
La cuestión energética vuelve a estar en la palestra informativa. Esta vez el revuelo no fue provocado por conflictos armados como el que se vive de manera tibia en Iran. Fue consecuencia de la decisión unilateral de Argentina de hacerse con el control de la empresa YPF anteriormente cedida a intereses ajenos a los del país austral. En la extrema paz se desata la guerra. En la extrema libertad se opta por el embargo no de flujos sino directamente de recursos.
En España la sensibilidad sobre el tema es máxima. No es novedad que Comisión Nacional de la Energía se las tenga con Unesa, a su vez con el gobierno y de rebote con todos los consumidores condenados a sufragar el déficit tarifario a falta de otros mecenas. Hace tiempo que lo vienen advirtiendo unos y otros pero todo el mundo mira hacia otro lado. Como si la luz se fabricara quemando apuntes contables que van y vienen para insatisfacción de los intermediarios financieros.
La politica energética catalana ha quedado trazada para los próximos 8 años si las elecciones futuras lo siguen refrendando. Expone como mal a combatir la emisión de gases que se prevé disminuir en un 25% de los que generamos actualmente. Casi por añadidura invita a reducir el consumo global energético en un nada desdeñable 20%. Si se consigue este hito histórico en una economía desarrollada como la catalana no sería descabellado pensar en la consecución del objetivo de obtener un cuarto de la energía consumida por la vía verde. La maduración de este tipo de fuentes vendrá respaldada por la quintuplicación de la eólica terrestre y como novedad la marina. Las plantas de biomasa acompañarán la estrategia. El desperdicio de calor fruto de incendios accidentales se transformará en quemas controladas en lugares especializados. Los propósitos son los que son y los resultados si esta vez no acompañan serán catastróficos.
De aquí a 2020 cientos de grifos petroleros irán cerrándose por cansancio o bien por decisión de los defensores de los ciudadanos que los ven brotar. En occidente se va tomando buena nota y parece que a partir de lo acontecido en Argentina la velocidad de emprender nuevas decisiones se acelera. Ya no se trata de charlatanerías en las cámaras parlamentarias. Se trata de ir trazando planes que se van dibujando apresuradamente. Hoy se anunciaba el catalán y en breve alguno más le relevará. Después de leer todos los que le sigan quizás una segunda ronda profundizará un poco más en la efectividad de las medidas. Si algo tiene bueno la existencia de varias administraciones dedicadas a exactamente lo mismo es que más de una piensa. Cuando terminen de pensar todas probablemente habrá más ideas encima de la mesa que si lo hace una en solitario.
En Galicia sin embargo no deberían preocuparse demasiado. Están de enhorabuena con la expropiación de la petrolera. Una de las venganzas europeas fue restringir las importaciones de biodiésel argentino. La sustancia se podría sustituir por la cultivada y destilada en Galicia. Con la soja otro tanto de lo mismo y el precio se dispara. El ganado estabulado que dejó de consumir aquella biomasa reservada para las plantas energéticas que les comentaba antes pasará hambre, se vende más caro o de lo contrario reportará menores ganancias tras su sacrificio. Pero todo sea por el bien de defender la españolidad de Repsol en las américas. A partir de ahora quizás ondee la rojigualda en cada explotación porcina partiendo el corazón gubernamental en múltiples pedacitos de afección.
Renfe que maneja grandes cantidades de petroleo en sus recorridos parece también haberse puesto las pilas. A partir del próximo cambio de horarios prevé suprimir un peculiar tren que circulaba diariamente entre Zaragoza y Salamanca. Muchos kilómetros bajo tendido eléctrico y muy poquitos sin él. Probablemente circulaciones de este tipo que requieren el uso de combustible fósil en todo el recorrido pasen a mejor vida. También sorprende que sea ahora cuando la misma empresa insinúe que va a lanzar el billete con enlace hasta ahora inexistente. Habrá que empezar a transbordar como garantía de un mejor aprovechamiento de las energías rodantes. Por cada sitio el material más adecuado a unos precios un poco más prohibitivos en global.
Pero quien seguramente sufra las peores consecuencias tras el atrevimiento de Cristina Fernández de Kirchner no serán nuestros estómagos que deberán pasarse al vegetarianismo. Tampoco los ganaderos y mucho menos los viajeros que ya no sepan donde ir a comer. La catástrofe está escrita para una de las empresas que forman parte del índice bursátil Ibex-35. Sacyr-Vallehermoso que apenas construía obras de gran envergadura para todos ni promovía habitáculos reservados para algunos se ha estrellado definitivamente. El mercado ha situado el precio de sus acciones a mínimos de hace 20 años pero intuyo que todavía le queda mucho tiempo por retroceder. Será al margen de los destinos del índice que engloba las 35 mayores empresas con presencia en bolsa. En la próxima revisión semestral será excluida de este grupo selecto. La debacle coincide con la dimisión de su presidente Luis del Rivero. Demasiadas desgracias para uno de los mayores propietarios de la petrolera Repsol. Ni la mejor adjudicación a dedo en algún rincón de planeta afín compesaría la hecatombe.
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