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Archivo de la categoría: Sociedad

Misterio igualitario

Finalizado el año 2012 también se ha puesto el cierre a alguno de los contadores más sangrientos. No todo fue felicidad en un año especialísimo, después de haber superado un fin del mundo la mayoría de mortales. Es momento de acordarse de aquellos que demostraron esta debilidad tan enquistada en toda la especie humana.
Los informativos empezaron a hablar tímidamente de trágicos sucesos relacionados con las quiebras personales que llegan hasta otros mundos cuando no divisan salidas en este. Este tipo de noticias ofuscaron en la parte final del 2012 las crónicas de sucesos más repetidas en los últimos tiempos. Son las relacionadas con la violencia doméstica. En ocasiones los incidentes terminan en muertes, en otras en maltratos y en muchas más todavía en absolutamente nada, fruto de un miedo que atenaza al conjunto de población que comparte el sexo considerado débil en términos materiales. La chistosa guerra de sexos tomó seria relevancia en la opinión pública y rivaliza con verdaderos dramas en los que familias enteras se encuentran peleadas, pero con las cuentas corrientes que les ahogan hasta niveles inalcanzables por cualquier corbata de cuello blanco.
El resultado en 2012 fueron 46 mujeres muertas en manos de sus parejas sentimentales, rehenes de las mismas y quizás liberadas hasta de cobrar pensiones de viudedad de tales energúmenos posesivos insaciables, capaces de arrebatar el bien más preciado e irrecuperable. Cada episodio apareció en los medios a modo de culebrón ilimitado. Los testigos, afectados, algunos que solamente tienen ganas de chismorrear a costa de las barbaridades del vecino tuvieron su espacio.
bicicleta estaticaCon el contador cerrado hay que preguntarse si realmente merece la pena seguir hurgando en este filón mediático que ha sido capaz de inspirar leyes, organismos y hasta ministerios. Un misterio sigue a la cifra cosechada y es cuándo cesarán este tipo de relaciones. Las que cuentan con cónyuges enfrentados, las basadas en la dominación y obediencia por respectivas partes. En definitiva todos los núcleos familiares están formados por personas de parecidas características y la mayoría con distinto sexo.
En las calzadas, sin embargo, las relaciones no son en condiciones de igualdad, al menos a priori. Unos van andando, otros en bicicleta y la mayoría conduce vehículos motorizados que se llevan por delante la vida de los que usan los medios más respetuosos. En total fueron 47 los ciclistas atropellados que hallaron el fin del mundo en 2012. Algunos más se recuperan en los hospitales de graves lesiones medulares reductoras de la movilidad. Nunca más se podrán arriesgar ni a transitar silenciosamente por cualquier arcén. Otros en vista de lo sucedido ni lo intentan. Permanecen en casa con el velo de la bicicleta estática para no arriesgarse a ser maltratados. En cuanto a los peatones que obligatoriamente transitan del vehículo hasta alguna puerta están de suerte. Se ha descubierto que reduciendo la velocidad máxima en zonas urbanas a 30km/h la mortalidad de los atropellos disminuye considerablemente. Si este era el año en el que podía aparecer una plaga mucho más mortífera que la violencia de género, parece que podrá contarse directamente una pequeña solución. El espacio, tanto en la carretera, como en las pantallas debiera ser ocupado por unos pedales hartos de intromisiones y de la imposibilidad de entablar un enfrentamiento justo en las distintas vías de comunicación. Sin llegar a extremos de crear ministerios cabría preguntarse al menos porqué la permisividad con las frivolidades al volante es tan elevada. Para encarar el 2013 no estaría nada mal.

 
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Publicado por en 6 enero, 2013 en Sociedad

 

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Domingo de risa

Hoy fue domingo soleado, pero con pocas horas de luz. El planeta, en su hemisferio norte, atraviesa por una crisis lumínica sin precedentes. Hay que remontarse al menos un año atrás para encontrar situaciones parecidas, aunque muy dispares en el fondo. La poca duración del día es exactamente igual que en ocasiones anteriores. Pero esta vez era lo de menos. Tenemos mucha suerte de poder contar que todavía estamos vivos, después de haber superado el apocalipsis orquestado entre autoridades políticas, sindicales, empresariales y espirituales mayas. Pese a la conjura de todos ellos hacia la calamidad y sin hacer prácticamente nada seguimos en el camino, en el que cada cual encontrará su último día en el que las constelaciones se agoten, pero no en conjunto. Cada cual agotará la que le da el horóscopo cuando diga basta.
libertad apresadaAyer fue sábado de lotería o resurrección según la religión que se practique. La cuestión es que todo esfuerzo se simplifique en grado máximo y ambas se adaptan bastante a las exigencias de planteamientos. Sin hacer prácticamente nada los creyentes siglos atrás hacían llover y salvaban estómagos del hambre. Haciendo lo mismo las nuevas religiones salvan el mundo de las garras de aquellos que desde el lado oscuro mueven los hilos de forma funesta en detrimento de la humanidad. Los participantes en el bochornoso sorteo que inunda las pantallas de repetición masiva en su franja matinal se ilusionaron con unas bolitas que iban saliendo al grito de mil euros, mil euros, cual sorteo de contratos laborales mayor de la historia. Los sindicatos desde la huelga menos concurrida y las manifestaciones más multitudinarias de la modernidad permanecen en la misma caverna donde residían antes del evento que realzó su ego y poca cosa más.
No se han enterado las centrales sindicales de que hoy era domingo y no lo pareció. Su mundo reivindicativo terminó en las voces de San Ildefonso. Todas las secciones y federaciones concluyeron el año dando un vistazo a los boletos como todo aquel que se puede permitir el lujo de tirarse a las tragaperras sin caer en el intento. Nada hicieron para impedir que se respetara el derecho al descanso una vez cada siete días a unos trabajadores que tuvieron que levantar cientos de miles de persianas de comercios próximos a la quiebra. Hoy domingo, nada hicieron miles de afiliados que creyeron que con su contribución trimestral hacen suficiente para preservar unas condiciones inviables con este tipo de mentalidad. Hoy tocaba no hacer nada porque en festivo nada se necesita si eso supone incordiar a quien tiene que extender su jornada innecesariamente. Cuando a la hora de consumir nunca hay huelga ya vendrán los llantos porque al hijo le pretenden empaquetar un contrato basura. La presión del legislador por redactar nuevas posibilidades de trabajar en ayunas, durante la siesta o antes de que cante el gallo crecieron significativamente en la jornada frenética de hoy. Tanto en la vertiente callejera como en la que se cocía en cada hogar donde ya se trabaja impetuosamente para atracarse mañana hasta las cejas. Empezará entonces la búsqueda de culpables. Como siempre aparecerán los clérigos pese a estar abandonados por los feligreses. En ningún caso lo que sucedió en este domingo de risa, segundo día de la nueva era rematadamente igual que el anterior. Al próximo no se atrevan ni a dejarse caer por misa entre escaparate y escaparate. Hoy después de largas décadas sin pisar un templo me resurgieron las ganas de refugiarme en uno de ellos. A ver si así hallaba algún lugar donde el mundo en domingo se pare. Aunque simbólicamente que es lo que parece que importa.

 
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Publicado por en 23 diciembre, 2012 en reflexiones, Sociedad

 

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Y tú más

aqui se fiaEl cobrador-interventor-policía-vigilante de un tren semivacío, ya no sé qué término utilizar, andaba perdido en un rutinario viaje matutino. Que los vagones no anden muy concurridos no significa que no estén repletos de especialistas en montarse en una parada y decir que lo han hecho en la siguiente, en la otra o que están bajando como aquel que ha perdido la brújula. El personal de a bordo que es simplemente una persona y de limitadas capacidades de movilidad, no tiene más que dos ojos y dos piernas para andar persiguiendo a aquellos que van entrando y saliendo hasta sin abrir la puerta. Algunos son de otras características químicas y están regidos por leyes físicas de algún mundo paralelo.
El asombro de este personaje es continuo. Ve gente perfectamente aposentada en su asiento, con el abrigo colgado y la pesada maleta en lo más alto. Se dirige hacia el nuevo pasajero y le pregunta por el billete. En apenas 15 segundos ha sido capaz de apalancarse. De forma mucho más rápida que él ha llegado al destino acomodado, sin hacer ruido ni sin ser visto por la estupefacción del expendedor de billetes de emergencia. Ante la falta de pruebas el cliente, aunque pésimo, siempre tiene la razón.
En el bar de la estación todo sigue igual. Anda sobre ruedas una picaresca desenfrenada que corta las lenguas en el momento más idóneo. A la hora de pedir nadie demuestra la más mínima tartamudez. La voz clara y concisa desemboca con el género deseado encima de la mesa. A la hora de pagar las palabras no terminan de fluir. No es lo mismo afrontar el pago de un café que el de uno con leche. Son unos céntimos de un ingrediente sin importancia que no merece la pena ni mencionar. ¿Acaso alguien dice que ha consumido azúcar, cuchara, taza, y ha leído los titulares del periódico? Simplificando que es gerundio, las facturas salen un poco mejor. Poco después la camarera recuerda por el recipiente que aquel café que acaba de entrar en caja iba acompañado del único ingrediente que lo encarece significativamente. Pero ya es tarde, no hay pruebas contundentes y queda todo un día para compensar el error, según palabras textuales de la misma.
Sin ganas de ver cómo se subsana este olvido contable abandono el lugar. Demasiada fenomenología en tan poco tiempo. No es hora de darse una vuelta por las gasolineras a ver cómo van los intentos de llevarse la manguera para regar las plantas. Como no hay dos sin tres faltaba el broche gordo. Siempre aparece sin moverse de lugar. Otra señora se queja de que no puede pagar lo que ha tomado. En un despiste le han arrebatado el valioso abrigo para las épocas que corren. Ahí llevaba el monedero y algunos documentos identificativos. No se sabe quién ha sido, pero por lo visto podía ser cualquiera. Será también verdad o mentira. Habrá hecho algún truco de magia como quien entra en un tren sin abrir la puerta. Lo cierto es que el abrigo no aparece y quien estaba sentado más cerca de la prenda dice que puede ser que no sea él el autor del hurto.
La presunción de inocencia la ponen en duda hasta los más severamente acusados. Con esta ciudadanía los políticos, gestores de lo público, se hacen cada vez menos necesarios. Cualquiera vale para la labor que han desempeñado durante largos siglos: procurar por uno mismo. Si pocos alzan la voz no nos extrañemos. No es ningún fenómeno paranormal. Es simplemente una forma de defenderse de lo que pudiera ser la respuesta ante la queja: Y tú más.

 
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Publicado por en 16 diciembre, 2012 en Sociedad

 

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Perdiciones mayas

Rosalina Tuyuc, Faviana Cochoy Alva y Pedro Celestino Yac Noj, considerados sabios del pueblo maya, visitaron una playa del este de la capital cubana para celebrar la ceremonia de agradecimiento a la naturaleza, en la que unas 200 personas intentaron seguir el hilo de los rezos y rituales ancestrales. Los tres representantes de una tradición secular con sus correspondientes profecías aclararon al mundo que el próximo 21 de diciembre esperan el fin de la actual era, tras la cual se debe recibir un nuevo sol que traiga nuevas actitudes, transformaciones y armonización entre las culturas, los seres humanos y la naturaleza. Los tres iniciados en la sabiduría maya hospedados unos días en la isla cubana, se dedicaron a difundir este mensaje aclaratorio que expresa que el fin de mundo no está en su agenda.
piramide mayaToda profecía, además de polémica puede acarrear desprestigio para aquel que se atreva a pronunciarla. La del fin del mundo concretamente, además de ocasionar pérdidas de reputación, es sin duda alguna nefasta en caso de resultar cierta. Entre predecir el fin de una era, el fin de la humanidad o del universo en su conjunto media un abismo.
Los calendarios del 2013, los vayamos a utilizar o no, por ahí los están regalando. Mucho antes de una navidad que desconocemos si celebraremos o si la festejaremos con paga extraordinaria, están llegando a miles de casas ilusionadas con unas cifras económicas alarmantes para el año próximo que no próspero. Pero mucho mejor que lo que hay que leer en otros cientos de predicciones catastrofistas.
La sabiduría se unió con el fatalismo para conducirnos hacia ninguna parte. El pueblo maya declinó hace muchos siglos. Su civilización fue borrada del mapa antes que los colonizadores europeos la redujeran. En la memoria de esta cultura más que predicciones del fin de una civilización podemos encontrar relatos de lo que no volvió a ser. En la memoria de nuestra civilización también está recogido el mito de la Atlántida que basado en hechos reales o en la imaginación puede repetirse. El declive de la principal fuente energética de la industria moderna podría ser un punto de inflexión, pero que dista bastante de la fecha fatídica. Hace casi una década que lo padecemos.
Quien crea que el mundo termina llegó al último día en ese preciso instante. Quien vea amanecer el 22 de diciembre se dará cuenta de un error lamentable al que fue empujado creyendo en futurólogos desacertados. Si no estalla el universo en mil pedazos pueden estallar los futurólogos en otros tantos de similares características.
Mal andan estos seres a pocos días del final de los tiempos. Terminarán al compás del mundo que han predicho que termina. O terminarán pereciendo para siempre en un mundo que continúa exactamente igual o con pinceladas novedosas. A pesar de todo, los peores agoreros siempre fijándose en su propio ombligo, van a acertar de forma espléndida. Su mundo, ocurra lo que quiera ocurrir, va a concluir el 21 de diciembre. En una discoteca de esas que se apuntan a todas las celebraciones o en un macro velatorio sin séquito.

 
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Publicado por en 7 diciembre, 2012 en Sociedad

 

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Hay alternativas; la juerga general

Seáis todos y más que nunca bienvenidos, de nuevo, a la propuesta que enlaza con la crónica anterior. El artículo de hoy es de aquellos que se culminaría a la perfección entre más de una cabeza e infinitas manos. No está dedicado en concreto a nadie, sino a cualquier ser mínimamente pensante, o sea cualquiera. Lastimados o beneficiados con el austericidio disponéis de un lugar preferente. Pertenecéis a aquellas clases de personas condenadas a entenderse, pero que sin embargo os teméis y condenáis mutuamente a pagar platos rotos. Estas letras de hoy que enlazan con las escritas la semana anterior están pensadas exclusivamente para vosotros, con permiso de los demás a quienes no les va ni les viene. Simplemente les importa salir por lo menos como entraron.
Sé que no creéis en ningún método de lucha que no sea la huelga, algunos sindicalistas que habéis hecho carrera en estas labores o que habéis traspasado la barrera política. Sé perfectamente que deseáis acumular avaricias unos cuantos a costa de los demás. Seguramente estemos separados por horizontes muy distintos que nos dividen en los medios a emplear. En el fondo, el ser humano sea de la condición que fuere, siempre persiguió exactamente lo mismo: la libertad. Los pocos privilegiados de la especie que rigen su destino y arrastran el de los demás siguen erre que erre agarrados a ese instinto que les conduce a obrar como les place. Sin importar las consecuencias, del signo que sean, hacia los más débiles que son quienes terminan recibiendo por puro azar.
Pensar en la mejora de condiciones de una clase determinada viene a ser equivalente a ascender peldaños en una pirámide social, en la que alcanzado cierto nivel se empieza a respirar algún grado superior de libertad. La estructura organizativa sigue exactamente igual. Pero los combatientes, conformados momentáneamente, respiran durante un largo rato paralizando cualquier conquista de rango superior. Sin transformar estructuras que es de lo que se trata, los movimientos se gestan tarde o temprano. Las empedernidas movilizaciones que nos conducen a ese eslabón privilegiado son en las que un servidor no cree ni creerá. En realidad vienen a ser como disfrutar de un bonito viaje en globo hasta que la bombona dice que hay que ir tocando suelo. Ascendemos para vernos identificados con la naturaleza de quienes odiamos y pasamos a envidiar. Desde lo más tangible de la superficie nada es apelable de este maravilloso método. En cuestión de rentas todo ha funcionado a la perfección. Un desempleado actual tiene mejor vida que un trabajador de los años 20. Felicidades y gracias a la vez a todos aquellos que lo hicieron posible. En la absoluta miseria es harto difícil transformar estructura alguna.
Por experiencia propia y siendo algo en lo quizás me estoy obsesionando últimamente, así que perdonad las molestias, me preocupa la línea temporal que va de mis bisabuelos hasta mi generación. Me preocupa saber que esos antepasados fueron agricultores autónomos por completo. Me preocupa saber que no gozaban de pensiones de la vejez, pero sobrevivieron a ella hasta la muerte a edades de 80 años. Me preocupa haber pasado en menos de 100 años a caer toda una familia en la trampa del salario. Algo anda mal, cuando el suceso se repite en casi todos los linajes de mi alrededor. Algo hay que cambiar en la lucha si no deseamos que del chupete de nuestros bebés cuelgue un contrato laboral, temporal o indefinido. Ese es el verdadero drama al que ha contribuido a partir de cierto momento de complacencia la gran mayoría de sindicatos planetarios. Pensaron que el chantaje que viene a significar la lucha, pero sin eufemismos podía mejorar eternamente las condiciones de vida de un grupo de personas cada vez más numeroso, olvidando todo lo demás. Sin pensar en lo que nos rodea es difícil tener en cuenta lo que nos afecta. Para eso las patronales sobran. Sus avaricias son las nuestras cuando lo deseamos absolutamente todo. Con sindicatos y gobiernos socialdemócratas puede ser suficiente. La capacidad de los individuos de tomar decisiones en condiciones de igualdad en aquellas tareas en las que participan es importante. A largo plazo es lo único que garantiza una distribución democrática de los recursos que los conocimientos acumulados y la aplicación de éstos se encargan de elaborar.
En una familia, las decisiones se pueden tomar de forma más o menos democrática. La mujer, tradicionalmente, poco contó en las resoluciones de estos pequeños grupos. Los chantajes se repetían hasta cierto punto, no fuera a llegar la rebeldía a eliminar por completo aquel miembro que traía el sustento al hogar. Eso es lo que nos ocurre insertados en corporaciones que poco o nada nos permiten decidir. Al final hasta representan nuestra salvación e incluso la posibilidad de ascender al cielo. Apresados por su voluntad la opción del sabotaje representa una pataleta necesaria cuando nos vemos encerrados en cualquier rincón de la casa, pero la estrategia tiene el límite descrito anteriormente.
Más allá de las fronteras de las unidades de producción el mundo existe. Algunos sindicatos, todavía minoritarios, se atrevieron con motivo de la última gran huelga generalizada a transitar en este paraje complicado. Convocaron una huelga de consumo de un solo día con la que coincido plenamente. Una ingeniosa forma de poner patas arriba la estructura de un hogar asfixiante. Dispone de una buena despensa de la que no nos podemos olvidar. Tenemos de todo y necesitamos un porcentaje ínfimo de lo que poseemos. Ese es el camino que nos puede permitir allanar el que hacemos al andar. Sólo cometieron un error las centrales ingeniosas y es que no proclamaron la acción indefinida. Es totalmente posible, está al alcance de cada uno de nosotros y sin necesidad alguna de organizarnos en piquetes informativos. La transición que parte de un punto que si de algo adolece es de estructuración social, podría encontrar una intersección desde donde empezar a abrir nuevas vías. Sólo es necesario el remate final y la asunción de las responsabilidades que hasta ahora delegamos. Tenemos la manija varias veces al día de continuar o alejarnos de la senda de la esclavitud y habría que aprovecharla, a conciencia y sin complacencia. Es necesario asumir las estructuras que debilitan nuestra ansiada plenitud y partiendo de ellas intentar crear otras. No nos fuéramos a desconectar de la UVI en un airado ataque que nos podría conducir a caer por las escaleras de los magníficos hospitales que nos asisten.
Sin caer en las desgracias que muchos están pisando debemos replantear nuestra existencia. Los bocadillos con poco embutido son sabrosos. La verdura, con mucha patata también lo es. En términos calóricos la carne a la plancha nos reporta exactamente lo mismo que la cocinada al horno, gastando ingentes cantidades de energía. Las duchas se pueden practicar semanalmente ahorrando grandes dispendios. La ropa nos salva de la suciedad y para algo se inventó. No se tejió para lavarla cada dos días. Los viajes se pueden evitar por un tiempo. Ya habrá otro tipo de agencias en el futuro que los organicen. Los desplazamientos de menos de 5 kilómetros pueden realizarse andando. Los de menos de 25 en bicicleta. Los afeitados pueden practicarse dos veces a la semana, sin demasiada espuma, con navaja que tarda en consumirse toda una vida y compartiéndola todo el sector masculino del vecindario. Las prendas pueden utilizarse, como mínimo, el doble de tiempo que el actual. Seguir la lista y compartir gastos superfluos significa que algo puede ocurrir en unos meses. Siempre que exista un mundo más allá de la austeridad.
La solvencia de distintas empresas puede ser lastrada en el más absoluto silencio. Para ello no es necesario gritar ni hacer demostraciones artísticas. Eso es lo que se consigue con tesón y constancia. Es duro y sacrificado llegar hasta donde muchos lo hicieron transitando por el mismo camino y otros se lo encontraron hecho a medida. Cuando las deudas corporativas crecen, la cotización de las acciones en los mercados desciende. Los mercados son así de simples. Si se aprovechan sus grietas es posible hacerse con instituciones enteras. Superando tabúes necesariamente. Los términos no deberían impedirnos ver el bosque. Después se planta lo que decida la mayoría y todos tan contentos. El tan temido y criticado Banco Santander, con Emilio Botín a la cabeza, está controlado por una cantidad de accionistas que no acumula ni un 10% de su capital social. Ir apropiándose de títulos de este tipo de empresas indómitas con lo ahorrado a base de sacrificios, decantaría la balanza hacia las maneras de hacer que nos gustan. Suponiendo que el millón de españoles que hizo huelga hubiera ido a trabajar y percibido, sigamos imaginando, unos 50 euros, 50 millones de euros podrían estar en una caja esperando adquirir medios productivos y encima de rebajas. Siempre que la conciencia social en el día a día fuera capaz de lastrar los precios de las cotizaciones el porcentaje de capital obtenido sería superior. Si todos aquellos españoles que fueron a preguntar por un crédito de un automóvil hubieran pensado en adquirir, en primer lugar una participación de una petrolera que viniera a reportar el líquido aproximado consumido anualmente, y después el motor donde arde el combustible, otro gallo cantaría. Pero cuando se trata de beber acostumbramos a pensar exclusivamente en el líquido, olvidándonos de la botella tan o más importante.
La lucha en ninguna de sus vertientes puede llevar a la victoria. Es necesario entender la combinación de varios métodos dirigidos hacia una misma causa. Incluso la conveniencia de acompañarla con la construcción de aquello que nos merece confianza de cara al futuro. No se trata de tocar las narices a unos cuantos. Hay que acariciar a la vez a los seres amados. No se trata de destruir lo que nos disgusta, sino de construir lo que nos encanta.
A modo de ejemplo imaginemos que dirigimos una campaña puntual de desprestigio bursátil hacia una empresa estratégica como Repsol. Podríamos empezar por comprar el pan en aquellos establecimientos que no usan horno de gasóleo. Deberíamos hacer mayor uso de energías animales. Apagaríamos calefacciones y desempolvaríamos las mantas del armario. Tenemos la opción de comer alimentos crudos procurando minimizar la ingesta de carne por motivos sanitarios. Hervida por un tiempo, sumergida en caldo reutilizable, tampoco está tan mal. Vuelve a hacer volar la imaginación y sigue una lista interminable. El sacrificio tiene la recompensa de ver índices bursátiles por los suelos, posibilitando la adquisición progresiva con todo lo ahorrado de un porcentaje significativo de alguna compañía.
Para finalizar es preciso no sólo recordar que los chantajes no pueden ser eternos, cosa que conocen perfectamente unos sindicatos que los convocan por un solo día. Es preciso añadir que no necesariamente tienen la patente de organizarlos unas instituciones en concreto. La responsabilidad puede ser de una secta, una iglesia o un club de petanca. Es preciso divisar también la otra cara de la moneda. El fin no justifica los medios, pero aporta convicciones en cada uno de nuestros actos. Si no sabemos dónde queremos llegar es difícil que tomemos la decisión de salir a la calle. Más allá de expresar la rebeldía diariamente tenemos la opción de adquirir productos en aquellos establecimientos que respetan las condiciones de sus comerciales. Podemos acudir a comprar sal en domingo y de madrugada o por un día sacrificarnos sin ella por respeto al dependiente. Podemos contribuir a los proyectos que tienen en cuenta la vida de los demás y de paso los hacemos un poco más viables. Existen unidades de producción donde quienes trabajan ostentan un voto y otras en las que no. Podemos decantar decisiones de compra hacia ese tipo de empresas. Podemos observar qué hace con nuestro dinero el panadero o el cervecero a quien Adam Smith mencionaba. ¿Va con demasiadas mujeres y demasiados descapotables o lleva una vida austera? Es cuestión de preguntar, antes de llevarse el pan bajo el brazo por un módico precio. Es importante saber de dónde viene el trigo y con qué energía se cuece. El motivo no es sanitario en absoluto. Simplemente es cuestión de relacionarse con aquellos que nos pueden dar respuestas veraces. Significa que están al mando de la producción, que manejan sus vidas y que con ellos debemos manejar las nuestras. Hasta que en Repsol no tengamos voz ni voto no queda otro remedio que abstenernos de llamar a sus puertas. No todos los sacrificios tienen porque llevarnos al huerto que Angela Merkel desea conducirnos.
A todo esto supongo que te preguntarás algo. Hay otra manera de tenerlo todo en manos de todos. Es la que se practicó en un pasado. Las estatalizaciones situaron en manos de nadie una cantidad creciente de riquezas anteriormente de unos cuantos. No confundamos ambas líneas a estas alturas. El fracaso de esta filosofía es el que estamos viviendo en la actualidad. Algo que no fue de nadie, en algún momento determinado puede ser otra vez de los mismos de antes. Hay que mantenerlo agarrado como esa tierra que en forma de bienes comunales se pierde en favor de algún aprovechado de turno. O conservamos cada uno nuestro pedacito o imaginamos que la totalidad nos pertenece y es necesario consensuar su mantenimiento con los copropietarios.
En el próximo capítulo intentaré contar algo sobre otro asunto. Esas famosas huelgas que han propiciado la mejora de las jornadas laborales. ¿Acaso han descendido en este terrible último siglo?

Capítulo anterior:

 
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Publicado por en 28 noviembre, 2012 en opinión, Sociedad

 

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Tiro por la culata el matrimonio homosexual

Entre ceja y ceja, José Luis Rodríguez Zapatero llevaba legislar un matrimonio homosexual que carecía de derechos. El afecto extremo entre individuos del mismo sexo permanecía sin ser reconocido por un estado que ahora une lo que antes no separaba ni Dios.
Incluir como matrimonio civil una tendencia, considerada díscola y secularmente perseguida, fue una de las principales bazas de un gobierno incapaz de erradicar la pobreza o desigualdades sociales, estructuralmente muy arraigadas. Un gabinete socialista necesitaba este tipo de proezas, para adueñarse de un espacio electoral en la hedonista España que iba camino de la esclavitud, sin saberlo, antes del estallido de la burbuja más grande de todos los tiempos.
La izquierda festejaba este logro por todo lo alto. Se reanudó el festín recientemente, cuando el Tribunal Constitucional dio el visto bueno a la ley que Zapatero trajo al misterioso mundo de los códigos jurídicos.
En los subterráneos inframundos, el amor nunca ha estado prohibido. Las más férreas dictaduras no se atrevieron a censurar los sentimientos que cada uno tiene sobre los demás. Con Franco tampoco pasaba. Molestaban al régimen las muestras públicas que poco a poco fueron habituales en nuestros íntimos alrededores. La transición trajo un destape que fue evolucionando. Terminaron viendo la luz los ejercicios sexuales entre individuos de un mismo sexo en la calle, en las pantallas y en el bar. Hasta aquí todo transcurría perfectamente, pero de evolucionar se trata. La clave de la convivencia en el ámbito público es permitir cualquier comportamiento que no cause ningún dolor al resto de la comunidad. De modo simple queda asegurada la paz social cuando esta máxima la respetan todos los actores del espectáculo.
En el ámbito privado la máxima no es exactamente así. En círculos reducidos tenemos claro lo que está o no permitido. Si tenemos alguna duda lo preguntamos. A base de diálogo construimos relaciones entre personas y redactamos nuestras propias leyes que difieren según habitáculo. En el bar no se puede fumar por respeto al pulmón del vecino. En casa está permitido si la vecina no expresa lo contrario. Las minúsculas comunidades suelen consensuar las decisiones de sus miembros (y/o miembras). Pero, por ejemplo, la comunidad no es parte de los ejercicios sexuales de unos pocos ni lo debe ser nunca. En caso contrario la constitución podría declarar la nación en estado de orgía. Tampoco suele ser habitual la crianza de los hijos por parte de muchos más efectivos que sus familiares. Por mucho biberón que le den al bebé las criadas, la decisión de dárselo suele correr a cargo de los padres.
Pues a Zapatero no se le ocurrió otra cosa que reconocer la unión en familia de parejas homosexuales para equiparar a individuos con preferencias libidinosas distintas. En aras a la igualdad que un pedazo izquierdista tiene que asegurar, fue el icono mundial del matrimonio entre individuos del mismo sexo. Podía haber optado por lo contrario y asegurar otros bienes mucho más preciados, además de la igualdad. Tal como suena, podía haber retirado los tentáculos del estado de cada hogar, pero prefirió meterlos hasta lo más recóndito de la cocina. La libertad de convivencia aparece como interrogante hasta en la sopa.
Zapatero tuvo la opción de igualarnos a todos los individuos como propiamente somos, personas. Desaprovechó una oportunidad histórica para dejar de reconocer el matrimonio entre individuos de distintos sexos. ¿Quiénes son los demás para refrendar el amor de dos personas, tres o de un grupo de individuos y algunos animales de sexos distintos o similares? No son nadie, pero era preciso hacer creer que sin el refrendo estatal el amor es imposible. Es preciso hacer creer, tras cada separación, que la potestad de decidir el desenlace de dos personas está en manos de quienes no somos parte de una relación estrictamente privada. Somos cada vez más los demás quienes decidimos con quien se quedan los hijos. los padres, los abuelos y el servicio doméstico (al retrete me refiero).
La decisión del Tribunal Constitucional representa el final de una de aquellas conquistas que tiene todas las características de convertirse en un monumental tiro por la culata. En lugar de hacer retroceder la intromisión del estado en las vidas particulares, la proyecta hasta el infinito. En lugar de legislar la posibilidad de elegir beneficiario, o beneficiarios, de una posible pensión de viudedad, se convierte el matrimonio como la única vía de disponer de esta contraprestación cuando el alma económica de un hogar, formado por quien quiera libremente, perece. Es posible repartir la paga entre las varias parejas de un declarado polígamo que cada vez abundan más por nuestras geografías. Incluso es posible evolucionar hacia una poligamia también femenina, todavía muy minoritaria en términos planetarios.
Tiempo ha pasado desde que mujeres y en menor medida hombres de corta edad, contraían matrimonio con aquella pareja que los mayores decidían. Algunas etnias que residen a pocos metros de nuestras paredes todavía conservan tradiciones de este tipo. Otras han abandonado estas costumbres que cercenan el amor entre seres que van a tener que convivir a regañadientes el resto de su vida. La libertad de matrimonio entre individuos de distintos sexos también fue uno de los valiosos logros de luchas pretéritas, batalladas en cada casa y rematadas en cada habitación. La línea podía proseguir sin la necesidad de sustituir el ancestral papel de la casta familiar por la política. ¿Terminará el parlamento decidiendo con quién nos tenemos que casar?

 
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Publicado por en 12 noviembre, 2012 en Sociedad

 

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Transparencia o perdición

El timbre de la popular presentadora de televisión Paula Vázquez sacaba humo esta mañana. La imagen era conocida, pero a día de hoy todavía hemos sabido un dato más de su existencia. Su número de teléfono se convertía en famoso, tras escribirlo por error en un tuit.
Toda una red de seguidores se hacía con un canal, hasta ahora discreto y al alcance de unos cuantos. Los seguidores de los seguidores recogían la información y siempre hay algún insensible que remata la faena. Entre la masa se cuece de todo; grano y paja, al calor de rumores y hechos que pueden llegar a incordiar.
La confusión entre lo público y lo privado nunca ha estado muy clara. Actualmente empeora la lucidez que nos permite distinguir ambos conceptos. Los conceptos se entrelazan hasta formar un conjunto inseparable. Los artefactos que hemos colocado a nuestro alrededor a ello contribuyen.
Creemos que estamos en casa, donde andamos tranquilamente desnudos, pero sin darnos cuenta le damos a un botón del ordenador que enciende una cámara que puede emitir imágenes a Groenlandia. Jamás se nos ocurriría pegarnos una visita a tierras árticas con tan poca ropa, pero ello no impide que desde allí nos contemplen como nuestras madres nos trajeron al mundo. Jamás se nos ocurriría comentarle al jefe detalles de nuestras vidas durante un fin de semana trasnochado, pero en casa nos sentimos arropados por la intimidad y charlamos en redes sociales. Nada de eso sucede si previamente no nos hemos perdido, pero se convierte en muy sencillo perder la noción de donde estamos situados. La tecnología no tiene la culpa, pero ayuda a descolocarnos.
La realidad está plagada de desencuentros con la línea donde empieza nuestra vida pública. Si le cuentan que su vecino ha visto rescindido el contrato laboral por publicar fotos fumando porros por internet no será el primero. Si sabe de algún caso en el que un trabajador haya alardeado por alguna red social de sus viajes estando de baja por grave enfermedad tampoco. La lista no solamente empieza a agrandarse, sino a extremarse, cualitativamente muy distinto.
Los niños siempre se han caracterizado por ser relativamente más sinceros que los adultos. La privacidad la han hecho pública con ligereza, careciendo de una noción de culpa por muchos de sus actos. En realidad ni la sienten ni la merecen en la mayoría de ocasiones, pero cometen tropelías de vez en cuando. Sus bocas desacomplejadas han contado infinidad de secretos de padres, hermanos, abuelos, tíos y todo aquel que tuvieran alrededor. Con un potente artefacto de comunicación en sus manos y su confusión lógica e inocente de los espacios, son tan demoledores que no son capaces de tumbar estirpes enteras sino a ellos mismos.
Amanda Todd es una adolescente canadiense que ha visto terminada su corta vida tras una concatenación de errores. Su existencia se empezó a torcer cuando mostró partes íntimas del cuerpo a un desconocido por internet. Inconscientemente se situó en la esfera pública en la que a algunos no se les ocurre nada mejor que llamar insistentemente a Paula Vázquez y a otros satisfacer sus deseos sexuales intimidando a cualquier jovencita. Aprovechados los hay por todas partes, pero una manera muy efectiva de encontrarlos es exponerse a sus ondas persuasivas.
La obras de las cuales nos podamos arrepentir no están fuera del alcance de ningún ser humano. En nuestra época de adolescentes tampoco éramos perfectos, pero lo llevábamos por dentro. De mayores quizás tendamos a corrompernos, pero aprendiendo a manejar nuestra privacidad como unos señores. Los políticos tampoco son la excepción, pero son unos artistas en la tarea. A la vez que crece la mala conciencia lo hace la opacidad, la censura o las interferencias comunicativas. Del buen funcionamiento de estos mecanismos dependerá la pervivencia de esta élite que no tiene muchos más argumentos que mantener correctamente alzada la barrera entre lo público y lo privado. ¿Terminará en relevo o en suicidio?

 
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Publicado por en 23 octubre, 2012 en Sociedad

 

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Olvido; nunca te olvidaremos


Esperábamos un otoño caliente que jamás llegó. Las chispas raramente se diseñan. Las encienden los vientos y las apagan las tempestades. Surgen espontáneamente al compás de un enfurecimiento que va tomando cada alma a golpe de humillaciones al maltratado cuerpo físico. El hartazgo se manifiesta de todas las formas que queramos. Jamás a través de una herramienta de expresión se genera claudicación sentimental alguna. Por mucho que se empeñen sindicatos con huelgas generalizadas, patronales con contratos miserables, gobiernos con legislaciones deplorables y los más pérfidos hombres de negro con maletones repletos de inyecciones placenteras a cambio de hambre para mañana. No nos hartarán porque no es sencillo organizar las sensaciones de los demás. Una imagen puede acarrear más de mil reacciones. Un sujeto infinitos predicados más.
Juan Manuel Sánchez Gordillo tampoco fue capaz de acercarnos al cielo de la discordia. Planeó una sorprendente estrategia conspirativa que debía poner en órbita parlamentaria una seria problemática nutricional. Fracasó en el intento. Provocó algunas oleadas de debates entre lo que es un robo y lo que no lo es. La alimentación siguió ocupando el espacio de consultas privadas, estanterías de grandes superficies y más vastas extensiones de terreno cultivable en manos de menor número de propietarios todavía. Poca más trascendencia tuvo lo que quedó en anécdota, pudiendo haber servido al logro de un diálogo de extrema necesidad y urgencia. De todo se discutió excepto de lo que se tenía que haber hablado tras su acción. La corrupción apareció por el escenario, el delito por los juzgados y las problemáticas siguieron sin resolver. Los tiempos que corrían eran suficientemente calurosos para no arriesgarnos a aumentar de temperatura. En todos los sentidos. La paz ficticia es la peor de las guerras. El estallido podía haber llegado en masa, pero de la peor manera posible viendo como siguieron los acontecimientos. A día de hoy no seríamos testigos de presenciar ningún intento en la fulminación del termómetro colectivo.
Otro robo de mucha mayor importancia nos servía una nueva posibilidad de encender mechas por doquier. Concluida la gran oleada de calor que nos puso en alerta durante buena parte del mes de agosto, una edil toledana se empeñaba, sin quererlo ni beberlo, en hacernos retomar la senda de los sudores. El acto no fue planificado por parte de quien debió sustraer la joya ni por parte de quien la quería mantener en su propiedad. Olvido Hormigos se exhibía. La oposición actuaba como mandan los cánones. En una carrera ciclista mostrar debilidades se cobra con ataques multitudinarios. Las caras inexpresivas son mucho más útiles para mantenerse en las posiciones de partida. Desbordan la estulticia. En un régimen bipartidista las garras llevan la etiqueta exclusiva del polo opuesto, pero no por ello son menos feroces. Se ensañan con lo que pueden, incluso consigo mismas.
El acto masturbatorio más famoso de nuestra corta historia cibernética puso en alerta a toda la clase política, periodística y, como quien no quiere la cosa, a la casi totalidad de un país. Aunque por el hecho de ser público dejara de ser exclusivamente púbico que es por lo que se distinguieron las masturbaciones que debieron tener origen antes del oficio más viejo del mundo.
El escándalo no estuvo motivado por lo mismo que veinte o treinta años atrás. Andó por otros derroteros. Los más puritanos que se distinguen por haber celebrado varias veces su primera comunión. Que perdieron la virginidad en varias ocasiones antes, después y definitivamente tras el sacramento matrimonial. Que incluso matarían repetidamente a los mismos arquitectos que alzan aberrantes construcciones por encargo de las autoridades:

Esperanza Aguirre es todo un icono del puritanismo. Son ellos quienes pusieron las manos en la cabeza reprochando a la concejal de Los Yébenes su decisión de dimitir. Paradójico pero cierto. La defensa procedente de los correligionarios no tiene valor. Son capaces de poner a un corrupto en un pedestal mientras comparta la misma bandera. Sea arquitecto, juez, verdugo o tarugo.
A Olvido Hormigos, una política convertida en exhibicionista por voluntad ajena, se la perdona por su nueva condición impuesta. No cometió ningún delito a ojos de la ortodoxia más capitalista, egoísta, ególatra e individualista que se impone por todos los sectores, alas y rincones de hemiciclos y callejones varios sin salida. Al contrario. La masturbación supone la expresión cenital de unas relaciones sexuales cada vez menos comprendidas como tales. La tendencia progresiva hacia el aislamiento nos va restringiendo hacia ese tipo de prácticas sin darnos cuenta. Cada vez más sexo pero menos relacional. Por obligación los resultados de la tendencia pueden ser catastróficos. Por decisión propia otros efectos se desencadenan tras ignorar a las sirenas. Pero no es el caso. Las alarmas chirrían y no son cantos de gran belleza. El placer está en nuestras manos pero quienes instigaron esas prácticas se la menean entre el mayor de todos los orgasmos. Siglos de veto del roce entre individuos no nos fortalecieron como seres sino que nos debilitaron como tales para beneficio libidinoso de los de siempre.
Las familias monoparentales, sin hijos y más pronto que tarde hasta sin padres, se van imponiendo en todo tipo de pantallas y desde las mismas. Aislados vamos convirtiéndonos en monótonos seres apresados en nuestra soledad, en la que hay que colgar cuadros con los que despertemos la sensibilidad olvidada. Obligados a no poder contemplar un digno paisaje no tenemos otro remedio que fantasear con el que otros plasmaron con sus pinceles. Todo tipo de artilugios suplen los genitales que llevamos dentro en beneficio de quien los suministra. Jamás de nosotros mismos. Porque incluso hemos perdido la ancestral sabiduría de masturbarnos con dos piedras. Utilizamos aparatos mucho más sofisticados a la vez que insípidos.
El sexo tiende a ejercer la función que el cuadro desempeña en nuestros hogares amurallados. Para ello se requiere que una serie de artistas se dediquen a la contemplación de lo que a lo lejos queda de placentero y nos lo acerquen a un precio simbólico. Los sueldos no están ni para ir al fútbol. Como no nos basta con mirar estampitas de falsas vírgenes es necesario hacerlas palpables. Las tocamos y rememoramos el paraíso perdido, donde todo lo esencial se encontraba al alcance de nuestra mano.
Morgane Merteuil, una mujer altamente manoseada que ostenta el cargo de secretaria general del sindicato de trabajadores del sexo (STRASS) presume de ser puta, quiere seguir siéndolo y se ha convertido en la principal voz en la oposición a las ofensivas abolicionistas. La llegada de Hollande a la presidencia gala tiene estas consecuencias. Trae aires prohibicionistas. Las feministas francesas que le acompañan han emprendido una ofensiva para abolir del todo la prostitución mientras el sindicato STRASS contesta. En su panfleto “liberad el feminismo” se puede leer la moraleja de esta joven parisina de 25 años tras su estancia en una barra americana. Concluyó en la necesidad de pasar a practicar felaciones para rentabilizar sus ratos de burdel como camarera. En lo ideológico entiende al feminismo como una lucha por conseguir la dignidad de las mujeres, sean cuales sean sus elecciones. El machismo bastante tiene para defender sus erecciones a base de viagras naturales y artificiales que se expanden como el agua por los grifos de los hogares.
Con todo este caldo lo que se va convirtiendo progresivamente más difícil de satisfacer son nuestras necesidades básicas de forma natural. No son necedades como nos lo intentan mostrar los eruditos oficialistas de la materia. No es un asunto banal lo sucedido en Los Yébenes. Es una banalidad el enfoque exclusivamente judicial de un robo que debería haber puesto patas arriba a una sociedad anorgásmica que ya no expresa sus líbidos sensualmente sino que los busca en el sexo.
Hasta tal punto que ya no somos ni conscientes de la importancia que tienen para nuestras vidas alimentación o picardía. Juan Manuel Sánchez Gordillo nos intentó poner a raya por lo que se refiere al comer. Olvido Hormigos en lo que se refiere a la práctica sexual. Involuntariamente que es lo que cuenta. Porque así son nuestras necesidades básicas. No las hemos escogido. Las llevamos como una losa en caso de ignorarlas y se nos caen encima para tenerles que poner parches de vez en cuando. Así vamos trampeando la banalidad impuesta. Considerando superfluos nuestros puntales existenciales. Nuestra existencia considerándonos superfluos a nosotros mismos.
El sistema dominante incidió en la satisfacción de otro tipo de necesidades. Contribuyendo al olvido de lo esencial cuando nos entendemos ampliamente saciados por lo demás. Pero como todo lo que no se escoge, vuelve y hasta nos termina corrompiendo. Pero ya no vuelve en su esencia sino a través de sucedáneos. Unos tienen que hacer horas extras para retribuir a sus ligues. Los ligues hacer horas extras para ganarse el pan como profesionales de la conquista. Cuando ni comamos ni follemos el otoño se avecinará tórrido. Mientras, solamente a unos pocos se les pasará por la cabeza acercarse a unas manifestaciones donde nada de lo importante hay que rascar.
Sin necesidad de que ningún vídeo nos encienda la mecha. Sin necesidad de que ninguna orgía colectiva apague las llamaradas ocasionadas. En cada uno de nosotros va surgiendo el debate no retransmitido. Porque el asunto nace en cada individuo pese a que sexólogos favorables y contrarios se empeñen en determinar las preferencias de cada uno. El debate en sí no lo es tanto. Lo que importa es el diálogo.

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Publicado por en 12 septiembre, 2012 en Sociedad

 

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Masturbación


Deshojando la margarita ha estado varios días la concejal socialista en Los Yébenes. No lo hizo sola sino acompañada, para terminar tomando la decisión de continuar adelante con su cargo político. En representación de una ciudadanía, más acostumbrada a hurgar en intimidades ajenas que en propias, seguirá con la labor por la que fue escogida. Trabajará desde el mismo ayuntamiento que, según la propia Olvido Hormigos, tuvo mucho que ver en la difusión de las imágenes que dieron la vuelta a España sin necesidad de bicicleta alguna.
El famoso vídeo lo grabó ella misma. En él aparece desnuda de cintura para arriba y masturbándose. Pese a ser una buena estampa erótica, en tiempos de creatividad escasa, la protagonista no iniciará la carrera cinematográfica. Las imágenes iban destinadas a su marido, no al gran público. Según opinión de quien ostenta una inmejorable silueta ante las cámaras fueron difundidas por el mismo consistorio, situado en la línea política antagónica en lo que se refiere a las formas. Casi por obligación, tras la llegada de la filmación, cualquier militante fanático hubiera hecho exactamente lo mismo. Quienes ostentan medios potentes de difusión más obligación acumulan todavía por hacerlo. En el orden de transmisión residirá la posibilidad de emprender acciones punibles por parte de la afectada y sus allegados. Será importante conocer qué fue primero, si el huevo o la gallina, a la hora de determinar culpabilidades jurídicas en caso de considerarse pecado tal acto. Lo desconocen hasta los implicados por ambas partes. Forman parte de un estrato de poder con limitadas competencias en la redacción legislativa.
La política, tal como la entendemos, no se sostenía ni a golpe de fichajes de personalidades como fueron en su momento Jesús Gil y Gil o el perseguido José María Ruiz Mateos. El asunto no viene de ayer, se arrastra de lejos. Estos dos personajes, que protagonizaron el inicio de la transición en su vertiente más grotesca, dieron el salto cerimonial que la función pública necesitaba para irse desprestigiando. Pero sin ir definiendo un futuro prometedor. La carrera que emprendieron los dos famosos ya no se apoyaba en el pan y el circo sino confundía ambos manás en su práctica diaria. Pan, circo y política terminaban de integrarse después de una larga historia de apoyo mutuo. Con fricciones pero sin llegar a fusionarse. El fútbol, como parte de la cultura del espectáculo que nos estimula la afección por unas siglas, inicia su camino decadente relegado a franjas televisivas de adultos que suspiran por ver carne sobre el terreno de juego o desertan en masa. Los horarios de algunos partidos posibilitan la aparición de mamachichos sobre el césped y otro tipo de vestimenta arbitral. A los futbolistas mejor dejarlos relegados a sus caras tareas. Sueldo extras por actividades añadidas podrían significar el fin repentino de un espectáculo necesario.
Los tradicionalistas están que arden con las imágenes denominación de origen Los Yébenes. Paradójicamente hasta se han atrevido a dar apoyo a la pecadora de la misma localidad. De cuerpo para afuera, interiormente irán empujando los días masturbándose para sosegar los ánimos de penetrar las odiadas siglas rivales. En esta ocasión no salió a la palestra ningún energúmeno como sucedió después del conocimiento del contenido de algunos libros de educación sexual. Una pieza que hubiera significado el complemento ideal a lo acontecido y podía haber tenido esta forma:

El tradicionalismo no dejará de serlo nunca. Sabe a la perfección que la esencia de la masturbación es la privacidad a la hora de practicarse. El tradicionalismo conoce de buena tinta que la práctica sexual se pierde con explicaciones banales, superpuestas a un instinto que todavía nos mantiene en pie después de largos milenios. Tan crecientemente importante que a falta de pan y circo se abren paso tetas y penes como sustitutivos perfectos.
Los retrógrados que no verían con buenos ojos el exhibicionismo de los cargos públicos, saben que en la situación de descrédito en la que nos encontramos, no hay más remedio que empezar a rellenar calendarios con personajes de toda índole pero con el punto de mira en la representatividad pública. De ellos empieza a ser el reino de los cielos a partir de unas papeletas electorales que ganarían mucho colorido y profundidad con este otro tipo de transparencia que tanto reclama la ciudadanía.
El omnisciente, desde las alturas, conoce mejor que nadie quien practica la masturbación. Aquellos que nos muestran como lo hacen están jugando a otra cosa. Como el que maneja sus propias pelotas en un campo de fútbol no es un futbolista. Quizás es un actor. Quizás la escena sea un incesto. Quizás una provocación de un espontáneo que también es necesario de vez en cuando. Sea lo que sea, lo que nunca estará a nuestro alcance será masturbarnos mutuamente. Ni contemplarnos como nos masturbamos. En el momento en que ocurre deja de serlo. Seguirá siendo imposible perder la virginidad más de una vez. Por mucho que cambien los tiempos o terminen a golpe de transición.

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Publicado por en 6 septiembre, 2012 en Sociedad

 

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Lujos


Es de recibo relatarlo como modo de agradecimiento. Cada día un servidor no tiene la ocasión de adentrarse en barrios ostentosos. Sólo de vez en cuando y por equivocación. Como en una selva repleta de vegetación, pero en latitudes tendentes a convertirse en el polvo que fueron y que jamás volverán a morder. Las lecciones de los contrastes son suficientemente prácticas para volver allí donde las zarzas empiezan a escasear y bañarse infinitamente entre una sangre que fluye al latido de lo contemplado.
Existen barrios donde las aceras están cubiertas con alfombras, los portales con pétalos y los ascensores elevan hacia el cielo unas aguas templadas en forma de piscina en las que sumergirse fugazmente hasta llegar al primer piso es casi una obligación. Allí también es obligatorio tomar el aire acondicionado. Las ratas que lo respiran ya no engullen cualquier queso de leche de tetilla. Las trampas son tendidas con cañones para disgusto de los mamíferos selectos que sólo se arriesgan a lácteos derivados de la tetaza insigne. Los estómagos cuando reciben sustancias que difieren demasiado de sus hábitos cotidianos tienden al vómito evocándolo a la muerte sin necesidad de espinosos cepos.
Hay lugares donde todo tiende a estar automatizado pero de distinta manera. Existen aquellos donde la locomoción de alguna mosca que recuerda la existencia de la vida más allá del templo donde las ratas comen con tenedor, corre a cargo de pequeños artilugios aeroespaciales. Existen otros donde se ha generado el automatismo de que todo lo anterior y aquello que pudiera quedar más allá de los puntos suspensivos es absolutamente necesario. No hay desarrollo sin artilugios hasta que sin artilugios no hay nada. Ni decorado, ni artistas ni apenas algún modesto intérprete.
Las medidas de seguridad suelen ser un elemento que identifica este tipo de lugares donde la tecnología no llama a la puerta sino que la desborda. El fin es parar ataques que sólo se producen en el supuesto de que la muchedumbre crea que todo lo que atesoran estas cajas fuertes al aire libre es el material acumulado. Las impagables lecciones son despreciadas por aquellos a quienes los lugareños con mayor experiencia interpretan que no desean trabajar. Es la envidia la que debilita los muros tras los cuales tampoco se aprecia la dureza de la frenética actividad en ninguna parte de esbeltos cuerpos sumergidos en fortunas.
Los falsos mesías llaman cada día a la misma puerta de la misma fortificación y casi a la misma hora. Lanzan sus improperios y dan media vuelta tras haber comprobado que otro reparto es posible pero el crecimiento del muro se hace más difícil. La estrategia de todos aquellos que pretendieron generalizar modos de vida insostenibles de unos pocos a una multitud es así de fratricida. El silencio o la ceguera les delata. Así de evidente y clarificador de porqué nos encontramos en este escollo. La insostenibilidad está demasiado generalizada.

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Publicado por en 30 agosto, 2012 en Sociedad

 

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Dios salve la fiesta


Parecía que Harry había dejado atrás su fama de amante de las fiestas, pero en estos días, con las imágenes de sus juergas en una piscina en Las Vegas, esa fama vuelve y con más fuerza. Sobre todo después de que se hayan publicado en una página estadounidense dos comprometidas fotografías tomadas con teléfono móvil, en la que aparece desnudo, durante una fiesta en una de las suites del hotel.
No le bastó al príncipe su papel de embajador en los juegos olímpicos celebrados en su futuro reino. Llegó a representar a su abuela Isabel II en la ceremonia de clausura para finalmente retirarse a Las Vegas para hacer de las suyas.
No es cosa de aristócratas disfrutar hedonistamente durante su estancia terrenal. Es asunto de la humanidad entera. Pero la inmensidad de la población no era consciente de tal hecho. Simplemente corrían rumores que poco a poco van saliendo a la luz. Se van disipando dudas que siempre las hubo. Con imágenes, que valen mucho más que todo lo escrito, terminamos asimilando la calcada naturaleza de monarcas y súbditos. Va siendo así como los príncipes se van quedando desnudos para ocupar un trono en pelotas en el supuesto que lleguen hasta él. Va siendo así como la monarquía va entrando en el definitivo declive. A golpe de transparencia que nos otorgan las nuevas tecnologías diseñadas para otros fines, pero que nos revolucionan contra el poder.
La única salvación posible de una aristocracia de capa caída no puede ser otra que extender la degradación en la que entraron unos palacios, donde la vida se hizo muy sencilla y sólo quedaba la opción de disfrutarla enérgicamente. El príncipe ha sido cazado en uno de esos juegos en los que no quisiera nadie ser retratado. Pero desafiando el alcance de las tecnologías que se entrometen en nuestras vidas es necesario procurar el fácil acceso al vicio a grandes capas poblacionales. No es casualidad el proyecto de trasladar Las Vegas a un estado que cada vez tiene menos fe en sus dirigentes. Es condición necesaria para la supervivencia de sus linajes ancestrales. De visita en visita podemos empezar a quedar todos retratados en nuestra peor faceta y a la vez legitimaríamos el poder de los más viciosos.

La fiesta, tanto en versión nacional como íntima, se va desmoronando. De la misma manera que la monarquía va pasando a mejor vida también lo va haciendo la tradición taurina. Sin ninguna duda no como consecuencia de un ensañamiento legislativo contra este tipo de eventos. La asistencia a los rituales se va disipando a medida que el hombre se va entendiendo más animal o al animal se le concibe de manera más humana. Sea lo que fuere se aproximan las naturalezas de dos seres aparentemente distantes por su fisiología pero cada vez más próximos según las nuevas conciencias.
Progresivamente el festival de las plazas va asimilándose a un maltrato con abuso incluido que no merece ningún ser vivo recibir. El abordaje se llevó a cabo desde la opinión pública que se ha encargado de poner en evidencia lo que muchos notaban, pero que no era suficientemente de dominio público.
El último suceso de esta otra polémica tuvo lugar en San Sebastián. El consistorio, gobernado por bildu, se atrevió a no renovar el contrato de explotación del complejo de Illumbe. Se celebraban algunas corridas al año por un alquiler simbólico de 10000 euros. El futuro parece que reserve el equipamiento a otros usos como podría ser el deportivo. ¿Qué función se reservará a la aristocracia a partir de ahora?¿Cobrar los derechos de imagen por aparecer en las encuñaciones de las distintas monedas?

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Publicado por en 24 agosto, 2012 en Sociedad

 

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Mediocridad

¿Se ha dado cuenta alguna vez de la poca utilidad que le reporta consumir cantidades adicionales de algún bien a partir de una cierta unidad? Ya sé de antemano que cada uno somos un mundo. Pero el umbral al que estoy haciendo referencia es aquel en el cual usted ha pasado a aborrecer cierta sustancia. Por tanto tampoco sería cuestión de cuantificarlo sino de expresarlo. A partir de ese estado ya no gozamos haciendo uso del determinado producto sino que incluso puede ocasionarnos alguna molestia.
Un vaso de agua o un baño en la playa pueden proporcionarnos una amplia satisfacción en situación de sed o calor intenso. Pero saciados de líquido nos empieza a crujir el estómago. Remojados largo rato en alguna piscina se nos empieza a arrugar la piel.
Según los economistas neoclásicos que desarrollaron sus teorías en un ambiente donde la mayoría de la población subsistía como podía consumiendo mínimamente, la utilidad que obtenemos consumiendo es decreciente a medida que aumentamos la cantidad a nuestra disposición.
No fueron estos iluminados quienes precisamente destaparan el concepto de clases medias, pese a contar con un objeto de análisis mayoritariamente situado en un nivel parecido de renta, riqueza y hasta de esclavitud. Intuyeron más de lo que su realidad les permitía y ya hicieron bastante. En ese sentido actuaron de visionarios de lo que vendría mucho después. Aquello de lo dicen, adolecen los economistas actuales que explican maravillosamente la historia pero nos dejan con el futuro en blanco. Una afirmación extremadamente difífil de negar. Si al que acierta se le desposee de su título de economista, zanjada la contradicción.
Una vez terminada la traca final de las contiendas que protagonizaban a menudo las masas situadas al borde de la inanición, la paz se sostuvo gracias en parte a la aplicación de este principio. La detracción de recursos entre las capas más adineradas no supuso ninguna revuelta como las que protagonizaban los más pobres cuando se les intentaba usurpar una centésima porción de sus ingresos. Callaron e intentaron satisfacer vicios de otras formas, desplazando recursos a la fuerza a los más necesitados. Su silencio permitió el refrendo de aquellas viejas teorías que en su época no tenían ni pies ni cabeza. Los neoclásicos las formularon en aquellas sociedades en las que unos subsistían y otros se viciaban. En presencia de conductas viciosas el consumo de cantidades adicionales de una sustancia aporta mayor satisfacción o incluso la sensación de vacío en caso de no disponerla.

Distribución de renta en España por decilas. Pueden verse las diferencias extremas entre aquellos que conformarían la idealizada clase media


Las clases medias fueron tomando forma en el ideario colectivo aunque en realidad tampoco se pudieran identificar con grandes multitudes, más allá de las cuales no se debían haber situado por necesidad teórica demasiados viciosos o carentes. La realidad era bien distinta a la tan repetida por aquellos que nos hablan de un desmantelamiento de una clase que jamás existió como tal. De los dos grupos con diferencias abismales de principios de siglo XX pasamos a distribuir las capacidades de consumo de forma muy repartida. Las porciones del pastel se hicieron infinitamente variadas. Las retribuciones ofrecidas por distintas empresas y sectores empezaron a disparar sus diferencias. Incluso en las mismas empresas conviven asalariados con grandísimas diferencias de nóminas, muchas más todavía si se tiene en cuenta la utilidad marginal decreciente.
En el rango salarial, en las curvas de distribución de renta o en la que podamos inventar para medir la distribución de lo que deseemos existe un término medio. Pero la cantidad de personas situadas cerca de lo que se ha denominado clase media ha sido una verdadera minoría.

Según datos de técnicos del Ministerio de Hacienda así se distribuyen los ingresos en España


La equidistancia está en otra parte que nada tiene que ver con una gran masa que cuente con ingresos parecidos. Durante esta época se formó una que ni es productora ni consumidora. Ni es trabajadora ni estudiante. Ni es inversora ni endeudada. Esa es la verdadera clase media; la que al no identificarse en ninguna parte no sabe todavía, ni falta que hace, en qué bando situarse. No hace falta ser economista para darse cuenta que esa masa sosegada es la que se intenta agitar por todas partes. Desde por parte de aquellos que predicen el desmantelamiento de algo que jamás existió, hasta por parte de aquellos otros que la sitúan como meta a sus reivindicaciones.

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Publicado por en 31 julio, 2012 en Economía, Sociedad

 

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Que paren las máquinas


Angela Merkel no lo tiene tan crudo como aparentemente lo pintan las encuestas electorales. Reunida con sus socios europeos muestra rotundas posturas en las que expresa sus pocas pretensiones de ofrecer a nadie la salvación.
No es manía ni mucho menos animadversión hacia los miembros en este momento más débiles de una unión monetaria que solamente es eso. Lo recuerda constantemente en representación de aquellos a quienes cree gestionar.
Las palabras en sus apariciones internacionales son nítidas. Pocos pueden decir que se sienten engañados porque una minoría de ciudadanos europeos la votaron. En ninguna de las elecciones celebradas en el continente no estaba sobre la mesa el reparto de la riqueza alemana. Los franceses defendieron exclusivamente lo suyo sin meterse con los recursos de los demás. Los griegos suplicaron clemencia pero sin cruzar la línea expropiatoria. Hacen falta gestos de otra tipología que todavía ningún mandatario se ha atrevido a dar.
Angela merkel continúa anclada en el paradigma más extendido no sólo en su país natal sino en la práctica mayoría de individuos. Una reciente encuesta del diario “Der Spiegel” desvela muy amablemente para todo aquel que desee entenderlo lo que circula por la mente de la mayoría de individuos del centro del imperio germánico.
El 54% de alemanes se muestra contrario a salvar el euro a costa de reflotar países en dificultades que hoy son Chipre, Grecia y España. La moneda sigue entendiéndose como una simple herramienta que permite el intercambio entre productores y consumidores. No un maná que irradia todo aquello que toca.
Alemania está situada en el epicentro productivo del continente. No es precisamente un territorio que tenga unas características especiales que le permita fabricar más bienes que los demás. Simplemente ha asumido desde hace varias décadas que para cosechar hay que plantar. Aquellos que no tienen un lugar donde hacerlo lo buscan aunque continuamente se vean condenados a la inactividad, que además está relativamente poco subsidiada y altamente inspeccionado su reparto. Una gran mayoría de alemanes ha aprendido a batallar con poco consecuencia de unos salarios peores que décadas atrás y horarios cada vez más prolongados, con regalos incluidos de tiempo a la empresa.
La consecuencia de estas políticas que minan las condiciones de vida de un amplio sector de la población podrían haberse intuido devastadoras. Lo son pero sólo en la percepción de los flujos hacia los demás socios con intereses comunes. El 13% de la población se muestra favorable a la ayuda a otros países con problemas palpables. Se deduce que el remedio más popularmente extendido sigue siendo el trabajo extremo. Si a alguien le falta algo que lo pague con las monedas obtenidas en algún empleo aunque sea precario. Si no tiene suficiente que se endeude con la saneadísima banca alemana.
La gran fábrica continental lo sigue siendo porque sigue entendiendo la necesidad de serlo. En la encuesta mencionada la población sigue expresando su preocupación por los precios, ahorros y pensiones. Unas instituciones fuera del alcance del individuo a quien solamente le queda pedir al mandatario que tenga cuidado con los tesoros ganados con esfuerzo.
Angela Merkel representa a la perfección la voluntad que expresa su electorado. Pero en caso de darse la vuelta electoralmente la voluntad seguirá siendo la misma. La actual oposición introducirá mejoras en la compasión dentro de las fronteras nacionales pero parecida actitud de puertas para afuera. Aunque oficialmente tendrán que presentarse como salvadores de las otras patrias pero en realidad más de lo mismo.
Los otros que hoy reclaman todos los perdones que se puedan reclamar tampoco es que hayan sido unos santos. Han trabajado como han podido, han acumulado lo que se les ha permitido y no han acostumbrado a regalar nada a nadie. Cuando llegó la hora de unirse monetariamente no lo hicieron con el norte de África con la intención de colaborar con los más necesitados. Fueron a buscar las mayores potencias de las que hoy se sienten esclavos. Malas compañías unos estados formados por una población que todo lo que tiene se lo gana con esfuerzo y siente como se le puede ir alguna gota de sangre en alguna quiebra bancaria o una inflación desbocada. Mientras eso ocurra las ayudas irán acompañadas de supervisión y altos intereses en sus concesiones.
Las políticas de los últimos años del gobierno de Merkel ahondan en lo que los alemanes ya tienen bastante asumido individualmente. Extreman el sentimiento en cada esfuerzo suplicado desde la cancillería. El Euro sólo tiene futuro si antes alguien para las máquinas. Si desaparece la moneda única lo harán con peores consecuencias.

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Publicado por en 11 julio, 2012 en Sociedad

 

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Descubriendo América


Este mundo parece a veces tan infumable que hay que salir con mascarilla para volver a salvo a casa. Quizás sea por la generalización de estas armas de aislamiento que la realidad cueste tanto de percibir.
Es destacable la falta de observación de lo que nos rodea pero mucho más una escasa memoria. Quizás consecuencia de otra mascarilla en nuestra línea temporal que nos separa épocas para no entrelazarlas jamás.
La pastilla del olvido no se inventó el siglo pasado ni el actual. Tan sólo la del día después pero no la del momento antes de vivir algún acontecimiento. Pero en la práctica como si estuviera en todas las farmacias ejerce unos efectos que no hay remedio alopático que sea capaz de atenuar la sintomatología.
La ludopatía era una dolencia bastante extendida en nuestra vida cotidiana. Basta dirigirse a tomar un café a las 7 de la mañana a cualquier bar, para encontrarse con algún ansioso por vaciar alguna máquina tragaperras. Pero cuando Sheldon Adelson solicita una licencia para intentar vaciar el bolsillo de los administrados rogamos a los administradores que no le permitan establecerse. Ni terrenos, ni subvenciones ni nada en favor de una promesa de dinamizar la maltrecha economía.
Evidentemente el magnate estadounidense tampoco será quien traiga ninguna solución a las restricciones de nuestros deseos. Primero es necesario apostar en el proyecto para recibir hipotéticos réditos en el futuro. La lotería en este caso empieza jugándose antes de que se instale la primera ruleta.
En Barcelona Eurovegas necesita tierras, ahora cultivables, en las que gran parte de la población satisface directa o indirectamente sus necesidades básicas. Excepto aquellos que viven del aire o de los designios de las tragaperras, que los hay y milagrosamente van sumando años hipotecando diariamente la comida del mañana.
Hace algunos años me enteré que existía un proyecto igualmente pernicioso que afectaba al futuro de esos alimentos cultivados alrededor del aeropuerto del Prat. Era el de un joven emprendedor que veía una potencialidad en las tierras aledañas a las pistas de aterrizaje. Podían albergar publicidad de cara a los pasajeros que en masa aterrizan en Barcelona cada día. Dicho en el idioma de este artículo, el individio pretendía de forma muy ecológica y modesta poner a disposición de las empresas amplios terrenos donde realizar apuestas por la comercialización de sus productos.
Ninguna asociación para la preservación del territorio se echó al cuello de nadie. La cuestión es que desde la modestia se puede deforestar lo que sea necesario. Se puede construir aquello que nos apetezca a última o primera línea de mar. Pero cuando la iniciativa procede de una empresa y encima gobernada por alguien con tintes arrogantes la repulsión es máxima. El resultado exactamente el mismo.
Véase como otro ejemplo lo que ha acontecido en el transcurso de esta Eurocopa que estamos a punto de clausurar. La selección dirigida por Vicente del Bosque empezó su andadura enfrentándose a Italia. Todas las crónicas coincidieron en señalar el abandono de la estrategia del catenaccio por parte de unos italianos que renunciaron a su esencia.
España planteó el partido sin delantero centro de referencia y con dos pivotes de corte defensivo en el centro del campo. Como habría hecho décadas atrás Javier Clemente. La diferencia entre un seleccionador y otro en este campeonato hubiera sido la mayor o menor participación de Fernando Llorente.
La notable percepción del entorno periodístico se nota en los medios. Mientras uno no recibía crónicas sino insultos el otro tampoco recibe análisis sino halagos. Una táctica parecida con resultados similares lleva a sentencias muy dispares.
Las penas máximas llevan de la gloria al fracaso. No me refiero a las tandas al final de las prórrogas, que las hay ahora y las hubo en épocas pretéritas. Me refiero a los resultados apretados que hoy se decantan hacia una vertiente pero ayer lo hacían hacia el contrario. Me refiero también a la actitud en las ruedas de prensa donde se sacaba pecho de cualquier resultado y ahora, aunque no ha habido necesidad, se responderían educadamente.
La Eurocopa está en juego. Lo importante es apostar. Jugar con los sentimientos de vital importancia para nuestra economía. Ponerlos en una ruleta ya sea de un casino o un terreno de juego genera más sentimientos, desesperantes en la mayoría de los casos pero indispensables para que la rueda siga girando.
En el encuentro de semifinales ninguna de las selecciones ibéricas fue capaz de abrir el melón. El jamón sin embargo se lo llevó España para disputar la final contra quien se estrenó en la fase de grupos. El riesgo es máximo y cuando eso ocurre los beneficios pueden ser monstruosos.

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Publicado por en 1 julio, 2012 en deportes, Sociedad

 

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Dinamita


Tras tres semanas dejándose notar, los mineros todavía no suman ningún logro. Se han demostrado a ellos mismos que se encuentran en un óptimo estado de organización que les permite seguir la lucha. En julio, las calles madrileñas los verán desfilar sin celebrar victoria alguna. En esta ocasión la batalla se antoja más difícil, por el contexto recesivo en el que nos encontramos. No hay demasiados recursos públicos para mantener unas subvenciones que sólo son bien vistas allí donde las reciben, de manera directa o indirecta.
La gran opinión no la tienen en contra, pero inteligentemente las autoridades permiten escenas de violencia para que todos los medios las reflejen en las portadas. Una manera muy curiosa de luchar contra la rebelión de unos trabajadores más privilegiados que el resto. Si a unos parece importarles bien poco la vida de los viajeros que chocan contra sus barricadas, a los otros no les importan los seres que las levantan ni los que las soportan. Mientras se pueda pasear por los palacios todo está a salvo.
El modo de vida del minero está gravemente en peligro. Pese a contar con relativos buenos salarios nadie sabe cuáles son sus obligaciones contraídas, pero se intuyen elevadas. Una prueba palpable de que las grandes sumas conseguidas, fruto de la lucha mantienen a los luchadores en la misma lucha, lejos de superarla. Llegados al abismo la única solución posible es la garantía de continuidad de unos flujos. De cerrarse pueden causar estragos y lo saben perfectamente allí donde dos décadas atrás los sufrieron irreversiblemente.
La minería supone una peculiar minoría dentro del conjunto de trabajadores. Pese a tratarse de un grupo reducidísimo se agrupa perfectamente porque vive exclusivamente en pequeñas zonas. En esos minúsculos territorios crea complicidades con el resto de la población. En situación de huelga los establecimientos comerciales o escuelas rinden homenaje a los huelguistas. A diferencia de lo que ocurre en las convocatorias de otros gremios. No en vano, tampoco hay que desdeñar el alto poder adquisitivo del trabajador de la mina que inyecta a la perfección su salario en la economía de la zona que habita.
Los emolumentos por meterse en una mina siempre fueron un tanto más elevados que los percibidos por descender día tras día a las cloacas. Con peligros similares, pero sin arma alguna y ninguna organización los rendimientos son mucho menores. Pero la soga jamás la vio tan cercana nadie como un minero y de ahí las reivindicaciones. Primero por la subsistencia y años después por unas condiciones que milagrosamente mejoraron en vida.
Pero eso es lo que era y ya no es. Actualmente la minería también se ha dado cuenta de que el gran subvencionador puede dejar de serlo. De perdidos a batallar aunque sea por la consecución de otro impuesto revolucionario. Sin eufemismos, es por ese tributo por lo que realmente han vivido hasta ahora mejor que la mayoría. Disponen de la misma dinamita que el ejército en sus mejores tiempos golpistas. Si no se levantan unos lo han hecho los otros a lo largo de la historia. Unos ya han dado el primer toque y la mayoría sigue como si no ocurriera absolutamente nada. Como casi siempre pero un poquito más. Así no es demasiado difícil intuir que la próxima dictadura será castrense o se decidirá en alguna mina. La democracia la seguirá proclamando cada uno entre el resto de los mortales.

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Publicado por en 19 junio, 2012 en Actualidad, Sociedad

 

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Más altas han caído


Con soraya atareada en la enésima reunión del Club Bilderberg y Rajoy clausurando el Círculo de economía celebrado en sitges, allí donde se congregaba el club selecto en 2010, prosigue el desgobierno instigado desde arriba y acatado por parte de todos.
En el seno ministerial tienen claros los propósitos, pero dudan de la manera de compatibilizarlos con las obligaciones electorales. Entre los gobernados no existe consenso en la dirección a tomar. Ni tan sólo una pequeña coherencia individual de la ruta a seguir. Quizás por ello se cite una vez uno de los grupos más influyentes a escala mundial.
A los reunidos alguna idea les caerá del cielo. Dispondrán de expertos en la creación de mensajes y poderosísimos representantes de los medios para difundirlos. Quizás allí, Soraya encuentre el mecanismo ideal para anunciar la conveniencia de aumentar el IVA y reducir el IRPF. Lo que no van a encontrar será manera de publicitar el propio evento. Con los magnates de la difusión allí encerrados no hay quien lance la primera piedra informativa.
Aquellos que jamás van a estar invitados al evento disponen de otra excusa para bloquear cualquier solusión a sus problemáticas. Contra el poder conjurado no hay quien pueda. Sólo se permite la posibilidad de denunciar sus prácticas y esperar que benevolentemente actúe de otra manera. De vez en cuando algún referéndum testimonial tiene la oportunidad de rechazar alguna intervención. Pero hasta el siguiente hay suficiente tiempo para reflexión de los creadores de opinión, hasta convencernos de que decidimos equivocadamente.
La imagen de estos días no es la del Club Bilderberg. Ni tampoco la del mes de mayo que se preveía conflictivo la violencia desmesurada. No llovió lo que marcaba el calendario por estas fechas, ni saltaron las chispas que debieran haber saltado. Pese a la absoluta tranquilidad de los actos reivindicativos, cada episodio agresivo tuvo una dedicación sobredimensionada en las pantallas. Es importante resaltarla. Pero mucho más situar en la esfera colectiva todo acto que no supere la categoría de la banalidad.
La violencia más extrema permanece en la sombra. La reunión del Club Bilderberg se informará de refilón en alguna crónica perdida entre una parrilla abundantísima. Tampoco ocupará ningún titular la obsesión de perseguir a los inventados enemigos de un pueblo semi-organizado a través del movimiento surgido el 15 de mayo del pasado año.
Las manías de los agraviados llevan últimamente al ensañamiento con el débil. Según unos, las fuerzas del orden han excedido los límites marcados por la templanza para subsanar pequeños altercados. Las oficinas bancarias son sedes de desfiles artísticos. Los edificios de las bolsas aguantan estoicamente las iras de concentrados puertas afuera y puertas adentro la violencia de las caídas en los precios de las acciones.
Pero el colmo tocó techo hoy sábado en Madrid. Frente a dos rascacielos una multitud ruidosa destrozaba los tímpanos a unos inquilinos que representan las dos caras de la misma moneda. Unos perdieron la condición de financieros y pasaron a ser financiados. Los otros se ganan el puesto de destructores día tras día en su afán de obtener liquidez al precio que sea.
El simbolismo del lugar es elevado. La forma de las torres Kio no es una pirámide porque sí. La parte que les falta para serlo seguramente estaría ocupada por una institución como el Club Bilderberg. Pero como oficialmente no existe hay que imaginar que ahí está, observando como se desvanecen estos dos grandes edificios en otros tiempos.
Están al límite de la vida, como algún manifestante que permanece en el suelo y todavía es apaleado por las autoridades de la calle. Sea del bando que sea el cadáver languidecido sigue siendo el blanco de la consternación.

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Publicado por en 2 junio, 2012 en Sociedad

 

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Jubilados de casi todo


Aquellos que dejan atrás su vida asalariada se destacaron en otros tiempos por vivir exclusivamente del trabajo realizado anteriormente. A partir del fatídico momento para algunos, la vida gira entorno alguna pasión frustrada durante muchos años. Quienes no cultivaron esos deseos se deben conformar con satisfacer necesidades ajenas o bien esperar a que las necesidades ajenas embistan las propias.
Las promesas eran bien distintas a pasar calamidades a partir de los 65 pero algunos se empeñan en atizar el fuego de los que menos esperanza tienen en su futuro. A tenor de los efectos de unos recortes que con datos que se van conociendo sitúan entre sus principales perjudicados a los más pequeños y los más mayores se ha llegado a la cuadratura del círculo reivindicativo.
No es Jordi Pujol quien tras décadas de reinado se atreve a pronunciar discursos soberanistas que dejó en su larga carrera para la intimidad con su militancia. No es Julio Anguita quien se erija en el estandarte de una generación tras proclamar a los cuatro vientos en cada conferencia su propuesta comunista para hacer la pinza a no se sabe exactamente a quien. Ni mucho menos Felipe González que continúa con su talante exasperadamente diplomático para satisfacción de nadie más que el gestor de su cuenta corriente.
Son abuelos anónimos o personas de avanzada edad sin descendencia ni discípulos quienes ven peligrar su modo de vida. El dispensario que frecuentan se cierra y hay que evitarlo. El centro de jubilados echa la persiana y hay que ir a jugar la partida de cartas al bar donde se paga la estancia al triple, cuando no se hace uso del derecho de expulsión.
Lo tributado fue inyectado en las venas de unos cuantos con grandísimas jeringuillas y ahora no hay para tranquilizantes. Ni los deshauciados se calman, ni los mayores acostumbrados a todas las guerras lo resisten y mutan a energúmenos.
No solamente les falta gran parte de lo tributado sino que a muchos no les sobran precisamente los ahorros. Si no los mal invertía el estado en aeropuertos donde no aterriza nadie los mal prestaba el banco en forma de hipotecas impagables. Hubieran preguntado a los más jovencitos para qué se endeudaban y se hubieran ahorrado estos malos momentos. El diálogo intergeneracional fue inexistente pero toda tendencia algún día se rompe.
Los deseos de cambio con el de mantenerse confluyeron en las reivindicaciones populares. Dos generaciones ampliamente separadas han empezado a dialogar. Montaban concentraciones en defensa de lo suyo o ataque hacia lo detestable y allí se han encontrado hambre y ganas de comer. Allí se han encontrado aquellos que saben más por viejos que por diablos y aquellos pobres diablos que no saben si tendrán derecho a ser viejos. El FMI lanzó serias amenazas a todos ellos invitándoles a morir jóvenes y sanos en beneficio de las cuentas médicas.
La voz de la experiencia se añadió a los económicamente deshauciados dando un plus de tranquilidad a una corriente de por sí paciente. Unos tratan de aprender apresuradamente aquello que no entendieron en su vida laboral. Los más jóvenes tratan de erudirse en materias novedosas al margen de los modos de vida que los más mayores han practicado. De la conjunción probablemente no salga nada nuevo. Pero del diálogo todos se darán cuenta del juego macabro en el que estaban embarcados. Unos endeudados hasta las cejas intentando sobrevivir financieramente. Otros con ahorros bloqueados porque los jovencitos no pueden devolver los préstamos. Las dos caras de la misma moneda se sitúan de frente para dilucidar conjuntamente el gran castillo de naipes construido a sus espaldas.
El cambio llegará por dinámicas naturales. Con amenazas perpetuadas de los organismos económicos o sin ellas. El cambio llegará independientemente del golpe que puede terminar definitivamente con los ahorros de una generación. Será el que previsiblemente se genere como consecuencia del abandono del Euro como moneda. Los más fanáticos del billete que acumulan en grandes cantidades en sus hogares volverán a dejarse unos cuantos en la conversión. Como ocurrió hace diez años no se acordarán en qué baldosa lo enterraron. Verán la luz años después cuando todo valga el triple. O más terriblemente cuando los más jóvenes acuciados por las deudas vendan el piso para dotarse de liquidez.

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Publicado por en 23 mayo, 2012 en Economía, Sociedad

 

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Endemia


Los tan temidos recortes se van extendiendo. Paralelamente la oposición a los mismos. Uno de los pilares del convencional estado de bienestar está en peligro. De ello se van percatando miles de ciudadanos que hace décadas pasaron por una escuela donde quizás no había ni estufas ni mantas pero nadie pasaba frío.
Actualmente ya no es posible cursar unos estudios sin calefacción consecuencia de los crudos inviernos que sufrimos. Y mucho menos manifestarse por la calle antes de primavera. Hay que esperar las buenas temperaturas para dar un paso al frente.
El movimiento iniciado con la llegada del calor llegará a su punto álgido un miércoles que no estaba marcado en el calendario de los agoreros. Pero sin embargo mostrará un punto de inflexión un 22 de mayo señalado en la agenda de unos cuantos.
Será tal día como mañana cuando un grupo de estudiantes reivindicarán sus derechos a titulizarse gratuitamente. Cabe recordar que serán una minoría quienes lo hagan. Los otros, aquellos conocidos por Ni-Ni seguramente porque ni les va ni les viene, esperarán en casa el contrato laboral que no termina de llamar a la puerta.
Como cada mañana, estos seres que disfrutan del estado paralelo de bienestar ni verán la televisión, ni leerán ningún panfletos propagandístico invitando a reivindicación alguna. Se limitarán a dormitar esperando abrir la boca en el momento oportuno de ingerir algo de provecho.
Cuando los recursos educativos eran mayúsculos el bienestar de estos individuos ya estaba descrito por el abandono de los estudios lo antes posible. Un paso necesario para el encuentro de un salario con varios ceros. El fracaso escolar se explicaba en aquel entonces por unas condiciones laborales extremadamente favorables que empujaban al consumismo a una generación perdida por las oportunidades.
En tiempos de recortes en lo público y privado el fracaso escolar que viene se empieza a explicar por el desespero de una generación a no encontrar rentabilidad en su ansia por obtener títulos.
Mañana cientos de miles de escolares saldrán a la calle. Volverán a casa sin haber concluido quiénes son los fracasados. Ni en institutos ni en universidades lo aprenderán. Allí sólo se obtiene un título que faculta a cobrar un sobresueldo. Aunque cada vez más tardío, cosa que invita a enviarlo todo a tomar por culo ya sea dormitando o vociferando en la vía pública.

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Publicado por en 21 mayo, 2012 en Sociedad

 

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Complejos


Nadie sabe porqué el presidente tuvo la ocurrencia de realizar el gesto con el que aparece en la fotografía. Pero todos somos conscientes de que a muchos molestó una provocación de este estilo.
Quien se pica ajos come o bien tiene complejos sin comerlo ni beberlo. No hay peor penitencia que aquella que se impone a un inocente. Sólo una se escapa por la parte de la perversidad. Es aquella a la que uno mismo se condena por algún tipo de complejo.

Los complejos los arrastramos como losas siendo difícil encontrar excepciones positivas. Si se incrustan en nuestro interior pueden ser un blanco fácil en el que el más inocente halago hace mella. Nos debilitan hasta reducirnos completamente a la nada.

Debilitaron a un grupo bastante extenso de personas que debieron pensar que manejar correctamente los ahorros formaba parte del universo capitalista. No estaban equivocados del todo. Pero había mejores soluciones a descapitalizarse que consumir desenfrenadamente para agrandar los beneficios de los que comercian sin escrúpulos. O en caso de obtenerlos, aunque fuera por casualidad, los fiaron a la voluntad del primer entendido que encontraron en la materia.

Sin ahorro alguno liberarse de la condición de trabajador es un poco más difícil teniendo en cuenta el sistema imperante con el que debemos lidiar. Lo peor de todo es que hacerlo de manera individual, dada la poca predisposición colectiva a la emancipación, supone la adopción de la condición de empresario. Una etiqueta difícil de llevar en caso de éxito. Sólo se proclama para suplicar algún trato de favor en el hipotético supuesto que algo ande mal. Síntoma de que el complejo está muy arraigado.

Otro complejo muy extendido es el de reconocer la riqueza. En caso de haberla acumulado es de rigor contar que se obtuvo trabajando. En caso de haberla heredado si es necesario se argumenta el dolor que supuso la muerte de los padres. Al asalariado peor pagado del país jamás se le ocurriría renunciar a incrementos en su nómina. Al mejor remunerado tampoco, pero en silencio y depositado en lugar invisible.

Los resultados son devastadores. Trabajadores acomplejados tienen organizaciones sindicales acomplejadas que trazan planes de viabilidad a las empresas. Empresarios acomplejados forman patronales que crean empleo y nunca beneficios. En caso de despido se procura que lo asuma el menor número de componentes de la plantilla con la mayor compensación posible. Entonces ya está permitido vivir de rentas del capital durante el resto de nuestras vidas. Ningún complejo es capaz de tirar por tierra esta forma tan curiosa de liberación. Solamente uno que en avanzadas edades se acentúa. Los ahorros se evaporan fugazmente de haber sufrido el complejo a saber manejarlos.

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Publicado por en 20 mayo, 2012 en Sociedad

 

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Trastornos de sueño


Son varios los estudios que han analizado las características de lo que podríamos denominar sueño estándar del ser humano. Después cada individuo tiene sus costumbres por cuestiones tan geográficas como vivir cerca de los polos o por otros motivos como vicios adquiridos durante el paseo por el mundo.
Hay quienes opinan que el hombre está diseñado para dormir aproximadamente un tercio de lo que tarda el planeta en girar completamente sobre sí misma. Hay otros que creen que somos un animal nocturno adaptado a la vida diurna. El fuego les avala y a la vez les traiciona. Incluso existe una rama de la antropología onírica que sitúa las necesidades de sueño en ocho horas pero interrumpidas con una larga pausa.
Todos tienen sus razones cuando tratan de describir un animal tan moldeable con el medio. Pero ninguno de ellos se atrevió a entrometerse en el análisis de lo que sería el sueño saludable. Me refiero en este punto en aquello con lo que nuestra mente nos regala mientras dormimos.
Verdaderas películas visionamos amenizadas con silencios, gritos, música, destape de todo tipo que nos destapan otros mundos que no sólo son posibles sino que se convierten en realidad durante plácidos o preocupantes momentos.
Menos son aquellos que nos recomiendan la conveniencia de soñar dormidos o despiertos. No es lo mismo pero se asemeja. En las plazas conmemorando el aniversario del mayor sueño colectivo se volvió a abrir la posibilidad de soñar en público. Sin procurar despertar a nadie no vaya a ser que alguno vuelva a la realidad de la que colectivamente se pretende escapar.
A estas alturas no es conveniente encasillar deseos por motivos puramente racionales. Las sociedades enteras se adaptan al sueño propio y ajeno como al día y a la noche. Así son los sueños cuando conscientemente los dibujamos a nuestro alrededor. Cuando unos con otros se van contraponiendo van formando alguno que todos consideraremos con mayor facilidad emanado del propio subconsciente.
Pero llegar a sueños ampliamente consensuados requiere seguir los mismos pasos que anteriormente al bostezo van sucediéndose. Una buena cena en términos sólidos y líquidos es indispensable. Una satisfactoria relación conyugal acompaña el descanso posterior.
Llegados a este punto sólo desearles muy buenas noches, fenomenales tardes y placenteros despertares. En beneficio de superar cualquier espasmo.

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Publicado por en 18 mayo, 2012 en Sociedad

 

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