“Las apuestas atinaron a la perfección un desenlace rentable para la mayoría de norteamericanos. Las urnas expresaron un sentimiento mayoritariamente demócrata. En sintonía con unas encuestas que preveían unos resultados excesivamente igualados. Lo que podría parecer una contradicción no lo es. En Estados Unidos el voto de cada individuo no tiene el mismo valor. Hay que calcularlo en función de la situación geográfica. Parecido a lo que ocurre en España y no por casualidad. Dicen los expertos que en el sistema norteamericano se inspiraron los redactores de la transición, o los inspiraron de secretas maneras. El resultado lo conocemos sobradamente. Dos partidos con sendos representantes luchan por hacerse con numerosos escaños en multitud de provincias, donde no caben siglas minoritarias para mandar representación a Madrid. En lugares más poblados, la obligación de decantar la balanza hacia el bando que menos desagrada supone el reblaje del clavo bipartidista, muy atenazado por la desigualdad con la que encaramos las urnas.
Spain is different” al menos en las formas. Por aquí no hay demócratas ni republicanos. Hay solamente siglas con programas parecidos que intentan convencer a aquel electorado indeciso que se acerca a la papeleta. El miedo por si ganan los rematadamente malos es un protagonista de las campañas con demasiada frecuencia. España se mueve al mismo ritmo que los Estados Unidos. Olvidando el camino del twist, el rap o el rock n’roll por su amplio grado de conocimiento, merece la pena incidir en el ritmo que nos pasa desapercibido. Al compás del petróleo que no cesa de explosionar en millones de motores de todo el planeta se mueven nuestras células. Sin poderosos síntomas de que vuelvan a respirar simplemente aire.
Los titulares nos contaban el triunfo de Obama en unos comicios muy apretados en las papeletas. Con la boca pequeña narraban el de Hugo Chávez unos días atrás. El líder bolivariano espera su espacio en las portadas tras organizar algún escándalo mediático-populista. Escenificará todo el tiempo que desee el candidato electo venezolano. Expresará lo que le dé la gana, pero en la práctica exportará los barriles hacia el lugar que le ordene el imperio del crudo. Puede ocurrírsele la brillante idea de repartir los beneficios de esta suculenta industria a todo el pueblo, como se le ocurrió al fallecido Gadaffi, pero los regalos tienen que ser fruto de la venta de oro negro a quien convenga recibirlo. Puede ocurrírsele la brillante idea de obligar a los feos a taparse la cara o prohibir la práctica del aborto a los gatos, como por tierras de Oriente Medio consentirían los adalides de la paz, siempre que a la hora de llenar los depósitos se acuerden de quien manda por tierras lejanas.
Catalunya no está sola en el deseo de independizarse. La principal superpotencia mundial aspiraba a exactamente lo mismo hasta el día de ayer, mucho antes de la amenaza extraterrestre que nunca acaba de llegar. En 2013 y por efectos de un precipicio fiscal sin precedentes, el gobierno de Estados Unidos está comprometido a aumentar impuestos y a reducir múltiples gastos. El más ostentoso será el militar que está previsto recortar hasta la mitad de las cifras actuales. Con menos efectivos para conquistas era preciso establecer un plan alternativo. Casualmente, los dos programas mayoritarios incidían en la necesidad de aumentar la soberanía energética en cuatro años que se prevén fugaces en el intento. El republicanismo optaba por la energía nuclear y los demócratas por la solar. Ambos rivales sintonizan con prácticas de extracción de arenas bituminosas en territorio nacional, a base de escarbar y numerosos productos químicos que no permiten crecer la hierba por allí donde han sido vertidos.
Con el triunfo de Obama ya nos podemos ir preparando porque los jefes del tinglado lo están haciendo. La cuestión no radica en que haya salido uno u otro candidato elegido. Lo trascendente hay que buscarlo en el hecho que la campaña haya concluido. Es entonces, cuando las verdades empiezan a aflorar. La independencia de Estados Unidos la tendremos que contemplar al sol, tras un martes excesivamente ajetreado.
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Los martes, al sol
Marte

Para deleite de los más sospechosos el “Ibex 35″ volvió a protagonizar meteóricos movimientos al alza tras una lenta sangría que lo iba acercando a peligrosos niveles de intervención. Con el gobierno de vacaciones pero cercano a Madrid y siempre con la vista clavada en las pantallas se preparó otro plan apresurado durante el mes de la tranquilidad.
No será éste el último levantamiento de fichas pero sí extremadamente útil para entender hasta qué punto la ilusión puede voltear los escenarios financieros. El clima sigue siendo exactamente el mismo que hace unos meses tirando un poquito a peor. Los mismos mercados financieros lo expresan nítidamente. Mientras España celebra una subida fulgurante en sus indicadores el resto de plaza europeas acompañan en el sentimiento pero no se implican en expediciones al espacio. El euro, indicador común del estado de ánimo, se aprecia modestamente respecto las monedas que vienen tirando en los últimos meses. El yen y el dólar ganan valor pero sin llegar a salirse de la órbita terrestre. La materia prima por excelencia incluso se dispara, negativamente, como en otras ocasiones en las que la negatividad se aparta por unos días.

Entre los gráficos de los distintos índices planetarios hay dos que de manera similar expresan exactamente lo mismo. El “Dax” de la locomotora alemana y el “Dow Jones” del centro del imperio están a tiro de piedra de máximos históricos. Muy probablemente para fracasar en el intento a la hora de rebasarlos, como sucedió ya en dos ocasiones en el caso germánico. Todo parece apuntar a la cita electoral de todas las citas como punto de inflexión si los ingenieros son capaces de soportar el vendaval que se cuece detrás de las pantallas. Las locomotoras de las locomotoras siguen flaqueando, excepto deportivamente. China, India y el resto del medio mundo emergente arrastra serias problemáticas energéticas derivadas del mal estructural del último impulso cíclico.
Una manera muy particular de celebrar debilidades imperiales por falta de carburante es lanzar cohetes al espacio. El “Curiosity” hace largas horas que se pasea por la superficie marciana. Donde no hubo inversión más que en rascacielos, desde donde los cuales observar el espacio, nos debemos conformar contemplando escalar a Bankia hasta el infinito. Así es como podemos generar alguna ilusión que nos saque milagrosamente del pozo, siempre que sea capaz de encadenar otra. De la misma manera que la expedición a Marte podría traer algo más ilusionante que un aterrizaje esperado, los dos indicadores que se acercan a máximos podrían lograr superarlos ficticiamente. Durante poco tiempo, para generar máximas expectativas a todos aquellos que deben sacar la cartera en la dura fase posterior en la que la realidad va tomando las pantallas.
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Como cada año cuando se acerca el verano los descensos repentinos de precios se van también aproximando. Ya están aquí para satisfacer algún antojo, aunque sea el de escudriñar cientos de escaparates a ver qué porcentajes se aplican esta vez.
En cuestión de precios no vamos excesivamente acelerados durante lo que llevamos de año. Los aumentos del coste de carburante compensan la caída de la casi totalidad de bienes y servicios que componen nuestra cesta de la compra. Donde no hay descensos sostenidos existen ofertas puntuales que hacen las delicias de un consumidor temeroso.
Se va convirtiendo en habitual ver carteles de promociones que sin duda alguna coincidiendo con las rebajas oficiales se titularían así en estos momentos. Motivo por el cual en esta ocasión los chollos terminarán mojando lo que previamente ya chorrea.
Los más reacios a las políticas de precios de derribo van torciendo su actitud. El Corte Inglés anunciaba hace pocos días un sorprendente cambio de estrategia, ante una pérdida de cuota de mercado respecto a otras cadenas más generosas con el consumidor. En realidad generosidad poca la que se gasta por el mundo de la distribución. La intención que encierra esta táctica es trasladar a la estructura de costes los menores precios repercutidos al cliente.
Otra empresa que merece mención aparte es una de las pocas que se mantiene en manos del ministerio de fomento. Empezó la experiencia de los descuentos cuando inauguraba los servicios de alta velocidad entre Madrid, Málaga, Barcelona y Valladolid. Después de cuatro largos años llegó a la conclusión que precisaba de lo que llamaron revolución en los cambios horarios veraniegos.
De la misma forma que unos grandes almacenes no pueden suministrar duros a cuatro pesetas una empresa ferroviaria que además cierra las cuentas anuales con déficit todavía menos.
Los cambios no son tantos como parecían pero algunos son peculiares. En primer lugar sorprende que se fomenten los transbordos en una empresa con fama de impuntual. Será que otros cardan la lana mientras RENFE se plantea de esta manera adaptar circulaciones a necesidades de un número mayor de viajeros. Unos potenciales pasajeros que hasta ahora se mantenían alejados de este medio, quizás por no contar con desplazamiento directo asegurado contractualmente con un billete único.
Pero es que en segundo lugar y de forma más revolucionaria una empresa pública se ha atrevido a asestar un golpe a una privada que empezaba a acumular clientela de bajo coste en sus taquillas. El imperio que acumulaba Alsa en la carretera a partir de la instauración de la alta velocidad se ha empezado a intentar desmoronar. Muchos viajeros que cada día cuentan con menos recursos se vieron expulsados de un ferrocarril que pasaba a servir exclusivamente al cliente de mayor capacidad adquisitiva.
Lo más sorprendente todavía es que los servicios de bajo coste que pretender recuperar las relaciones perdidas en zonas que cuentan con vías de altísimas prestaciones las realizan trenes que cuentan exclusivamente con un asiento y poca prestación más que un retrete donde desahogarse. No cuentan con televisión, wifi ni tan solo algún vendedor perseguido de latas de refresco.
Son largos recorridos servidos mediante la unión de otros más cortos que se realizaban hasta ahora sin coordinación alguna. Son circulaciones ya existentes que continúan hasta que el mar dice basta. El resultado es la creación de nuevas rutas entre Madrid, Vigo, Barcelona o Irún con parada en casi todas las estaciones.
En la frontera francesa el viajero puede continuar su periplo con alguno de los nuevos servicios baratos de la alta velocidad gala. Allí los costes se intentan reducir en este segmento que suma más de 25 años de existencia. La SNCF ha optado por eliminar la cafetería de algunas unidades rodantes, aumentar el número de asientos y rebajar ostensiblemente los billetes de este tipo de producto.
Los recortes de Hollande tienen otra cara que los de Rajoy pero en el fondo son consecuencia de lo mismo. El cansancio que demuestra el consumidor está ampliamente extendido por el continente. Las soluciones se dirigen irremediablemente en la misma linea. Como en la peluquería de la esquina, sin viajar en ninguna clase preferente.
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