Las cifras de paro que no paran de aumentar día tras día están acompañadas de muchos dramas, miserias y penurias. Relatadísimas en los medios de mayor difusión y serio aviso para navegantes crédulos. En el lado positivo de la balanza el nuevo florecer del fenómeno conocido por emprendeduría, o algún término parecido, actúa de fuerte contrapeso en la destrucción del tejido industrial con el que estamos familiarizados.
En esta época que nos ha tocado vivir tenemos el placer de encontrar continuamente nuevas propuestas, idea de aquellos que han sido expulsados del mercado laboral o bien no acaban de ver clara su incursión. La masa aumenta, los presupuestos en subsidios al mismo ritmo y las capitalizaciones de prestaciones van ganando peso paulatinamente. Los nuevos cotizantes de la seguridad social en régimen de autónomos tienden hacia el infinito en un mercado que se desmorona, una producción agregada que está en niveles delicados y unas alternativas que en la mayoría de los casos son poco más que espejismos.
Aquel personaje que está de moda, inspirado por una especie de don divino y que responde al nombre de emprendedor acostumbra a actuar como empresario, pero revestido por esta palabreja que realza la silueta tradicional. El envoltorio es ilusionante, el contenido suele ser deprimente y el futuro negro pensando en el destino que nos depara la proliferación de personas de estas cualidades.
Si bien es cierto que supone un paso adelante necesario el hecho que cada vez más cotizantes se identifiquen como emprendedores e intenten tomar el timón de sus vidas, también es un paso atrás las actividades que acostumbran a desempeñar. Una alternativa sencilla ante el cierre de una empresa es largarse. Cuando el capital de los despedidos es suficiente para adquirir algún medio de producción clausurado, quienes están tocados por esta inspiración se acomodan como propietarios de exactamente lo mismo y cometiendo los mismos errores que sus antiguos patronos. Quien ha adquirido algún conocimiento en su oficio de siempre tiende a desarrollarlo de alguna u otra manera, acompañado o en solitario. La emprendeduría hace florecer establecimientos que por algún motivo están en la ruina. Liberados los antiguos empleados de la contribución a los beneficios del dueño tienen más pastel para repartir, pero pueden seguir inmersos en el ojo del mismo huracán. A corto plazo los números salen. A largo las fatídicas tendencias, prolongadas, terminan llevándose por delante más porciones del pastel a repartir.
En el grupo de las actividades novedosas es en el que pudiera parecer que todo lo relacionado con la emprendeduría es maravilloso. Efectivamente tiene grandes beneficios disponer de cientos de miles de aplicaciones para el teléfono móvil que indiquen si hay que girar a izquierda o derecha en cada intersección, o avisen de que el tren llega a destino y hay que despertarse. También era imprescindible la nueva tecnología que hace dos décadas creó la burbuja de internet. El invento en sí no fue obra de ningún emprendedor conocido. En el anónimo ejército estadounidense se fueron fraguando nuevos sistemas de comunicaciones, para que viniera una masa de aprovechados a introducirlo hasta en la cocina. Detrás de cada innovación los beneficios pueden ser monstruosos. El día que se lanzó al mercado el microondas los iluminados que optaron por fabricarlo y venderlo se forraron, pero a costa del mismo patrón. O quienes introdujeron la pizza en este país que hace tres décadas prácticamente la había probado. No resolvió ningún problema alimentario esta receta milenaria, pero el que supo entrar a tiempo y salir por patas descansó un buen rato. Haciendo gala de la máxima “coge tu dinero y corre” la mayoría jugó a eso en el fondo y algunos siguen empecinados en repetirlo. Con la crisis más terrible de todos los tiempos la avidez aflora más que nunca. La criba más adecuada del momento puede consistir en saber separar adecuadamente el grano de la paja mental que se va propagando al unísono de un fenómeno sin vuelta atrás. Como internet, pese a arruinar a cientos de miles de buscadores de tesoros, dejará una huella insalvable en el devenir de la humanidad.
En los años 30 alguien con profunda inspiración pensó en vender la pizza en porciones en Estados Unidos. Tuvo un gran éxito esta innovación para los bolsillos del ingenioso emprendedor. ¿A qué estará esperando alguien todavía en la sombra para comercializar el pan a rebanadas o periódicos por páginas? ¿Logrará convencernos de que ha venido al mundo para salvarnos del hambre y la incultura? Todavía estamos a tiempo de evitar esta burbuja tras las otras que padecimos tan recientemente.
Archivo de la etiqueta: alternativa
Empresas, emprendedores y tendencias
Bueno, bonito y ¿barato?

Han cambiado los hábitos de consumo pero todavía falta un buen trecho. También cambió el año hace 5 largos meses. Lo que tardó la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) en dar a conocer el Informe Económico de 2011. Datos interesantes se pusieron encima de la mesa.
El número total de empresas se reduce a una tasa aproximada del 3% pero esto no impide la dominancia en el sector de las PYMES que representan el 96,2% del total. El número de trabajadores empleados creció en un 0,4% cosa que supone un 20% del total de la industria. No es de extrañar que la tasa de paro sea la mitad que en el conjunto del país.
La alimentación todavía es imprescindible y todos lo sabemos. Tan claro lo tenemos que en la mayoría de los casos supone la primera salida mental hacia la crisis particular que cada despedido padece. Si no piensa en un bar tiene en mente una granja de pollos. Otra cuestión a cortísimo plazo es que el proyecto sea factible. Los capitales de cada uno permiten lo que son capaces de adquirir. La clientela acaba juzgando a largo plazo la rentabilidad de aquel pequeño porcentaje de proyectos que sale adelante. El desempleado no suele ser de estirpes millonarias para permitirse diseñar grandes infraestructuras. Pero algún afortunado existe con capacidad de distribuir alguna que otra cosa. Producir todavía es más costoso y reservado a otra minoría mucho más exigua.
Los que mayor fortuna acumularon en el pasado año fueron aquellos que optaron por la dedicación al mundo de la comida. La fabricación de alimentos sólidos creció un 1,8% frente a la caída del 4,4% en la industria del líquido. Un dato demoledor desvelado por un informe económico que no debería pasar desapercibido. La recesión nos empuja hacia lo más necesario.
Ineludiblemente muchos consumidores han aprendido a valorar aquella bebida que no se fabrica. La mejor de todas como es el agua resurge sin alcanzar el esplendor perdido. Las cifras así lo avalan, como también la lentitud del proceso. Han cambiado los hábitos pero no drásticamente. Por eso, quizás a la mayoría tampoco le importe demasiado lo que come, sino exclusivamente su precio. Por eso más que crecer el consumo de alimentos simples como los cereales lo hacen mucho más los procesados de menor precio como las pizzas. La fijación por la marca empieza a tener el mismo interés que la preocupación por la lectura de los ingredientes.
Artículos relacionados:
Pobres del mundo: No me toquéis los huevos
Biflación
El lujo de desplazarse en coche
¿Una mierda?

Menuda ocurrencia la última del gobierno de España. No convence a sus acérrimos, ni a los que pasaban por allí el día de las elecciones ni lógicamente a los que minoritariamente forman parte de la oposición. La finalidad de las medidas que urgentemente tomará el ejecutivo en materia de sanidad se encamina a ahorrar 7000 millones de euros anuales. Pero a la vez también se atisban emigraciones de siglas fruto de un descontento creciente político y ciudadano.
La novedad más polémica de todas consiste en reformular el pago por los medicamentos recetados por algún funcionario competente de algún organismo público autonómico. No olvidemos que las competencias están transferidas y hay que dialogar con los consejeros respectivos. Un asunto éste altamente importante. A corto plazo reformular precios supone tener que procesar unos datos que con total seguridad no dispone ninguna consejería autonómica. El siguiente paso será establecer el porcentaje que deberá pagar cada ciudadano y consecuentemente otorgarle el distintivo correspondiente. Más gastos que a priori parece que tendrán que correr a cargo de los ingresos subcentrales. Entre otros asuntos este se prevé clave en las reuniones próximas entre los distintos niveles gubernamentales.
Descendiendo un poquito más, hasta el nivel de aquellos que por política entienden el viaje de ida y vuelta a las urnas cada cierto tiempo, nos encontramos con mayor desencanto todavía. En primer lugar porque la medida se ceba con el jubilado que no suele ser un jovencito a quien no le importa lo más mínimo todo esto. Cuando hablamos de sanidad lo hacemos de medicina y sobre todo de medicamentos consumidos en gran parte por los grupos de mayor edad. La medida supone eliminar el principal privilegio de este colectivo. A más de uno sufragar un pequeñísimo porcentaje de lo que hoy le regalan en la farmacia puede suponerle la imposibilidad de acudir a la escapada anual patrocinada por el IMSERSO.
Se acabó el chollo panaceico para unos muchos. A partir de ahora habrá que cuidarse. Lo fastidioso es que en época de cotización nadie advirtió desde arriba de que las reglas de juego podían cambiar. Por tanto quien no se curó en salud deberá desembolsar sumas no previstas por los remedios. Desde abajo ningún médico recetó el mejor protector estomacal conocido que no es más que comer lo justo, necesario y hacerlo de manera equilibrada. Por tanto a esa multitud que vivía convencida de la gratuidad de la asistencia a sus excesos le será difícil ponerse a régimen. Ni la mejor dieta hiperproteica será capaz de devolver la salud a tanto confiado en la Seguridad Social. Ni siquiera el régimen de Franco aplicado durante siglos lo conseguiría. Es tarde simplemente porque hay prisa. No hay tiempo para encontrar soluciones fuera de la farmacología subvencionada a las sintomatologías desesperantes. Solamente es posible recortar el suministro y que cada cual aprenda a gestionar la escasez.
Hace ya algunos años una enfermera me comentaba que por primera vez en su vida había tenido que escuchar a un paciente confesar que no había seguido un tratamiento por problemas económicos. A día de hoy ya son varias veces las que me ha llegado lo mismo de varias bocas. Por muy barata que sea la medicina sólo ha sido accesible a todos los bolsillos el diagnóstico. Los tratamientos han estado al alcance de una mayoría pero no de la totalidad de ciudadanos. Unos se morían de risa cuando escuchaban hablar de seguridad social. Otros se morían de miedo sólo de pensar en una bata blanca.
Los más pudientes además de acudir al médico asignado de cabecera tendían a contrastar la opinión infinitas veces en consultas privadas. Aunque atendidas algunas veces por el mismo profesional que por la mañana funcionarieaba en algún hospital público. No sólo con eso se conformaban los más osados. A las medicinas complementarias, en su totalidad de pago acudían, valga la redundancia, a complementar el trato dispensado en la seguridad social. Otros en cambio entendían que el término adecuado era medicina alternativa. Las elecciones se relacionan con situaciones de escasez pero la motivación a ir más allá de lo establecido es una y sólo una en todos los casos. Fuera de casa se busca lo que se cree que dentro somos incapaces de conseguir aunque no sea mejor lo que encontremos por ahí.
En aquellas épocas en las que éramos casi todos nuevos ricos y poca necesidad teníamos de elegir considerábamos en masa que la seguridad social era una mierda. Unos por unas razones y otros por otras. A poder ser se entraba y salía del dispensario por la puerta de atrás y de noche. Ahora cuando nos ponen peajes defendemos la sanidad pública y universal como lo mejor de lo mejorcito. Nada de mutuas privadas. Nada de consultas privadas. Nada de medicinas complementarias. Nada de medicinas alternativas. Nada queremos saber de curanderos. Como nada quisimos saber de los remedios de la abuela que tan sana vivía en su niñez sin vacunar ni tomar medicamentos. Pero ahora no le podemos preguntar. Con tanto desprecio desarrolló alzheimer.
Artículos relacionados:
¿Viva la pepa?
Promiscuidad
Entre pincho y Valdemoro

