Tres décadas después de otra gran crisis con elevados niveles de desempleo, el actual gobierno ha vuelto a sacar el mapa de las infraestructuras para mirarlo con lupa. En 1985 el PSOE marcaba líneas ferroviarias con la etiqueta de altamente deficitarias. Algunas fueron clausuradas antes de que alguna Comunidad Autónoma se hiciera cargo de sufragar los números rojos. Otras siguieron prestando servicio en el transporte de mercancías para sucumbir unos años después al abandono.
El gobierno del Partido Popular, dispuesto a servir felices años de recortes, ha vuelto a sacar la tijera para aplicársela a una RENFE que no ha sido capaz de dinamizar el transporte en aquellos trazados más antiguos. Únicamente tirando de erario público ha logrado aumentar exponencialmente los pasajeros de las nuevas líneas de alta velocidad. Compitiendo ferozmente con el avión, el tren se ha hecho un hueco en el mapa de desplazamientos de la nueva era.
Después de conocer los datos que hace tiempo se mantenían en secreto en cajones oscuros, la percepción generalizada es que RENFE está altamente subsidiada y especialmente algunos tramos por donde pocos atrevidos viajan. Lo que tengo la impresión que no ha quedado tan claro es que el déficit es prácticamente proporcional a las inversiones que han recibido algunos trayectos. Por ejemplo, el eje Atlántico que une las tres capitales gallegas es el que mayores números rojos de explotación acumula. No es casualidad que sea la única ruta sometida a examen entre todas aquellas que no pretenden tocar aunque incrementen la prima de riesgo exponencialmente. Se ha colado antes de que sea totalmente reconvertida a la alta velocidad a la que no ha tocado ser observada con esta lupa de tan selectivo rasero.
A la evaluación del actual gobierno solamente se sometieron trayectos de media distancia, caracterizados por los pocos gastos y unos menores ingresos todavía. La solución de la modernización es tan reciente y decisión de los últimos dirigentes que mejor no hablar de la nueva red que se va articulando. Más aún si todavía están pendientes de adjudicación demasiadas obras a quienes no saben hacer otra cosa que cobrar facturas de los impuestos públicos.
Se coló el eje Atlántico y dejó las cifras aclaradas. Las demás podemos intuirlas. Con mucho éxito en taquilla, pero costes disparados muy por encima de lo que aumentaron las ventas. En otras palabras es como si un equipo de segunda división fichase grandes estrellas de un día para otro. Seguramente la recaudación aumentaría, pero en mucho menor grado de lo que se dispararía la deuda. Normalmente este tipo de estrategias terminan necesitando de un rescate del sector público. Cuando es el sector público el que las pone en práctica sólo queda encomendarse a la grandísima banca que es lo que en esencia sucede. Mientras, cuentan que los precios del AVE disminuirán porque el contribuyente no puede sufragar estos dispendios de nuevo rico. En las otras palabras, la gente se ha encontrado acudiendo al estadio de segunda división, como han fichado figuras las entradas cuestan 100 euros y todavía no es suficiente para pagar altísimos salarios. Se inventan abonos baratos para no ponerse en evidencia los dirigentes del club. En palabras crueles se podría hablar de dumping, pero queda el término reservado a los países emergentes. En paralelo los precios de los servicios que generan poco déficit siguen subiendo al compás de la inflación y algunos clausurados por crisis.
Entre los trayectos más singulares que hay que suprimir hay dos que Aragón verá desaparecer. No se encuentra entre los planes el trazado más deficitario que discurre por esta comunidad y que atraviesa de lleno los despoblados Monegros. El informe gubernamental destaca los tramos Caspe-Móra y Lleida-Monzón como pozos sin fondo. Evidentemente no son lugares en los que varias personas tengan que compartir asiento, pero tampoco tan distintos como otros trazados aragoneses. Cortar el flujo de carbón chino desembarcado en Tarragona y quemado en Escatrón sometería a todo Aragón al gran apagón del siglo. En este sentido la trascendencia de una de las líneas es extrema. Parece el momento de cortar flujos de personas entre lo que podrían ser dos estados distintos en un futuro. Curiosamente los dos trayectos fronterizos empiezan a estar asediados por esa lupa de tan discrecional rasero.
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Racionamiento ferroviario
Mayoría obsoleta
Tras dos días de tregua electoral, antes de comentar cualquier anécdota de lo acontecido en el recuento, es casi obligatorio felicitar a unos carteros que andaron más locos de la cuenta. A todos aquellos que no cayeron en el radicalismo ácrata y tuvieron las agallas de acudir a la cita les dedico estas letras. Gracias a ellos, tuvimos la oportunidad de presentarnos a las mesas con un sobre que no contuviera alguna papeleta de otros comicios o de candidaturas indeseadas. No debían ser tantas las manipulaciones como denunciaban las redes sociales, pero fue especialmente significativo que por primera vez se recurriera a estos métodos.
Fallaron todas las encuestas en las elecciones más plebiscitarias de la historia. El pueblo soberano acudió en masa a unas urnas, olvidándose hasta de la propuesta de quien había convocado la disyuntiva. Artur Mas no consiguió su propósito. Le salió el tiro por la culata, de abanderar un independentismo que además, preveía mucho más en auge de lo que marcó el verdadero sondeo. El cinturón rojo, en el que se estrellaba CIU en sus mejores mayorías absolutas de la historia, volvió a parar el ascenso de una fuerza que pretendía ser hegemónica en una Catalunya interdependiente. En esta ocasión el electorado metropolitano no volvió al logotipo tradicional. El PSC se hundía paralelamente a una Convergencia i Unió demacrada. El cinturón austericida tiene un efecto diferencialmente nocivo en los alrededores de Barcelona. El bipartidismo catalán mostraba su debilidad a la par que el PP y el PSOE se hunden en toda España. Las alternativas se configuraron en una ERC que recuperó posiciones tras la marcha de Carod-Rovira, una CUP que se aposenta y una lista de Ciudadanos que recoge el premio a una larga y polémica labor parlamentaria.
El electorado tenía una motivación extraordinaria en esta última cita. Los sentimientos y las banderas fueron el hilo que condujeron el desarrollo de la campaña. Tanto por un bando, como por el contrario. La elevada participación así expresa la preferencia por colores, idiomas y pasaportes por encima de todo lo demás. Los planteamientos soberanistas no se contrarrestaron hablando de aquellos problemas que afectan a la mayoría de la población en su día a día. Si por parte de Mas aprovechar ese filón para alzarse con la mayoría era estratégicamente coherente, también lo fue aprovechar la actitud del presidente para rebatirle argumentos. Pero sin destapar lo verdaderamente trascendental. A eso no se atreve ninguna candidatura, ni probablemente le interese. Mantenerse en el nacionalismo o jugar al antinacionalismo es lo máximo a lo que aspira el conjunto de políticos que ostentará cargo representativo en los próximos cuatro años.
El pueblo empezó a darse cuenta de algo. Terminaron los plebiscitos presidenciales. Empezó otro de mucho mayor calado. Los recortes fueron criticados electoralmente. Los individuos buscaron otras fórmulas para llegar donde Artur Mas, anunció sorpresivamente. Ahora la convocatoria es una obligación programática que no se verá afectado, ni debería verse, por afecciones partidistas. El grado de importancia percibido fue tan alto que el voto en blanco y el nulo retrocedieron, rompiendo una tendencia marcada en los últimos comicios. Los apoyos a partidos minoritarios fueron menores que recientemente. Algo importante andaba por la cabeza de muchos catalanes, promocionado por unos poderes que tendrán un poquito más de dificultades en sortear las voluntades de la gente. Dos días después de los comicios ya se destapa una hipotética trama de corrupción en Sabadell que podría ser la primera de una larga legislatura, aunque breve en el tiempo.
La presencia de la CUP es sumamente importante. Pero no por el papel que representará en la denuncia a los actuales poderes. Junto con Ciudadanos, se prevé que será la formación más batalladora en este aspecto. El cabeza de lista, David Fernández, anunciaba en la noche de resultados y tocando de pies en el suelo la situación en la que nos encontramos. La política se construye cada día y esta formación está dispuesta a fabricarla. El pueblo dispondrá de tres voces en la nueva cámara de elegidos. Recogerán sentimientos que actualmente carecen de emisora. Serán contrarios a lo que se vive por esos mundos de seres alejados de la realidad de la calle. Pero a su vez serán incoherentes en el tiempo. Un día se expresará la negativa a la construcción de una incineradora en cierta localidad organizada y otro la problemática del tratamiento de los residuos. Será la hora de que los individuos, además de encontrar la voz en quienes votan, encuentren razones para hacer política de verdad. Ya hay dos siglas en el parlamento catalán con un grado superior de participación ciudadana. La última en llegar, en grados extremos e implantación municipal que implica necesidad de consensos por lo que se refiere a los asuntos de interés en el día a día. En este reto se debatirá una fuerza emergente, distinta a todas las anteriores. De su éxito, la conclusión de la mayoría obsoleta podría estar en la vuelta de la esquina. No tanto por resultados en urnas, sino por imitación de quienes han decidido por los demás en las últimas décadas.
Billetes sin retorno

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció la buena nueva en el Congreso. El Gobierno formulará una ley para modificar el tratamiento fiscal de las plusvalías y luchar así contra los especuladores. Montoro avanzó que la intención del Gobierno es equiparar el tratamiento fiscal que se da a las plusvalías en España al de los países de su entorno.
Una medida populista en tiempos de descrédito. Necesaria para encauzar la mínima credibilidad que todavía resta al ejecutivo tras aprobar los ajustes más impopulares de la historia. Por ese motivo el ministro se esmeraba en subrayar la injusticia de un tipo único de gravamen para quien obtiene plusvalías en un día comprando en bolsa que contrasta con lo tributado por un trabajador que liquida a un tipo progresivo. Aunque en el seno de los mercados aquellos que todavía suden algo y aceleren el ritmo cardiaco sean precisamente los especuladores no hay piedad para esos malvados individuos. Están marcados con la señal de la bestia y son culpables de todos los males. Si vuelven las ejecuciones públicas se estrenarán con esos individuos. Pero sin introducirnos en posibilidades a más a largo plazo. Con esta línea marcada, el actual ejecutivo promoverá la acumulación de billetes en casa para no molestarnos ni en ir a la compra. A las juntas de accionistas donde se decide buena parte de nuestro futuro se prohibirá la asistencia. Reservado el derecho exclusivamente a las entidades depositarias (no necesariamente financieras) en representación de los benditos ahorradores y con la potestad de especular en cada una de las decisiones tomadas.
El tipo único del 18% que puso el Gobierno socialista para gravar las plusvalías pasa a tener tres tramos. Desde el 1 de enero de 2012 los rendimientos del capital tributan al 21% hasta 6.000 euros, al 25% hasta 24.000 euros y al 27% a partir de 24.000 euros. Recordando el término socialista en su intervención, hecho imprescindible en el escenario irreconducible en el que estamos. Hay que aclarar cada dos por tres que los demás era mucho peores dejándolos señalados en cada una de las frases de duros contenidos. Rubalcaba no se quedó a la defensiva en la tarea. Sacó una propuesta más populista todavía que deja en jaque al actual gobierno. Crear un impuesto para las grandes fortunas, proposición que no puede superar un ministro todavía en el cargo como Montoro. Este tipo de apuestas terminan elevándose una vez los mandatos terminan. Por ahora la puja se la lleva Rubalcaba.
La injusticia, como señala Montoro, existe por mucho que quiera revestir al sistema tributario con tintes de ecuanimidad populistas. Siguiendo con la deriva hacendística que cercena momentáneamente la malvada especulación, la gubernamental CNMV volvió a prohibir las operaciones a la baja en el mercado continuo español. Sirvió la medida para voltear la peligrosa tendencia hacia la que se encaminaba el IBEX en la sesión de ayer. En la de hoy todo lo que se aupó a partir del anuncio que se repite cada ciertos meses volvió a las andadas, descendiendo progresivamente el indicador hasta perder los 6000 puntos. La excusa fue la amenaza de los otros que tienen la manija de la confianza. Moody’s advertía de los peligros en los que incurre Alemania en su faceta de país rescatador. Pese a aumentar la noticia los tipos de interés germánicos, situados en terreno negativo los españoles subían algo más. La prima consecuentemente se disparaba hasta máximos históricos y también relativos en la última época.
Más se perdió en Cuba y no precisamente por el hecho que Oswaldo Payá haya traspasado. Se perdió toda la credibilidad que nos conduce a especular por las causas de su muerte antes de que el mercado tome definitivamente el último rincón caribeño. En bolsa los descensos siguen siendo una anécdota para la mayoría. Los contemplan de lejos sin esperanza alguna en recuperar lo invertido, o ahorrado que ya ha pasado a definirse como aquello que no es posible perder. El ahorro ya no es inversión ni mucho menos especulación. En este debate es en el que están inmersos cientos de miles de individuos. Los bandos se han formado alrededor de aquellos que creen incondicionalmente en la entidad donde los depositan y aquellos que van tomando las riendas de sus capitales que cada día adquieren menor importancia.
Los complejos están todavía altamente extendidos entre los gobernados y entre los gobernantes. Tanto en Cuba como en su antigua metrópoli. Si han asesinado a alguien que lo proclamen en la isla. Si quieren terminar con la especulación que lo hagan en la península. Medidas como las últimas de Montoro sólo conducen a las élites de la especulación a especular magníficamente sobre los lugares en los que a partir de ahora reconducirán su frenética actividad y sobre las infinitas empresas que verán aparecer apostantes a la baja solicitando títulos prestados a su accionariado.
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Las repercusiones de las medidas adoptadas por el Gobierno para convertir AENA en un negocio rentable no se han hecho esperar. A partir del pasado 1 de julio, las tasas suben de media entre un 10 y un 19% en los aeródromos españoles, mientras que en Barajas y El Prat el incremento va del 50 al 100%. Por ello, algunas compañías han optado por dejar de operar algunas rutas. Consecuentemente, convierten un poquito menos rentable la actividad de una AENA en declive por motivos estrictamente energéticos.
Ryanair, primera empresa europea del sector de bajo coste y situada entre las grandes operadoras celestes, es una de ellas. Su presidente, el arrogante Michael O´Leary, comunicó profundos recortes en sus operaciones con origen y final en Madrid y Barcelona este invierno, en respuesta a la decisión tomada por el gobierno español de doblar las tasas de salida por pasajero. Así a partir de noviembre prevé recortar once rutas desde Madrid, cuatro desde Barcelona y reducirá frecuencias en otros 46 trayectos.
La subida de tasas tendrá como consecuencia un recorte severo del tráfico, turismo y empleo en ambos aeropuertos cuando remita la demanda estacional veraniega. Exactamente como el incremento del IVA en otros sectores. O´Leary, en declaraciones que denotan un frío sudor ante lo que sabe perfectamente que le viene encima, asegura que su decisión interferirá en los destinos de más de 2 millones de pasajeros y 2.000 puestos de trabajo. Estos recortes podrán remediarse sólo cuando el Gobierno y su monopolio aeroportuario gestionado por AENA revoque el incremento de las tasas. Una manera muy fina de expresar la debilidad de un tráfico que despega mediante un hilo rompible por cualquier incremento del coste operativo. Aunque se trate exclusivamente de unos centimitos por asiento, o localidad de pie si le permiten el uso del fabuloso invento de una puñetera vez.
Ryanair finiquitará los vuelos a partir de invierno desde Barajas a Almeria, Girona, Ancona, Bari, Cagliari, Dusseldorf, Eindhoven, Frankfurt, Manchester, Poznan y Verona. El recorte de frecuencias impactará en los trayectos a Asturias, Bilbao, Fuerteventura, Gran Canaria, Lanzarote, Palma de Mallorca, Santander, Santiago, Tenerife, Alghero, Charleroi, Faro, Krakow, Malta, Marsella, Milán, Oslo, Palermo, Paris, Pisa, Oporto, Roma, Estocolmo y Tánger.
La compañía irlandesa emulando lo que el mismo Ministerio de Fomento, propietario de AENA, prevé ejecutar en la monopolística RENFE, pasa la podadora en El Prat con la cancelación de las rutas a East Midlands, Leeds Bradford, Hamburgo y Trieste. El recorte de frecuencias desde la Ciudad Condal afectará a los vuelos a Alicante, Gran Canaria, Ibiza, Málaga, Palma, Santander, Santiago, Tenerife, Budapest, Charleroi, Dublín, Edimburgo, Glasgow, Liverpool, Memmingen, Milán, Oslo, Paris, Oporto, Roma, Estocolmo y Venecia.
Michael O´Leary recordó en la cita con la prensa que la subida de tasas es perjudicial para el turismo en España, el empleo y la economía en un momento en el que el desempleo juvenil se sitúa a niveles alarmantes, por encima del 50%. La compañía no ha comunicado cómo afectará en sus cuentas de resultados la decisión de suprimir o recortar algunas de sus rutas desde Madrid y Barcelona. Solamente salen intimidaciones por una boca arrogante que empieza quizás a callarse para siempre. Palabras que tienen efecto si y sólo si son asimiladas por aquellos que en devoción al personaje, creen quizás que fueron tipos como éstos quienes nos acercaron al pleno empleo, en tiempos que son inmemoriales.
La subida de las tasas afecta más a compañías que operan bajo el formato low-cost, ya que sus márgenes de negocio son casi inexistentes. Está por ver cuál es la reacción a la medida de Ryanair de otros grupos como EasyJet, Air Berlin o la joven Iberia Express. Pero previsiblemente ocurrirá lo mismo que en otros sectores mucho más cercanos. De la misma manera que al cerrar un comercio no lo celebran los distribuidores vecinos con mayores resultados, a excepción de periodos muy cortos de tiempo que suelen marcar el hambre para mañana, tampoco descorcharán ninguna botella espumosa los operadores llamados tradicionales, pero que empezaron a abandonar la ortodoxia hace alguna década.
Iberia y Air Berlin comunicaron su arrogancia de no repercutir a los clientes la subida de tasas a los billetes comprados antes del 1 de julio. Vueling se vio obligada a recaudar para el Estado la desproporcionada subida de tasas aeroportuarias así como la automática aplicación de dicho aumento a todos los vuelos con origen España a partir del 1 de julio independientemente de su fecha de compra.
La fundación de estudios económicos Fedea publicó hace unos meses un informe en el que decía que la importante deuda acumulada por AENA y el hecho de que la mayoría de los aeropuertos españoles presente resultados operativos negativos, obligan a un replanteo serio en relación a la gestión de estos aeropuertos. Ahora, el Gobierno estudia su privatización por el mal estado de salud de las cuentas del Estado. A perro flaco todo son pulgas. A perro sediento de petróleo todo es desierto.
Con datos escalofriantes de 2009 sólo ocho aeropuertos españoles están en beneficios y son Palma de Mallorca, Málaga, Gran Canaria, Alicante, Tenerife Sur, Girona, Bilbao y Murcia-San Javier. Mientras que 27 están en una situación de pérdidas. Existe otro grupo que pese a generar costes en las cuentas de todos cuentan con un volumen alto de pasajeros. Serían Madrid, Barcelona, Ibiza, Valencia y Lanzarote. Son las infraestructuras que pese a la irrentabilidad, se consideran estratégicas en la atracción de masas de carteras, en este caso turísticas, que generan empleo, beneficios, IVA, IRPF y demás imposiciones varias. Todavía existe otro conjunto de aeródromos. Aquellos donde sólo aterrizan fantasmas como bien podría ser el mismo Michael O’Leary. Si había pensado en algún ser de otra dimensión habrá que buscarlo en algún aterrizaje desafortunado fuera de toda pista en la que tributar tasa alguna.
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En apenas unas semanas un ex-consejero de la Generalitat de Catalunya en tiempos de gobierno tripartito ha pasado de la libertad más absoluta a la condicional bajo fianza.
En términos rigurosos libres no lo somos nadie. Pero algunos lo son un poquito más que la gran masa de súbditos. No por el hecho de disponer de los 150000 euros que se exigían como fianza por la salida de prisión. Sino por la condición que ostenta uno de tantos individuos que milita en alguna formación política.
El afortunado Jordi Ausàs traspasó algún grado de libertad que no está al alcance de toda la militancia llamada de base. U obediencia, según como se mire. Según como se quiera mirar se situó en aquellas esferas que deciden lo que se considera contrabando, que solamente es importar más de 15000 euros de algún producto en un día sin pasar por la aduana. Deciden dónde se puede fumar y a qué precio, cuestión muy importante para que a alguien se le ocurra practicar oscuros negocios entre fronteras. Quizás en breve la electricidad, el gas o las bombonas de butano que aumentaron un 4, 2 y 6% respectivamente, sin IVA incluido y por decreto de los mismos de siempre se empiecen a pinchar de estados vecinos, que encima disponen de suficientes nucleares. Deciden incluso dónde se sitúan las fronteras a partir de las cuales a las transacciones comerciales se las llama importaciones, o contrariamente importaciones. Y hasta si Andorra tiene que seguir existiendo en el futuro más inmediato como un estado que de independiente no tiene absolutamente nada. Depende del contrabando de lo que sea desde tiempos inmemoriales.
Pero no deciden solamente esas nimiedades que les acabo de contar. Su inspiración se traduce en edictos que señalan la cantidad exacta que los jueces deben exigir a cualquier presunto culpable de un delito por pasar los días que le separan de la sentencia en la calle. En este caso queda claro que la cantidad es asumible por parte de un personaje vinculado con los parlamentos y despachos públicos. No es casualidad que también lo fuera para absolutamente todos los imputados que han ido deambulando por las salas de la justicia como Jaume Matas o Francisco Camps. En otros términos podríamos llegar a aseverar que unos somos más presuntamente inocentes que otros, también por decisión política.
Tampoco es mucho menos una nimiedad que en la trama de contrabandistas participara otro tipo de personajes situados en una escala inferior de la esfera pública. La policía, el ejército o la benemérita no son órganos decisores en la diferencia entre el contrabando y el puro comercio. Pero alguno de sus asalariados en mayor o menor medida lo ha practicado históricamente. O simplemente lo ha perdonado, encubierto o también sentenciado implacablemente. 
Esperemos que como consecuencia de los recortes en sus salarios no se vean empujados a sacar rendimientos extraordinarios en actividades que nada tienen que ver con el orden público. El mayor lucro de todos se empieza a insinuar en círculos altamente alternativos como una alternativa coherente a la miseria que se empieza a expandir por los cuerpos de seguridad del estado. Cuando todo pinta en contra sólo resta sumarse a las movilizaciones del funcionariado civil o bien pasar a ejercer el poder reservado al político. Desde la tribuna administrativa es desde donde recuerden que se decide lo que es contrabando o aquello que se puede fumar, beber o inyectarse. Sólo tras un golpe de estado alcanzarían estos individuos la condición necesaria para legislar en su favor comercial. El primer término que confundirían en los textos el de requisa con la expropiación. El segundo aquello que hoy se describe como delito de corrupción siempre que la actual casta política se sumase al movimiento. Razones no les faltan a unos ni a otros. Sinergias tampoco.
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Angela Merkel no lo tiene tan crudo como aparentemente lo pintan las encuestas electorales. Reunida con sus socios europeos muestra rotundas posturas en las que expresa sus pocas pretensiones de ofrecer a nadie la salvación.
No es manía ni mucho menos animadversión hacia los miembros en este momento más débiles de una unión monetaria que solamente es eso. Lo recuerda constantemente en representación de aquellos a quienes cree gestionar.
Las palabras en sus apariciones internacionales son nítidas. Pocos pueden decir que se sienten engañados porque una minoría de ciudadanos europeos la votaron. En ninguna de las elecciones celebradas en el continente no estaba sobre la mesa el reparto de la riqueza alemana. Los franceses defendieron exclusivamente lo suyo sin meterse con los recursos de los demás. Los griegos suplicaron clemencia pero sin cruzar la línea expropiatoria. Hacen falta gestos de otra tipología que todavía ningún mandatario se ha atrevido a dar.
Angela merkel continúa anclada en el paradigma más extendido no sólo en su país natal sino en la práctica mayoría de individuos. Una reciente encuesta del diario “Der Spiegel” desvela muy amablemente para todo aquel que desee entenderlo lo que circula por la mente de la mayoría de individuos del centro del imperio germánico.
El 54% de alemanes se muestra contrario a salvar el euro a costa de reflotar países en dificultades que hoy son Chipre, Grecia y España. La moneda sigue entendiéndose como una simple herramienta que permite el intercambio entre productores y consumidores. No un maná que irradia todo aquello que toca.
Alemania está situada en el epicentro productivo del continente. No es precisamente un territorio que tenga unas características especiales que le permita fabricar más bienes que los demás. Simplemente ha asumido desde hace varias décadas que para cosechar hay que plantar. Aquellos que no tienen un lugar donde hacerlo lo buscan aunque continuamente se vean condenados a la inactividad, que además está relativamente poco subsidiada y altamente inspeccionado su reparto. Una gran mayoría de alemanes ha aprendido a batallar con poco consecuencia de unos salarios peores que décadas atrás y horarios cada vez más prolongados, con regalos incluidos de tiempo a la empresa.
La consecuencia de estas políticas que minan las condiciones de vida de un amplio sector de la población podrían haberse intuido devastadoras. Lo son pero sólo en la percepción de los flujos hacia los demás socios con intereses comunes. El 13% de la población se muestra favorable a la ayuda a otros países con problemas palpables. Se deduce que el remedio más popularmente extendido sigue siendo el trabajo extremo. Si a alguien le falta algo que lo pague con las monedas obtenidas en algún empleo aunque sea precario. Si no tiene suficiente que se endeude con la saneadísima banca alemana.
La gran fábrica continental lo sigue siendo porque sigue entendiendo la necesidad de serlo. En la encuesta mencionada la población sigue expresando su preocupación por los precios, ahorros y pensiones. Unas instituciones fuera del alcance del individuo a quien solamente le queda pedir al mandatario que tenga cuidado con los tesoros ganados con esfuerzo.
Angela Merkel representa a la perfección la voluntad que expresa su electorado. Pero en caso de darse la vuelta electoralmente la voluntad seguirá siendo la misma. La actual oposición introducirá mejoras en la compasión dentro de las fronteras nacionales pero parecida actitud de puertas para afuera. Aunque oficialmente tendrán que presentarse como salvadores de las otras patrias pero en realidad más de lo mismo.
Los otros que hoy reclaman todos los perdones que se puedan reclamar tampoco es que hayan sido unos santos. Han trabajado como han podido, han acumulado lo que se les ha permitido y no han acostumbrado a regalar nada a nadie. Cuando llegó la hora de unirse monetariamente no lo hicieron con el norte de África con la intención de colaborar con los más necesitados. Fueron a buscar las mayores potencias de las que hoy se sienten esclavos. Malas compañías unos estados formados por una población que todo lo que tiene se lo gana con esfuerzo y siente como se le puede ir alguna gota de sangre en alguna quiebra bancaria o una inflación desbocada. Mientras eso ocurra las ayudas irán acompañadas de supervisión y altos intereses en sus concesiones.
Las políticas de los últimos años del gobierno de Merkel ahondan en lo que los alemanes ya tienen bastante asumido individualmente. Extreman el sentimiento en cada esfuerzo suplicado desde la cancillería. El Euro sólo tiene futuro si antes alguien para las máquinas. Si desaparece la moneda única lo harán con peores consecuencias.
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Sus apariciones no ocasionan una gran seguimiento, como las de cualquier otro economista. Pero parte de su éxito se halla en haber sabido calar entre las más altas esferas político-financieras y aquellas de menor importancia decisoria.
Desde los grandes escenarios se emiten aplausos o discordancias a sus palabras que vienen a ser exactamente lo mismo sin una alternativa palpable. Desde las butacas más modestas sólo se espera que caiga algo del cielo o del infierno. Los discursos proclamados, no obstante omiten mucho más de lo que revelan. Los artículos son constantes y las respuestas le delatan.
Proclama la libertad a los cuatro trajes pero sólo practica la de indumentaria, paseándose acompañado de un diverso colorido por diversos organismos económicos internacionales. Allí se consensuan aquellas ideas que serán más tarde acatadas por las universidades de mayor prestigio. Finalmente apresan hasta a aquellos alumnos más reaccionarios. El arco iris se termina confundiendo en un sólo color cuando se fragmenta de noche.
Cuando la palabra libertad la asimilamos a flexibilidad entendemos que cualquier marco regulatorio nos conduce a la perdición. Sea el que sea y proceda de donde proceda. La merma de la capacidad de maniobra de cada individuo afecta al resultado óptimo de producción y distribución de unos recursos, que no son escasos pero escasean en las mentes de los más prestigiosos economistas. Porque en primer lugar confunden óptimo con máximo y empiezan a meternos en un frenesí productivo que no puede conducirnos a otro lugar que no sea una crisis.
No es exactamente lo mismo elegir el color de la camisa, el de la americana o el del uniforme. Pero a algunos les da exactamente lo mismo cuando han dejado de distinguir otra cosa que no sean colores. Como los niños que no saben ni lo que pintan pero sin embargo apañan combinaciones interesantes en un espacio reducido de papel.
Hoy, como tantos otros días, me levanté leyendo otra de las propuestas para salir de esta depresión que se enquista. Los eufemismos intentaré apartarlos de aquí en adelante. Pero a diferencia de lo sucedido en ocasiones anteriores tuve la tentación de volver a la cama donde al menos se pasan las penurias en posición mucho más reconfortante. En vano tuve la delicadeza de tomar nota de las recomendaciones de un Xavier Sala Martín que no es precisamente un economista cualquiera.
Ahí radica el problema precisamente, en el hecho que este individuo sea una mente destacada en lo más alto de la pirámide neo-liberal. Un personaje capaz de valorar en la misma proporción el porcentaje de producción del sector primario con el del terciario. Quizás como casi todos los economistas, pero por causas relativas a la fama lo expresa dejándose retratado constantemente.
Por ejemplo aquellas veces en las que expresó importarle poco el cambio climático. Si la producción de alimentos se desploma cosecharemos ordenadores y nos zamparemos los bits. Aquí lo que importa es crecer para crear empleo.
Supongo que libremente, teje un discurso que es capaz de extender los tentáculos de cualquier gobierno títere del corporativismo imperante. Es aquel que se beneficia de la flexibilidad tan proclamada. Aunque parezca inverosímil es ahí donde nos lleva la amplitud de miras de este tipo de corriente. A una ordenación jerárquica que parte de la misma jerarquía. La libertad se ejerce exclusivamente fuera del de trabajo y según lo conseguido en el puesto.
La dureza de un discurso excelentemente adornado suele conseguir el efecto de la admiración. Los más esclavizados súbditos se emocionan cuando escuchan sus palabras. Motivo por el cual aparece en los medios de comunicación de forma oral, visual y escrita con frecuencia. Basta con repetir frecuentemente el término libertad para hacer delirar a la multitud.
El deseo de liberación está presente en cualquier ser humano desde nuestro mismo nacimiento. Desarrollado, cautivo o reprimido por la sociedad ya sea anónima o limitada, por un estado o un clan. En el planeta donde cada vez es más difícil escapar de las garras civilizatorias la opción de tejer una nueva red entre seres libres se convierte cada día en una meta más difícil de alcanzar pero a la vez más necesaria.
Es cierto que el poder político ha cometido excesos y hay que reducirlo. Pero no a golpe de la flexibilidad que nos propone la nueva oleada liberal. No basta denunciar repetidamente las barbaridades de unos pocos. Sólo es imprescindible hacerlo para congregar la simpatía de los muchos en los que terminaría repartida la miseria. Pero que de apostar por una flexibilidad total jamás caerían en la trampa del salario.
Quien no cree en el estado no debería jamás aceptar tampoco un estado reducido a la mínima expresión, aunque sea infinitesimal. Eso es lo que viene predicando precisamente Xavier Sala Martín y otros tantos que se hacen llamar libertarios, pero que saben perfectamente la importancia de contar con ese tipo de estructura política a sus espaldas. Por eso cuando les preguntan por cual de las candidaturas estadounidenses se posicionan tienden a responder la de Ron Paul. Por eso cuando les preguntan si votaron o no lo hicieron responden con el argumento que no merece la pena hacerlo. Pero por motivos que nada tienen que ver con la creencia en la representación directa de cada uno. El individuo es importante en esta concepción, pero hasta cierto punto en el que termina delegando en algún poderoso. No les escucharán jamás decir que la ley emana de cada uno y no de un grupo de legisladores.
Esta corriente tan pintoresca y paradójicamente tan extendicda nos invita constantemente a abrir fronteras. Es lo que han propugnado y conseguido a lo largo de los últimos siglos. Quizás para que formemos estructuras tan globalizadas que impidan la participación en el gobierno de cada uno.
Pero lo mejor de lo mejorcito es cuando hablan de meritocracia. Se pasan la vida hablando del mercado como sistema de asignación de recursos, pero pretenden establecer este sistema obsoleto más vulgarmente conocido por designación a dedo para situar a cada uno en el nivel correspondiente dentro de la pirámide. Son tan ultraliberales que en verdad han superado la creencia hasta en el propio mercado.
Si lo desean pueden consultar libremente aquí 25 propuestas para continuar con la crisis.
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Fueron unas terribles declaraciones las que realizó la ministra que permanece en el punto de mira de opinión, contraopinión y quintascolumnas patrias. Ana Mato se atrevió a nombrar a los remedios naturales para paliar algunos conflictos leves con la salud de cada cual. Naturalmente una oleada de críticas le cayó encima.
Sería preciso no confundir la aplicación de algún remedio natural de bajo coste con una medicina inspirada con la naturaleza. Más conveniente no confundir una terapia con un alivio puntual. Pero mucho más indispensable no mezclar unas declaraciones con la voluntad ministerial. Eso se evalúa tras los hechos si es que los hay.
La filosofía a la hora de enfrentarse a los procesos del organismo conocidos como enfermedades no creo que se vean alterados por cuatro palabras expuestas por una ministra. Ni un ápice por muchos recortes que resten por venir. En primer lugar porque el ahorro propuesto por Ana Mato sería en aquellos medicamentos de menor valor presupuestario.
La obsesión por los brevajes químicos sigue superando todo intento de evaluaciones objetivas en uno u otro sentido. Para ser estricta y rigurosamente exacto las dolencias pertenecen a cada uno.
Este tipo de recorte, insinuado más que promulgado por Ana Mato, adquiere un tinte amargo en una militancia izquierdista amargada desde hace algún tiempo. Escuecen las palabras en un sector donde produciría quemazón cualquier otro tipo de opinión vertida desde el bando contrario.
Tras las transgresoras declaraciones es de suponer que a partir de ahora el médico adscrito a la izquierda prescribirá quimioterapia compulsivamente. Con este término es como en la década de los 60 se conocía el arsenal que fue poblando las farmacias actuales. Hasta que se reservó el mote a aquellas sustancias de mayores efectos secundarios. El desarrollo ha mostrado siempre estas dos caras, también en los hospitales.
Poco tiempo atrás, cuando las boticas se encontraban prácticamente vacías, tomó el cargo la primera ministra en un gobierno europeo. Federica Montseny, casualmente de sanidad, se propuso terminar la prostitución creando liberatorios. Aquellas mujeres, que entre otras cosas tenían la obligación de mantener al frente erecto, encontraban en esos recintos la posibilidad de escapar de la mejor manera a todas aquellas enfermedades asociadas a la práctica desenfrenada del sexo. Aunque paradójicamente no mostrara ninguna intención de liberar a la población del mayor conflicto sanitario del momento que era la guerra se dirigía por un camino consecuente en la retaguardia. Sin condones y con el acoso de los creadores de la Seguridad Social que trajo el empastillamiento masivo marcó un camino por explorar en tiempos difíciles.
Ana Mato no recorrerá las siete décadas que la separan de la primera ministra de la historia. Si no están claras sus palabras sí sus competencias bien delimitadas. También tendrá claro el paciente de izquierdas a partir de ahora qué camino tomar. Le han delimitado el andar hacia una firme reivindicación de las terapias caras y a ser posible sofisticadas. En cada consulta pueden salir chispas con los posibles infiltrados peperos de la bata blanca. Así es como los debates electorales van ganando espacio transformando los ambulatorios en urnas con difíciles papeletas.
Si alguien todavía creía que no existían las enfermedades sino los enfermos se puede ir olvidando. Sólo hay dos. Se llaman recortitis y deuditis. En cambio los afectados se cuentan por millones. Sufrimos en función de cómo nos afecta la disminución de las partidas presupuestarias que disfrutamos. Nos sanamos dejando de recibir estos martirios. O alternativamente los que ostentan el poder creen que a través de martirizarnos un poquito más, porque sufrimos deuditis como mal de fondo.
Nos afectan tanto estas dolencias que pueden causar incapacidad temporal en muchas mentes que jamás ejercieron como tales, pero cada vez tienen más cercana la extrema unción.
Siendo más concreto y tal como evolucionan los hechos, palabras y opiniones no es que hayan dejado de existir las enfermedades sino también los enfermos. Sólo existe un debate parlamentario entre cómo debemos sentirnos, qué nos tiene que doler y qué debemos tomar para remediarlo. Una dialéctica que se reproduce en cada uno de nuestros hemisferios. El derecho nos pide infusiones mientras el izquierdo jeringuillas. Aquellos que se abstienen de ingerir absolutamente nada en este río revuelto, muestran peligrosas actitudes extraparlamentarias. En otras palabras una sana conducta equilibrando sensaciones, reacciones y raciocinio.
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Sucede en el centro del imperio pero se extiende como cualquier gota de aceite por todo el globo. El Departamento de Estado a través de su programa de recompensas por la justicia está ofreciendo siete millones de dólares por información sobre la ubicación de Ahmed Abdi Aw-Mohamed, el fundador del grupo islamista en Somalia.
El grupo militante somalí remunera de forma más austera. Algunos animales a cambio de la información sobre distintos funcionarios estadounidenses. Una ex-primera dama como Hillary Clinton no merece más de dos camellos. En cambio todo un premio Nobel como Barack Obama valdría cinco veces más.
El imperio empieza a valer poco según aquellos que desean verlo derribado. Así habría que interpretar estos últimos movimientos monetarios que se debaten en los intestinos más putrefactos de la lucha por el poder y la subsistencia.
Sin embargo en las antiguas metrópolis cuando se escucha hablar de camellos ya no llegan a asimilarse a un ser vivo. Debido a la decadencia irreversible en la que nos vemos sometidos, nuestro imaginario nos remite más fácilmente a aquel personaje que trafica con drogas que a un par de jorobas.
No son estupefacientes los que pretenden suministrar los islamistas a quien aporte buena información sobre el paradero del decadente presidente de los Estados Unidos. Pero a la europa en proceso de desertización le suenan a árabe estos estupendos vehículos que alcanzan velocidades de 60 km/h y mantienen los 40 que lograron los primeros ferrocarriles con relativa facilidad.
Tras el aterrizaje de Obama en otra de las reiteradas cumbres que tienen lugar en el mundo desarrollado para intentar remediar sus bienes, la asimilación todavía queda más clara hacia donde se decanta. Esta vez fue en Los Cabos donde se reunió el G-20. Mañana será en otro lugar donde todos los mandamases que quieren continuar siéndolo, a excepción de Angela Merkel, apostarán por el crecimiento desenfrenado. Ya sea expandiéndonos monetaria o realmente que viene siendo más difícil en las últimas décadas. Sin crecimiento el poder se tambalea y bien lo sabe el máximo mandatario del globo que está próximo a ser reelegido. Las recesiones se posponen para después de las elecciones o salen rana.
La alternativa de la apariencia existe y sigue siendo la única salida viable para encarar los procesos electorales. Si no es en la vena de cada ciudadano se inyecta una especie de moral ficticia por las ondas que taladran cada hogar. Si nada de ello funciona siempre queda el reparto de la convencional droga.
Según un estudio publicado recientemente tras dos años en el anonimato, el agua del subsuelo de Barcelona esconde restos de sustancias estupefacientes. Según el barrio de un tipo o de otro. Según la disponibilidad de la otra que circula de mano en mano y es presente en la mayoría de transacciones comerciales que no se saldan con tarjeta. Pero donde a la vez también está presente la cocaína que permanece más en el tiempo que otro tipo de drogas.
Recientes trabajos de investigación alertan del peligro de la metoxetamina que formará parte de las aguas subterráneas del futuro. Similar a la ketamina distorsiona las percepciones visuales y auditivas produciendo un sentimiento de estar separado del medio ambiente.
Que tomen nota los monetaristas por si las tradicionales inyecciones que aplican no tienen efecto en una sociedad con las venas acribilladas. Sólo quedarán esos remedios de naturaleza más física que producen los mismos efectos que el tan prestigioso dinero. Por si tenían alguna duda Europa diseñó un novedoso plan para crecer que costará 130000 millones de Euros. De no lograrlo el agujero puede agrandarse todavía más.
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Como cada año cuando se acerca el verano los descensos repentinos de precios se van también aproximando. Ya están aquí para satisfacer algún antojo, aunque sea el de escudriñar cientos de escaparates a ver qué porcentajes se aplican esta vez.
En cuestión de precios no vamos excesivamente acelerados durante lo que llevamos de año. Los aumentos del coste de carburante compensan la caída de la casi totalidad de bienes y servicios que componen nuestra cesta de la compra. Donde no hay descensos sostenidos existen ofertas puntuales que hacen las delicias de un consumidor temeroso.
Se va convirtiendo en habitual ver carteles de promociones que sin duda alguna coincidiendo con las rebajas oficiales se titularían así en estos momentos. Motivo por el cual en esta ocasión los chollos terminarán mojando lo que previamente ya chorrea.
Los más reacios a las políticas de precios de derribo van torciendo su actitud. El Corte Inglés anunciaba hace pocos días un sorprendente cambio de estrategia, ante una pérdida de cuota de mercado respecto a otras cadenas más generosas con el consumidor. En realidad generosidad poca la que se gasta por el mundo de la distribución. La intención que encierra esta táctica es trasladar a la estructura de costes los menores precios repercutidos al cliente.
Otra empresa que merece mención aparte es una de las pocas que se mantiene en manos del ministerio de fomento. Empezó la experiencia de los descuentos cuando inauguraba los servicios de alta velocidad entre Madrid, Málaga, Barcelona y Valladolid. Después de cuatro largos años llegó a la conclusión que precisaba de lo que llamaron revolución en los cambios horarios veraniegos.
De la misma forma que unos grandes almacenes no pueden suministrar duros a cuatro pesetas una empresa ferroviaria que además cierra las cuentas anuales con déficit todavía menos.
Los cambios no son tantos como parecían pero algunos son peculiares. En primer lugar sorprende que se fomenten los transbordos en una empresa con fama de impuntual. Será que otros cardan la lana mientras RENFE se plantea de esta manera adaptar circulaciones a necesidades de un número mayor de viajeros. Unos potenciales pasajeros que hasta ahora se mantenían alejados de este medio, quizás por no contar con desplazamiento directo asegurado contractualmente con un billete único.
Pero es que en segundo lugar y de forma más revolucionaria una empresa pública se ha atrevido a asestar un golpe a una privada que empezaba a acumular clientela de bajo coste en sus taquillas. El imperio que acumulaba Alsa en la carretera a partir de la instauración de la alta velocidad se ha empezado a intentar desmoronar. Muchos viajeros que cada día cuentan con menos recursos se vieron expulsados de un ferrocarril que pasaba a servir exclusivamente al cliente de mayor capacidad adquisitiva.
Lo más sorprendente todavía es que los servicios de bajo coste que pretender recuperar las relaciones perdidas en zonas que cuentan con vías de altísimas prestaciones las realizan trenes que cuentan exclusivamente con un asiento y poca prestación más que un retrete donde desahogarse. No cuentan con televisión, wifi ni tan solo algún vendedor perseguido de latas de refresco.
Son largos recorridos servidos mediante la unión de otros más cortos que se realizaban hasta ahora sin coordinación alguna. Son circulaciones ya existentes que continúan hasta que el mar dice basta. El resultado es la creación de nuevas rutas entre Madrid, Vigo, Barcelona o Irún con parada en casi todas las estaciones.
En la frontera francesa el viajero puede continuar su periplo con alguno de los nuevos servicios baratos de la alta velocidad gala. Allí los costes se intentan reducir en este segmento que suma más de 25 años de existencia. La SNCF ha optado por eliminar la cafetería de algunas unidades rodantes, aumentar el número de asientos y rebajar ostensiblemente los billetes de este tipo de producto.
Los recortes de Hollande tienen otra cara que los de Rajoy pero en el fondo son consecuencia de lo mismo. El cansancio que demuestra el consumidor está ampliamente extendido por el continente. Las soluciones se dirigen irremediablemente en la misma linea. Como en la peluquería de la esquina, sin viajar en ninguna clase preferente.
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Tras tres semanas dejándose notar, los mineros todavía no suman ningún logro. Se han demostrado a ellos mismos que se encuentran en un óptimo estado de organización que les permite seguir la lucha. En julio, las calles madrileñas los verán desfilar sin celebrar victoria alguna. En esta ocasión la batalla se antoja más difícil, por el contexto recesivo en el que nos encontramos. No hay demasiados recursos públicos para mantener unas subvenciones que sólo son bien vistas allí donde las reciben, de manera directa o indirecta.
La gran opinión no la tienen en contra, pero inteligentemente las autoridades permiten escenas de violencia para que todos los medios las reflejen en las portadas. Una manera muy curiosa de luchar contra la rebelión de unos trabajadores más privilegiados que el resto. Si a unos parece importarles bien poco la vida de los viajeros que chocan contra sus barricadas, a los otros no les importan los seres que las levantan ni los que las soportan. Mientras se pueda pasear por los palacios todo está a salvo.
El modo de vida del minero está gravemente en peligro. Pese a contar con relativos buenos salarios nadie sabe cuáles son sus obligaciones contraídas, pero se intuyen elevadas. Una prueba palpable de que las grandes sumas conseguidas, fruto de la lucha mantienen a los luchadores en la misma lucha, lejos de superarla. Llegados al abismo la única solución posible es la garantía de continuidad de unos flujos. De cerrarse pueden causar estragos y lo saben perfectamente allí donde dos décadas atrás los sufrieron irreversiblemente.
La minería supone una peculiar minoría dentro del conjunto de trabajadores. Pese a tratarse de un grupo reducidísimo se agrupa perfectamente porque vive exclusivamente en pequeñas zonas. En esos minúsculos territorios crea complicidades con el resto de la población. En situación de huelga los establecimientos comerciales o escuelas rinden homenaje a los huelguistas. A diferencia de lo que ocurre en las convocatorias de otros gremios. No en vano, tampoco hay que desdeñar el alto poder adquisitivo del trabajador de la mina que inyecta a la perfección su salario en la economía de la zona que habita.
Los emolumentos por meterse en una mina siempre fueron un tanto más elevados que los percibidos por descender día tras día a las cloacas. Con peligros similares, pero sin arma alguna y ninguna organización los rendimientos son mucho menores. Pero la soga jamás la vio tan cercana nadie como un minero y de ahí las reivindicaciones. Primero por la subsistencia y años después por unas condiciones que milagrosamente mejoraron en vida.
Pero eso es lo que era y ya no es. Actualmente la minería también se ha dado cuenta de que el gran subvencionador puede dejar de serlo. De perdidos a batallar aunque sea por la consecución de otro impuesto revolucionario. Sin eufemismos, es por ese tributo por lo que realmente han vivido hasta ahora mejor que la mayoría. Disponen de la misma dinamita que el ejército en sus mejores tiempos golpistas. Si no se levantan unos lo han hecho los otros a lo largo de la historia. Unos ya han dado el primer toque y la mayoría sigue como si no ocurriera absolutamente nada. Como casi siempre pero un poquito más. Así no es demasiado difícil intuir que la próxima dictadura será castrense o se decidirá en alguna mina. La democracia la seguirá proclamando cada uno entre el resto de los mortales.
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Tenemos un gobierno que no nos lo merecemos. Un país que solamente piensa en la eurocopa tiene un presidente que se permite viajar exclusivamente el rato necesario para presidir el encuentro que daba inicio a la andadura de la selección en la máxima competición continental. Para después explayarse, una vez llegó a casa.
Nos contó lo que su secuaz de Guindos había hecho el día anterior y algunos desagradecidos no terminaron de darle las gracias. Pocos tuvieron la delicadeza de analizar lo que significaba el enigmático rescate y muchos menos aquellos confiados con la benevolencia de las autoridades.
A los mercados el regalo a la banca les supo a poco. Querían más madera para apuntalar un edificio en llamas. Tampoco esta vez se destacaron con un gesto hacia los centinelas del beneficio. Aunque sea momentaneamente, la reconciliación entre las pantallas financieras y las de los hogares es un hecho. Aunque la razón no sea la retransmisión de los partidos en las bolsas. Ni el seguimiento de las bolsas en los hogares. En el parquet no paran atención a unos equipillos que jamás cotizarán como sociedades anónimas. Por poner un ejemplo entre Grecia y Alemania la mayoría se decanta por el árbitro que no es aquel que silba, sino la marca que consigue vender más camisetas.
El ciudadano rescatado sin embargo no se conforma con haber aliviado la pesadilla de la deuda. Porque entre otras razones no hubo rescate sino un monumental crédito a las entidades financieras. Un movimiento sorpresivo que sirvió para dar la señal a toda Europa de que el dinero se podría terminar pero a su vez siendo infinito. Así es como el BCE advierte a los intrépidos agentes económicos que carecen de otra camiseta para vender que la puesta. Siguen incapaces de imaginar como el dinero para adquirirla es inmenso, con tanta reticencia a repartirlo.
Tampoco fueron rescatadas las mentes más perversas que ven en la apropiación indebida la única causa con la que se explica la crisis. 100000 millones no lograron ser necesarios para entender que de haber gastado la casta política esa cantidad en mujeres, mariscadas, coches oficiales y tabacos varios ocuparía el resto de la vida una cama de algún hospital y no el parlamento.
Si por algo hay que dar especialmente las gracias es por la preservación del patrimonio despreciado por media Europa. No merecía ningún europeo ninguno de esos pisitos edificados para su cartera y de momento no los disfrutarán. Es conocido que España edificaba más viviendas que Alemania, Italia y Francia en conjunto. Pero menos que no eran construidas para contemplarse. Eran para compartir bienestar. Unos se dedicaban a vestir a todo el continente con sus imprescindibles modas y los demás a fabricar automóviles con los que dar la vuelta al mundo para terminar en la cochera de casa. España sacrificó su territorio para dar cabida a todos esos productores de artilugios que prefirieron continuar malviviendo en sus estados, rodeados de comida basura y celulitis exasperante.
Tras el rescate, Seseña continuará siendo un municipio como los otros 8000 administrados por las autoridades que no nos merecemos. Esas que están los momentos justos en los lugares adecuados. Esas que gestionan aquello que la ciudadanía es incapaz de decidir en el descanso de cualquier encuentro de la selección. Los mismos que tampoco serán rescatados de su trasnochada ley marcial por la que los pisos siempre suben. ¿Se atreverán a decir también que España siempre gana la Eurocopa?
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Hace algunas semanas finalizó la liga más rara de toda la historia reciente. Con el Valencia en tercer puesto engañoso. Más cercano en puntos al último que al primer clasificado.
Tras un inicio de campeonato titubeante, uno de los clubes con una progresión más meteórica del pan y circo español daba los primeros síntomas de torcer la racha que lo había ascendido de la modesta tercera división hasta el más alto nivel continental.
La final de la Champions League tenía una plaza reservada para el Villarreal pero no pudo ser. No fue capaz de dejar en la cuneta al todopoderoso Manchester United, en aquellas semifinales que devolvieron el esplendor a un Riquelme despedido de los grandes coliseos.
La temporada 2012-2013 estará marcada por la vuelta a la realidad en una localidad de apenas 50000 habitantes representada hasta hace muy poco por un club en lo más alto del fútbol. Si los despachos no se encargan de mantenerlo en el pedestal por causas ajenas al césped el conjunto amarillo deberá codearse con otros rivales. Serán sociedades anónimas deportivas, como hasta ahora, deudoras con la hacienda pública, la seguridad social, la banca o los jugadores, pero de segunda división.
Caso parecido ocurrirá en la Coruña o Vigo aunque pueda parecer lo contrario. Pese a recuperar la máxima categoría difícilmente nos encontraremos con clubes gallegos en Champions League y menos disputando semifinales. Los sueños europeos terminaron y a la vez se transformaron en pesadillas donde aparece con frecuencia la posible pérdida de lo obtenido.
El masivo reencuentro con la realidad no es tan depresivo como nos lo pintan. Preguntemos a algún aficionado levantinista y hallaremos la respuesta en los éxitos de la pasada campaña. Cuando pocos tiran más el brazo que la manga un equipo de retales inteligentemente bordados logró plaza en competición europea, aunque para disputarla simbólicamente. Otros equipos similares serán candidatos a tales hazañas tras los primeros compases de la próxima temporada. Cuestión de encadenar rachas positivas que destierran las urgencias por los puntos y los goles se empiezan a sumar con mayor facilidad. Cuestión de verse salvados del descenso a muchas jornadas del final de la liga y las victorias van cayendo del lado de aquellos que empiezan a disfrutar de los encuentros, como de los torneos amistosos veraniegos sin importancia alguna.
El buque insignia de la irrealidad fue secuenciando la avaricia a la perfección. De fichar grandes estrellas pasó a venderlas a cambio de suspiros en las cuentas durante algún tiempo. De construir un inmenso estadio pasó a concentrarse en el histórico Mestalla eternamente en venta sin comprador solvente. La vuelta a la realidad nos acerca a casa, nos empuja a estar exclusivamente con la familia. Europa se empieza a divisar muy lejos y los créditos que antes eran ingresos son deudas cuando hay que pagarlos.
Nada de lo que permitió la mayor burbuja crediticia de la historia era ficticio. Los jugadores de talla mundial pisaban el césped y celebraban los goles en los más selectos burdeles. Lo dificultoso era devolver las deudas con regates o copas, que más simbólicas que reales, carecían de liquidez alguna.
Cuando asumimos que las deudas no son ingresos lo peor que podemos hacer es asimilarlo a un desengaño. Deberíamos restringirnos al ámbito de la realidad perdida. El 7% de morosidad de Bankia era ficticio o cierto. Dependerá de que mañana sus deudores paguen las facturas al unísono o sigan como hasta ahora. El 45% de cobertura de riesgos y por supuesto los 300 millones de euros de beneficio tampoco lo fueron. O quizás sí, en el supuesto que las subastas de inmuebles hasta ahora desiertas, se pueblen hasta formarse colas kilométricas.
En las finanzas no hay artistas que a base de un buen juego permitan cambiar la percepción de las cuentas. Los desastres son más difíciles de digerir sin eurocopas que pongan la guinda a toda una temporada. Pero los números por sí solos siguen dando mucho juego. Cuando para unos los créditos son ingresos y para los otros activos, los beneficios se socializan a la perfección. Cuando la realidad se tuerce, el retorno sólo permite mirar el trofeo conseguido sabiendo lo difícil que será transformarlo de nuevo en un número.
A los seguidores del Villarreal sólo les quedará la grandeza como parte del pasado. Volvieron a la modestia de la mejor manera posible. Ficharon un entrenador con fama de campechano que asciende equipos a la máxima categoría. Pero precisamente por sus magníficos resultados fue despreciado en los grandes banquillos hacia los que no tenía el mínimo temor.
Descansen todos en paz. Lo conseguido fue bastante. Vienen tiempos de rápidos sucesos. Un día se empieza a sospechar sobre la veracidad de las cuentas del gigante surgido de la fusión de varias cajas. En menos de un mes se escuchan las primeras voces referidas al corralito. Esta vez ya no proceden de la cajera del supermercado. Sino de altas instancias económicas que están tratando de dibujarlo en su imaginario. No discuten si tendrá lugar o no. Tratan de pensar en la conveniencia de aplicarlo solamente en Grecia o algún territorio más.
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El Ibex-35 volvió a vivir un lunes negro tras muchas sesiones de continuas bajadas. Los inversores más activos, que son aquellos que venden antes de comprar, perdieron grandes sumas monetarias pero en ningún momento los nervios. La sangre no llegó al río y apenas remontó el índice de la bolsa española niveles de hace una semana.
Las buenas noticias se reflejaban en las pantallas. Una pequeña mejoría en la tasa de paro propia de la época. Una contracción del volumen consecuencia de la festividad en Londres. Una pequeña disminución en la prima de riesgo propia de una decisión que se empieza a insinuar en pequeños círculos. El peso de la elevada deuda española podría ser menor de llevarse a cabo los planes para homogeneizar los tipos de interés pagados por los estados de Europa.
Mientras el Ibex se ha ido independizando de la evolución de los grandes índices mundiales los tipos de interés en los países del Euro han ido divergiendo. Contrariamente a lo ocurrido en época de vacas gordas, los precios de endeudarse difieren paulatinamente en la vasta geografía europea. El ascenso de las primas de riesgo ilustra bastante bien este fenómeno que, de momento sólo se ha vivido en la vertiente pública de la deuda.
El sector privado vive al margen de este fenómeno. Los tipos de interés siguen siendo simbólicos en la totalidad del continente. Los mayoritarios préstamos hipotecarios siguen anclados a un euribor que expresa el precio al cual los bancos están dispuestos a prestarse el dinero entre sí. El resultado es producto de lo que se exigiría a un griego, un irlandés o a un alemán a cambio de un poco de liquidez. El resultado es evidente consecuencia de la supremacía de las zonas donde la confianza no se perdió del todo. El antiguo Mibor quizás marcaría tipos de dos dígitos pero nadie lo denuncia. El soberanismo monetario es así de asimétrico.
Los reducidos tipos de interés que posibilitaron la orgía inmobiliaria dificultan la declaración de quiebra de amplios colectivos de deudores anónimos. Pero no tenemos bastante con el flotador privado que también necesitamos otro para las cuentas públicas. Ante la imposibilidad de hacer frente a intereses históricamente ridículos a escala española necesitamos pagar un poquito menos.
La deuda alemana es el gran referente y a golpe de insinuación conseguiremos no pagar absolutamente nada. Por algún motivo nos metieron en esto del Euro. Primero por las subvenciones y después por los intereses.
El gran peligro de los eurobonos se acerca. Pero los eco-monistas eurobobos son incapaces de verle la piel a un zorro acosado por zorras. En épocas en las que la devolución de parte de lo prestado es imposible, crear mecanismos que faciliten el retorno es perder el tiempo. Mejor echar la siesta, que es a lo que se dedican los más prestigiosos economistas del continente cada día.
Las mentes continúan demasiado somnolientas para pensar en usos del nuevo dinero que propicien tipos superiores al coste de imprimirlo. La única opción factible sigue siendo especular con todo tipo de activos y si es necesario crear burbujas en las primas de riesgo. El ladrillo enfermó y con los eurobonos morirá para siempre. En Europa se juega con otras cosas. Mañana por ejemplo, se seguirá apostando fuertemente por lo contrario a lo que se apostó hoy.
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Viajaron desde pequeños a cualquier rincón de mundo en compañía de algún descerebrado algo mayor que ellos. Siempre a bajos precios como consecuencia de su corta edad y bajo entendimiento. En realidad pagaban sumas astronómicas por sus hazañas pero todavía no se han dado cuenta.
A los más mayores se les obsequiaba anualmente con los estupendos viajes del IMSERSO y a los más jovencitos maravillosos desplazamientos de fábula. Sin necesidad de sufrir afecciones en la memoria. Sin necesidad de engrosar la caja de recursos durante una larga temporada. Ningún requisito previo a la satisfacción de las necesidades más triviales. Todo a su disposición para un jolgorio continuo.
Con el tiempo ya veremos cómo pagamos o a quién pegamos. Los aviones, que no se sustentaban demasiado en el aire, transportaban al fin del mundo. Los trenes, cada década a mayor velocidad, costaban cada día un precio más módico que real.
La generación low-cost abandonó la cuna para aprender cuasi gratuitamente, a base de libros subvencionados y medicinas a precio de saldo como antídotos a los déficits en atención. Malas compañías para destetarse. Quien más lejos llegó en la lucha por la subsistencia debió alcalzarla gracias al descubrimiento de la leche en polvo.
Llegada a la plenitud legal que otorga la sagrada constitución, la generación secuestrada por el término gratuito no podía llegar a mejor conclusión que consumir en grandes cantidades litros de alcohol de forma barata. El botellón seguía la linea trazada por la chuchería que endulzaba los instintos por escaso dinero. Más vale degustar constantemente sucedaneos de alimentos que alguna vez al día algún nutriente de verdad.
En plena madurez intelectual, no es de extrañar que tanta gratuidad hubiera que pagarla. Lo que se hace enigmático es que nadie se extrañe de que no sean los más jóvenes quienes nos resuelvan las balanzas de pagos, ni incluso las domésticas próximas al estallido.
Las innovaciones de una generación de bajo coste no pueden ser otras que estupideces. Ideas de bombero que no apagan ningún incendio. Al contrario, los avivan. Chucherías ingeniosamente diseñadas, que traen más hambre para mañana y enfermedades crónicas, con las que aumenta la necesidad de universalizar la sanidad pública.
Los ricos si por algo se han caracterizado siempre ha sido por comprar lo que les da la gana. Se dice que no miran precio ni les interesa ningún número. Probablemente, si todo el mundo fuera rico el planeta se paralizaría, por falta de mejoras necesarias en los sistemas productivos si engullen todo lo que fabrican. En cambio los pobres son los que fuerzan a incrementar la productividad. Desde que se interesan por consumir observan los precios varias veces. Pero la forma en que se mira ya saben como es. Apenas se fijan en la superficie sin identificar allí su salario como fabricantes del producto.
Entre la superficialidad de miras y las escasas ideas de una generación de bajo coste, la única posibilidad a la hora de reducir costes es la escabrosa opresión hacia los factores productivos existentes. Los recursos naturales agotados y el trabajador exhausto son la prueba palpable de tal embrollo tecnológico.
A mayores recortes, más planea por la cabeza de la generación low-cost la tentación de repartir satisfacciones. Entre quienes necesitan mantenerse en el pedestal y quienes desean alcanzarlo el conflicto va siendo máximo. Ni los unos ni los otros conocen la manera de crear la abundancia suficiente para escapar de la escasez, pero sin embargo quieren vivir instalados en ella. Los espejismos de sobriedad a costa de perjudicar la subsistencia ajena tienen los días contados. La generación low-cost representa el punto de inflexión. Para seguir suministrando abundancia relativa es necesario oprimir un número creciente de individuos de esta misma generación.
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Los tan temidos recortes se van extendiendo. Paralelamente la oposición a los mismos. Uno de los pilares del convencional estado de bienestar está en peligro. De ello se van percatando miles de ciudadanos que hace décadas pasaron por una escuela donde quizás no había ni estufas ni mantas pero nadie pasaba frío.
Actualmente ya no es posible cursar unos estudios sin calefacción consecuencia de los crudos inviernos que sufrimos. Y mucho menos manifestarse por la calle antes de primavera. Hay que esperar las buenas temperaturas para dar un paso al frente.
El movimiento iniciado con la llegada del calor llegará a su punto álgido un miércoles que no estaba marcado en el calendario de los agoreros. Pero sin embargo mostrará un punto de inflexión un 22 de mayo señalado en la agenda de unos cuantos.
Será tal día como mañana cuando un grupo de estudiantes reivindicarán sus derechos a titulizarse gratuitamente. Cabe recordar que serán una minoría quienes lo hagan. Los otros, aquellos conocidos por Ni-Ni seguramente porque ni les va ni les viene, esperarán en casa el contrato laboral que no termina de llamar a la puerta.
Como cada mañana, estos seres que disfrutan del estado paralelo de bienestar ni verán la televisión, ni leerán ningún panfletos propagandístico invitando a reivindicación alguna. Se limitarán a dormitar esperando abrir la boca en el momento oportuno de ingerir algo de provecho.
Cuando los recursos educativos eran mayúsculos el bienestar de estos individuos ya estaba descrito por el abandono de los estudios lo antes posible. Un paso necesario para el encuentro de un salario con varios ceros. El fracaso escolar se explicaba en aquel entonces por unas condiciones laborales extremadamente favorables que empujaban al consumismo a una generación perdida por las oportunidades.
En tiempos de recortes en lo público y privado el fracaso escolar que viene se empieza a explicar por el desespero de una generación a no encontrar rentabilidad en su ansia por obtener títulos.
Mañana cientos de miles de escolares saldrán a la calle. Volverán a casa sin haber concluido quiénes son los fracasados. Ni en institutos ni en universidades lo aprenderán. Allí sólo se obtiene un título que faculta a cobrar un sobresueldo. Aunque cada vez más tardío, cosa que invita a enviarlo todo a tomar por culo ya sea dormitando o vociferando en la vía pública.
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Días locos en Sant Boi

Por si no hubiera bastante con los miles de outlets y los cientos de miles de outlets de outlets una ciudad del extrarradio de Barcelona ha decidido celebrar unas jornadas al culto del consumo desenfrenado.
La caída de esta variable es notoria. La reformulación de necesidades también. Lo que era indispensable pasó a ser trivial y lo que no nos gustaba ni con salsa bravísima para a ser indispensable. Como los caldos de pocos ingredientes y mucha pasta que hay poca para hacer ostentaciones como antaño.
Las depresiones económicas, de la misma manera que las del homos economicus, no se curan con fármacos. En Sant Boi donde por algún motivo fueron pioneros en la atención a la enfermedad mental lo saben perfectamente. Como recetan los mejores especialistas de la materia es necesario consumir desenfrenadamente para salir de las graves crisis emocionales.
Durante el periodo que va de final de mayo hasta el 2 de junio varias actividades ultracomerciales tendrán lugar en este municipio catalán. Entre las más destacadas el regalo del IVA a cualquiera que decida de una vez volver a los hábitos que nos mantuvieron en pie durante tantos gloriosos años. El horario para recapacitar será puntualmente hasta altas horas de la tarde. La noche seguirá respetándose para soñar plácidamente con lo adquirido.
Un bono equivalente al impuesto incondonable del valor añadido permitirá repetir compra, que es un reto incluso para repostar gasolina más allá de las cercanías del cobro de la nómina. Dicen las últimas estadísticas que a medida que avanza el mes se tiende más al uso de los servicios ferroviarios de cercanías allí donde todavía existen.
Si con el cheque no tiene bastante el ayuntamiento se encarga de ultimar contactos para mover hacia los garajes una selección de vehículos que en estos momentos forman parte de los conocidos como kilómetro cero. Antes eran apodados así por su escasa distancia recorrida. Ahora por los kilómetros que probablemente recorrerán. Para que la fatal profecía no se cumpla hasta se negocia regalar el repostaje de estos vehículos hasta fecha a determinar.
Todo sea por consumir y para expulsar engendros de encima. Las ciudades los acumulan peligrosamente allí donde más duelen. En el vertedero cientos de miles de basuras duermen apaciblemente mientras en los locales comerciales generan pesadillas.
Sant Boi empezará a despertar de la depresión con la inducida fiebre consumista. Los días locos se prevén capaces de irnos devolviendo a nuestra perdida senda de una tacada. Llegó la hora de esnifar el billete y dejarnos de drogas duras.
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Tras la finalización de los encuentros de la penúltima jornada de liga en la máxima categoría casi todo el pescado está vendido. Pero esta temporada no va a sucerder exactamente así.
Los títulos se quedarán en las vitrinas de quienes los consiguieron en el campo. No ocurrirá como en el mundo del ciclismo, en el que varias semanas después de disputarse una competición tenemos noticias de positivos en las muestras pendientes de analizar en los laboratorios. Así que felicidades por una parte al campeón y a esperar lo que acontezca en los despachos durante el verano, con el permiso de la última jornada que va a ser lo de menos.
Como es tradicional el 30 de junio la liga no termina. Empieza la siguiente. Finalizan contratos de algunos jugadores a quienes habrá que despedir para siempre. Se marchan entrenadores para no dirigirse a ninguna parte. La delicada situación financiera de los clubes requiere cuidado con las renovaciones pero mucho más con las novedades. Serán pocas en el campo y muchas en los despachos.
La primicia que nos deparará la pretemporada futbolística seguramente sea la continuación de la competición actual. La que el próximo fin de semana llega a su conclusión se alargará previsiblemente unos meses más. Hasta que las cuentas no se aclaren no será definitivo el cuadro de conjuntos que lucharán por la supervivencia en una u otra categoría.
Algunos clubes con mayor o menor historia cuelgan de un hilo. El proceso que amenaza con la desaparición lo iniciaron hace tiempo y este verano vamos a ver las primeras consecuencias. Lo conseguido en el terreno de juego puede torcerse en los despachos y viceversa. No como consecuencia de ninguna denuncia que raramente llega entre integrantes de un mismo gremio. Por mucho que se hable de partidos amañados en la última jornada, penúltima o incluso en la antepenúltima ninguna palabra hiriente va a quedar escrita en papel alguno.
Las actas recogerán insultos y pocos agravios más. El silbato pitará el fin de una parte de la temporada. La otra se empieza a disputar más pronto de lo habitual. Hay tiempo más que suficiente para aupar equipos mal clasificados en la división de plata en lo más alto de la liga de las estrellas. Los huecos habrá que rellenarlos con imaginación y prisa. El suspiro acompañará el silbato inicial del próximo campeonato. Por motivos a los que no estamos acostumbrados. Será entonces cuando verdaderamente termine la actual competición.
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Algunos días atrás recibía un extenso correo de un agradecido lector que aprovechaba la interlocución para plantear una duda que le intriga a la hora de cambiar de piso. Un servidor aprovecha estas letras para terminar de dar respuestas a un asunto relacionado con la situación calamitosa en la que se encuentran las cuentas municipales. También para recordar que pese a no ser la mejor época para adquirir un bien inmueble cada caso merece un trato especial digno de analizar. Sentenciar en la conveniencia o inconveniencia de hacerse con un piso de manera generalizada sería contraproducente.
Para la problemática que nos ocupa cabe decir que la duda de uno de los seguidores de estas lineas está relacionada con un cambio de techo. En sí no es una adquisición pues por ese concepto entiendo añadir almenos un euro de ladrillo a la cantidad que ya se tiene. Incluso habrá casos en los cuales desplazarse de vivienda signifique vender parte de la propiedad utilizada hasta ese momento.
Cuando tenemos en mente cambios de aires podemos estar pensando en hacerlo de municipio, estado o simplemente añadir a nuestro espacio el piso de al lado, de arriba, de abajo o el terrenito que colinda con nuestro pequeño territorio.
El lector en concreto de quien les hablo ha recorrido varias opciones a la hora de encontrar nueva propiedad. Si por el interior se tratase tiene una opción cercana donde vive actualmente que se adapta perfectamente a sus pretensiones. Ganaría una cochera donde cabe un turismo por el hipotético precio de venta de su vivienda actual. Pero divisa un problema comunitario que le mantiene dudoso y con razones para no firmar inmediatamente la compra-venta. El traslado hacia el nuevo hogar intuye que supondría soportar altos gastos de mantenimiento del espacio común que va incluido también en el lote. Entre otros equipamientos la finca cuenta con jardines y piscina. Los saldos deudores con la banca no saldrían trastabillados sino inalterados prácticamente. Pero las obligaciones mensuales ascenderían por el hecho de vivir con unos servicios a los cuales hoy no tiene derecho.
Para mayor información la gran comunidad de la que podría formar parte cuenta con cuatro edificios, cada uno con 50 habitáculos. En total 200 viviendas que deben sufragar mensualmente los gravosos servicios que dispone. Muchos municipios no llegan a los 200 habitantes pero no se formularon tal pregunta a la hora de colocar una piscina en el pueblo, con jardín incluido. De perdidos al río. Tampoco se preguntaron aquellos que fueron en busca de la ganga inmobiliaria si determinado municipio contaba o no con un determinado equipamiento. En algunos casos extremos no había ni cloacas y santas pascuas. Suele ser lógico que mayores prestaciones tengan que ser sufragadas con mayores tasas impositivas. De lo contrario la solución suele ser albergar una planta petroquímica, una central nuclear, un cementerio de residuos, un vertedero o un prostíbulo donde las señoritas que fuman acaben con toda la marihuana cosechada en Rasquera. En el caso de una comunidad de propietarios de una ciudad la solución puede ser acoger una antena de telecomunicaciones en todo lo alto.
Mi particular percepción del asunto no pretende esclarecer ninguna decisión de compra, ni de venta, ni de nada. Simplemente me indica que el análisis de hechos complejos debe ir más allá de la simpleza en la que vivimos instalados. Para responder a los miedos iniciales sería conveniente ver hasta qué punto los equipamientos deben continuar manteniéndose para no poner por ejemplo la vida de aquellos que los utilizan. Si la piscina tuviera un elevadísimo trampolín habría que revisar obligatoriamente los peldaños de la escalera de manera periódica. No fueran a caer los usuarios por la vertiente indeseada. Pero además de esto sería también necesario conocer opiniones del conjunto de individuos con los que colectivamente decidimos el futuro del espacio que compartimos. Siguiendo con la linea argumental me parecería pertinente saber cómo reaccionarían los demás ante las adversidades. Deberíamos preguntarnos si viviremos entre gente capaz de renunciar al servicio de jardinería o a incluso clausurar la piscina en caso de malos augurios económicos.
Una cosa es segura y se trata de los plazos que restan para pagar de las construcciones de miles de piscinas municipales y comunitarias. Otras como el gasto del socorrista lo decidimos día tras día. Pero para inventarse gastos tampoco es necesario que en la nueva propiedad haya piscina, jardín o alguna maceta. Con que cuente el edificio con una puerta de acceso mañana puede decidirse cambiarla por otra que incorpora la tecnología puntera diseñada en Japón. Al siguiente puede embarcarse todo el vecindario en un antena colectiva para intentar visionar los canales del pujante sudeste asiático. La semana próxima pueden empezar las pretensiones de contratar un portero de los de toda la vida ante el fracaso de la tecnología nipona.
Si no deseamos sobresaltos en el futuro antes de formar parte de una comunidad cualquiera convendría indagar con quien compartiremos decisiones. Las elecciones empiezan a ganarse en este punto.
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Permítanme retomar el asunto trascendental que suelo exponer los sábados en este espacio. A la vez perdonen por no hacerlo hace exactamente siete días. La expiatoria semana santa no era el mejor momento para crucificar a ningún alcalde.
Rasquera se encuentra en estado de reflexión tras el resultado del original referéndum celebrado en la localidad tarraconense. El pequeño pueblo que ha dado la vuelta al mundo sin moverse de lugar ha logrado preguntar al vecindario y resolver en función de la opinión minoritaria. Pero no sólo eso. Tras el veredicto popular el alcalde dimitirá. Imagino que posteriormente se convocarán nuevas elecciones en las que saldrá elegida alguna opción política cercana a la linea que proponía el cultivo de marihuana para erradicar el déficit acumulado. La deuda que suma la totalidad de municipios asciende a un peligrosísimo 3% de PIB y hay que actuar con pinzas e imaginación. Para olvidarse del 397% restante la marihuana o el alzheimer, tanto monta, monta tanto, pueden convertirse en los mejores aliados.
Rasquera ha logrado situar en la opinión pública la cuestión ancestral de las drogas. A corto plazo deberá seguir reflexionando para encontrar otro tipo de soluciones a su problema. Al contrario de lo que estamos acostumbrados. Primero se suele reflexionar, después se decide y finalmente se acata la decisión de aquellos a quienes se les entregó la confianza mayoritariamente. El resto del mundo seguirá debatiendo con más fervor sobre la conveniencia de tomar según qué, la libertad de hacerlo y la necesidad de continuar con las prohibiciones existentes.
En estas lineas, las anteriores y las que vendrán, alguna propuesta podría ser digna de aplicación en la famosa localidad cercana a las orillas del Ebro. Un poco más lejos, pero no tanto como imaginan producto de los trasvases internos en la misma cuenca hidrográfica, moría electrocutado un maliense en el fracasado intento de robar cobre. El suceso aconteció en un lugar cercano a la polémica estación de alta velocidad de la capital provincial de Rasquera. No era la primera vez que lo intentaba el individuo. El pasado 14 de enero era detenido con las manos en la masa en un asunto similar en Alcover donde el tren nunca se detiene en ausencia de problemas técnicos.
En León por obra y desgracia de la empresa estatal FEVE, dirigida por Marcelino Oreja, el proyecto de unir mediante una linea tranviaria la actual estación de vía estrecha, situada en la calle del Padre Isla y el hospital ha sido abandonado. Hasta este punto nada a reprochar. Pero mientras desde una empresa ferroviaria se acusa a un ciudadano de apropiarse de hilo de cobre valorado en cierta cantidad desde otra del mismo ministerio se encargaron cuatro unidades en vano para cubrir la ruta en la capital leonesa con el permiso de Ponferrada.
Los leoneses están de pega. Con un carburante por las nubes acceder al hospital les será difícil en vehículo privado. Llegar en ambulancia quedará reservado a los mejores intérpretes capaces de simular la imposibilidad de hacerlo de otra manera. Acceder en tranvía imposible e innecesario. Con tanto cierre de habitaciones, disminución de capacidad en urgencias y somnolencia de un funcionariado al que se le niega la toma de café el recinto médico sería incapaz de atender a un tranvía entero.
Buena, sin ninguna duda, la decisión tomada desde altas instancias de la empresa estatal de ferrocarriles de vía estrecha. De sabios es rectificar pero en este caso con consecuencias nefastas. Cuando algo se proyecta hay que concluirlo si además como en el caso que nos ocupa supone desembolsar un 6% por la rescisión del contrato de obras con la UTE pertinente. Los tranvías que se encuentran terminados en Valencia se dirigirán probablemente a Ecuador porque en la misma España no hay ningún lugar donde se requieran. Pero es que encima viajarán a mitad de precio, como los jubilados, de lo que hubiera pagado FEVE por ellos. Unos vehículos de lujo que serán recibidos en América a precio de material retirado.
En materia de inversiones es preciso tener los horizontes claros. Si hay que cambiar algún párrafo de un proyecto en pleno desarrollo se retoca con habilidad. Para el caso que nos ocupa. Si acercar el tranvía al hospital ya no es necesario quizás lo sea entonces hacerlo al matadero. Pero lo que no es de recibo es deshacerse a medias de unos proyectos que sin finalizar sólo nos dejan agujeros en las cuentas sin prestar a nadie servicio alguno.
Cuando hablaba de tranvías podía haberlo hecho de terrenos urbanizados que esperan viendo crecer hierbas no comestibles la siguiente burbuja crediticia. O en el otro extremo terrenos urbanizados de manera deficiente que esperan la construcción de servicios básicos correspondientes a la categoría que ostentan. Cuando la torpeza política mueve hilos sin fundamento puede parecer asimilable al intento de robo acontecido en la estación del AVE tarraconense. Pero en este caso de mucho mayor valor que el de unas bobinas de cobre y para más inri con responsabilidad limitadísima. Sería preciso promover el aval con patrimonio personal de los decisores de un porcentaje de lo presupuestado para inversiones a realizar en varios ejercicios.
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