La burbuja inmobiliaria dejó infinidad de víctimas. Algunas de ellas fracasadas como verdugos tuvieron que conformarse con ese papel contrario. Especuladores que no fueron capaces de sacarse a tiempo todo lo levantado a crédito, antes del giro imprevisto de un mercado agotado, pero previamente a la fase del ciclo expansiva. Otras, son personas de rentas reducidas que creyeron repetidos bulos de vendedores, de inmuebles o créditos, para adquirirlos. Ante la opción de contrastar la publicidad engañosa de los interesados en difundir la fiebre por la vivienda se quedaron con las bonitas palabras que dibujaban un futuro prometedor para toda su estirpe.
Con el mundo trastornado tal como lo habían imaginado vendedores y compradores de un bien indispensable, empezamos a escuchar gritos en las sucursales bancarias en cada quiebra familiar y silencio en los despachos. Se han entregado discretamente cientos de miles de viviendas terminadas o por concluir a cambio de olvidar para siempre de este negocio que, como todos, lo es cuando el viento acompaña. Mandar la pelota al tejado del vecino, con llaves incluidas o cerrojo por colocar, ha sido la solución de los grandes ingenieros de las finanzas, más que de la construcción, que entienden el mundo de los balances algo mejor que la parte prestamista. Lo cual tampoco es muy complicado. Párese a hablar dos minutos con quienes ofrecen tarjetas de 30000 euros de crédito por la calle y verá a lo que me refiero. Saben de finanzas como yo de tiburones. Pero, entre esa masa de escuálidos, alguien por muy pocero que fuera de jovencito terminó saliendo victorioso con destino a otro país o a otro sector en auge. No hay crisis que se resista a los más intrépidos estrategas.
Aquellos que en la vida habían tenido curiosidad alguna por informarse debieron ponerse al día de golpe y empujados por una debacle sin precedentes. Se enteraron entonces que los préstamos sobre la vivienda tienen además de garantía hipotecaria, otra de tipo personal que condena a una deuda eterna siempre que otra burbuja no sentencie lo contrario. Se lo contaron en asociaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que además de su faceta didáctica siempre ha tenido un carácter reivindicativo. Llevar a discusión y aprobación la dación en pago retroactiva es el gran reto de este grupo que eclosionó con la miseria que se iba fraguando en cada contrato de compra-venta. La actividad pública se complementa en cada desahucio con acciones de resistencia ante la autoridad a la hora de perpetrar el dictamen judicial.
Un servidor siempre ha sido escéptico con la capacidad de transformación de todo este tipo de grupos. Difícilmente puedan surgir proposiciones racionales en la búsqueda de nuevos modelos de satisfacer necesidades humanas. Las prisas, la miseria o la necesidad nunca han sido buenas consejeras. Desahuciados ha habido muchos a lo largo de la historia aunque jamás cayéramos en la cuenta. De ellos tampoco surgieron grandes brotes verdes organizativos. Desde la persona mayor con dificultades de movilidad que vive en un cuarto piso sin ascensor y se ha estrellado bajando las escaleras a la joven que ocupa la casa de unos padres de alquiler de renta antigua y sufre la contrariedad de ver morir a los arrendatarios. La problemática relacionada con el azar y casi estrictamente con éste era mayoritaria en los años de bonanza, cuando los pisos casi los regalaban. Si en algún momento no se podían pagar venía alguien y ofrecía el doble de lo que costaban. Así solucionaban las incertidumbres mentales quienes adquirían un techo al precio que fuera. Como los promotores pretendían enviar la pelota a otro tejado.
Si el 2011 finalizó con la entrega de un premio a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca por la labor desempeñada, el 2012 la asociación ha devuelto el galardón con la primera propuesta digna de considerar en toda la historia, coincidiendo con la peor época de desahucios. Ni más ni menos ha osado promover viviendas de paja que de modo experimental se construirían en un municipio de tierras gerundenses. Fenomenal iniciativa la de introducir la sostenibilidad en las nuevas edificaciones. Además este grupo experimental de pocas viviendas contará con un recinto público para albergar servicios comunes y huertos que posiblemente puedan ser regados con aquellas aguas que actualmente desperdiciamos por una alcantarilla hasta paradero desconocido.
Restringiendo las edificaciones a los materiales disponibles ninguna burbuja se podría haber producido. Ni la financiera ni la peor de todas que es la de recursos materiales llegados de las antípodas del globo. Ese es el mejor medicamento para evitar futuros desenfrenos colectivos. Pero que las prisas no nos pillen despistados tampoco. Edificar con materiales nobles como la piedra no significa dilapidar recursos en favor del bienestar en los habitáculos. Tampoco se deriva en incurrir en grandes gastos, pues resulta baratísimo pese a que monetariamente las cuentas expresen lo contrario. Significa en primer lugar levantar construcciones que pueden durar milenios como cada catedral que preside las ciudades que conocemos. Limpiar el campo de piedras significa aumentar la productividad de los suelos donde se cultiva el trigo o el pino con los que solucionar otras problemáticas relacionadas con la vivienda. Encontrar las sinergias es la clave en este y en cualquier otro proceso.
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¿Y ahora qué? Metamorfosis
Del banco malo a la independencia buena

Los resultados conseguidos mediante una determinada política no son necesariamente aquellos que se planean. Los que se buscan alcanzar tampoco tienen que ser necesariamente los que se publicitan.
Si tratáramos de reducir el déficit público, a casi todos se nos ocurrirían rápidamente dos brillantes ideas. Una consiste en aumentar impuestos. La otra en reducir gastos. De manera simple es así, pero la presión popular todo lo complica. El gobernante en determinadas circunstancias no lo tiene sencillo para dictaminar una austeridad por decreto, pero puede encontrarla con políticas que no lo parecen y hacia allí nos encaminan.
Mucho se ha hablado sobre la manifestación más multitudinaria de la historia de Catalunya. Entre otros temas que han sido debatidos, los contrarios a sus reivindicaciones se quejan del trato de favor del ejecutivo actual y los correligionarios apoderados de numerosos ayuntamientos. Muchos municipios subvencionaron autocares para acudir al evento, ¿pero en qué número? Sin duda ni toda la flota de vehículos de transporte colectivo catalana hubiera sido capaz de transportar tal número de personas. La gran mayoría se desplazó en transporte privado. El resultado elocuente para las arcas públicas. La recaudación por IVA se disparó en aquel 11 de septiembre. Las subvenciones, un anzuelo que podía formar parte de un plan fiscal. El centralismo con el que se diseñaron las grandes reivindicaciones catalanas de las últimas décadas parecen estar encaminadas al pago masivo de peajes. Las quejas promovidas por las instituciones reafirman esas mismas instituciones que tanto se discuten. En eso no hay duda alguna. Los planes nunca se diseñan en contra.
Una acción que no debía tener el beneplácito gubernamental fue el que tuvo lugar en Madrid pocos días después. El Congreso rodeado supuso ingentes gastos en seguridad. Cuanto antes, parecía preciso dinamitar esa línea de reivindicaciones. Las fuerzas del orden se ensañaron con los manifestantes que boicoteaban la actividad parlamentaria desde los aledaños de la cámara. Las masas llegadas desde varios puntos de la geografía no fueron bienvenidas por ninguno de los gremios que suele celebrar la convocatoria de una feria o un festival determinado. Sin posibilidades de sacarles tajada, los movimientos carecen de amigos institucionales. Cuando eso ocurre se manifiestan las fuerzas de seguridad y difuminan las concentraciones. Si no hay violencia se escenifica o se provoca.
Tras el evento que vivió la ciudad de Barcelona, el giro que empezó a dar uno de los partidos que más se arrima a la tajada, fue además de histórico, increíble para una gran mayoría de precavidos. Muchos no ven dónde percibe Convergència i Unió el negocio de esa línea política emprendida. La independencia puede ser rentable o ruinosa, según el economista de turno tenga el corazón cuatribarrado o simplemente rojo y gualda que es lo mismo en términos de sangre y oro. El partido que llevó la batuta en la mayor parte del tiempo moderno los destinos catalanes terminaría hundiéndose en una Catalunya independiente en crisis o auge. ¿Esa es la panacea que hizo decidir a Artur Mas apostar decididamente por el soberanismo? ¿Es suficiente no llevar la contraria a la masa, seguir en el poder hasta el momento de la secesión y hasta siempre? Deberíamos entender que ese fin no es el perseguido por los perspicaces convergentes. El partido hegemónico, tan catalanista como garante de la gobernabilidad en España, no va a dejar de serlo porque al pueblo le haya picado la mosca secesionista. Las famosas comisiones apuntadas por Pasqual Maragall y poco investigadas, no pueden dilapidarse así como así en una reacción cualquiera.
Las medidas cada vez son más surrealistas, los fines perseguidos más difíciles de intuir y la imaginación vuela. Cabe suponer que todo va encaminado a reducir la brecha deficitaria. Una manera muy simple puede ser cobrar por datos metereológicos que hasta ahora han sido gratuitos. Otra, proponer que los actualmente extranjeros obtengan la nacionalidad si adquieren una vivienda de 160000 euros. ¿Estará el gobierno pensando en los subsaharianos que llegan sin un duro? Lo dudo. La Moncloa asume puertas adentro la independencia de la actual Comunidad Autónoma de Catalunya. A Mariano Rajoy le satisface la de toda aquella otra que se apunte en la lista. Dividiendo un territorio en múltiples partes y diversas nacionalidades quizás se estimule lo que ningún ministerio es capaz de estimular. Acabar con el estoc de viviendas pendientes de venta es peliagudo, pero para algo tenemos grandiosos gobernantes. El afán de limpiar los balances bancarios es notorio. De tal logro sindicatos y patronales esperan el milagro que ni el banco malísimo será capaz de conseguir.
Se les ha visto el plumero y nos hemos dado cuenta de los nuevos reinos donde la paria volverá a su esplendor. Los Lara que refundarán su imperio en tierras españolas, sólo serán un ejemplo entre todas aquellas familias que decidan obtener la nacionalidad española convertidos tras un referéndum en solamente catalanes. La numerosa colonia madrileña de catalanes a quien Esperanza Aguirre prometía enseñanza en catalán en plena capital puede tomar la misma decisión, pero a la inversa. De eso se trata y de pasar por taquilla. Las fronteras, los peajes y aduanas no gozan de popularidad alguna en un marco donde impera la libre circulación de todo bien mueble. El cobro lo pasarán los colaboracionistas de siempre. Su labor será expedir pasaportes a cambio de viviendas vendidas. Lo anuncian todos los mensajes que parecen surrealistas del Partido Popular y provocaron solamente airadas risas. Claro que los catalanes vamos a perder los títulos universitarios, porque nos los quieren cobrar otra vez en las nuevas facultades privadas. Después serán los murcianos, seguidamente los asturianos y que la rueda no pare. Lo saben de buena tinta y formaría parte del plan. Rajoy no se ha vuelto independentista, sino que en el fondo siempre lo ha sido. Lo del banco malo una cortina de humo. No hay más solución que dividir, para vencer la terrible sequía de crédito.
¿Amenazas?

Siguiendo la deriva liberalizadora el gobierno tomó otra decisión encaminada a avanzar hacia la flexibilización total. En esta ocasión son los horarios comerciales los que se continuarán adaptando a las necesidades del consumidor.
Esperanza Aguirre desde Madrid se ha situado en la cabeza de esta estrategia que relaciona positivamente el tiempo que permanece abierta una tienda con la caja recaudada. Una equivalencia tan simple como supuestamente incierta. Tan evidente como el hecho que el turismo ya no es el que era. Ha mutado desde que viaja hasta el hijo de la sirvienta que no consume otra cosa que no sea agua de la fuente, o embotellada en el caso extremo que haya restricciones por sequía.
La capacidad salarial no es que haya mermado solamente en España sino también en toda Europa. Una medida destinada a empaquetar productos a los visitantes obligando a abrir tiendas los festivos, en las zonas declaradas turísticas puede llevar a resultados recaudatorios paupérrimos de no ir acompañada con políticas más profundas. Una de ellas podría ser la salida del euro seguida por una devaluación drástica de la nueva moneda.
Los salarios europeos no se van a subir desde España. Tampoco con esta ocurrencia se va a lograr aumentar la capacidad adquisitiva del trabajador autóctono. Es en este punto donde cabe recordar que nadie en todo el continente ostenta la categoría exclusiva de consumidor sino varias. Pero la estrechez de miras solamente contempla al ciudadano como potencial cliente, que es como le gusta sentirse y que le asimilen. La realidad es que alguien con mayor o menor fortuna deberá situarse al otro lado del mostrador y más extensamente en toda la cadena de distribución, transformándose progresivamente una mayor masa de seres en trabajadores asalariados.
La falta de perspectiva no afecta solamente a los legisladores. También a los mismos que años atrás se lanzaron masivamente a comprar el pan en domingo cuando las panaderías empezaron a servirlo todos los días. Poco a poco esta estrategia improvisada fue minando el más pequeño comercio que se mantenía en la rigidez horaria por motivos obvios de rigidez personal. Resurgido con comerciantes extranjeros la alternativa fue mantener abierto todos los días y horas del año para satisfacer la búsqueda en cualquier momento de todo aquello sin lo cual no podríamos vivir en un determinado instante.
Es allí donde se adquieren las imprescindibles botellas que satisfacen los deseos de botellón a los nuevos turistas low-cost. Unos envases que es imposible encontrarlos a media tarde cuando ningún comerciante muestra serios deseos de dormir. La improvisación es lo que rige. De la misma manera que improvisadamente grandes masas de viajeros pernoctan en España consecuencia de alguna oferta de última hora, algún olvido de último momento conduce a los pasajeros a la primera tienda con la persiana levantada.
La suerte está echada desde Madrid y se va extendiendo por todo el territorio. El modelo de la capital se irá apropiando de cada esquina con escaparate. Desde la periferia se procurará intentar parar los pies a la nueva deriva legislativa pero ni el supremo constitucional dará razón alguna a los demandantes.
Estamos inmersos en un profundo cambio de modelo en el que los tres poderes resumidos en uno van a hacer todo lo posible para sacarnos de esta crisis que se enquista por puro placer. En el nuevo paradigma se mantiene exactamente lo mismo en estanterías y escaparates pero muchas más horas que antaño. Lo que difícilmente resistirá serán aquellos comercios que siempre ejercían como tales. Aquellos con los que siempre se podía contar para sanar la desordenada cabeza de cada uno. Los que difícilmente lo contarán serán aquellos que comercian con otros bienes de tipo más duradero. Sin una mayor capacidad salarial el consumo se desvía hacia el producto más simple y efímero. Aquel que ofrece pequeñas y continuas satisfacciones. Cuando se termina hay que empezar a buscar el siguiente en el comercio abierto las 24 horas.
Por mucho que se empeñen unos en obligarnos a comprar, la mayoría estamos obsesionados con no hacerlo. Mantenemos la perversa obsesión por no pedir crédito y los del otro lado del mostrador financiero por no concederlo. Donde la oposición a los nuevos horarios comerciales es máxima quizás lo sea porque había otro plan para hacer volver a girar la maravillosa rueda. Sin aumentar salarios, evidentemente, pero mucho más eficazmente todavía.
Resulta que en Catalunya en cuestión de pocos días se han venido abajo varios edificios. La noticia que no es más que una concatenación de casualidades se ha podido leer en la prensa de las antípodas. La difusión de estas anécdotas ha sido máxima para recordarnos, quizás, que es preciso rehabilitar nuestras vetustas viviendas. Otra estrategia encaminada a cambiar drásticamente de paradigma. Ya no es necesario adquirir ningún ladrillo, solamente pintarlo más a menudo para poner fin al círculo vicioso. Comprar no es un placer sino un mandamiento. Progresivamente habría que ir transcribiéndolo al código al que debemos obediencia.
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