
Un banco malo se disponía a abrir las puertas en nuestro país tomado por los plazos cada vez más exigentes de las obligaciones contraídas. Luis de Guindos tenía un plan pero no sabía cómo articularlo. Podía ser esa o cualquier otra solución. La cuestión aparentar que hace algo.
Ante lo único que se distingue perfectamente como sobrante en los balances había varias ideas y ningún remedio sencillo. Como cualquiera de nosotros notamos perfectamente las acumulaciones perversas en nuestras tripas o las mucosidades de nuestros bronquios. Más vale que falten y no que sobren. Para llegar a esas conclusiones no son necesarias grandes carreras en ninguna escuela de negocios. Pero a todos los que ocupan altos cargos se les exigen grandes titulaciones. Sin duda lo que mejor cumplen es marear la perdiz. Aunque en tales especialidades no hay titulación ni oficial ni oficiosa.
El engendro del banco malo ya estaba en el imaginario del anterior gobierno y sigue revoloteando un poco menos. Un gran alivio llega de los mejores rincones del planeta que todavía están en precampaña electoral. En la Moncloa se han tomado un respiro en su lucha contra los recursos escasos, pero deberán retomar la senda imaginativa. El momento en el que alemanes y estadounidenses se decantarán por alguno u otro vendedor de humos está próximo. Sin contar el verano donde todo se paraliza en la misma esquina.
El margen de maniobra del FROB llegó a ser peligrosamente escaso tras la caída de pequeñas entidades. No soportaba ningún conflicto más y fue necesario aumentarlo para seguir tapando el problema de fondo de la banca española. Los principales contribuyentes de este colchón eran las mismas entidades que el día de mañana podrían ser invitadas al mismo destino. Motivo por el cual no podía acumularse un gran capital al rescate de las primeras víctimas. Se encuentran los endeudados en una espiral de financiaciones y refinanciaciones cada vez más difícil por varios factores. Se encuentran los financieros en estado de financiación continua, aunque de diversas maneras, hecho que lleva a pensar que unos están más sanos que otros.
En primer lugar el estado agotado como el FROB tiene necesidades de captar liquidez. En segundo la disminución de este mar que inundaba antaño cualquier agujero comprometido terminó. El resultado es un evidente aumento de la retribución a la cual el capital está dispuesto a anclarse durante un tiempo en cierto paraíso.
Por si el camino no era suficientemente dificultoso el gobierno lo complicó un poquito más. La guerra no regulada a la hora de conceder créditos se transformó en la supervisión de los tipos pagados por obtener un balance equilibrado.
Hace algo más de un mes contratar un depósito que rentara más de un 2,80% anual empezó a suponer tener que aportar una cuota extraordinaria al maltrecho FROB por parte de la entidad que se atreviera a ofrecer tales remuneraciones. Ahora se insinúa que la paz podría firmarse entre las entidades, pero por imperativo legal. Llámese antes multa y ahora imposición. Llámese antes tributo y ahora confiscación de sangre.
Exactamente lo mismo ocurre en las carreteras. Primero se reduce la velocidad, después se aumenta y ahora terminará habiendo un abanico de posibilidades a la hora de apretar el acelerador. La calma circulatoria es lo de menos. Pero hay que aparentar que para algo han sido elegidos. Los políticos tienen la obligación moral de politiquear.
La banca está que trina como los conductores. No era muy bien vista la creación de un banco malo. No son bien vistas las limitaciones cada vez mayores a la libertad a pagar intereses. Los resultados son pésimos y mucho más en lo que se refiere a los obtenidos en territorio patrio. Las salidas al exterior cada vez más dificultosas. La vuelta con algún tesoro cada día se hace un poco más imposible. No hay filial capaz de compensar la caída del beneficio nacional. Otro factor que se suma a los anteriores. Otra gran colchoneta que se deshincha a ritmo elevado mientras el nuevo mundo crece a tasas mucho más reducidas. Los dos dígitos de crecimiento chino o indio cada día están más lejos. Las tasas de morosidad brasileñas se van europeizando.
Como solución sólo existe la que los grandes insinúan y es no hacer absolutamente nada. Ellos lo creen así porque se ven capaces de absorber a toda la competencia. La solución implica no gastar absolutamente nada en resucitar cadáveres de las tumbas. Simplemente ocupar el puesto del reyecillo muerto. Se quieren encargar de apropiarse de algún diente de oro a precios irrisorios, como en las subastas desiertas que tanto frecuentan pero situados en el bando contrario. Pretenden sobrevivir algún tiempo más que sus competidores si todavía les queda algo de raciocinio. Lograr sobrevivir eternamente significaría haber marcado la carambola más preciada de la historia.
El FMI sigue alertando de la morosidad oculta de la banca española pero ahora eso es lo de menos. El gran grueso empieza a estar fuera de nuestros mares hasta tal punto que lo griego es irrisorio. Pero el periodismo sigue lanzando mensajes dispersos que sin entrelazar no comprende. Sumada la advertencia a la publicación de cifras oficiales, es de suponer que la mora se encuentra en el nivel más alto de toda la historia. Ya no tenemos momento peor donde mirar pero sí lugares mucho más convulsos. La progresiva expulsión de filiales de los territorios conquistados no es más que un movimiento desesperado ante la incapacidad de progresar. Asistimos al definitivo cierre del imperio reconstruido durante los años 90 para desgracia de conquistadores y conquistados.
El problema de fondo es el de siempre pero con distinto collar. Es el problema de errar en el diagnóstico de los problemas que convierte en imposible el hallazgo de la solución. Por eso hay tantas conocidas y muchas más por conocer. Con este panorama hay que empezar a encomendarse al cielo. Pero en unos lugares rezarán al pisito, en otros al combustible.
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