morosos e infractores no han escogido su condición, se podrá liquidar a un sujeto pasivo, pero las facturas quedarán insatisfechas en la eternidad.
El moroso no lo tendrá más fácil para no pagar, como consecuencia de la decisión de cobrar el servicio público de gestión de deudas pendientes. Como ningún banco recupera el saldo pendiente de una hipoteca por muchos desahucios que realice. El recorte paulatino de saldos vivos de préstamos sigue otros caminos lejanos a la justicia convencional. El último recorte de la calificación de la deuda española podría repetirse en un futuro, en caso de continuar la mayoría de agentes económicos con estos mapas mentales tan reduccionistas.
Mediocridad
¿Se ha dado cuenta alguna vez de la poca utilidad que le reporta consumir cantidades adicionales de algún bien a partir de una cierta unidad? Ya sé de antemano que cada uno somos un mundo. Pero el umbral al que estoy haciendo referencia es aquel en el cual usted ha pasado a aborrecer cierta sustancia. Por tanto tampoco sería cuestión de cuantificarlo sino de expresarlo. A partir de ese estado ya no gozamos haciendo uso del determinado producto sino que incluso puede ocasionarnos alguna molestia.
Un vaso de agua o un baño en la playa pueden proporcionarnos una amplia satisfacción en situación de sed o calor intenso. Pero saciados de líquido nos empieza a crujir el estómago. Remojados largo rato en alguna piscina se nos empieza a arrugar la piel.
Según los economistas neoclásicos que desarrollaron sus teorías en un ambiente donde la mayoría de la población subsistía como podía consumiendo mínimamente, la utilidad que obtenemos consumiendo es decreciente a medida que aumentamos la cantidad a nuestra disposición.
No fueron estos iluminados quienes precisamente destaparan el concepto de clases medias, pese a contar con un objeto de análisis mayoritariamente situado en un nivel parecido de renta, riqueza y hasta de esclavitud. Intuyeron más de lo que su realidad les permitía y ya hicieron bastante. En ese sentido actuaron de visionarios de lo que vendría mucho después. Aquello de lo dicen, adolecen los economistas actuales que explican maravillosamente la historia pero nos dejan con el futuro en blanco. Una afirmación extremadamente difífil de negar. Si al que acierta se le desposee de su título de economista, zanjada la contradicción.
Una vez terminada la traca final de las contiendas que protagonizaban a menudo las masas situadas al borde de la inanición, la paz se sostuvo gracias en parte a la aplicación de este principio. La detracción de recursos entre las capas más adineradas no supuso ninguna revuelta como las que protagonizaban los más pobres cuando se les intentaba usurpar una centésima porción de sus ingresos. Callaron e intentaron satisfacer vicios de otras formas, desplazando recursos a la fuerza a los más necesitados. Su silencio permitió el refrendo de aquellas viejas teorías que en su época no tenían ni pies ni cabeza. Los neoclásicos las formularon en aquellas sociedades en las que unos subsistían y otros se viciaban. En presencia de conductas viciosas el consumo de cantidades adicionales de una sustancia aporta mayor satisfacción o incluso la sensación de vacío en caso de no disponerla.

Distribución de renta en España por decilas. Pueden verse las diferencias extremas entre aquellos que conformarían la idealizada clase media
Las clases medias fueron tomando forma en el ideario colectivo aunque en realidad tampoco se pudieran identificar con grandes multitudes, más allá de las cuales no se debían haber situado por necesidad teórica demasiados viciosos o carentes. La realidad era bien distinta a la tan repetida por aquellos que nos hablan de un desmantelamiento de una clase que jamás existió como tal. De los dos grupos con diferencias abismales de principios de siglo XX pasamos a distribuir las capacidades de consumo de forma muy repartida. Las porciones del pastel se hicieron infinitamente variadas. Las retribuciones ofrecidas por distintas empresas y sectores empezaron a disparar sus diferencias. Incluso en las mismas empresas conviven asalariados con grandísimas diferencias de nóminas, muchas más todavía si se tiene en cuenta la utilidad marginal decreciente.
En el rango salarial, en las curvas de distribución de renta o en la que podamos inventar para medir la distribución de lo que deseemos existe un término medio. Pero la cantidad de personas situadas cerca de lo que se ha denominado clase media ha sido una verdadera minoría.
La equidistancia está en otra parte que nada tiene que ver con una gran masa que cuente con ingresos parecidos. Durante esta época se formó una que ni es productora ni consumidora. Ni es trabajadora ni estudiante. Ni es inversora ni endeudada. Esa es la verdadera clase media; la que al no identificarse en ninguna parte no sabe todavía, ni falta que hace, en qué bando situarse. No hace falta ser economista para darse cuenta que esa masa sosegada es la que se intenta agitar por todas partes. Desde por parte de aquellos que predicen el desmantelamiento de algo que jamás existió, hasta por parte de aquellos otros que la sitúan como meta a sus reivindicaciones.
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Las repercusiones de las medidas adoptadas por el Gobierno para convertir AENA en un negocio rentable no se han hecho esperar. A partir del pasado 1 de julio, las tasas suben de media entre un 10 y un 19% en los aeródromos españoles, mientras que en Barajas y El Prat el incremento va del 50 al 100%. Por ello, algunas compañías han optado por dejar de operar algunas rutas. Consecuentemente, convierten un poquito menos rentable la actividad de una AENA en declive por motivos estrictamente energéticos.
Ryanair, primera empresa europea del sector de bajo coste y situada entre las grandes operadoras celestes, es una de ellas. Su presidente, el arrogante Michael O´Leary, comunicó profundos recortes en sus operaciones con origen y final en Madrid y Barcelona este invierno, en respuesta a la decisión tomada por el gobierno español de doblar las tasas de salida por pasajero. Así a partir de noviembre prevé recortar once rutas desde Madrid, cuatro desde Barcelona y reducirá frecuencias en otros 46 trayectos.
La subida de tasas tendrá como consecuencia un recorte severo del tráfico, turismo y empleo en ambos aeropuertos cuando remita la demanda estacional veraniega. Exactamente como el incremento del IVA en otros sectores. O´Leary, en declaraciones que denotan un frío sudor ante lo que sabe perfectamente que le viene encima, asegura que su decisión interferirá en los destinos de más de 2 millones de pasajeros y 2.000 puestos de trabajo. Estos recortes podrán remediarse sólo cuando el Gobierno y su monopolio aeroportuario gestionado por AENA revoque el incremento de las tasas. Una manera muy fina de expresar la debilidad de un tráfico que despega mediante un hilo rompible por cualquier incremento del coste operativo. Aunque se trate exclusivamente de unos centimitos por asiento, o localidad de pie si le permiten el uso del fabuloso invento de una puñetera vez.
Ryanair finiquitará los vuelos a partir de invierno desde Barajas a Almeria, Girona, Ancona, Bari, Cagliari, Dusseldorf, Eindhoven, Frankfurt, Manchester, Poznan y Verona. El recorte de frecuencias impactará en los trayectos a Asturias, Bilbao, Fuerteventura, Gran Canaria, Lanzarote, Palma de Mallorca, Santander, Santiago, Tenerife, Alghero, Charleroi, Faro, Krakow, Malta, Marsella, Milán, Oslo, Palermo, Paris, Pisa, Oporto, Roma, Estocolmo y Tánger.
La compañía irlandesa emulando lo que el mismo Ministerio de Fomento, propietario de AENA, prevé ejecutar en la monopolística RENFE, pasa la podadora en El Prat con la cancelación de las rutas a East Midlands, Leeds Bradford, Hamburgo y Trieste. El recorte de frecuencias desde la Ciudad Condal afectará a los vuelos a Alicante, Gran Canaria, Ibiza, Málaga, Palma, Santander, Santiago, Tenerife, Budapest, Charleroi, Dublín, Edimburgo, Glasgow, Liverpool, Memmingen, Milán, Oslo, Paris, Oporto, Roma, Estocolmo y Venecia.
Michael O´Leary recordó en la cita con la prensa que la subida de tasas es perjudicial para el turismo en España, el empleo y la economía en un momento en el que el desempleo juvenil se sitúa a niveles alarmantes, por encima del 50%. La compañía no ha comunicado cómo afectará en sus cuentas de resultados la decisión de suprimir o recortar algunas de sus rutas desde Madrid y Barcelona. Solamente salen intimidaciones por una boca arrogante que empieza quizás a callarse para siempre. Palabras que tienen efecto si y sólo si son asimiladas por aquellos que en devoción al personaje, creen quizás que fueron tipos como éstos quienes nos acercaron al pleno empleo, en tiempos que son inmemoriales.
La subida de las tasas afecta más a compañías que operan bajo el formato low-cost, ya que sus márgenes de negocio son casi inexistentes. Está por ver cuál es la reacción a la medida de Ryanair de otros grupos como EasyJet, Air Berlin o la joven Iberia Express. Pero previsiblemente ocurrirá lo mismo que en otros sectores mucho más cercanos. De la misma manera que al cerrar un comercio no lo celebran los distribuidores vecinos con mayores resultados, a excepción de periodos muy cortos de tiempo que suelen marcar el hambre para mañana, tampoco descorcharán ninguna botella espumosa los operadores llamados tradicionales, pero que empezaron a abandonar la ortodoxia hace alguna década.
Iberia y Air Berlin comunicaron su arrogancia de no repercutir a los clientes la subida de tasas a los billetes comprados antes del 1 de julio. Vueling se vio obligada a recaudar para el Estado la desproporcionada subida de tasas aeroportuarias así como la automática aplicación de dicho aumento a todos los vuelos con origen España a partir del 1 de julio independientemente de su fecha de compra.
La fundación de estudios económicos Fedea publicó hace unos meses un informe en el que decía que la importante deuda acumulada por AENA y el hecho de que la mayoría de los aeropuertos españoles presente resultados operativos negativos, obligan a un replanteo serio en relación a la gestión de estos aeropuertos. Ahora, el Gobierno estudia su privatización por el mal estado de salud de las cuentas del Estado. A perro flaco todo son pulgas. A perro sediento de petróleo todo es desierto.
Con datos escalofriantes de 2009 sólo ocho aeropuertos españoles están en beneficios y son Palma de Mallorca, Málaga, Gran Canaria, Alicante, Tenerife Sur, Girona, Bilbao y Murcia-San Javier. Mientras que 27 están en una situación de pérdidas. Existe otro grupo que pese a generar costes en las cuentas de todos cuentan con un volumen alto de pasajeros. Serían Madrid, Barcelona, Ibiza, Valencia y Lanzarote. Son las infraestructuras que pese a la irrentabilidad, se consideran estratégicas en la atracción de masas de carteras, en este caso turísticas, que generan empleo, beneficios, IVA, IRPF y demás imposiciones varias. Todavía existe otro conjunto de aeródromos. Aquellos donde sólo aterrizan fantasmas como bien podría ser el mismo Michael O’Leary. Si había pensado en algún ser de otra dimensión habrá que buscarlo en algún aterrizaje desafortunado fuera de toda pista en la que tributar tasa alguna.
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Siguiendo la deriva liberalizadora el gobierno tomó otra decisión encaminada a avanzar hacia la flexibilización total. En esta ocasión son los horarios comerciales los que se continuarán adaptando a las necesidades del consumidor.
Esperanza Aguirre desde Madrid se ha situado en la cabeza de esta estrategia que relaciona positivamente el tiempo que permanece abierta una tienda con la caja recaudada. Una equivalencia tan simple como supuestamente incierta. Tan evidente como el hecho que el turismo ya no es el que era. Ha mutado desde que viaja hasta el hijo de la sirvienta que no consume otra cosa que no sea agua de la fuente, o embotellada en el caso extremo que haya restricciones por sequía.
La capacidad salarial no es que haya mermado solamente en España sino también en toda Europa. Una medida destinada a empaquetar productos a los visitantes obligando a abrir tiendas los festivos, en las zonas declaradas turísticas puede llevar a resultados recaudatorios paupérrimos de no ir acompañada con políticas más profundas. Una de ellas podría ser la salida del euro seguida por una devaluación drástica de la nueva moneda.
Los salarios europeos no se van a subir desde España. Tampoco con esta ocurrencia se va a lograr aumentar la capacidad adquisitiva del trabajador autóctono. Es en este punto donde cabe recordar que nadie en todo el continente ostenta la categoría exclusiva de consumidor sino varias. Pero la estrechez de miras solamente contempla al ciudadano como potencial cliente, que es como le gusta sentirse y que le asimilen. La realidad es que alguien con mayor o menor fortuna deberá situarse al otro lado del mostrador y más extensamente en toda la cadena de distribución, transformándose progresivamente una mayor masa de seres en trabajadores asalariados.
La falta de perspectiva no afecta solamente a los legisladores. También a los mismos que años atrás se lanzaron masivamente a comprar el pan en domingo cuando las panaderías empezaron a servirlo todos los días. Poco a poco esta estrategia improvisada fue minando el más pequeño comercio que se mantenía en la rigidez horaria por motivos obvios de rigidez personal. Resurgido con comerciantes extranjeros la alternativa fue mantener abierto todos los días y horas del año para satisfacer la búsqueda en cualquier momento de todo aquello sin lo cual no podríamos vivir en un determinado instante.
Es allí donde se adquieren las imprescindibles botellas que satisfacen los deseos de botellón a los nuevos turistas low-cost. Unos envases que es imposible encontrarlos a media tarde cuando ningún comerciante muestra serios deseos de dormir. La improvisación es lo que rige. De la misma manera que improvisadamente grandes masas de viajeros pernoctan en España consecuencia de alguna oferta de última hora, algún olvido de último momento conduce a los pasajeros a la primera tienda con la persiana levantada.
La suerte está echada desde Madrid y se va extendiendo por todo el territorio. El modelo de la capital se irá apropiando de cada esquina con escaparate. Desde la periferia se procurará intentar parar los pies a la nueva deriva legislativa pero ni el supremo constitucional dará razón alguna a los demandantes.
Estamos inmersos en un profundo cambio de modelo en el que los tres poderes resumidos en uno van a hacer todo lo posible para sacarnos de esta crisis que se enquista por puro placer. En el nuevo paradigma se mantiene exactamente lo mismo en estanterías y escaparates pero muchas más horas que antaño. Lo que difícilmente resistirá serán aquellos comercios que siempre ejercían como tales. Aquellos con los que siempre se podía contar para sanar la desordenada cabeza de cada uno. Los que difícilmente lo contarán serán aquellos que comercian con otros bienes de tipo más duradero. Sin una mayor capacidad salarial el consumo se desvía hacia el producto más simple y efímero. Aquel que ofrece pequeñas y continuas satisfacciones. Cuando se termina hay que empezar a buscar el siguiente en el comercio abierto las 24 horas.
Por mucho que se empeñen unos en obligarnos a comprar, la mayoría estamos obsesionados con no hacerlo. Mantenemos la perversa obsesión por no pedir crédito y los del otro lado del mostrador financiero por no concederlo. Donde la oposición a los nuevos horarios comerciales es máxima quizás lo sea porque había otro plan para hacer volver a girar la maravillosa rueda. Sin aumentar salarios, evidentemente, pero mucho más eficazmente todavía.
Resulta que en Catalunya en cuestión de pocos días se han venido abajo varios edificios. La noticia que no es más que una concatenación de casualidades se ha podido leer en la prensa de las antípodas. La difusión de estas anécdotas ha sido máxima para recordarnos, quizás, que es preciso rehabilitar nuestras vetustas viviendas. Otra estrategia encaminada a cambiar drásticamente de paradigma. Ya no es necesario adquirir ningún ladrillo, solamente pintarlo más a menudo para poner fin al círculo vicioso. Comprar no es un placer sino un mandamiento. Progresivamente habría que ir transcribiéndolo al código al que debemos obediencia.
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Sus apariciones no ocasionan una gran seguimiento, como las de cualquier otro economista. Pero parte de su éxito se halla en haber sabido calar entre las más altas esferas político-financieras y aquellas de menor importancia decisoria.
Desde los grandes escenarios se emiten aplausos o discordancias a sus palabras que vienen a ser exactamente lo mismo sin una alternativa palpable. Desde las butacas más modestas sólo se espera que caiga algo del cielo o del infierno. Los discursos proclamados, no obstante omiten mucho más de lo que revelan. Los artículos son constantes y las respuestas le delatan.
Proclama la libertad a los cuatro trajes pero sólo practica la de indumentaria, paseándose acompañado de un diverso colorido por diversos organismos económicos internacionales. Allí se consensuan aquellas ideas que serán más tarde acatadas por las universidades de mayor prestigio. Finalmente apresan hasta a aquellos alumnos más reaccionarios. El arco iris se termina confundiendo en un sólo color cuando se fragmenta de noche.
Cuando la palabra libertad la asimilamos a flexibilidad entendemos que cualquier marco regulatorio nos conduce a la perdición. Sea el que sea y proceda de donde proceda. La merma de la capacidad de maniobra de cada individuo afecta al resultado óptimo de producción y distribución de unos recursos, que no son escasos pero escasean en las mentes de los más prestigiosos economistas. Porque en primer lugar confunden óptimo con máximo y empiezan a meternos en un frenesí productivo que no puede conducirnos a otro lugar que no sea una crisis.
No es exactamente lo mismo elegir el color de la camisa, el de la americana o el del uniforme. Pero a algunos les da exactamente lo mismo cuando han dejado de distinguir otra cosa que no sean colores. Como los niños que no saben ni lo que pintan pero sin embargo apañan combinaciones interesantes en un espacio reducido de papel.
Hoy, como tantos otros días, me levanté leyendo otra de las propuestas para salir de esta depresión que se enquista. Los eufemismos intentaré apartarlos de aquí en adelante. Pero a diferencia de lo sucedido en ocasiones anteriores tuve la tentación de volver a la cama donde al menos se pasan las penurias en posición mucho más reconfortante. En vano tuve la delicadeza de tomar nota de las recomendaciones de un Xavier Sala Martín que no es precisamente un economista cualquiera.
Ahí radica el problema precisamente, en el hecho que este individuo sea una mente destacada en lo más alto de la pirámide neo-liberal. Un personaje capaz de valorar en la misma proporción el porcentaje de producción del sector primario con el del terciario. Quizás como casi todos los economistas, pero por causas relativas a la fama lo expresa dejándose retratado constantemente.
Por ejemplo aquellas veces en las que expresó importarle poco el cambio climático. Si la producción de alimentos se desploma cosecharemos ordenadores y nos zamparemos los bits. Aquí lo que importa es crecer para crear empleo.
Supongo que libremente, teje un discurso que es capaz de extender los tentáculos de cualquier gobierno títere del corporativismo imperante. Es aquel que se beneficia de la flexibilidad tan proclamada. Aunque parezca inverosímil es ahí donde nos lleva la amplitud de miras de este tipo de corriente. A una ordenación jerárquica que parte de la misma jerarquía. La libertad se ejerce exclusivamente fuera del de trabajo y según lo conseguido en el puesto.
La dureza de un discurso excelentemente adornado suele conseguir el efecto de la admiración. Los más esclavizados súbditos se emocionan cuando escuchan sus palabras. Motivo por el cual aparece en los medios de comunicación de forma oral, visual y escrita con frecuencia. Basta con repetir frecuentemente el término libertad para hacer delirar a la multitud.
El deseo de liberación está presente en cualquier ser humano desde nuestro mismo nacimiento. Desarrollado, cautivo o reprimido por la sociedad ya sea anónima o limitada, por un estado o un clan. En el planeta donde cada vez es más difícil escapar de las garras civilizatorias la opción de tejer una nueva red entre seres libres se convierte cada día en una meta más difícil de alcanzar pero a la vez más necesaria.
Es cierto que el poder político ha cometido excesos y hay que reducirlo. Pero no a golpe de la flexibilidad que nos propone la nueva oleada liberal. No basta denunciar repetidamente las barbaridades de unos pocos. Sólo es imprescindible hacerlo para congregar la simpatía de los muchos en los que terminaría repartida la miseria. Pero que de apostar por una flexibilidad total jamás caerían en la trampa del salario.
Quien no cree en el estado no debería jamás aceptar tampoco un estado reducido a la mínima expresión, aunque sea infinitesimal. Eso es lo que viene predicando precisamente Xavier Sala Martín y otros tantos que se hacen llamar libertarios, pero que saben perfectamente la importancia de contar con ese tipo de estructura política a sus espaldas. Por eso cuando les preguntan por cual de las candidaturas estadounidenses se posicionan tienden a responder la de Ron Paul. Por eso cuando les preguntan si votaron o no lo hicieron responden con el argumento que no merece la pena hacerlo. Pero por motivos que nada tienen que ver con la creencia en la representación directa de cada uno. El individuo es importante en esta concepción, pero hasta cierto punto en el que termina delegando en algún poderoso. No les escucharán jamás decir que la ley emana de cada uno y no de un grupo de legisladores.
Esta corriente tan pintoresca y paradójicamente tan extendicda nos invita constantemente a abrir fronteras. Es lo que han propugnado y conseguido a lo largo de los últimos siglos. Quizás para que formemos estructuras tan globalizadas que impidan la participación en el gobierno de cada uno.
Pero lo mejor de lo mejorcito es cuando hablan de meritocracia. Se pasan la vida hablando del mercado como sistema de asignación de recursos, pero pretenden establecer este sistema obsoleto más vulgarmente conocido por designación a dedo para situar a cada uno en el nivel correspondiente dentro de la pirámide. Son tan ultraliberales que en verdad han superado la creencia hasta en el propio mercado.
Si lo desean pueden consultar libremente aquí 25 propuestas para continuar con la crisis.
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Sucede en el centro del imperio pero se extiende como cualquier gota de aceite por todo el globo. El Departamento de Estado a través de su programa de recompensas por la justicia está ofreciendo siete millones de dólares por información sobre la ubicación de Ahmed Abdi Aw-Mohamed, el fundador del grupo islamista en Somalia.
El grupo militante somalí remunera de forma más austera. Algunos animales a cambio de la información sobre distintos funcionarios estadounidenses. Una ex-primera dama como Hillary Clinton no merece más de dos camellos. En cambio todo un premio Nobel como Barack Obama valdría cinco veces más.
El imperio empieza a valer poco según aquellos que desean verlo derribado. Así habría que interpretar estos últimos movimientos monetarios que se debaten en los intestinos más putrefactos de la lucha por el poder y la subsistencia.
Sin embargo en las antiguas metrópolis cuando se escucha hablar de camellos ya no llegan a asimilarse a un ser vivo. Debido a la decadencia irreversible en la que nos vemos sometidos, nuestro imaginario nos remite más fácilmente a aquel personaje que trafica con drogas que a un par de jorobas.
No son estupefacientes los que pretenden suministrar los islamistas a quien aporte buena información sobre el paradero del decadente presidente de los Estados Unidos. Pero a la europa en proceso de desertización le suenan a árabe estos estupendos vehículos que alcanzan velocidades de 60 km/h y mantienen los 40 que lograron los primeros ferrocarriles con relativa facilidad.
Tras el aterrizaje de Obama en otra de las reiteradas cumbres que tienen lugar en el mundo desarrollado para intentar remediar sus bienes, la asimilación todavía queda más clara hacia donde se decanta. Esta vez fue en Los Cabos donde se reunió el G-20. Mañana será en otro lugar donde todos los mandamases que quieren continuar siéndolo, a excepción de Angela Merkel, apostarán por el crecimiento desenfrenado. Ya sea expandiéndonos monetaria o realmente que viene siendo más difícil en las últimas décadas. Sin crecimiento el poder se tambalea y bien lo sabe el máximo mandatario del globo que está próximo a ser reelegido. Las recesiones se posponen para después de las elecciones o salen rana.
La alternativa de la apariencia existe y sigue siendo la única salida viable para encarar los procesos electorales. Si no es en la vena de cada ciudadano se inyecta una especie de moral ficticia por las ondas que taladran cada hogar. Si nada de ello funciona siempre queda el reparto de la convencional droga.
Según un estudio publicado recientemente tras dos años en el anonimato, el agua del subsuelo de Barcelona esconde restos de sustancias estupefacientes. Según el barrio de un tipo o de otro. Según la disponibilidad de la otra que circula de mano en mano y es presente en la mayoría de transacciones comerciales que no se saldan con tarjeta. Pero donde a la vez también está presente la cocaína que permanece más en el tiempo que otro tipo de drogas.
Recientes trabajos de investigación alertan del peligro de la metoxetamina que formará parte de las aguas subterráneas del futuro. Similar a la ketamina distorsiona las percepciones visuales y auditivas produciendo un sentimiento de estar separado del medio ambiente.
Que tomen nota los monetaristas por si las tradicionales inyecciones que aplican no tienen efecto en una sociedad con las venas acribilladas. Sólo quedarán esos remedios de naturaleza más física que producen los mismos efectos que el tan prestigioso dinero. Por si tenían alguna duda Europa diseñó un novedoso plan para crecer que costará 130000 millones de Euros. De no lograrlo el agujero puede agrandarse todavía más.
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Como cada año cuando se acerca el verano los descensos repentinos de precios se van también aproximando. Ya están aquí para satisfacer algún antojo, aunque sea el de escudriñar cientos de escaparates a ver qué porcentajes se aplican esta vez.
En cuestión de precios no vamos excesivamente acelerados durante lo que llevamos de año. Los aumentos del coste de carburante compensan la caída de la casi totalidad de bienes y servicios que componen nuestra cesta de la compra. Donde no hay descensos sostenidos existen ofertas puntuales que hacen las delicias de un consumidor temeroso.
Se va convirtiendo en habitual ver carteles de promociones que sin duda alguna coincidiendo con las rebajas oficiales se titularían así en estos momentos. Motivo por el cual en esta ocasión los chollos terminarán mojando lo que previamente ya chorrea.
Los más reacios a las políticas de precios de derribo van torciendo su actitud. El Corte Inglés anunciaba hace pocos días un sorprendente cambio de estrategia, ante una pérdida de cuota de mercado respecto a otras cadenas más generosas con el consumidor. En realidad generosidad poca la que se gasta por el mundo de la distribución. La intención que encierra esta táctica es trasladar a la estructura de costes los menores precios repercutidos al cliente.
Otra empresa que merece mención aparte es una de las pocas que se mantiene en manos del ministerio de fomento. Empezó la experiencia de los descuentos cuando inauguraba los servicios de alta velocidad entre Madrid, Málaga, Barcelona y Valladolid. Después de cuatro largos años llegó a la conclusión que precisaba de lo que llamaron revolución en los cambios horarios veraniegos.
De la misma forma que unos grandes almacenes no pueden suministrar duros a cuatro pesetas una empresa ferroviaria que además cierra las cuentas anuales con déficit todavía menos.
Los cambios no son tantos como parecían pero algunos son peculiares. En primer lugar sorprende que se fomenten los transbordos en una empresa con fama de impuntual. Será que otros cardan la lana mientras RENFE se plantea de esta manera adaptar circulaciones a necesidades de un número mayor de viajeros. Unos potenciales pasajeros que hasta ahora se mantenían alejados de este medio, quizás por no contar con desplazamiento directo asegurado contractualmente con un billete único.
Pero es que en segundo lugar y de forma más revolucionaria una empresa pública se ha atrevido a asestar un golpe a una privada que empezaba a acumular clientela de bajo coste en sus taquillas. El imperio que acumulaba Alsa en la carretera a partir de la instauración de la alta velocidad se ha empezado a intentar desmoronar. Muchos viajeros que cada día cuentan con menos recursos se vieron expulsados de un ferrocarril que pasaba a servir exclusivamente al cliente de mayor capacidad adquisitiva.
Lo más sorprendente todavía es que los servicios de bajo coste que pretender recuperar las relaciones perdidas en zonas que cuentan con vías de altísimas prestaciones las realizan trenes que cuentan exclusivamente con un asiento y poca prestación más que un retrete donde desahogarse. No cuentan con televisión, wifi ni tan solo algún vendedor perseguido de latas de refresco.
Son largos recorridos servidos mediante la unión de otros más cortos que se realizaban hasta ahora sin coordinación alguna. Son circulaciones ya existentes que continúan hasta que el mar dice basta. El resultado es la creación de nuevas rutas entre Madrid, Vigo, Barcelona o Irún con parada en casi todas las estaciones.
En la frontera francesa el viajero puede continuar su periplo con alguno de los nuevos servicios baratos de la alta velocidad gala. Allí los costes se intentan reducir en este segmento que suma más de 25 años de existencia. La SNCF ha optado por eliminar la cafetería de algunas unidades rodantes, aumentar el número de asientos y rebajar ostensiblemente los billetes de este tipo de producto.
Los recortes de Hollande tienen otra cara que los de Rajoy pero en el fondo son consecuencia de lo mismo. El cansancio que demuestra el consumidor está ampliamente extendido por el continente. Las soluciones se dirigen irremediablemente en la misma linea. Como en la peluquería de la esquina, sin viajar en ninguna clase preferente.
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Varios dogmas extendidos por nuestras mentes que creemos ampliamente flexibles apresaron nuestros valores tiempo atrás y ahí permanecen. En estos párrafos toca destapar otro de ellos. Intentaré dar alguna pincelada sobre el carácter progresivo de nuestro desarrolladísimo sistema impositivo.
La progresividad hacendística significa el pago según la capacidad de cada uno de generar flujos susceptibles de ser expropiados. Sin eufemismo alguno eso es lo que hay. Creo que no es necesario contar la conveniencia de que esto así sea. Lo exponen sin dar explicación varios textos constitucionales emanados en los más poderosos palacios.
Será porque lo dicen aquellos que más saben. Será porque lo repiten los más próximos a éstos. Será porque es otra de las imposiciones que banalmente asumimos todos. El caso es que los más ricos desean pagar grandes sumas a la hacienda pública y los más pobres disfrutan viendo como lo hacen.
Pocos se han parado a pensar el camino que ha seguido nuestro mundo con la instauración de un pilar fundamental del denominado estado del bienestar. Aunque muchos ante la oleada de recortes piden a gritos seguir la proporcionalidad en el movimiento contractivo. Faltaría más no llegar a esas conclusiones después de haber nacido escuchando la misma canción. Aunque sea de manera subconsciente el instinto lleva a reclamar recortar la desgracia de los desgraciados y la fortuna de los afortunados.
Las mismas mentes acaudaladas se muestran favorables a este modo de funcionamiento. Almenos en público así lo expresan. Lo han dejado escrito en los textos legales que rigen nuestras vidas y que mayoritariamente por ellos mismos han sido redactados.
Antiguamente la imposición directa empezó gravando aquello que era posible. Hace tres siglos se podía hacer tributar el paso por un puente pero raramente por un camino. Los municipios así lo procuraban hacer para asegurar el mantenimiento de la vía de comunicación entera. De la misma forma que no de podían poner puertas al mar pero sí condiciones a las embarcaciones de mayor tamaño cuando requerían de un puerto para la descarga.

Más recientemente a los monarcas asesorados por los mejores economistas de la época se les ocurrió instaurar un pago prácticamente unitario a todos los hogares. Una gran idea que no nos debería sorprender tanto. En el imaginario que utilizamos para la supervivencia diaria está contenida esta manera de actuar. Si planeamos un viaje en grupo a nadie se le ocurre establecer pagos distintos a los pasajeros del autobús. Si tuviéramos que recaudar fondos para la posible defensa de nuestra localidad ante un asedio me atrevo a pensar que tampoco se nos ocurriría reclamarlo de forma proporcional.
Pese a terminar la evolución de la hacienda pública estableciendo pagos proporcionales a la renta generada por cada individuo el resultado ha sido el que todos sabemos, aunque no lo parezca. Las diferencias distributivas del pastel colectivo crecen exponencialmente a tasas muy superiores de lo que el resorte impositivo pretende reducir. Crece la desigualdad en proporción a lo que cada reforma fiscal ha pretendido disminuir, si es que esa era la finalidad.
Solamente por este motivo de gran calado sería preciso empezar a desterrar la conveniencia de un sistema fiscal progresivo. Hay otros factores mucho más importantes que los recaudatorios que inciden en el acordeón que distribuye lo que cada uno dispone. Pero sin embargo este instrumento sigue sonando en la mayoría de debates mediáticos, en las cámaras parlamentarias o en las plazas.
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Un gran debate revolotea por las calles. No es el típico que precede a unas elecciones esporádicas, sino el eterno de la cotidianedad. Es aquel que tenemos cada día cada uno de nosotros mismos. Comprar o vender. Usar o tirar. Pagar o robar.
Grupos altamente organizados han decidido que en Cataluña los peajes va siendo hora de levantarlos. Pero ante las reivindicaciones, las reticencias aparecen en uno u otro momento. La disponibilidad de recursos institucionales para el rescate es mínima. Incluso después de la gran inyección de inyecciones.
Las multas son más necesarias que nunca para subsanar las cuentas que en su día no fueron capaces de financiar algunas grandes infraestructuras. No es de extrañar que las autoridades no se ensañen con este fenomenal movimiento. En primer lugar contribuye a la financiación de las arcas públicas. En segundo y de forma más importante es trascendental en la creación de un debate público sobre la conveniencia de circular gratuitamente o previo pago.
La conclusión será demoledora. Las multas por negarse a pagar en la cabina y las pertinentes al entorpecimiento circulatorio serán lo de menos. Pueden utilizarse para financiar a corto plazo vacíos monetarios. Al final del proceso podrían ser perdonadas como retorno simbólico de un favor impagable. Porque la conclusión puede ser irse transformando los peajes en muchos más. O alternativamente en otras formas por idear que traduzcan kilómetros recorridos en precio pagado por la erosión al firme, que sirve de excusa a las concesionarias para justificar la amortización que jamás se produce en este tipo de infraestructuras.
Si las cuentas públicas no están en su mejor momento las privadas no son la excepción. Los viajeros pueden hacer frente a viajecitos en empresas de vuelos baratos pero poca cosa más. Y últimamente ni eso. Según datos recientes empieza a descender también el uso de las latas de sardinas volantes. Pero no para incrementarse el consumo de caviar sino todo lo contrario.
El sector del taxi tampoco anda muy desahogado. En uno de los principales aeropuertos de AENA es incapaz de competir con el ferrocarril o el autobús a la hora de acercar al pasajero a la ciudad. Pese a tener precios distinguidamente caros los transportes públicos que circulan entre el aeropuerto del Prat y Barcelona, este tipo de oferta no es suficiente. El gremio baraja la posibilidad de empezar a aplicar tarifas fijas de alrededor de 15 euros. Precios adecuados a la nueva demanda que se ha ido gestando en estas últimas décadas. Tarifas a la baja que terminarán condenando al taxista a pedalear por falta de capacidad de adquirir combustible.
Pero tranquilos que al final todos andando, que es gerundio.
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Tenemos un gobierno que no nos lo merecemos. Un país que solamente piensa en la eurocopa tiene un presidente que se permite viajar exclusivamente el rato necesario para presidir el encuentro que daba inicio a la andadura de la selección en la máxima competición continental. Para después explayarse, una vez llegó a casa.
Nos contó lo que su secuaz de Guindos había hecho el día anterior y algunos desagradecidos no terminaron de darle las gracias. Pocos tuvieron la delicadeza de analizar lo que significaba el enigmático rescate y muchos menos aquellos confiados con la benevolencia de las autoridades.
A los mercados el regalo a la banca les supo a poco. Querían más madera para apuntalar un edificio en llamas. Tampoco esta vez se destacaron con un gesto hacia los centinelas del beneficio. Aunque sea momentaneamente, la reconciliación entre las pantallas financieras y las de los hogares es un hecho. Aunque la razón no sea la retransmisión de los partidos en las bolsas. Ni el seguimiento de las bolsas en los hogares. En el parquet no paran atención a unos equipillos que jamás cotizarán como sociedades anónimas. Por poner un ejemplo entre Grecia y Alemania la mayoría se decanta por el árbitro que no es aquel que silba, sino la marca que consigue vender más camisetas.
El ciudadano rescatado sin embargo no se conforma con haber aliviado la pesadilla de la deuda. Porque entre otras razones no hubo rescate sino un monumental crédito a las entidades financieras. Un movimiento sorpresivo que sirvió para dar la señal a toda Europa de que el dinero se podría terminar pero a su vez siendo infinito. Así es como el BCE advierte a los intrépidos agentes económicos que carecen de otra camiseta para vender que la puesta. Siguen incapaces de imaginar como el dinero para adquirirla es inmenso, con tanta reticencia a repartirlo.
Tampoco fueron rescatadas las mentes más perversas que ven en la apropiación indebida la única causa con la que se explica la crisis. 100000 millones no lograron ser necesarios para entender que de haber gastado la casta política esa cantidad en mujeres, mariscadas, coches oficiales y tabacos varios ocuparía el resto de la vida una cama de algún hospital y no el parlamento.
Si por algo hay que dar especialmente las gracias es por la preservación del patrimonio despreciado por media Europa. No merecía ningún europeo ninguno de esos pisitos edificados para su cartera y de momento no los disfrutarán. Es conocido que España edificaba más viviendas que Alemania, Italia y Francia en conjunto. Pero menos que no eran construidas para contemplarse. Eran para compartir bienestar. Unos se dedicaban a vestir a todo el continente con sus imprescindibles modas y los demás a fabricar automóviles con los que dar la vuelta al mundo para terminar en la cochera de casa. España sacrificó su territorio para dar cabida a todos esos productores de artilugios que prefirieron continuar malviviendo en sus estados, rodeados de comida basura y celulitis exasperante.
Tras el rescate, Seseña continuará siendo un municipio como los otros 8000 administrados por las autoridades que no nos merecemos. Esas que están los momentos justos en los lugares adecuados. Esas que gestionan aquello que la ciudadanía es incapaz de decidir en el descanso de cualquier encuentro de la selección. Los mismos que tampoco serán rescatados de su trasnochada ley marcial por la que los pisos siempre suben. ¿Se atreverán a decir también que España siempre gana la Eurocopa?
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Han cambiado los hábitos de consumo pero todavía falta un buen trecho. También cambió el año hace 5 largos meses. Lo que tardó la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) en dar a conocer el Informe Económico de 2011. Datos interesantes se pusieron encima de la mesa.
El número total de empresas se reduce a una tasa aproximada del 3% pero esto no impide la dominancia en el sector de las PYMES que representan el 96,2% del total. El número de trabajadores empleados creció en un 0,4% cosa que supone un 20% del total de la industria. No es de extrañar que la tasa de paro sea la mitad que en el conjunto del país.
La alimentación todavía es imprescindible y todos lo sabemos. Tan claro lo tenemos que en la mayoría de los casos supone la primera salida mental hacia la crisis particular que cada despedido padece. Si no piensa en un bar tiene en mente una granja de pollos. Otra cuestión a cortísimo plazo es que el proyecto sea factible. Los capitales de cada uno permiten lo que son capaces de adquirir. La clientela acaba juzgando a largo plazo la rentabilidad de aquel pequeño porcentaje de proyectos que sale adelante. El desempleado no suele ser de estirpes millonarias para permitirse diseñar grandes infraestructuras. Pero algún afortunado existe con capacidad de distribuir alguna que otra cosa. Producir todavía es más costoso y reservado a otra minoría mucho más exigua.
Los que mayor fortuna acumularon en el pasado año fueron aquellos que optaron por la dedicación al mundo de la comida. La fabricación de alimentos sólidos creció un 1,8% frente a la caída del 4,4% en la industria del líquido. Un dato demoledor desvelado por un informe económico que no debería pasar desapercibido. La recesión nos empuja hacia lo más necesario.
Ineludiblemente muchos consumidores han aprendido a valorar aquella bebida que no se fabrica. La mejor de todas como es el agua resurge sin alcanzar el esplendor perdido. Las cifras así lo avalan, como también la lentitud del proceso. Han cambiado los hábitos pero no drásticamente. Por eso, quizás a la mayoría tampoco le importe demasiado lo que come, sino exclusivamente su precio. Por eso más que crecer el consumo de alimentos simples como los cereales lo hacen mucho más los procesados de menor precio como las pizzas. La fijación por la marca empieza a tener el mismo interés que la preocupación por la lectura de los ingredientes.
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La plaga de recortes sigue su camino inexorablemente. En esta ocasión no me atropelló el coche tijeras en las puertas del dispensario clausurado. Fui embestido por el edicto anunciado en la caja de una frutería.
A partir de cierto día que está por ver, pues la vista no alcanza, la tradicional bolsa de plástico en la que se envolvía la compra será cobrada a un módico precio de dos céntimos de euro. Como alternativa al carísimo recipiente se ha empezado a comercializar otro envase más duradero. A mayor uso menor desgaste medioambiental.
Eso es lo que preocupa a nuestros representantes. El deterioro de nuestro entorno es tal que la tendencia señala la necesidad de aislarse del espacio colindante.
Estaban tan horrorizados los mandamases que tuvieron la brillante idea de cortar de raíz uno de los pocos obsequios que recibíamos al salir de un establecimiento comercial. Como despedida al dispendio no estaba mal.
Anteriormente al pago de la factura, habíamos tenido la delicadeza de seleccionar las piezas, con unos guantes fabricados con parecido material que las denostabas bolsas. Apenas usadas durante unos minutos y que por el momento continúan en la cartelera de la gratuidad.
Tras la selección, el género era introducido en pequeñas bolsas. Algunas veces cabría la compra entera en una de ellas. Pero seguirá siendo necesario usarlas para separar los distintos tipos de productos que adquiramos.
No es necesario condenar a la quiebra una cantidad creciente de fruterías que florecen en nuestro país. Ahora que los españoles tienden a consumir vegetales a borbotones parece que reclaman nuevos establecimientos. Simplemente es preciso un poco de cordura en el asunto. ¿Pretenden ahorrar las tiendas todas aquellas bolsas que obligatoriamente terminan en el contenedor junto con grandes cantidades de desechos que menospreciamos? ¿Pretendía el gobierno rescatar un sector antes de claudicar tras una expansión meteórica? El sobreprecio es lo de más en cada compra. La inyección vía venta de bolsas duraderas lechuga para hoy y hambre para mañana.
Las panaderías lo tuvieron más sencillo. Cambiaron el plástico por papel. Siguieron así, adelante con el derroche de recursos en el recubrimiento de lo que realmente nos importa. Malgastando toda la tinta posible en beneficio de la publicitación del establecimiento. Aunque todavía resta espacio para todo tipo de anuncios.
Una de estas actividades anunciadas podrían ser las escobas biodegradables. Con palo de madera y barredero de mijo, ratán o espiga. Sirven para lo mismo que las demás pero una vez limpiada toda la mierda del hogar conservan muchas propiedades. Sirven hasta para ser introducidas por el ano de alguna de esas autoridades que se esmeran en mantener tan impoluto este mundo. Allí donde habitualmente sólo penetra el micropene de sus parejas políticas. De moco simbólico, claro, como sus políticas simbólicas.
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Tienen un grandísimo problema en sus manos y no saben cómo resolverlo. Es de tales dimensiones que son incapaces de llamarle por su nombre. De hacerlo Europa se pone en pie de guerra empezando por Grecia y terminando por la vecina Portugal, con las barbas ya recortadas.
La sutileza es su arma. El engaño progresivo intenta terminar de reblar el clavo en nuestras mentes. No es cuestión de observar las inexactitudes pronunciadas por los políticos de todo el continente. Es ya momento de descifrar aquello que persiguen discretamente. Cosa bien sencilla pero que a la vez parece extremadamente difícil para una extensa mayoría.
Los economistas más ortodoxos son capaces de tejer una trama de argumentos alrededor de las palabras de unos políticos que no acaban de comprender las cuestiones productivas. Pero en cambio difunden a la perfección el mensaje más macabro de unos supuestos científicos trasnochados.
En tiempos de la Unión Soviética el sucesor de Lenin tuvo clarísima la estrategia a emplear en el objetivo de producir el máximo dados los recursos existentes. Es archiconocida la militarización del trabajo en un país donde sus ciudadanos prestaban una especie de servicio militar en el frente en vigilancia continua o en la pacífica retaguardia. Con un fusil o en una mina, da lo mismo. Lo importante derramar hasta la última gota de sangre para poner el antiguo imperio ruso a primer nivel planetario.
El problema es extremo y exactamente el mismo que se planteaban los planificadores quinquenales. La resolución es compleja. Por un lado la utilización del poder represivo hasta extremos de los años 30 llevaría al mismo poder a dimitir en cadena. Por otro los ánimos de las masas afines al regimen represor no pueden ser los mismos que ochenta años atrás. Las promesas no son creíbles en un entorno regresivo. Hace falta algo más de ingenio para convencer a la totalidad de la población que es necesario trabajar mucho más de lo que se trabaja.
El acoso de aquellos que se encuentran fuera del mercado laboral se sitúa en máximos históricos. Pero sirve de argumento en la consecución del propósito. El acoso de aquellos que acuden al puesto de trabajo a cambio de unas condiciones inferiores a las logradas en el mundo desarrollado es otro hecho. Pero sirve de consigna para seguir amenazando sutilmente una población en esencia asustadiza. Las deudas son otro arma arrojadiza utilizada constantemente. Pero que nadie se engañe. No pretenden solucionar su pago las reuniones de las élites europeas. Solamente tratan de idear la manera de poner el mono de trabajo al mayor número de población posible y durante un periodo lo más prolongado posible.
Las condiciones laborales fueron mejorando y en la misma medida los desincentivos a asalariarse. Tanto en el seno de las empresas como a su alrededor se tejió un amplio mar de bienestar que cada día invitaba a abandonar el puesto. ¿Todavía cree que preocupa el elevado nivel de deuda? Preocupa a los más ridículamente endeudados. A los dirigentes solamente les tiene profundamente aterrados que sean abandonados a su suerte. Son incapaces de dibujar la “O” con un canuto y le invitan muy sutilmente a que usted lo siga haciendo. Eso persiguen todas las reuniones de la diplomacia en la actualidad. Lo mismo que Stalin de forma compatible con los tiempos que corren.
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El Ibex-35 volvió a vivir un lunes negro tras muchas sesiones de continuas bajadas. Los inversores más activos, que son aquellos que venden antes de comprar, perdieron grandes sumas monetarias pero en ningún momento los nervios. La sangre no llegó al río y apenas remontó el índice de la bolsa española niveles de hace una semana.
Las buenas noticias se reflejaban en las pantallas. Una pequeña mejoría en la tasa de paro propia de la época. Una contracción del volumen consecuencia de la festividad en Londres. Una pequeña disminución en la prima de riesgo propia de una decisión que se empieza a insinuar en pequeños círculos. El peso de la elevada deuda española podría ser menor de llevarse a cabo los planes para homogeneizar los tipos de interés pagados por los estados de Europa.
Mientras el Ibex se ha ido independizando de la evolución de los grandes índices mundiales los tipos de interés en los países del Euro han ido divergiendo. Contrariamente a lo ocurrido en época de vacas gordas, los precios de endeudarse difieren paulatinamente en la vasta geografía europea. El ascenso de las primas de riesgo ilustra bastante bien este fenómeno que, de momento sólo se ha vivido en la vertiente pública de la deuda.
El sector privado vive al margen de este fenómeno. Los tipos de interés siguen siendo simbólicos en la totalidad del continente. Los mayoritarios préstamos hipotecarios siguen anclados a un euribor que expresa el precio al cual los bancos están dispuestos a prestarse el dinero entre sí. El resultado es producto de lo que se exigiría a un griego, un irlandés o a un alemán a cambio de un poco de liquidez. El resultado es evidente consecuencia de la supremacía de las zonas donde la confianza no se perdió del todo. El antiguo Mibor quizás marcaría tipos de dos dígitos pero nadie lo denuncia. El soberanismo monetario es así de asimétrico.
Los reducidos tipos de interés que posibilitaron la orgía inmobiliaria dificultan la declaración de quiebra de amplios colectivos de deudores anónimos. Pero no tenemos bastante con el flotador privado que también necesitamos otro para las cuentas públicas. Ante la imposibilidad de hacer frente a intereses históricamente ridículos a escala española necesitamos pagar un poquito menos.
La deuda alemana es el gran referente y a golpe de insinuación conseguiremos no pagar absolutamente nada. Por algún motivo nos metieron en esto del Euro. Primero por las subvenciones y después por los intereses.
El gran peligro de los eurobonos se acerca. Pero los eco-monistas eurobobos son incapaces de verle la piel a un zorro acosado por zorras. En épocas en las que la devolución de parte de lo prestado es imposible, crear mecanismos que faciliten el retorno es perder el tiempo. Mejor echar la siesta, que es a lo que se dedican los más prestigiosos economistas del continente cada día.
Las mentes continúan demasiado somnolientas para pensar en usos del nuevo dinero que propicien tipos superiores al coste de imprimirlo. La única opción factible sigue siendo especular con todo tipo de activos y si es necesario crear burbujas en las primas de riesgo. El ladrillo enfermó y con los eurobonos morirá para siempre. En Europa se juega con otras cosas. Mañana por ejemplo, se seguirá apostando fuertemente por lo contrario a lo que se apostó hoy.
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Viajaron desde pequeños a cualquier rincón de mundo en compañía de algún descerebrado algo mayor que ellos. Siempre a bajos precios como consecuencia de su corta edad y bajo entendimiento. En realidad pagaban sumas astronómicas por sus hazañas pero todavía no se han dado cuenta.
A los más mayores se les obsequiaba anualmente con los estupendos viajes del IMSERSO y a los más jovencitos maravillosos desplazamientos de fábula. Sin necesidad de sufrir afecciones en la memoria. Sin necesidad de engrosar la caja de recursos durante una larga temporada. Ningún requisito previo a la satisfacción de las necesidades más triviales. Todo a su disposición para un jolgorio continuo.
Con el tiempo ya veremos cómo pagamos o a quién pegamos. Los aviones, que no se sustentaban demasiado en el aire, transportaban al fin del mundo. Los trenes, cada década a mayor velocidad, costaban cada día un precio más módico que real.
La generación low-cost abandonó la cuna para aprender cuasi gratuitamente, a base de libros subvencionados y medicinas a precio de saldo como antídotos a los déficits en atención. Malas compañías para destetarse. Quien más lejos llegó en la lucha por la subsistencia debió alcalzarla gracias al descubrimiento de la leche en polvo.
Llegada a la plenitud legal que otorga la sagrada constitución, la generación secuestrada por el término gratuito no podía llegar a mejor conclusión que consumir en grandes cantidades litros de alcohol de forma barata. El botellón seguía la linea trazada por la chuchería que endulzaba los instintos por escaso dinero. Más vale degustar constantemente sucedaneos de alimentos que alguna vez al día algún nutriente de verdad.
En plena madurez intelectual, no es de extrañar que tanta gratuidad hubiera que pagarla. Lo que se hace enigmático es que nadie se extrañe de que no sean los más jóvenes quienes nos resuelvan las balanzas de pagos, ni incluso las domésticas próximas al estallido.
Las innovaciones de una generación de bajo coste no pueden ser otras que estupideces. Ideas de bombero que no apagan ningún incendio. Al contrario, los avivan. Chucherías ingeniosamente diseñadas, que traen más hambre para mañana y enfermedades crónicas, con las que aumenta la necesidad de universalizar la sanidad pública.
Los ricos si por algo se han caracterizado siempre ha sido por comprar lo que les da la gana. Se dice que no miran precio ni les interesa ningún número. Probablemente, si todo el mundo fuera rico el planeta se paralizaría, por falta de mejoras necesarias en los sistemas productivos si engullen todo lo que fabrican. En cambio los pobres son los que fuerzan a incrementar la productividad. Desde que se interesan por consumir observan los precios varias veces. Pero la forma en que se mira ya saben como es. Apenas se fijan en la superficie sin identificar allí su salario como fabricantes del producto.
Entre la superficialidad de miras y las escasas ideas de una generación de bajo coste, la única posibilidad a la hora de reducir costes es la escabrosa opresión hacia los factores productivos existentes. Los recursos naturales agotados y el trabajador exhausto son la prueba palpable de tal embrollo tecnológico.
A mayores recortes, más planea por la cabeza de la generación low-cost la tentación de repartir satisfacciones. Entre quienes necesitan mantenerse en el pedestal y quienes desean alcanzarlo el conflicto va siendo máximo. Ni los unos ni los otros conocen la manera de crear la abundancia suficiente para escapar de la escasez, pero sin embargo quieren vivir instalados en ella. Los espejismos de sobriedad a costa de perjudicar la subsistencia ajena tienen los días contados. La generación low-cost representa el punto de inflexión. Para seguir suministrando abundancia relativa es necesario oprimir un número creciente de individuos de esta misma generación.
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Gratuidad sobre ruedas
Eco-monistas

A medida que avanza la tan denostada crisis más ideas van situándose encima de la mesa. Proceden de todas las tendencias existentes surgidas desde la misma existencia. Defensoras o contrarias a lo establecido denotan ese punto en común de partida o de destino.
Una crisis profundamente económica tiene consecuencias palpables en el bienestar individual y colectivo. Afecta la sensibilidad con la que percibimos los pasos que vamos dando hacia la extenuación. A mayor impregnación del discurso catastrofista nos convertimos paulatinamente en seres endebles sin otro mecanismo de salvación que poner en marcha la esperanza ciega. El ilusionismo visceral nos asiste en la desesperación que unos pocos nos advirtieron diligentemente.
Preciosos diagnósticos tenemos ocasión de leer anunciados en las portadas de los más prestigiosos medios de mayor tirada. Nos muestran acertadísimamente el día en que las cuentas de cada estado, banco o empresa traspasarán la peligrosa línea de la quiebra. Calculada de manera precisa la alta probabilidad de que el paciente no responda al tratamiento no resta otra alternativa que encomendarse a falsos dioses terrenales. Ellos sin embargo ni se molestan en publicitar los calmantes adecuados.
Las curas paliativas dejaron de existir y por este motivo gruñen un conjunto creciente de economistas críticos con los convencionalismos. Poco a poco se van convirtiendo en todopoderosos con el símbolo de la tijera por bandera. Están equivocados hasta en eso. Deberían ondear la morfina como icono de su ideario surgido de las entrañas de los mismos hospitales carentes de tratamientos efectivos.
Es ahí donde reside la cuestión. Cuando el enfermo no tiene cura conocida conviene encontrarla o aplicarle magníficos sedantes para mitigar el sufrimiento. Cuando la casa que nos cobija es incapaz de ofrecernos todo lo que el conjunto de humanos deseamos no es de recibo encomendarse a los economistas que trataron de narrarnos los problemas de administración. Pero todavía es mucho más contraproducente acercarse a aquellos que no fueron ni capaces de tener en cuenta las dimensiones de un edificio que se nos ha vuelto diminuto además de ruinoso. La selva es infinita a ojos de los gorilas hasta que cada árbol es una bendición.
Llegó la hora de involucionar hacia el simio de la mano de los más expertos eco-monistas o dar un salto cualitativo donde la eco-agonía carezca de sentido.
¿Crear o administrar? ¿Ser o no ser? Esa es la disyuntiva que ningún economista del planeta logra comprender. Aunque el economista se quiera vestir de seda mono se queda.
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