Un joven de 21 años de Tarragona ha logrado lo que en ferrocarril no está al alcance ni de los más jubilados de nuestro país. Cada vez es más caro desplazarse de un lugar a otro. Sin embargo algunos tienen la virtud de ingeniárselas para hacerlo sin pasar por taquilla. De la generación de bajo coste tenía que ser.
El individuo en cuestión adquiría a través de internet un billete gratuito para bicicletas al que manipulaba el código de barras y lo cambiaba a su nombre. Entre febrero y marzo consiguió adulterar 32 billetes con los que fue a Barcelona, Sevilla y Madrid. Los mossos d’esquadra le imputan delitos de estafa y daños informáticos tras la pertinente denuncia de Renfe, que le reclama 2300 euros.
Otros por cuestiones totalmente distintas a las del joven tarraconense han puesto de manifiesto la voluntad de no sufragar los beneficios de las concesionarias de autopistas. A mediodía los peajes catalanes han registrado largas colas. El motivo no fue el retorno masivo de ciudadanos sino las protestas conducidas por el sentimiento independentista que hoy reivindicó el agravio respecto el resto de España. Entre banderas, bocinazos y sin ningún incidente remarcable se calcula que aproximadamente tres de cada cinco vehículos pasaron las barreras sin pagar. En silencio pero a matrícula descubierta permitirá que la multa vaya viajando a los domicilios fiscales respectivos. Los trabajadores de Abertis han tomado nota de los vehículos que se saltaban la obligación de pagar. Los bocinazos innecesarios serán previsiblemente condonados como las deudas de los partidos políticos.
A la desesperación del claxon ya estamos acostumbrados. Como a los peajes en algunos lugares en los que se encuentran a mitad de camino de todas partes. Eso dicen almenos quienes tienen la desgracia de transitar habitualmente por algún trayecto de pago con mayor frecuencia que otros. En realidad son pocos pero estratégicamente colocados para irritación de los transeúntes.
Pero cuando suena la palabra transeúnte se abre otro agravio de mucho mayor calado. Es en las autopistas tanto de pago como de acceso gratuito donde las personas no tienen ni acceso como tales. Sólo en las zonas reservadas hasta donde para acceder se precisa la compañía de alguna máquina entre las que no se encuentra ni la bicicleta. Obligatoriamente el aparato debe comprometer el entorno.
Confundiendo su identidad personal con la de su vehículo un tarraconense logró el milagro de colarse 32 veces en un tren. El ensañamiento de las autoridades va a ser previsiblemente duro. A imagen y semejanza de como son tratadas las bicicletas en la mayoría de vías públicas, en unas masacradas y en otras prohibidas. La próxima vez que quiera viajar gratis lo tendrá que hacer pedaleando por la vía. Cuando al joven le toque jubilarse a los 67 años los pensionistas no gozarán ni de descuento alguno.
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