Si no querían caldo, tres tazas de un porrazo. A la Generalitat Valenciana, presidida por Alberto Fabra, van a caerle tres de los muchos clubes de fútbol que rayarían la desaparición, con tratos similares a los que gozan la mayoría de pequeñas empresas privadas de la vasta geografía.
Elche, Valencia y Hércules se preparan para ser gestionados por las mismas autoridades a quienes gustaba visitar los palcos de vez en cuando, pero por motivos muy distintos a los actuales. No tienen excusa para fardar como lo hacían antaño. Porque no saben, añado, sacar adelante lo que manejan con dedos de barro.
Avalaron grandes operaciones, o al menos superiores a las posibilidades de los respectivos clubes, comandadas por ese sector privado que tanta sabiduría acumula. Fracasaron unos y serán relevados por los otros para hundir un poquito más, si cabe, la viabilidad económica de estas tres instituciones seculares de una tierra con amplias vicisitudes presupuestarias.
El hundimiento futbolístico, previsiblemente, sepultará hospitales y escuelas tocadas por la varita mágica que sabe oficiar dignos entierros, cubrir cadáveres de arena y conceder medallas a quienes traspasaron a la gloria del infierno, cuando el paraíso está en llamas.
El Elche logrará el ascenso con sobriedad, el Hércules un descenso anunciado hace muchos meses al compás de un inédito ERE en un club de fútbol. El Valencia podría jugar en Europa luciendo una marca que se resquebraja. El envoltorio es lo de menos, la simbología estorba, las entrañables cuentas se resentirán en lo más profundo.
Haciendo gala de una racionalización del gasto en otros sectores, el gobierno no ha caído en la posibilidad de poner en el mercado las dos licencias de fútbol que permitirán a la Comunidad Autónoma participar en la liga de fútbol. Con una es suficiente y más en primera donde formar escuadras competitivas es mucho más gravoso. En segunda B, el Hércules podría ocupar la plaza del descendido filial valencianista, para pasar a ser el filial de lo que debería ser el nuevo engendro.
Sin complejo alguno, una selección valenciana está pidiendo paso en el césped. Un equipo de poco presupuesto, con sede itinerante en los tres estadios venidos a menos. Hasta que en Villarreal dejen de atar los perros con las populares bolsas de Mercadona. Hasta que en el Ciutat de Valencia termine el milagro que mantiene el Levante en todo lo alto de la tabla, tras pasar por la cruel suspensión de pagos.
No existe ninguna restricción legal por parte de los organismos internacionales que censuran la aceptación de combinados autonómicos en competiciones prestigiosas de selecciones nacionales. Encarar la liga española con un conjunto de chicos de la tierra como hace el Athletic es posible. En Valencia es necesario y más contemplando alineaciones y dramas financieros. Llamar a eso selección nacional o Generalitat club de Fútbol son minucias. Cuestión de voluntad y capacidad de maniobra ante otro problema que se acumula en los despachos valencianos. Un ejemplo a seguir en otros lugares, pero que por algún rincón es necesario comenzar. Ha tocado donde casi siempre y no para desgracia de nadie, sino para demostrar la poca talla de unos dirigentes anclados por una deuda que parece estar avalada por sus neuronas.
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Generalitat Club de Fútbol
Fútbol es fútbol

La jornada futbolística que se disputará este fin de semana seguramente sea una de las más especiales de la temporada. Será la primera que tendrá lugar después de la publicación de un interesante estudio del instituto Karolinska de Estocolmo que ha divulgado la revista científica “Plos One”.
La investigación trata sobre las funciones ejecutivas del cerebro entre las cuales se encuentran múltiples aptitudes cognitivas útiles en deportes de equipo. Los investigadores tomaron como referencia las funciones ejecutivas en tres grupos diferenciados. Por una parte futbolistas de máximo nivel suecos. Por otra jugadores de categorías inferiores. Para rematar la faena individuos que podrían formar parte de cualquier graderío. Por este orden obtuvieron los resultados.
Los jugadores de élite forman parte del 5% de la población que dispone de las mejores funciones ejecutivas. Para dilucidar si los grandes futbolistas nacen o se hacen el equipo investigador tuvo la pericia de medir las capacidades ejecutivas anteriormente a los resultados obtenidos en el campo. Aquellos que marcaron mayores capacidades cerebrales en test fueron los que temporadas más tarde marcaron más goles o dieron más asistencias. Las buenas funciones cognitivas dan un toque de distinción al futbolista pero la práctica futbolística no aporta nada a las funciones cognitivas.
Los partidos que se televisan este fin de semana los disputan unos superdotados que empiezan a serlo por la cabeza para terminar de rematar su perfección con el pie. Aunque a veces no lo parezca como ocurre con tantas variables que la ciencia mide objetivamente. Pero ya va siendo hora de enterarse de porque el fútbol ocupa la posición que ocupa. En el campo todo reluce. En los despachos la historia es otra. Normalmente ocupados por aficionados al balón las cuentas se tambalean en casi todos los equipos. En algunos la situación es desesperante. Hasta tal punto que por primera vez en la historia tres equipos de segunda B no terminarán el campeonato. Quizás serán cuatro si el Lemona se suma a Sporting Mahonés, Sporting Villanueva y Polideportivo Ejido que espera subasta pública.
Otro estudio que no tiene desperdicio se realizó conjuntamente en la canadiense universidad de York y también en la escuela de educación de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Las conclusiones las editó el “Trends of cognitive Sciences”. Los participantes fueron sometidos a pruebas cognitivas con el fin de medir capacidades como control de atención y memoria, así como a escáneres cerebrales que tomaron nota de posibles cambios cerebrales. Los individuos bilingües de edad más avanzada mostraron un retraso de entre 4 a 5 años en los síntomas que conducen a la demencia. Aquellos que hablan dos o más idiomas sufre menor riesgo de desarrollar alzheimer. En otras palabras se podría entender que el hecho de ejercitarse en varias lenguas favorece la salud mental.
Con los dos ingredientes que les acabo de presentar ya podríamos ser capaces de entender quienes son aquellos que ostentan las mayores capacidades para sacarnos del bache en el que nos encontramos. Al terreno de juego saltan 22 jugadores y un colegiado. El futbolista decide en función de lo que ocurre en su pequeño mundo. El árbitro juzga de manera instantanea los actos de todos los demás y varios días después se discute con imágenes televisivas su actuación. La justicia tiene fama de ser lenta. Pero la que se practica en el césped es rapidísima. De haberse considerado en los estudios suecos al colectivo arbitral, seguramente hubiera superado con creces las capacidades mostradas por los futbolistas. Los de categoría internacional suelen desenvolverse en multitud de idiomas, hecho que les preserva largamente la salud.
Lastimosamente este fin de semana tampoco se disputará ningún partido en las Cortes ni consejo de ministros en ningún terreno de juego. Lamentablemente, decía un financiero indio afincado en La City, los más grandes matemáticos, físicos o químicos se dedicaban a jugar a los marcianitos en lugar de solucionar los problemas de la economía real. En las cámaras parlamentarias tampoco están los más aptos para formar gobierno. Seguramente se encuentren sobre un césped y alguno que otro en la grada acertando brillantemente en las cada vez más extendidas apuestas deportivas. La justicia es así de lenta y hemos tardado más de un siglo de historia futbolística en reconocerlo.
